Virgen con medalla

Somos laicos, pero solo a ratos. Mayormente, a la hora de los discursos y las proclamas. Pero en cuanto bajamos la guardia, a san Fermín venimos por ser nuestro patrón. O, como ha pasado en Cádiz, a la Virgen del Rosario, que acaba de ser condecorada con la Medalla de Oro —así, con mayúsculas—de la ciudad gobernada por Podemos. ¿Pe, pe, pero…? Sí, la concesión del honor a la protectora de la Tacita de Plata ha salido adelante gracias al respaldo de los munícipes de la cosa morada, empezando por su singular alcalde, el que atiende antes al alias Kichi que a su nombre de, ejem, pila bautismal, José María González.

¿Y qué hacemos, nos escandalizamos? Por lo que a este juntaletras respecta, ni media. Prefiero ejercitar los músculos faciales sonriendo hacia dentro, no tanto por la noticia en sí, que ya les digo que me la trae al pairo, como por las reacciones que está provocando. De miccionar y no echar gota, las justificaciones de los más aguerridos legionarios pableristas, que han salido en tromba a hostiar a los que, por motivos que no parecen difíciles de entender, han recordado al exministro que imponía distinciones a otras versiones de la madre de Cristo.

¡No es los mismo lo de Kichi que lo de Fernández Díaz!, braman los tuiteros de Corps, incurriendo en una excusatio non petita del tamaño de la Bahía de Cádiz. Luego están las buenas gentes del “Yo, personalmente, no lo habría hecho, pero…”, sudando tinta china en la defensa de lo que saben indefendible. Claro que aun resultan más divertidos los requeteortodoxos que sulfuran por lo que barruntan claudicación de su camarada alcalde. Más palomitas.

Urkullu y el contexto

Maquiavelo nunca pasa de moda: “El príncipe nuevo tiene enemigos en todos aquellos que se aprovechaban del orden antiguo”. Deberían grabar la frase en cada pasillo y cada despacho de Lakua Recobrada junto a su versión castiza del refranero español: arrieros somos y en el camino nos encontraremos. Ciento y pico días son más que suficientes para, siquiera, ir haciéndose una idea de por dónde van a llover las bofetadas y tener un tejado mínimamente consistente bajo el que guarecerse. De lo contrario, se acaba con la badana bien zurrada y, casi peor, con cara de pasmo infinito por haber mordido un polvo que venía anunciado en todos los pronósticos. ¡Leñe! Que era de cajón de madera de pino insignis que a Urkullu, además de atizarle collejas ex-novo con o sin merecimiento, le iban a buscar las mismas cosquillas que le rastrearon a López. Así,venía en letras bien gordas en el manual que aquella foto de la boda gaditana por la que tantos cantares se le sacaron al de Coscojales tendría su correlato o revancha en cuanto se presentase la ocasión.

Y bien poco tardó en presentarse la tal ocasión, calva como la pintan y, de propina, bajo la apariencia de una simetría tan perfecta que coincidía —¿qué tendrá Cádiz?— hasta el escenario. En el mágico sur estaba el lehendakari el mismo día en que se inauguraba la nueva planta de Petronor. Lo demás es un clásico del periodismo de ayer, hoy y siempre: lo que llamamos “crear el contexto”. Primero, una nota dando cuenta de la ausencia prevista, así, como quien no quiere la cosa. Luego, en fila india y en plan enigmático, las tiraditas: ¿Será que se lleva mal con Imaz? ¿Será por hacerle un feo al Borbón? ¿Por ambas cosas? En tres ediciones, la bola crece y cuando se deja caer, se lleva por medio el objetivo. Para entonces, es demasiado tarde. Se cumple la lógica del chiste del labriego que ordeñaba la vaca. Lo expliques como lo expliques, va a dar igual.