Cuando al Lehendakari le robaron su despacho

Jueves 2 de abril de 2020

En agosto de 1936, dos meses antes de la constitución del primer gobierno vasco, el EAJ-PNV compró un palacete en el número 11 de la Av. Marceau cerca de la plaza de la Estrella en Paris. Lo hizo a través de una operación de vascos que desde Mexico, como los Belaustegigoitia hicieron  la operación y más tarde con el naviero Marino Ganboa. Tras la constitución del gobierno esa mansión se convirtió en la Delegación del Gobierno Vasco en Paris que sirvió de despacho al gobierno vasco en el exilio, tras la pérdida de la guerra hasta mayo de 1940 cuando entraron los alemanes  ocupando Paris y la Gestapo le pasó las instalaciones al gobierno fascista del general Franco donde allí estuvo el militar Antonio Barroso, que luego fue jefe del cuarto militar de Franco, el policía Urraca Pastor, quien persiguió a los republicanos españoles y a los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos junto con un equipo de indeseables..

Tras la pérdida de Alemania en la guerra y la entrada del general Leclerc en Paris, comunistas y nacionalistas volvieron a ocupar la Delegación y allí volvió a tener su despacho el Lehendakari Agirre hasta que un mal día, la embajada de Franco presionó al gobierno francés para que le “devolviera el palacete” ya que bajo ocupación alemana y por una sentencia de un jurado colaboracionista del Sena, había pasado a propiedad  de la España franquista.

El lehendakari argumentó todo esto, pero al final, y siendo Francois Miterrand ministro del Interior del gobierno de Mendes France, el lehendakari tuvo que salir de su despacho a pesar de que las autoridades francesas quisieron  permutar la finca y ofrecerle otra en el distrito XVI de Paris.

Todo esto lo solía contar el secretario de Aguirre que a su muerte, lo fue de Leizaola. Se llamaba José Mari Azpiazu y si hubiera escrito sus memorias hoy serían invalorables.

Antes de comenzar la guerra civil, Azpiazu, era funcionario del Mi­nisterio de Agricultura y trabajaba en el servicio agronómi­co de Bizkaia. Al estallar la contienda fue a trabajar al go­bierno civil destinado a Gobernación, donde actuó como secretario del jefe de la Policía. No quiso permanecer en la retaguardia y se alistó, destinado a sanidad, saliendo al frente con el batallón Otxandiano. Hecho prisionero estuvo en la prisión de Burgos,  juzgado y sentenciado a muerte. De allí les llevaron a Palencia donde se formó el batallón «18 de traba­jadores»; tras andar por Guadalajara se escapó y llegó a Francia el 4 de Enero de 1940. Después de serias dificultades trabajó en el arsenal de Tarbes como mecánico especialista.

Con la ocupación alemana le recluyeron en el campo de GURS y tras pasar por otros, acabaron en ARGELES SUR MER. De aquí les transportaron a Brest donde trabajaron en la base submarina alemana y de aquí a Cherburgo de donde volvió a escapar. Se dirigió  a Brest, empezó  a trabajar en una mina y de allí a Bayona y trabajó en el fuerte de Montbarei. Al comenzar la retirada de Hitler, sin trabajo y sin dinero, fue llamado por Eliodoro La Torre, consejero de Hacienda del Gobierno de Euzkadi, para incorporarse voluntariamente a la Brigada Vasca.

Fue a Burdeos e ingresó en el batallón. Al acabar la guerra recibió orden de ir a trabajar en París en la Delegación del Gobierno Vasco ya que sabía mecanografía y en contra de sus  deseos, que eran ir a los Pirineos donde algunos otros gudaris estaban preparándose ya para actuar, acató la indicación  y ya en París, a las 24 horas presentó la dimisión, pero  como no fue acep­tada por Leizaola quien en aquel entonces estaba al frente de la Delegación ya que el Lehendakari estaba en Nueva York, continuó en el secretariado.

De esta forma tuvo ocasión de conocer muy de cerca a José Antonio de Agirre.

Uno de esos días en los que tuve que pasar por la Delegación de Paris, en tiempos de Leizaola que tenía su despacho en la Rue Singer le pregunté por aquella expulsión y me dijo lo siguiente:

“La Delegación del Gobierno Vasco en París estaba en el 11 de la avenida Marceau, era un edificio majestuoso, digno de la categoría de una embajada. Había sido adquirido con donativos de los vascos residentes en América y cedido al Gobierno Vasco. Con la invasión alemana nuestra gente tu­vo que escapar y los franquistas tomaron posesión del edifi­cio; al retirarse los alemanes y elementos vascos lo recupera­ron a punta de pistola; los franquistas no osaron manifestar­se y el Gobierno Vasco ocupó de nuevo el local.

Pero duran­te la ocupación alemana Franco había planteado una querella contra el Gobierno Vasco afirmando que el edificio pertenecía al gobierno español, ya que según él, había sido adquirido con el dinero robado al tesoro de España. Un tri­bunal francés sentenció la entrega del edificio al gobierno franquista, sin tener en cuenta a la parte oponente ya que se estaba bajo el reino de terror de la Gestapo.

La sen­tencia no fue cumplida en la inmediata postguerra pues la posición política de Franco era muy débil, pero pa­sados algunos años comenzó a presionar al gobierno francés intimidando y amenazando con el cierre de centros culturales franceses en España y otras extorsiones  y  éste claudicó. A fin de cuentas, pienso mal, que a Francia le incomodaba que los vascos nacionalistas hablaran de una Euzkadi con Iparralde incluida y entre eso, la democracia y la dictadura, eligieron a Franco. Terrible.

El gobierno francés le propuso al Lehendakari el abandono del 11 de la avenida Mar­ceau a cambio de otro local de condiciones equivalentes a la del primero. Agirre consideró que esto era en cierto modo pactar con Franco y se negó a la componenda. Se desalojaría y luego se vería lo qué hacer.

El Lendakari man­dó un telegrama a los vascos de Venezuela explicando la si­tuación y proponiendo la compra de una pequeña villa en la rue Singer, para lo cual se necesitaba una elevada suma. Este telegrama fue enviado un sábado a las dos de la tarde. El lu­nes la respuesta ya había llegado, los vascos de Venezuela ponían en disposición del Gobierno Vasco la suma necesaria para la utilización del local. El Lendakari con esta respuesta se dirigió al Ministerio de Asuntos Exteriores francés y mostrándosela dijo: «Así actúan los vascos».

La víspera del desalojo los vascos de París, alertados, acudimos a la Delegación y pasamos toda la noche retirando la documentación, enseres, incluso quitamos  los teléfonos.

También acudió M. Ernest Pezet cuyos títulos, eran se­nador francés, Presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores , Delegado del Consejo de Europa, oficial de la Legión de Honor, Cruz de Guerra, medalla de la Resistencia y secretario de la Liga Internacional de Amigos de los Vascos, institución que a ojos de la ley ocupaba el local quien afirmó dirigiéndose al comisario encargado del desalojo: «Declaro solemnemente que la Liga Internacional de Amigos de los Vascos de la que soy secretario general es expulsada contra todo derecho real y que la Liga y yo mismo no cedemos sino a la fuerza pública. Elevo pues una, protesta para que figure integralmente en el acta de expulsión y terminó diciendo… y ahora señor comisario cumpla su penoso deber, cójame por la solapa y sáqueme a la calle, nosotros no nos rendimos si­no a la fuerza».

Recuerdo a José Antonio pálido y con los dientes apreta­dos conteniendo difícilmente la emoción ante  el calificativo de ladrón dirigido a su pueblo. En un borrador para el comisa­rio dice así: «Salimos de este edificio expulsados por la fuer­za pública en requerimiento de una sentencia que titula de ladrón al Gobierno Vasco, sentencia obtenida durante la ocupación alemana y bajo la protección del enemigo. Yo protesto contra esta violencia que nuestro honor, nuestra limpia conducta y nuestra tradición merecían otro trato. Nuestra causa ha estado unida a la vuestra, nuestra sangre se ha derramado con la vuestra contra el enemigo común y ahora somos expulsados de esta casa entregándola a quienes durante toda la guerra fueron aliados de nuestros enemigos del eje. Protesto en nombre de nuestro pueblo a quien ésta determinación causará el más profundo dolor sentido en el exilio, porque es causado por los amigos con quien compar­timos dolor y sacrificios comunes por la causa de la libertad y la democracia a la cual estamos fielmente adheridos».

Así era José Antonio, fiel imagen de su pueblo enfrenta­do a todas las dificultades. No hay corazón humano que re­sista tantos y tantos disgustos y desengaños y al final murió víctima de ello el 22 de Marzo de 1960. En la puerta cantamos el Himno Nacional Vasco. Fue muy triste.

Háblenos del día de su muerte.

A las 10:30 de la mañana me llamó su esposa a la oficina diciendo que el lehendakari no vendría, pues había pasado ma­la noche.

Esto no era extraño pues a causa de su bronquitis solía hacerlo frecuentemente pero esta vez noté a Dña. María muy inquieta; llamamos al médico don Laureano Lasa exi­liado bilbaíno, quien tras reconocerle recetó unos medica­mentos. Hablé con él en la calle y me comunicó que el Lehen­dakari había tenido un infarto y no sobreviviría si sufría otro. A las 16:30 fui a verle, estaba a oscuras y en reposo, le encontré muy locuaz y se refirió al trabajo que haríamos al día siguiente ¡Cuán lejos estaba de suponer que vivía los úl­timos minutos de su vida! Corté la conversación pues el mé­dico había ordenado absoluto reposo. Me despedí de él, fui a la oficina y al llegar se recibía la noticia de su muerte”.

Bueno, como se ve aquel exilio fue muy dramático para el Lehendakari y él, que era un hombre optimista, sufrió un duro golpe con la traición del gobierno francés que por cobardía y debilidad le desalojaba de su despacho y lo daba a una dictadura. Hoy ese edificio es el Instituto Cervantes y yo a Margallo le pregunté en pleno si en la primera visita que iba a hacer a Paris como rey, Felipe VI lo visitaría estando en litigio, sabiendo toda esa historia y de alguna manera ratificando un expolio. Y efectivamente lo hizo.

Posteriormente en los distintos viajes a Paris que hemos hecho siempre íbamos al palacete y en la puerta proclamábamos que era una propiedad vasca y cantábamos el Himno Vasco, como lo hizo en su día nuestro Lehendakari. Con el tiempo se ha convertido en costumbre y el año pasado lo hizo Andoni Ortuzar y anteriormente lo había hecho el Lehendakari Iñigo Urkullu.

Cuando viajen a Paris y  cuando se pueda hacerlo, traten de hacer lo mismo. Ese palacete es vasco, no del Instituto Cervantes.

3 comentarios en «Cuando al Lehendakari le robaron su despacho»

  1. Estimado Iñaki:
    Sigo con muchísimo interés estas entretenidas crónicas dedicadas al lehendakari Agirre. Me han dado la ocasión para conocer más en profundidad la personalidad y la manera de ser de tan relevante personaje de nuestra historia, con quien además me siento muy identificado.
    Gracias por tu magnífico trabajo de comunicación.
    Besarkada bat ta eskerrik asko
    José Mari Amantes (BILBAO)

  2. Que interesante lo que comentas y que doloroso. Sorprende que un patetico régimen de Franco pudiese presionar así a una Francia que a 5 años de salir de la guerra mundial, con un Mitterand en plena ebullición y un desprecio casi absoluto hacia Franco por parte de los aliados pudiesen ponerselo tan fácil… me da la impresión que la situación global ayudaba y mucho para darle algún gesto al régimen.
    Lo de Azpiazu es de pelicula.
    Gracias.

  3. Euskal herritar gehienek miresten dute José Antonio Agirre lehendakaria.
    Después de su muerte, el lehendakari José Antonio Agirre ha quedado como una referencia ineludible del nacionalismo vasco. Erigido en símbolo de la integridad democrática y jeltzale, al acabar el régimen terrorista de Franco se le han dedicado espacios públicos y monumentos.
    Felipe VI erregeak akats bat egin zuen EAJri lapurtutako jauregia bisitatzean.
    Si la Casa Real española escucha al PNV, será respetada en Euskadi.
    Goian Bego José Antonio Agirre lehendakaria.

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