Jueves 10 de septiembre de 2026
Xabier Bindel Leizaola, profesional acreditado de la Banca Internacional y nieto del Lehendakari Leizaola, tuvo a su cargo el pasado lunes en la plaza Euzkadi de Donostia el discurso en homenaje a su aitona junto al Lehendakari Pradales.
Y allí estaba Leizaola en estatua de Xebas Larrañaga encargada en 2007 por el Diputado General de Gipuzkoa, Jose Juan Gonzalez de Txabarri que no fue invitado al acto. Típico de este protocolo exquisito que tienen los regidores de la Euzkadi Berria.
Pero sí estuvieron los Lehendakaris Ibarretxe, Urkullu y la viuda del Lehendakari Ardanza así como la familia Leizaola. Honrar, honra.
Tengo su intervención porque el propio Xabier Bindel me la envió en días anteriores y por eso la reproduzco a continuación, habida cuenta de su valía e interés.
Lehendakari,
Eusko Legelbiltzarreko Presidentea,
Gipuzkoako Diputatu Nagusia,
Gipuzkoako Batzar Nagusietako Presidentea,
Donostiako Alkatea,
Lehendakari Ohiak,
Sailburuak,
Batzarkideak,
Agintariak,
Familia,
Jaun-andreak,
Aquí, en Donostia, señor Alcalde, la ciudad lleva desde hace años un lema:
«Ganadas por fidelidad, nobleza y lealtad».
Un lema que bien podría haber sido el de aquel a quien hoy rendimos homenaje: el Lehendakari Jesús María de Leizaola, nuestro aita, aitona y birraitona, nacido un 7 de septiembre de 1896.
Un homenaje que resulta ruboroso, porque tenía esa rara elegancia y esa humildad de considerarse uno más entre tantos.
Esta fecha sigue resonando con una intensidad muy especial en nuestra memoria familiar.
Nos lleva a Zarautz, donde a veces prolongábamos el verano junto a él. El 7 de septiembre, una ligera efervescencia se apoderaba de la casa.
Todo comenzaba con los txistularis, instalados en el jardín. Mi aitona los escuchaba desde el balcón, con la mirada puesta en el mar. Después llegaban las visitas de cargos políticos e intelectuales. Y la mañana terminaba alrededor de una comida, siempre inaugurada por una intervención de gran altura de nuestro aitona, que solo los más atentos conseguían seguir hasta el final.
En día aniversario de su nacimiento, también recordamos su muerte, el 16 de marzo de 1989, cenando en Donostia, y excepcionalmente viendo la TV: cuartos de final de la UEFA, Real Sociedad – Stuttgart. Ganó Stuttgart en los penaltis. A aitona le gustaba el futbol y era de la Real. Vivió apasionadamente hasta el final.
Hoy, ante vosotros, en nombre de toda la familia Leizaola, queremos agradeceros de todo corazón la constancia con la que las más altas autoridades vascas mantenéis viva la memoria de nuestro aita y aitona.
Porque mantener viva una memoria no significa solamente mirar al pasado. Significa recordar que una vida puede contribuir a construir algo que transciende esa vida. Significa también reconocer todo lo que una vida todavía puede transmitir.
Y, en particular, la de Jesús María de Leizaola:
Una vida de grandes momentos, de dudas, de espera y de esperanza.
Una vida familiar intensa y, en ocasiones, complicada.
Una vida política fuera de lo común.
Una vida de caminante paciente, de navegante imperturbable, de visionario valiente.
Durante toda su vida —como vasco, euskaltzale, padre, abuelo, abogado, funcionario, diputado, consejero, Lehendakari y embajador de la causa vasca— Euskadi nunca dejó de existir.
Para predicar con el ejemplo y decirle al mundo:
Estamos aquí.
Existimos.
Tenemos una historia.
Tenemos una identidad.
Y tenemos un futuro.
Unir su destino al de su país: esa fue la línea que guió toda la vida del Lehendakari Jesús Maria de Leizaola.
Pero esta historia política comenzó mucho antes de asumir responsabilidades.
Comenzó aquí.
Jesús María de Leizaola creció rodeado de cultura y de libros en la imprenta familiar, a escasos metros de aquí. Fue leyendo, observando y memorizando como desarrolló aquella extraordinaria capacidad de reflexión y análisis.
La realidad concreta, la historia, la geografía, la lengua: para él, todo ello era como las notas de música para un pianista.
Fragmentos separados que, una vez reunidos, se convierten en armonía, ritmo y diálogo.
Con esta base, aitona alcanzó muy joven una madurez política e intelectual excepcional.
Recordemos que, ya a los 21 años, participó en la redacción del Mensaje de las Diputaciones Vascas en favor de la autonomía y, algunos años más tarde, en la defensa del Concierto Económico o que fue miembro y portavoz de la minoría vasco-navarra de las Cortes Constituyentes de la Constitución de 1931. Asimismo, reflexiona y escribe sobre la noción de nación en el contexto vasco, recurriendo, para fundamentar mejor su planteamiento, a la filosofía griega y a san Agustín.
Hasta su último aliento, armado de una pluma, de un periódico o de un libro, permaneció siempre alerta.
Se desplazaba, observaba, reflexionaba, escribía, convencía.
Y su campo de reflexión era inmenso: la política, por supuesto, pero también la poesía vasca, las palabras y las expresiones, la marina vasca, la historia, la arquitectura.
Para nosotros, sus nietos y nietas, se convirtió incluso en una Wikipedia viviente para los deberes, que siempre nos obligaba a contrastar en los libros y las enciclopedias.
Y recuperamos un testimonio de nuestros primos de Caracas: nosotros vivimos la versión más lejana de nuestro aitona, por el charco de distancia, aitona fue un héroe para mí, hable tanto de él, no recuerdo que decía, que mis compañeros del Colegio San Ignacio de Loyola me apodaron “el vasco”, así me conocen muchos en Caracas.
Tras el intelectual y el responsable político había, ante todo, un hombre.
Primero, un cabeza de familia, que junto a su esposa, cuyos antepasados habían construido aquí, en Donostia, la iglesia que se asoma al puerto, una esposa, nuestra amoña, que nos dejó demasiado joven sin haber podido regresar a Donostia; un padre para su hijo y sus cinco hijas, para su nuera y sus yernos, que supieron encontrar todos su lugar en aquella familia tan viva, y para sus veintidós nietos y nietas, de los que estuvo muy cerca siempre que las circunstancias se lo permitieron.
Un hombre sereno.
Sus palabras tenían peso precisamente porque estaban libres de todo lo superfluo.
Y eran siempre respetuosas con las decisiones de unos y otras, incluso hacia sus adversarios.
Y sus palabras estaban acompañadas por aquellos gestos de las manos que algunos de los presentes todavía recordamos.
Unas manos finas que invitaban a la paz, a la moderación, a la calma… incluso en las pequeñas rencillas familiares.
Unas manos que se movían suavemente para acompañar el pensamiento y suavizar las palabras.
Algunos de nosotros recordamos su dignidad al enterarse de la muerte de Franco, en el salón de su hija, en París. Él, cuya vida había sido trastornada por aquel individuo, permaneció sereno e imperturbable, porque un gran hombre no baila sobre las tumbas de sus adversarios.
Y después está la apariencia del hombre de otro siglo.
Corbata negra.
Traje oscuro.
Camisa blanca con puños de gemelos.
Sombrero.
Y, cuando aparecía la lluvia, gabardina y paraguas inglés.
Recorría las ciudades y los campos que tanto amaba.
Caminaba.
Con esa lentitud soberana de los hombres que ya no tienen nada que demostrarle al tiempo.
Sus pasos eran regulares, casi solemnes. Sus manos, cruzadas a la espalda, parecían contener algo que quería escapar de él.
Elegante.
Firme como un roble al que no conseguían doblegar los años.
Hombre de cultura.
Hombre de conocimiento.
Hombre de abnegación.
Hombre de determinación y honor.
Pero también, y quizá sobre todo, hombre de fe y de fuerza interior.
Hacían falta todas esas cualidades para llevar a Euskadi por el buen camino, el de la democracia cristiana, sin ceder ante lo peor.
Euskadi tuvo la suerte —una suerte que no debemos olvidar— de ser defendida por hombres y mujeres capaces de evitar las trampas de una gran demagogia alejada de la realidad, esa demagogia que acaba siempre deslizándose hacia el poder absoluto.
Porque, en el sustrato de todas las raíces, lo que guía a Leizaola es su humanidad.
El Hombre con mayúscula.
El hombre en el centro de todo.
Y aquello no era para él un discurso abstracto.
Era su norte.
Recordemos, por ejemplo,
Que, siendo Consejero de Justicia, se entrevistó largo y tendido con un espía nazi al que un tribunal vasco acababa de condenar a muerte, porque detrás del espía había un alma.
Que una de las decisiones más difíciles que tomó, fue dar la orden de volar los puentes de Bilbao, porque le pesaba añadir dificultades a las bilbaínas y los bilbaínos que se quedaban en la ciudad.
Que defendió que el PNV reuniera desde la burguesía hasta la clase obrera, porque la libertad de unos no puede ser completa si no es también la libertad de los demás.
Siempre la misma exigencia:
Servir.
Servir a las personas.
Servir también un sueño suficientemente poderoso como para hacerle avanzar, año tras año: el de una Euskadi fiel a sí misma, orgullosa de su identidad, libre, soberana y próspera.
La tierra vasca, que abandonó durante más de cuarenta años, de 1937 a 1979, nunca fue para él un simple recuerdo.
Fue una promesa.
Une promesa compartida con su familia, y con muchas otras familias.
Gracias, querida Miren de Ynchausti, por el apoyo incondicional de tus padres, Don Manuel y Doña Ana Belén de Ynchausti, tan valioso para nuestra familia, para los Aguirre y, más ampliamente, para la causa vasca. Que nuestra eterna gratitud quede aquí expresada y como testimonio ante todos.
Una promesa que volvió a encontrar cuando el deber estuvo finalmente cumplido.
Y qué orgullo, hoy, ver ciudades vascas que son referentes en el mundo.
Alcalde, predecesores, gracias por cuidar de ella con tanta pasión.
Y qué orgullo también ver una Euskadi humilde y, al mismo tiempo, triunfante.
Lehendakari, predecesores, gracias por hacerla avanzar.
El mundo es hoy tan incierto como lo era en 1896, en 1936, en 1960, en 1975 o en 1979.
Las épocas cambian.
Los desafíos cambian.
Pero algunos valores permanecen.
Aitona, el Lehendakari Jesús María de Leizaola nos dejó unas claves para atravesar estos tiempos inciertos.
A nosotros, su familia.
A vosotros, que hoy ejercéis responsabilidades políticas.
Y, más ampliamente, a todo el pueblo vasco.
Estas claves son sencillas, pero exigentes:
la fidelidad a raíces sin renunciar jamás a la apertura al mundo;
la defensa de una identidad sin renunciar jamás al humanismo;
la soberanía sin renunciar jamás a la paz;
y, sobre todo, la convicción de que la política solo tiene sentido cuando está al servicio de las personas.
Por el pueblo.
Para el pueblo.
Y nada más que para el pueblo.
Ahora, más que nunca, Euskadi se asemeja al imaginario de las pioneras y los pioneros.
Un modelo que nace de una historia fuerte.
De una identidad que no pide perdón por existir.
De una identidad que asume su historia, mira al mundo de frente y sigue adelante.
Esta escultura es aquí un puente entre el pasado y el futuro.
Un puente entre la historia que nos estructura, el presente que nos impulsa y el aliento que nos empuja hacia el futuro.
Nos recuerda algo esencial:
heredamos, transmitimos y, a vez, tenemos el deber de proyectar.
Permítanme concluir con las propias palabras de aitona, las que pronunció al transmitir sus poderes en diciembre de 1979:
«Zuen eta gure lanek gure herriaren eta gizadi osoaren barneko nahiz kanpoko bakearen eta handitasunaren alde balio dezatela.»
Que nuestro trabajo y el vuestro contribuyan a la paz y a la grandeza de nuestro pueblo y de toda la humanidad.
Así que hoy, ante esta escultura y ante quienes mantienen viva Euskadi, quisiera simplemente decir:
Eskerrik asko, aitona.
Gracias por habernos enseñado que se puede atravesar toda una vida sin renunciar jamás a aquello en lo que uno cree.
Gora Euskadi !
Gora Euskadi Askatuta !



Arrastion! Para hablar de Leizaola hay que ponerse de pie. Hay que dejar sitio aquí, para que otras personas más versadas lo recuerden. Del discurso del nieto, me quedo con una frase » una vida política fuera de lo común», y en qué circunstancias!! Creo que González de Txabarri, no hubiera asistido, aún cursandole invitación. Ay! y el informe PISA, como nos ha dejado, como yo lo dejo aquí. Agur.
Bai Jauna Anasagasti,zure sentimentak argi eta garbi,azaldu dituzu .
Leizaola gudan parte izan zen,zenbait sufrimentua alferrikan.
Gaur egun bildurgarria da,zenbait político zatitu nahi dutela gizartea beren probetxurako,lapur zikinak,bat Zapatero,bestea Sánchez.
Español hoiek zatitu nahi diguzte,eta hori ez da bude egokia.