Viernes 10 de octubre de 2014
El fallecimiento De Miguel Boyer ha pasado casi desapercibido. La importancia y contundencia de las noticias sobre Catalunya ha relegado esta información de impacto casi al lugar que dedica la crónica rosa a estas cuestiones.
Sin embargo Boyer fue un peso pesado de la política española en el año 82 y fue esos años noticia destacada por sus enfrentamientos con Alfonso Guerra, su malestar por no ser él mismo Vicepresidente económico del gobierno, su expropiación de Rumasa y la traición a una ideología que habíaexplicado en su reciente pasado. A pesar de su aparente seriedad demostró ser un saltimbanqui político y si bien sus políticas económicas pudieron ser las acertadas, contrastaban con susdogmatismos anteriores.
Nacido en San Juan de Luz, en Francia, como reiteración han repetido en Madrid, ya que era familiar de aquel líder republicano Amós Salvador, su segundo apellido, nunca hizo honor a tan ilustre pasado Azañista. Será siempre recordado por Rumasa, y su boda con la Sra. Preysler más que por su coherencia.
En la Vanguardia del jueves aparecía una acertada semblanza de Miguel Boyer escrita por Eulalia Solé que titulada «Adiós a Miguel Boyer», decía:
En 1976, Miguel Boyer defendía la autogestión con la siguiente proclama: «Una miñona de accionistas tiene atribuidos por ley los derechos de gestión y de soberanía en la empresa. Queremos suprimir este derecho de propiedad abusivo traspasándolo a consejos de trabajadores que juzguen y elijan a los dirigentes de manera democrática en las empresas que tengan una cierta dimensión». Para realizar estas transformaciones, propugnaba una economía mixta con sectores a nacionalizar, entre ellos la gran banca, las empresas eléctricas, las petroleras y las farmacéuticas. Era un año en que los planteamientos de la ruptura aún no habían sucumbido a la reforma, y si alguien luego se reformó a fondo, este fue Boyer.
De haber emprendido la historia otro camino, alcanzado el siglo XXI los bancos no habrían absorbido el erario público y la gente hipotecada no habría acabado en la calle, la factura eléctrica no habría adquirido las actuales cifras desorbitadas, la gasolina no representaría el negocio del siglo y el sector farmacéutico no estaría dominado, en palabras de Boyer, «por empresas multinacionales que no realizan ninguna investigación, ni ninguna fabricación de productos básicos en el país». El pacto reformista frustró esperanzas e impuso cambios de piel, algunos muy espectaculares, como las mudanzas del antedicho.
Ministro de Economía y Hacienda de 1982 a 1985, en el primer Gobierno PSOE, abandona la política activa y halla acomodo como presidente del Banco Exterior de España, y más tarde de la Cía. Logística deHidrocarburos, obviamente sin «consejos de trabajadores que juzguen y elijan». Entretanto, en 1996 renuncia a la militancia socialista, y en el 2002 prosigue la mudanza al convertirse en patrono de la FAES, la fundación de José María Aznar.
Ha muerto a los 75 años, habiendo ocupado en los medios de comunicación, desde hacía tiempo, tanto espacio por su vida profesional como por la privada. En 1987, militando todavía en el PSOE, estrenó junto con su esposa, Isabel Preysler, una mansión de 700 m2 con ostentaciones como la calefacción para la caseta del perro y los 13 cuartos de baño. Nunca sabremos si alguna vez relampaguearon en su mente los propósitos del pasado, y siempre resultará difícil comprender cómo un hombre pudo dar un salto tan enorme desde la conciencia social hasta el feroz individualismo.

