LOS BERTSOS DE XANPUN

Domingo 2 de agosto de 2026

La fotografía es del 22 de febrero de 2003.El ayuntamiento de Donibane Lohitzun (San Juan de Luz) dedicaba una calle al bertsolari Manuel Sein conocido como Xanpun. En el centro está su viuda, Anttoni Basurko, flanqueada por la entonces ministra de defensa, la muy francesa, Michele Aliot-Marie y el alcalde de Donibane Peyuco Duhart.

Fue un acto sencillo y entrañable. Ponían el nombre a la calle donde habían vivido. No me imagino a Mayor Oreja poniendo el nombre de una calle a un bertsolari abertzale. La viuda de Xanpun era prima de mi ama. Y ha fallecido cercana a los cien años que cumpliría en diciembre. Era una Basurko de Mutriku.

Hace unas semanas en Zarautz me encontré con otro Basurko de Mutriku. Era el apellido de mi amona. Su hermano Ramón, se había tenido que refugiar en Iparralde, a la que entonces se llamaba Euzkadi Continental y arraigó en esta bella localidad de Iparralde. No volvió y allí rehízo su vida siendo persona de referencia en la localidad. Uno de sus hijos fue presidente de la Cofradía de Pescadores, y una sobrina, es Mari José Basurko, conocida por sus novelas sobre la guerra civil, el exilio y la vida familiar lejos de la tierra natal.

La otra hermana Pepita era muy parecida físicamente a mi amona y se casó con Luis Mari Etxebarrieta, ingeniero de aviación civil, oriundo de Lekeitio, que siempre nos contaba que su coche tenía un defecto. Se montaba con Zubi, un viejo gudari de la Brigada vasca y siempre al pasar delante del bar Sabin Etxea de Donibane, el motor del coche se paraba. Bajaban, tomaban un chiquito y el coche comenzaba a funcionar.

Ramón Basurko, el patriarca, se quedó ciego y era conocido porque salía a pescar y todo lo recogido lo repartía a los vascos perseguidos que en aquellos años vivían en Donibane y tenían muchas necesidades como refugiados. Lo de amar al prójimo se lo tomaba en serio y debió dejar huella. Hace unos años le visitamos a su hija Anttoni y lo único que nos repetía era esa asistencia que hacía su aita en esa misma calle, ante el hambre, sí el hambre, que pasaron los primeros refugiados en 1937, ya que tuvieron que salir con lo puesto.

El martes 21 de julio fue el funeral en Sokoa a iglesia llena y a hora de Iparralde,15:30 pm. No pude ir pero mi hermano Jon si y me contó que había sido un funeral con marcha. El cura debe ser un crack que les sermoneó en francés y euskera y cuando sacaron, tras la misa, el féretro a la explanada de la iglesia, rodeado de los asistentes y con su casulla todavía puesta tocó el txistu y bailaron sus nietos. Una bonita escena, de las que aquí se van perdiendo.

MANUEL SEIN “XANPUN”

Nació en Senpere (Lapurdi) en 1928 y falleció en Donibane Lohitzun el 14 de enero de 2002. La finca de su madre le dio el nombre con el que se le conoció. A los doce años empezó a cantar bertsos entre sus amigos. A los 17 años participó en el concurso de bertsolaris celebrado en Ezpeleta. En los años siguientes, se dedicó a las sesiones y torneos de bertsos en Gipuzkoa y Navarra, así como a sesiones en Iparralde junto a Xalbador, Mattin, Zubikoa, Errexil, Ezponda, Basarri, Uztapide, Lizaso, Lasarte y otros buenos bertsolaris de la época. Conoció así toda Euzkadi. Cantaba con el corazón. Cuando tenía 23 años conoció a Anttoni Basurko. En 1952 se casaron y tuvieron cuatro hijos.

Dedicó este bertso a Euzkadi:

“Euskadi zaharra


1. Goretsi dezagun denok Euskadi zaharra,
bihotzetan piztu dauku indarraren karra,
erakuts dezagun beroz zoin dagon azkarra.
Gora Euskadi eta euskaldun indarra!

2. Hizkuntzarekin dauzkagu, kultura, kirola,
zoinek irakinazten bait dauku odola.
Semeon semeak jarraiki nahi badute hola,
Euskadi maitea ezin galdu da, nehola.

3. Aizkolari izan, berdin harria jasotzen,
edo arraunlaria itsasora jotzen;
orgen altxatzaile edo lastoa botatzen,
beren indarrarekin gaituzte jostatzen.

4. Berdin pilotaria harrika plazetan,
nola dantzaria den zuzen urratsetan,
soinulariak aldiz, goiz ta arratsetan,
bozkarioa dute sortzen bihotzetan.”

Y ahora se cierra toda una época con el fallecimiento de su compañera de vida, la mutrikoarra Anttoni, que tras una larga vida, deja una numerosa familia en Iparralde. Y traigo hoy aquí este hecho recordando a continuación el funeral de su marido el bertsolari Manuel Sein (Xanpun) al que si acudí.

AHÍ ESTA EL ALMA DEL PUEBLO VASCO

Bajo la dictadura franquista ir a San Juan de Luz era no solo estar en Europa sino comprar libros prohibidos, ver enarbolada la ikurriña y respirar el aire que la democracia movía. Allí, en sus recoletas calles, podían verse gentes del nacionalismo del PNV, miembros del Gobierno Vasco en el exilio, madres de presos, activistas vinculados a ETA, republicanos españoles, ex Consejeros del Gobierno Vasco de Aguirre y Consejeros de Leizaola y un sin fin de personas y actividades que servían de pulmón oxigenante ante la habitación cerrada que se vivía en Euzkadi por culpa de la dictadura.

Tras la guerra en aquel puerto de pescadores donde se había casado nada menos que Luis XIV se habían formado familias entre vascos del sur y del norte, aunque en aquella época les llamábamos vascos peninsulares y vascos continentales. Como he comentado, una de esas familias fue la de un hermano de mi amona, de Mutriku cuya hija se había casado en Donibane con un personaje muy representativo de aquella sociedad abierta. El bertsolari Xanpun (ManuelSein).

Uno de aquellos días de enero 2002 comía en Bilbao con dos parejas de vascos nacidos en Venezuela con los que habíamos trabajado en aquel país haciendo las mil cosas que permitía aquella sociedad nucleada alrededor del Centro Vasco de Caracas y que funcionaba como un pequeño pueblo de Euzkadi con sus mil actividades, sus pequeños líos y sus muchas acciones políticas. Allí había funcionado Radio Euzkadi y allí habíamos vivido la protesta internacional contra el régimen franquista durante el juicio de Burgos.

Uno de ellos, un siquiatra prestigioso que vivía en Gasteiz me comentó: “cuando me jubile voy a aprender euskera en serio para ir a un concurso de bertsolaris. Ahí está el alma del pueblo vasco”.

Pronto pude comprobar lo que decía mi amigo Zuazo. Ese día fallecía el bertsolari Xanpun a sus 73 años y ese jueves fui al funeral a una hora tan rara y tan francesa como las tres de la tarde. La Iglesia de Santa María en la rue Gambetta, donde como he dicho se había casado Luis XIV, aunque para entrar habían hecho una puerta especial, estaba llena a rebosar. Sus tres pisos, sus bancos centrales, sus casi treinta sacerdotes concelebrando y una veintena de bertsolaris en el ala izquierda daban buena cuenta de la emoción creada tras la muerte de Xanpun. Un hombre bueno, popular y representativo congregaba en aquella iglesia, con todo el respeto y el cariño de una sociedad que vivía emocionada, la pérdida de uno de sus personalidades referencia.

He de decir que, estando ya la iglesia llena, entró el féretro. Anticipaba el cortejo un antiguo combatiente con guantes blancos llevando un estandarte con la bandera francesa. Uno de los allí presentes me comentó que era un signo de respeto. Hubiera sido increíble el funeral de un bertsolari en Donostia presidido por estandarte con la bandera española. Pero no se deben comparar las cosas. Los franceses y el haber sido combatiente en la guerra mundial y en la batalla de Argelia, los pocos que lo fueron, tienen muy a gala esta parte de su vida. Ignoro si Xanpun lo fue, debido a su corta edad, pero aquello era un dato para entender lo que pasa en Iparralde.

Tras el funeral, de uno en uno, pasaron unos 17 bertsolaris empezando por Mixel Aire Xalbador y siguiendo por Lopategui, Azpillaga, Laka, Gorrotxategui, Mihura, Egileor, Enbeita, Iparraguirre, Aguirre, Colina, Arzalluz, Alkhat, Ezponda y Xabier Lazkano. De uno en uno, con las manos detrás, con el sentimiento a flor de piel, glosando la figura de Xanpun, aquello fue algo único y extraordinario. Me di cuenta que mi amigo tenía razón.

Posteriormente y siendo alcaldesa Michele Alliot Marie, la política republicana, se le dedicó la calle donde vivían que es la foto que ilustra este artículo. Cuando con mi amona solíamos pasar, a lo que llamábamos “el otro lado”, viajando en el Topo a comprar lanas Pingouin y vajilla Duralex, la visita obligada era a aquella casa, donde Ramón, que se había quedado ciego, tenía los dorados de las cápsulas de morteros de adorno como los chorros del oro. Y allí conocí a Xanpun.

Ese día del funeral coincidía con el fallecimiento de Camilo José Cela en Madrid, de quien me hablaba en Venezuela el ex‑Consejero socialista Santiago Aznar cuando el escritor fue contratado en aquel país para escribir su novela La Catira teniendo que salir deprisa y corriendo, ya que, al dictador de turno, Pérez Jiménez, no le había gustado el texto. Era, asimismo, el día en que resonaba el eco de la visita del ex ministro Jean Pierre Chevenement que les había dicho a los notables de Iparralde que de Departamento Vasco, nada, que eso es malo y que la violencia se pega. Que siguieran como aquitanos. Y era el día en el que el Tribunal francés le había dado un palo al primer ministro Jospin al recortar el estatuto de Córcega en su aspecto legislativo.

A pesar de ese clima envolvente recordaba al regresar a Bilbao, la emoción de aquella iglesia ante la muerte de un bertsolari nacionalista y aquellos bertsos, de uno en uno, que servían de tratado visual y acústico explicativo del alma de un pueblo.

Seguramente el bueno de Xanpun, junto al gran bertsolari Xalbador, estarán de nube en nube echando bertsos pidiendo para su Iparralde del alma por lo menos lo mismo que tiene la Comunidad Autónoma Vasca continental gracias a un estatuto, por el que luchamos en 1979 cuando justo, justo, nos dejaron izar la ikurriña. Ojalá el Ipar Buru Batzar, Peio Etxeleku y la militancia in crescendo en Iparralde lo vayan consiguiendo.

SÍMBOLO DE HISTORIA Y RESISTENCIA

Sábado 1 de agosto de 2026

Dentro del inmenso dolor que las imágenes del distrito Vargas, donde está La Guaira, hubo una que me devolvió la esperanza: la Casa Guipuzcoana erguida, intacta y serena, con casi tres siglos sobre sus muros señoriales. Una vetusta alma de piedra, trocada hoy en un hermoso símbolo de resistencia, contra los dos terremotos de Venezuela el pasado 24 de junio.

Dolor inmenso por las víctimas, pero vale la pena esta reseña.

PLINIO, EL AMIGO DE KARMELE Y ALBERTO

Viernes 31 de julio de 2026

Plinio Apuleyo Mendoza, escritor, periodista y diplomático colombiano, falleció el 28 de julio de 2026 a los 94 años. Su muerte, confirmada por su familia como un proceso natural, marca el cierre de una de las trayectorias intelectuales más influyentes de la segunda mitad del siglo XX en América Latina. Muy amigo de García Marquez y de dos vascos abertzales, Karmele Leizaola y Alberto Elosegi con los que trabajaron en la revista MOMENTO de Caracas. Karmele era sobrina del Lehendakari Leizaola y Alberto un abogado donostiarra de una familia muy conocida.

Nacido en Tunja en 1932, Mendoza estudió Ciencias Políticas en La Sorbona y desde temprano se vinculó a los círculos culturales y periodísticos de la región. Su carrera lo llevó a París, Lisboa, Roma y, de manera decisiva, Caracas, ciudad donde consolidó una parte esencial de su identidad intelectual.

Durante los años sesenta y setenta, Caracas fue uno de los epicentros culturales más dinámicos del continente. Allí, Mendoza se integró a un ambiente de debate político, creación literaria y modernización editorial que marcaría su obra posterior.

En la capital venezolana desarrolló amistades, colaboraciones y proyectos que lo conectaron con escritores, periodistas y diplomáticos de toda la región. Su presencia en Caracas no fue circunstancial: fue un período de maduración intelectual, donde su mirada crítica sobre América Latina adquirió forma y densidad.

En ese contexto, su participación en la Revista Momento —una de las publicaciones más influyentes del periodismo venezolano de la época— resultó decisiva.

Allí ejerció como articulista y editor invitado, contribuyendo con análisis políticos, crónicas y ensayos que exploraban las tensiones democráticas del continente, el papel de los intelectuales y los desafíos de la modernización latinoamericana.

La revista, dirigida por figuras centrales del periodismo venezolano, se convirtió en un espacio donde Mendoza afinó su estilo: crítico, directo, cosmopolita y profundamente político.

Su cercanía con Gabriel García Márquez fue uno de los vínculos más significativos de su vida. De esa relación surgió El olor de la Guayaba, un libro de conversaciones que se convirtió en referencia obligada para comprender la vida y el proceso creativo del Nobel colombiano.

Es un libro que recomiendo. Se lee de un tirón. La descripción que hace del viaje que hicieron García Marquez y él a la Unión Soviética y la sordidez que encontraron es memorable.

Karmele Leizaola como diseñadora y Alberto Elosegui llevando el peso de la redacción formaron con Plinio y Gabo un grupo buenísimo que hizo que la revista fuera la referencia de aquella Caracas. La embajada franquista denunciaba continuamente ante el gobierno venezolano a aquel pequeño grupo pues publicaban continuamente noticias y reportajes de la guerra civil, del bombardeo de Gernika y de la feroz y cruel dictadura que era el franquismo.

Le vi un día en la Casa de América de Madrid donde me habló de aquellos tiempos y del deseo de volverles a ver a Karmele y Alberto.

Mendoza fue, además, testigo privilegiado de la vida literaria latinoamericana y de los debates ideológicos que atravesaron el Boom.

Autor de novelas como Años de Fuga y ensayos como Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano, Mendoza combinó literatura, análisis político y periodismo con una voz propia, polémica y lúcida.

Ganó el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y ocupó cargos diplomáticos en Europa, siempre manteniendo una presencia activa en el debate público.

La muerte de Plinio Apuleyo Mendoza deja un vacío en la literatura y el pensamiento político latinoamericano. Su paso por Caracas y su trabajo en la Revista Momento recuerdan que su obra no fue solo colombiana, sino continental: un puente entre generaciones, países y tradiciones intelectuales.

Lean por favor El Olor de la Guayaba. Plinio les nombra a Karmele y Alberto.

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