Miércoles 28 de mayo de 2014
Más allá del revés personal que para miles de españoles supone tener que dejar su país forzados por la falta de trabajo, resulta una obviedad que en el caso de los más preparados, en la mayoría de los casos formados en universidades públicas, supone una merma para el país de origen que ha invertido en ellos. De ahí que resulte chocante que ante las numerosas declaraciones del Gobierno español y del PP presentando la emigración laboral como algo positivo haya tenido que ser desde un país beneficiado por la fuga de talento, Alemania, donde recuerden a Mariano Rajoy que eso tiene un alto coste.
Efectos en el crecimiento de los países
El ministro alemán de Economía, Sigmar Gabriel, mostró su preocupación por los efectos que tendrá en países como España y Portugal la marcha de jóvenes preparados a otros países ante la falta de perspectivas laborales. En una comparecencia para presentar el último informe de la OCDE sobre Alemania junto al secretario general de esta institución, Ángel Gurría, Gabriel abordó las “ventajas y desventajas” que van a tener para países emisores y receptores de los flujos migratorios dentro de la Unión Europea (UE) por motivos laborales. “Me preocupa que vengan a Alemania aquellos que más pueden contribuir al crecimiento en sus países”, dijo el ministro y vicecanciller alemán tras referirse explícitamente a Portugal y España.
Gabriel agregó que esta fuga de cerebros reduce el potencial de crecimiento futuro de los países en crisis del sur de la eurozona. “La Comisión Europea debería hacer más para fomentar el crecimiento en estos países”, agregó Gabriel, a la sazón presidente del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), el socio minoritario de la coalición de gobierno en Berlín.
Mientras el PP se lo toma a broma, entre otros Cañete
El Gobierno español lleva meses intentando ofrecer la visión contraria sobre las bondades de la emigración laboral. Uno de los ejemplos más significativos es el del exministro de Agricultura y actual candidato del PP a la Eurocámara, Miguel Ángel Arias Cañete, que cuando le preguntaron por el éxodo de ingenieros habló de “experiencia enriquecedora” y se presentó como referente porque había sido eurodiputado durante 13 años -un cargo con más de 6.000 euros de sueldo mensual y que no obliga a fijar residencia en Bruselas, como han demostrado eurodiputados del PP con más presencia en Madrid que allí-. Pero es que el número dos de la candidatura del PP, Esteban González Pons, también defendía una particular y optimista versión del exilio laboral dentro de las fronteras europeas: “Trabajar en la UE es como trabajar en casa”. ¿Y estos serán los encargados de defender los intereses de España ante países más conscientes que ellos de los problemas de su país?
