Lunes 9 de abril de 2012
Cuando los batallones nacionalistas se retiraron hacia Santander, habían perdido ya su territorio y el objetivo de su lucha. En esta situación, el Ejército vasco rindió sus armas, para evitar un derramamiento de sangre inútil y que al mismo tiempo asolaría las tierras del norte.
Los orígenes del Ilamado pacto de Santoña se remontan a mayo del 37, cuando el cónsul italiano en San Sebastián, el Marqués de Cavaletti, se pone en contacto con Alberto Onaindia en San Juan de Luz, para pedir su intervención como mediador ante el presidente vasco, José A. Aguirre.
Esta entrevista fue una iniciativa personal del cónsul italiano. Italia tenía mala prensa en el mundo: su carácter de régimen totalitario, los contactos y pactos con la Alemania de Hitler y la intervención en Abisinia «afeaban» su imagen. En vista de ello, Cavaletti, consideró que un acto humanitario en el frente del norte, en favor de los vascos, que se hallaban en situación difícil y profundamente agraviados por la destrucción de Gernika, podría convertirse en un triunfo diplomático para la Italia fascista.
Primeras conversaciones con los italianos
En esta entrevista, Cavaletti propuso la mediación italiana para la pacificación de la guerra en los frentes del norte, redactando allí mismo una nota sin firma, a la que hizo acompañar de una tarjeta suya, dirigida al Lehendakari.
Las conversaciones con los italianos continuaron en las semanas siguientes. En este tiempo la situación se hizo cada vez más difícil para el ejército vasco. El 16 de junio, Juan Ajuriagerra, presidente del BBB se pone en contacto con los italianos, quienes se sorprendieron de que no fuera el presidente Aguirre, quien contestara, y de que Juan Ajuriagerra, en nombre del Partido Nacionalista Vasco, comenzara una nueva relación.
A partir de este momento se iniciaron una serie de entrevistas de forma directa entre ambos bandos. Así se preparó una entrevista el día 24 en Algorta, que no se llegó a celebrar debido a un error: al existir dos playas en dicha localidad, los vascos esperaban en una, mientras los italianos llegaban a la otra. Aclarada la confusión se intentó acordar otro encuentro el día 25 por la noche, teniendo lugar esta vez, la entrevista, a la que por parte vasca acudió Ajuriagerra con un secretario particular. A esta reunión siguieron otras, cada vez más complicadas.
Los barcos no llegaron
El Lehendakari Aguirre, el 2 de agosto, en una entrevista que tuvo lugar en París, encargó que se contrataran barcos con idea de evacuar una gran parte del Ejército vasco, 27.000 ó 28.000 hombres con la idea de trasladarlos por Francia hacia Catalunya, donde él abrigaba la idea de iniciar un ataque contra Navarra.
Los barcos contratados eran 14, pero, inexplicablemente, sólo llegaron dos: «Seven Seas” Spray», y el «Bobby».
A petición de los nacionalistas, los italianos, lograron que del día 21 al 24 de agosto, el mar se encontrara libre, alejando del norte a las unidades navales franquistas, e informando a los vascos que podrían salir para Francia. El problema se planteó al no llegar las embarcaciones. Cuando los italianos se enteraron que los vascos no se hacían a la mar se sorprendieron y alarmaron, sin que pudieran comprender lo que ocurría.
Sin esperarlo, las autoridades italianas, se encontraron con varios miles de gudaris y milicianos que en principio no debían quedar en Santoña, lo que cambió por completo el panorama de la situación. Ajuriagerra y Lucio Artetxe, marcharon a negociar un nuevo plazo de salida con los italianos, que se enfrentaban con el grave problema de proteger a los gudaris. Pasados unos días, los italianos fueron obligados por los españoles a retirarse, quedando, el Ejército de Euzkadi, prisionero de las autoridades franquistas.
Condiciones de capitulación
Las condiciones de la capitulación sobre la que se mantuvieron interminables conversaciones, fueron en términos generales:
Por parte de las fuerzas vascas:
– Deponer ordenadamente las armas, entregando el material a las fuerzas legionarias italianas, que ocuparían sin lucha la región de Santoña.
– Conservar el orden público en la zona que ocuparan.
– Asegurar la vida y libertad de los rehenes políticos de las cárceles de Laredo y Santoña.
Por parte italiana:
– Garantizar la vida de todos los combatientes vascos. Tenerlos hasta la terminación de la guerra bajo su mando, sin entregarlos al general Franco.
– Garantizar la vida y autorizar la salida al extranjero de todos los hombres políticos y funcionarios vascos existentes en los territorios de Santoña y Santander.
– Considerar a los combatientes vascos, sometidos a esta capitulación, libres de toda obligación de participar en la guerra civil.
– Garantizar que no sea perseguida la población leal al gobierno provisional de Euzkadi.
Todas estas condiciones, no fueron cumplidas, ya que el 26 de agosto de 1937, haciendo a un lado a los italianos, las tropas de Franco entraron en Santander y tomaron Santoña, y haciendo caso omiso de las peticiones de las huestes del Ducce, iniciaron una brutal represión contra los hombres que habían defendido con su vida la tierra de sus padres.


