Recuerdo a Maciá hecho por Agirre

Miércoles 1 de abril de 2020

En esta fotografía se le vé al Lehendakari Agirre depositando una corona de flores ante la tumba de Frances Maciá en 1937. A su lado está el President Luis Companys, quien fuera fusilado en 1940 por las tropas sublevadas. Pero en esta entrega deseo centrarme en la figura de Maciá

Maciá no es solo una calle en Deusto, sino fundamentalmente el nombre de una de las personalidades más importantes de la historia catalana. Fue presidente de la Generalitá de Catalunya en plena República y fundador de los partidos Estat Catalá y Esquerra Republicana. Falleció en 1933 y le sustituyó Lluis Companys.

El Lehendakari Agirre tuvo mucha relación con Catalunya y los catalanes en el Congreso, cuando la Generalitá le acogió tras la caída de Bilbao, cuando prometió estar al lado de  Companys cuando éste saliera al exilio y durante los años que en Paris tuvo su gobierno en pleno destierro.

Hoy vamos a destacar esta amistad con algo que dejó el  propio Lehendakari y que nos  que ilustra sobre esta cerrada amistad. Un recuerdo que el Lehendakari le hace a Francesc Maciá en 1947 cuando se cumplían catorce años de su muerte.

“Catalunya tiene la gran virtud de ser un valor permanente. Catalunya es, porque sus hijos sienten la tierra, hablan su idioma, son catalanes.

De aquí que cuando los acontecimientos parecen haber desorganizado las ilusiones políticas, hoy como ayer, la catalanidad, con su valor de permanencia, surge con tal fuerza que sobre ella vuelven a florecer las más eficaces empresas políticas.

Hay quienes presentan a los catalanes como políticamente turbulentos, atribuyendo este hecho a la influencia de un individualismo exacerbado que ha dado, entre otros resultados, el nacimiento de un movimiento li­bertario de pujanza. Deducen de ahí que Catalunya no es factor de orden, ni capaz de dirigir un proceso constructivo.

Yo me sitúo radicalmente en el campo opuesto. No sólo por afecto, que los catalanes conocen bien, ni por considera­ciones de afinidad o conveniencia política que también son importantes, sino por mi admiración por esa realidad que es la catalanidad, por la fuerza irresistible de ese fondo perma­nente que corre a través del pueblo catalán que me lleva a creer en Catalunya como factor de orden y progreso. Más aún, el genio catalán ha modelado el alma de su pueblo con sentimientos tan arraigados, que su defensa constituye las páginas más brillantes de la Historia de Catalunya. Estos ideales han quedado nuevamente consagrados en nuestros días a través de la sangre, del dolor y del sacrificio.

«Catalunya es y será». Así me lo decía el 11 de Octubre de 1933, el Presidente Maciá en interesante conversación a la cual asistía otro gran amigo también desaparecido, Jaume Ayguadé, entonces Alcalde de Barcelona.

Yo había sido comisionado por mis compatriotas para acudir en su representación a la ceremonia conmemorativa de aquella fecha gloriosa. Recordaba yo al President cuán­to me había emocionado el entusiasmo y el aplauso espontá­neo con el que el pueblo le había recibido a la llegada al pie del monumento de Casanova, y cuánto valor tenían los sen­timientos enraizados definitivamente en el alma del pueblo.

«Catalunya es y será», me respondió el Presidente Ma­ciá, con aquella profunda convicción que reflejaban sus pa­labras, que respondían a los sentimientos más profundos del espíritu de aquel hombre ilustre.

En la conversación me permití felicitar a Catalunya por haber tenido la fortuna de encontrar en él el exponente de su voluntad histórica en momentos tan críticos como fueron los que precedieron y siguieron a la caída de la Monarquía en 1931.

Maciá me respondió: «Hubiese sido lo mismo que yo no hubiera existido, porque Catalunya hubiera encontrado los hombres adecuados para este momento, como los encontra­rá en cada una de las vicisitudes que pueda presentársele en el futuro, porque Catalunya es y será».

Y en efecto, así es y será, no porque yo lo desee solamen­te, sino porque Catalunya, como valor permanente, no en­contrará jamás cerrados definitivamente los caminos de su salud en la libertad. Pronto se darán circunstancias favo­rables en las que esta libertad será de nuevo organizada para bien de Catalunya y de los demás pueblos peninsulares.

Triste esperanza la de aquellos que creyeron lo contrario. Murió Maciá y cayó Companys. Jamás recibió la tierra de Catalunya semilla más ubérrima. El fondo permanente que corre a través de su historia recibió con ello consagración de­finitiva. La libertad será el premio.

Que este voto surja de un vasco nada tiene de extraño. En medio de las desdichas del presente, el destino ha marca­do un rumbo a nuestros pueblos como portavoces de hon­dos anhelos de libertad, como heraldos de la lucha positiva de la democracia contra toda clase de opresión y tiranía. Que sepamos ser dignos de ella recordando al gran Presiden­te Maciá.

Al cumplirse el XIV aniversario de la muerte del gran amigo de los vascos, he querido remover estos recuerdos que son siempre gratos, porque demuestran que la fe en las gran­des causas de la libertad es capaz por sí sola de mantener en pie el espíritu de los pueblos, y si la voluntad es puesta en ac­ción a su servicio, entonces se ha encontrado definitivamen­te el camino de la salud.”.

Hermosas palabras que ningún político vasco ha sacado del olvido en estos años de relación y de complicidad con Catalunya y su lucha política. Y no por mala voluntad, sino por desconocimiento. Hacemos política hoy en día como los barcos en la niebla, radar. Y esto es parte de nuestra historia reciente. El pensum de estudios tiene una inmensa laguna en datos de historia. Este es todo un ejemplo.

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