JOSÉ AGERRE: MEMORIA Y DIGNIDAD SILENCIADAS

Viernes 2 de mayo de 2025

Por Mikel Aramburu Zudaire

En un reciente artículo de opinión sobre cambios en el callejero de Pamplona/Iruña, el alcalde Asiron rememoraba con acierto la personalidad del pamplonés José Agerre Santesteban (1889-1962): escritor, periodista, poeta, académico de Euskaltzaindia (el segundo navarro tras Arturo Campión, su maestro y de quien escribió una biografía), miembro notable en Navarra de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos y político comprometido con los valores democráticos y la cultura de su tiempo.

Perteneciente desde joven a EAJ-PNV, Agerre presidía el Napar Buru Batzar (NBB) o Consejo Regional del partido en Navarra en 1936, cuando se produjo el fatídico golpe de Estado. Por ello sufrió represión, malos tratos, cárcel y, más tarde, el ostracismo durante la dictadura franquista. Se salvó del fusilamiento y sobrevivió dando clases particulares de idiomas, sin abandonar nunca su compromiso –ya clandestino– con su ideario político, la cultura del país y la lengua vasca y con la democracia. Fue promotor de iniciativas culturales fundamentales como la fundación en 1960 de la Sociedad de Amigos del País y del reinicio del movimiento de las ikastolas en Navarra.

José Agerre forma parte de esa que se podría calificar generación perdida que vivió la posguerra en un silencio impuesto, sin apenas dejar testimonio oral ni escrito del sufrimiento padecido. Una generación que, sin alzar la voz, supo mantener vivos sus principios: humanismo (cristiano y social en su caso), integridad, respeto, compromiso con el pueblo y con una idea de justicia que no pasó por el odio ni la revancha. Es también la historia de unos cuantos navarros y navarras, la mayoría anónimos, que, como mis propios abuelos paternos o el tío-abuelo Joaquín –miembro, junto a Agerre, de aquel NBB de 1936–, vivieron una ciudadanía callada pero con convicciones enraizadas, testigos de un ideal democrático y patriótico en tiempos oscuros, que nos supieron transmitir a sus descendientes.

En el momento presente en que EAJ-PNV está renovando su impulso político con la presidencia de Aitor Esteban y en Navarra se apresta a celebrar el próximo junio el 115 aniversario de su implantación (es el partido político navarro en activo más antiguo con las mismas siglas), vale la pena recordar aquí que la memoria histórica no es patrimonio exclusivo de nadie. Figuras como José Agerre encarnan valores que trascienden etiquetas partidistas y no deben ser utilizadas para intereses ajenos a su vida, ideales y trayectoria.

Frente a la polarización actual, el ejemplo de Agerre invita a mirar al pasado con profundidad y a reconocer, sin sectarismos, a quienes defendieron la cultura, la lengua perseguida y la libertad desde una ética profundamente democrática. En palabras del propio Agerre, pronunciadas en una conferencia de 1932 en el Centro Vasco de Pamplona/Iruña: “Mucho se ha escrito para decir que la democracia ha pasado a la historia, a los golpes de las dictaduras (…), pero nosotros lo que sabemos es que la democracia vasca no ha prescrito ni prescribirá, mientras no prescriba el pueblo vasco”. También desde su labor periodística, como director del diario La Voz de Navarra, dejó claro su posicionamiento ante el ascenso del fascismo en Europa. En 1935 una editorial del medio nacionalista lo expresaba así: “Nada se olvida. Todo se paga (…) Somos los hijos del pueblo: dóciles en la paz y en el gobierno de nuestros derechos; ardientes y fanáticos ante el atropello de nuestras puras y esmaltadas esencias de libertad y democracia”.

Para terminar, el escritor, historiador y político jelkide Carlos Clavería, que estuvo próximo a Agerre, nos brinda una breve semblanza con afecto indisimulado: “Murió queriendo a sus amigos y a los que no lo eran (…) murió sembrando ideales. No conoció la doblez, ni las posturas ambiguas (…) en una trayectoria ejemplar”. También Manuel Irujo lo definió como “un humanista vasco de primera línea y un hombre de exquisita bondad”.

Hoy queremos reivindicar desde el partido su figura no solo como parte del pasado sino, sobre todo, como ejemplo y propuesta para el presente y el futuro de un proyecto político abierto a todas las gentes de la comunidad foral. José Agerre no representa la confrontación, sino el recordatorio silencioso y firme de una memoria no violenta y de respeto a quien piensa diferente y por eso merece ser compartida. Porque su historia no es patrimonio del nacionalismo vasco, sino de todos aquellos navarros y navarras que defendieron y siguen defendiendo, desde el humanismo y la palabra, una democracia que aún tenemos que construir y cuidar entre todas y todos.

El autor es presidente de la Junta Municipal de Pamplona de EAJ-PNV / EAJ-PNVko Iruña Buru Batzarreko presidentea

ELOY UNZALU Y LA VISITA DE JUAN PABLO II A LOIOLA EN 1982

Jueves 1 de mayo de 202

Apunté en el artículo del domingo en Deia sobre como la visita a Loiola, más bien una parada técnica, fue organizada por Eloy Unzalu. Previamente el Lehendakari Garaikoetxea me pidió lo hiciera pero en ese momento era parlamentario, no tenía los resortes del ejecutivo, y llevaba dos leyes. El caso es que le encargó el trabajo de coordinación a Eloy Unzalu, Delegado Territorial de Medio Ambiente del Gobierno Vasco.

Hizo todo ese trabajo de orfebrería que comprendían las relaciones con el Obispado con el gobierno central a través del gobernador civil, Pedro Aristegi que posteriormente murió en un atentado siendo embajador en Beirut, con los jesuitas de Loiola, y dentro de Eusko Jaurlaritza principalmente con el Departamento de Interior. Todo eso lo coordinó Eloy sin más ayuda que una secretaria zarauztarra, Epelde, un conductor magnífico, Felipe, un despacho en Donostia, un Seat con bastantes años que en una ocasión les dejó en la autopista  a la altura de Ermua, buena voluntad y tira millas. Hoy eso requeriría una plataforma millonaria.

Fue una tarea descomunal que la hizo con toda su característica entrega, por lo que le suponía personalmente para aquella Euzkadi naciente en aquel momento, histórico.

Luego, como suele suceder Interior editó una memoria de la visita atribuyéndose  todo el éxito, con tanta cortesía que ni le mencionaron, por eso lo hago yo ahora.

El Papa Juan Pablo II visitó Loiola el 6 de noviembre de 1982. Curiosamente no era jesuita y visitó Loiola y Francisco, siéndolo, no la ha visitado, aunque de cura lo hizo. Aquel era el primer viaje del papa polaco al estado español tras su proclamación. Le recibieron 280 ertzainas vestidos de rojo y con txapela (a ver si Zupiria retoma esa prenda) y que tuvieron en la visita una de sus primeras misiones. Pocos meses después asumieron las competencias de Tráfico y otras funciones.

No era fácil pues ETA estaba en plena orgía terrorista. Dos días antes había asesinado al general Víctor Lago de la División Acorazada Brunete. Así las cosas, los responsables consideraron suspender el viaje, aunque al final se decidió mantenerla, pero se cambió el lugar del aterrizaje del helicóptero a 200 metros del lugar señalado. Las autoridades y el Lehendakari Garaikoetxea tuvieron que llegar precipitadamente al lugar señalado, con el inevitable desconcierto. Pero no ocurrió nada.

En la explanada posterior a la Basílica el Papa celebró una misa ante unas 200.000 personas bajo los sones de la marcha de San Ignacio. De Loiola viajó a Javier.

HOMENAJE A CASTELAO EN EL BATZOKI DE GROS

Miércoles 30 de abril de 2025

No es muy grande el batzoki de Gros pero estaba lleno cuando el martes presentamos Xosé Estévez y yo el librito que recoge el homenaje que el Gobierno Vasco en el exilio tributó en la sede de la Delegación Vasca de Paris, el homenaje a Alfonso R. Castelao al mes de su fallecimiento  en Buenos Aires en enero de 1950. La anfitriona que nos dio la palabra fue Esti Iturbe presidenta de la Organización Municipal, muy amable.

Se conmemora este año el 75 aniversario de la muerte de Castelao  en el exilio y con esta pequeña publicación  hemos querido destacar la relación de amistad tan profunda entre Castelao y los políticos vascos del exilio en aquella sede incautada al año siguiente por el gobierno francés y entregada a la dictadura franquista  a cuenta de una sentencia del Tribunal del Sena, ejecutada en plena ocupación alemana de la Gestapo en agosto de 1943. Y todavía hay gentes que reivindican semejante barbaridad.

Xosé Estévez destacó con cartas y documentos entre Agirre e Irujo con Castelao aquella amistad  que iba desde la firma en el libro de actas de la Casa de Juntas de Gernika cuando Castelao visitó la Villa, hasta una simpática carta de Irujo a Castelao a raíz de su obra de teatro “Os vellos no deben namorarse” (Los viejos no deben de enamorarse). Irujo le preguntaba el por qué no con ironía y humor.

Yo con un power point, que me hizo María Esther, hablé de Castelao e Irujo pero también de la Delegación del 11 de la Av. Marceau, avenida que, como dato, vivía en ella Balenciaga. Y reivindiqué la figura de Rafaél de Picavea, un empresario de Oiartzun que firmaba como Alzibar, periodista, editor que dirigió el Pueblo Vasco, diario de Gipuzkoa que le echó una mano a Kizkitza tras la muerte de Sabino Arana. Picavea era un monárquico alfonsino que si le rascabas, como decía, te encontrabas con un jelkide, pero el pedía no se le rascara para poder hacer mejor su trabajo de acceso a otros caladeros políticos.

En 1937 puso en marcha Euzko Deya en Paris y estuvo en los inicios de la compra del Hotel en la Av. Marceau, habiendo sido el primer delegado en la capital de Francia del Gobierno Vasco, y desatada la guerra mundial y tratando de viajar a la Argentina, el policía Urraca, se lo impidió en Marsella poco antes de subir al barco. Aquel acto de fuerza le impidió viajar a Buenos Aires.

Hay muchas historias interesantes y al final hubo un coloquio donde se evidenció la importancia de resucitar políticamente a Galeuzka y como decía Xosé Estévez, tener el objetivo claro y trabajar con una estrategia y una táctica de manera continua. Él fue uno de los impulsores de la Declaración de Barcelona en 1998.