LA OPINIÓN DE XABIER ARZALLUZ SOBRE LA PERSECUCIÓN A SUPERLÓPEZ.

Viernes 12 de junio de 2026

Ante el fallecimiento en Busturia del magnífico empresario Iñaki López Arriortua, reproduzco el artículo que escribió en su día en Deia, Xabier Arzalluz.

Se titulaba “La Caza del esclavo Huido” y contaba descarnadamente lo que estaba padeciendo el gran ejecutivo vasco.

“Quien no haya leído «La cabaña del Tío Tom» ha visto, al menos, algu­na película de la guerra de Sece­sión americana o sobre las grandes planta­ciones del Sur de los Estados Unidos.

Es decir, que no hay nadie que no haya vis­to alguna vez la escena de uno o varios es­clavos negros huidos y seguidos de una jau­ría de perros y por hombres sin piedad a ca­ballo y con rifles.

Al contemplar hoy el acoso a Iñaki López de Arriortua por parte de General Motors no puedo menos que recordar las batidas de los grandes plantadores del Sur a la caza del es­clavo negro.

Hace un mes, el presidente de una gran empresa se hacía lenguas sobre la genialidad de Arriortua. Me decía que hablando con el conocido banquero americano J. Pierpont Morgan, le hizo éste el siguiente comenta­rio: «No conozco a este caballero, pero yo, que soy el primer banquero de General Mo­tors, puedo decirle que ni la propia empresa sabe los miles de millones de dólares que ha ahorrado al Consorcio. Pero lo que ha hecho él no se puede hacer en América».

¿Qué ha hecho Arriortua? En primer lu­gar sacar a General Motors del caos de pérdi­das en que se hallaba. Provocar una subida espectacular de sus acciones en Wall Street. Ahorrar a GM varios miles de millones de dólares en pocos meses de actividad.

Pero no es por esto por lo que le acosa la jauría del negrero. Simplemente no le per­donan el que de la noche a la mañana, des­pués de toda la expectación suscitada, se ha­ya pasado a la competencia.

Hará un año, más o menos, que Robert Eaton, Jefe de GM en Europa, se pasó, de la noche a la mañana también, a la corpora­ción Chrysler. El asunto no le sentó nada bien a GM, pero no hubo persecución. Ni Ea­ton era tan vital como Arriortua ni Chrysler era la competencia que supone VW. Máxime cuando, con las compras de Audi, Seat, Sko­da y Vauxhall, el dúo directivo de VW Piéch-Arriortua se propone convertir el Consorcio alemán en el mayor fabricante mundial de automóviles en el plazo de dos años.

Por de pronto, y según lo declarado por la propia VW, en las diez semanas que lleva tra­bajando Arriortua han bajado sus costes en 2.100 millones de marcos, con la previsión de salir de números rojos para finales del año.

Der Spiegel es un semanario alemán fun­dado por Rudolpf Angstein en 1948, con va­rios millones de tirada y sin competencia, hasta este año, en el mercado alemán. Soy lector-suscriptor desde 1964 y lo conozco muy bien. Significa «El Espejo», pero no suele reflejar la realidad en todos sus tonos, sino más bien los trazos más oscuros de ella. Es poderoso pero prepotente, mordaz y mu­chas veces parcial y hasta difamador.

No entiendo el que los responsables de VW se hayan querellado contra el Spiegel. Un medio poderoso de prensa termina ganando siempre en la práctica, aunque pierda el plei­to.

En su número del 24 de mayo publicó un artículo muy duro con un Arriortua a toda portada, cruzado de brazos y ceño adusto, con el siguiente titular en grandes letras: «Der Skrukpellose» (el sin escrúpulos). Y con letras más pequeñas: «El manager de VW López bajo sospecha: Espionaje industrial».

En el artículo, además de otras cuestiones sobre la persona, métodos, etc., se daba pá­bulo a la sospecha de la dirección de GM del «verdadero sentido» del paso de Arriortua al consorcio alemán. VW no sólo estaba interesado en los éxitos del de Amorebieta. La cuestión fundamental se centraba en la sos­pecha de que Arriortua y sus siete colabora­dores habían transmitido a VW todos los da­tos fundamentales de la empresa: por ejem­plo, costes de fabricación de todas las fábri­cas Opel, los precios de los cerca de 60.000 componentes de sus automóviles, detalles sobre motores y sobre la política de modelos hasta el año 2003, etc.. Con los perjuicios potenciales de GM de miles de millones y una enorme ventaja de VW en el mercado y en la fabricación.

La acusación es tremenda. Pero no sólo contra Arriortua, sino contra VW. Que un consorcio atraiga a sí a un hombre clave de la competencia «con todos los secretos de fá­brica» deja a la corporación alemana en ab­soluto entredicho. De ahí que VW apelara a los tribunales en contra del Spiegel.

El juez decretó lo que allí se llama «Einst-weilige Verfügung», interdicto llamaríamos aquí, que prohibía a la revista seguir infor­mando sobre el tema hasta tanto se exami­nara la cuestión más a fondo. Y además, la obligaba a publicar en portada y páginas in­teriores una serie de rectificaciones que ocupaban dos páginas y media.

El golpe fue tremendo para el Spiegel. Cuando se cerró la provisionalidad por la emisión de la sentencia por el Tribunal de Hamburgo, se permitía a Der Spiegel seguir informando sobre el tema. Pero no contenía decisión alguna sobre la verdad o falsedad de las sospechas, y limitaba la libertad de infor­mación del semanario prohibiéndole que volviera a repetir una serie de afirmaciones lesivas a VW y a Arriortua.

Sin embargo Der Spiegel consideró esta sentencia como un triunfo de la «libertad de prensa». En realidad, en sus 43 años de vida, jamás nadie le había prohibido informar so­bre alguna cuestión ni obligado a anunciar las rectificaciones en portada.

La acusación es, pues, de grave espionaje industrial. Y la gravedad del asunto no re­caería en Arriotua y su equipo por llevarse papeles secretos, sino en VW por aceptarlos e incluir los datos en sus ordenadores, como acusaba Der Spiegel.

Ante la querella de GM, la fiscalía alemana ha comenzado su investigación. Ha recibido declaración de testigos, hasta ahora sólo de los provenientes de GM. Y examina «varias cajas» de papeles traídos por el Sr. Álvarez, del equipo de Arriotua, de GM.

Según mi información, ni la fiscalía ha re­gistrado el domicilio del Sr. Álvarez, ni éste ha proporcionado tales cajas a la Policía Ju­dicial. Es un tercero quien las ha sustraído del citado domicilio. A partir de ahí, nadie puede garantizar qué documentos se halla­ban en poder del señor Álvarez y cuáles han podido ser «introducidos» por la parte con­traria.

Y, siempre según mi información, no exis­te ningún documento confidencial, sino to­da una suma de trabajos, conferencias, métodos, sistemas que ha elaborado o en los que ha participado el equipo de Arriortua.

Un abogado, un técnico o un ejecutivo, cuando realiza un dictamen o un proyecto para un tercero o para una empresa, cede la propiedad de su trabajo al tercero en cues­tión. Pero nadie podrá impedirle que archive para su uso particular todo aquello que ha elaborado, ha creado o le ha formado.

El que la prensa aceche el escándalo, lo ai­ree, acuda a titulares llamativos y magnifi­que lo negativo frente a lo positivo, no es ninguna novedad, sobre todo en tiempos de sequía informativa.

Tampoco es ninguna novedad que lo gra­ve en estos tiempos no sea la condena sino la inculpación. Es la sospecha y la denuncia la que se airea. Como en el asunto de las traga­perras. ¿Quién ha anunciado o se ha entera­do que ha sido sobreseído por el Juez com­petente? Pero la acusación fue la verdadera sentencia.

Arriortua está siendo condenado. Hay quienes propagan con fruición todo lo nega­tivo de este «affaire». Todavía hace unos días, uno que se decía profesor de Universidad, publicaba un artículo en el que venía a afir­mar que Arriotua era un simple sangrador de la empresa pequeña, un verdugo de los débiles. Y que, decía, su sistema no producía «valor añadido». ¡Qué entenderá este caba­llero por «valor añadido»!

Pero Arriortua es algo más que el creador de un valor añadido. Lo que él anuncia, des­de la afirmación de que el automóvil es y se­guirá siendo en mucho tiempo el mayor mo­tor de la industria, es que el Oriente, y con­cretamente Japón, está deshancando clara­mente a Occidente. Que si éste no cambia sus esquemas de producción, camina hacia un claro declive. Que ya no valen las recetas al uso hasta ahora, porque estamos ante una nueva y auténtica revolución industrial. Y que el que no caiga en la cuenta de esto, grande o pequeño, está cavando su tumba.

Me sorprendió estos días la noticia de prensa, según la cual Hans Merkle y Frie-drich Schiffer (nada que ver con Claudia), dos de los grandes directivos, anterior y ac­tual de Bosch, fueron quienes presentaron a Arriortua a Ferdinand Piéch, presidente de Volkswagen. Lo cuento para los que sostie­nen la tesis de «Arriortua estrangulador de menores”.

Porque Bosch, una de las grandes mun­diales de los auxiliares del automóvil, fue una de las primeras sobre las que cayó Arriortua con sus famosos recortes en sus tiempos de Opel. Bosch no se lo creía. Que un «enano» le viniera a él, gigante mundial, con esas pretensiones. Pero Arriortua les pi­dió entrada en sus fábricas. Entró con su equipo. Miró, vio, consiguió. Y en una sema­na de estudio subió su productividad y bajó sus costos de un modo tan brutal, que dejó a los de Bosch con la boca abierta.

Su admiración les convirtió en sus valedo­res. «VW es el grupo más grande de Europa. Si nosotros, que somos proveedores, quere­mos sobrevivir, necesitamos un cliente sano. Será duro (Arriortua) con los proveedores, pero no es un estrangulados Obliga a pen­sar de otra manera».

En estas aparentes horas malas de Arrior­tua hay quienes se frotan las manos. Hay también quienes se alegrarían de que no sa­liera el proyecto de Amorebieta.

Unos por temor al «gran regreso» que se­guirá persiguiendo todo lo que promueva Iñaki. Otros porque creen que viene de la mano del PNV, y desde su sectarismo políti­co prefieren la ruina del país a que su pros­peridad pueda parecer traída por el PNV.

Lo cierto es que nadie, nunca, al menos en tiempos conocidos, ha causado tanta sensa­ción en el mundo de la producción en este año de 1993 ni, ha re­movido tantos intereses, tantas adhesiones y tantos odios. Ese es siempre el salario del reformador, del revolucionario y del genio.”

MUSEO VASCO. ME HA DEJADO FRIO

Jueves 11 de junio de 2026

Estuve ayer dando una vuelta rápida por el remozado Museo Vasco de la Plaza Unamuno. Llama la atención una fachada sobria que parece inacabada.

Recuerdo cuando estudiaba en el Colegio Santiago Apóstol nos llevaban a verlo cuando era solo el claustro de la Iglesia contigua de los Jesuitas, donde está ahora y de forma  espectacular  el Mikeldi. Antes más que un museo era un trastero, con una lona mal puesta por arriba y una acumulación de objetos. Su director era Mario Grande.

Lo visto hoy nada tiene que ver con aquel trastero. La arquitectura es impresionante. Quizás este dato tan cuidado primando  la espectacularidad del diseño, me hace sentir al Museo como una especie de nevera fría. Muchos muros, mucha pared, mucho recoveco, mucha vitrina sellada, aunque lo expuesto tenga en sus vitrinas la explicación moderna y adecuada. Pero me  han parecido muy pocas piezas. Igual no están todas. Y, sin una especie de orden .

Antes te metías en una cocina vasca o cogías una lanza o te metías en una cueva. De ahí que me haya parecido que quizás falten cosas que exhibir pero no he visto aquella Sala del Consulado de Bilbao que incluso albergaba actos y presentaciones de libros, ni tampoco aquella maqueta gigantesca de Bizkaia con sus montes y pueblos que era visita obligada. He preguntado por ella  y me han dicho está en el museo de las ruinas de la Plaza San Francisco. Creo es un error. La podían haber mejorado y modernizado. Tenía mucho tirón.

Tampoco he visto nada  nada sobre los Fueros, guerras carlistas, personalidades como  Sabino Arana, Unamuno, Arriaga, Gardoqui, Arrupe, Agirre, Bolivar, conde de Godó que nacieron a pocos metros de esas frías paredes, salvo Bolibar que vivió un año de su vida en el Casco Viejo. Tampoco nada sobre la constitución del primer gobierno vasco, que cumplirá 90 años, el exilio y la diáspora.

No sé si es esto lo que se estila museísticamente en la actualidad, pero prefiero lo que había antes. No el trastero, sino el modelo anterior, con salas muy claras y diáfanas explicando por sectores la vida vasca en Bizkaia. Igual ahora se quiere hacer de este museo uno Nacional, pero eso no es lo que había antes.

La inversión ha sido muy cuantiosa pero, para mí, el resultado, respetando el trabajo de los demás, me ha dejado frío y con ganas de ver mil cosas más. Me ha desilusionado y eso que conozco decenas de museos y como comento al principio, puedo comparar.

HOY HUBIERA CUMPLIDO EL LEHENDAKARI ARDANZA 85 AÑOS

Miércoles 10 de junio 2016.

“Ser Lehendakari te da poder y el poder siempre altera a las personas. Pero me decía para mi, tranquilo José Antonio, cuando pase esto, volverás a ser el hijo de Damián y María, que es lo  que eres ahora, nada más y nada menos”.

Buena máxima que resume las trayectorias vitales de los Lehendakaris del EAJ-PNV. Personas cristianas, con principios, solidarios, al servicio de un país, empeñados en representar a toda una sociedad y Ardanza cumplió perfectamente este papel. Llegó a presidir una Euzkadi enferma con un partido destrozado y fue el mejor médico para curar a ambos. Siempre el PNV acierta con sus electos, porque forman parte de una familia que tiene estos valores. Lo vimos  en su despedida el 8 de abril de 2024. Dolor, respeto y reconocimiento.

Hijo de gudari, huérfano de madre, nació en Elorrio, formó parte de la clandestinidad, pasó por Derio, vivió en Ondarroa, trabajó en las Cooperativas, fue alcalde de Arrasate poniendo los plenos a las ocho de la mañana para que los de HB no se los reventaran a las tardes como hacían, Diputado General de Gipuzkoa, Lehendakari durante 14 años.

Le voté como parlamentario del PNV dos veces para que fuera Lehendakari. Fueron momentos muy duros y difíciles pero el PNV subió la cuesta y está donde está, entre otros, por él.

MENUDO MARRÓN

La fotografía es del 27 de enero de 1985. El Lehendakari tiene cara de circunstancia. Seguramente estaba pensando “menudo marrón en el que me han metido estos que aplauden”. Se les ve en la foto a José Antonio Loidi, Juan Ignacio Uría, Sabin Intxaurraga, Iñigo Aguirre, José Antonio Ardanza, Juan José Ibarretxe, J. J. Otxoa de Eribe, Pepe Rubalcaba, Ángel Larrañaga, y Javier Caño. Yo estoy en la fila anterior, con el resto de parlamentarios del Grupo EAJ-PNV. El pleno había sido muy tenso ya que el portavoz del PNV, José Ángel Cuerda había tenido un discurso desleal e impropio para aquel  momento.

El PNV vivía un momento de gran enfrentamiento. Un extenuante deterioro interno que todavía hoy se recuerda y no se toca ni con el pétalo de una rosa. Mejor. Nunca debió ocurrir. EA hoy malvive en Bildu, el EAJ-PNV ha recuperado gran parte de su liderazgo anterior y muchos de los que decidieron legítimamente optar por un nuevo partido han vuelto a casa sin el menor problema, entre otras razones gracias a Ardanza, y ¡bienvenidos sean! y esa es la decisión. El país avanza según la fórmula de la sensatez y con la brújula en su sitio, sin abdicar de sus principios fundacionales.

Y en esta experiencia Ardanza, que había sido alcalde de Arrasate y Diputado General de Gipuzkoa, tuvo un papel fundamental en su recuperación. Le dio serenidad a la situación, retomó los retos de todo tipo que tenía una sociedad con todos los frentes abiertos para ir solucionándolos y con el Pacto de Ajuria Enea luchó por la erradicación definitiva de ETA. Fue elegido y reelegido, dejando en 1999 su representación, tras elecciones, a Juan José Ibarretxe su Vicelehendakari y se retiró dignamente. Fueron nada menos que catorce años claves de presidencia. Nadie puede desconocer este hito. En la figura de Ardanza se personalizan las apuestas de él y del PNV en los años de plomo.

Como todo político de valía tuvo correligionarios, amigos, enemigos, adversarios, colaboradores, hagiógrafos y seguidores pero nadie pone en duda el papel clave que jugó en aquellos muy duros 14 años.

Hace un tiempo Iñigo Agirre, de Elorrio como él, profesor, diputado y parlamentario me preguntó por una fecha. Quería hacer una nota. Para saberlo le llamé al Lehendakari Ardanza. Me atendió inmediatamente y me contestó con amabilidad y lucidez, pero quedé muy preocupado por su hilo de voz. Pensé que lo teníamos para poco, como así  fue.

EN EL SENADO

Permítanme contar una de las muchas vivencias de aquellos años que han traído éstos. El estatuto estaba atascado. No se movía ni una coma. Ante eso el lunes 24 de mayo de 1987, el lehendakari viajó a Madrid con el fin de hacer buena pedagogía y exponer en el Senado la situación del estatuto de Gernika y el encaje del mismo en el engranaje de un estado que no cumplía la ley. Era la primera vez que un Lehendakari iba al Senado y Ardanza fue al mismo cargado de una pieza muy elaborada, que en síntesis venía a decir algo tan obvio como que para los vascos el estatuto no era una descentralización administrativa sino la contribución a lograr gradualmente la solución de un conflicto histórico y sobre todo una ley orgánica de obligado cumplimiento atascada por la mayoría socialista y la alta administración del estado. Había pactado con el PSE y Ramón Jauregi era el vicepresidente de su gobierno.

Desgraciadamente, el período electoral, la conflictividad social, las entrevistas de Redondo y Camacho con Felipe González y sus forcejeos, el debate sobre el proyecto de ley de televisión privada y una pléyade de continuas noticias, amén de un cierto interés en tapar la comparecencia, hicieron que la misma casi pasara desapercibida o por lo menos no tuvo el necesario impacto en la opinión pública. Lo político en clave constructiva, como era, casi nunca es noticia destacable.

Sea como fuere, a mí me pareció una comparecencia valiente, bien expuesta, sin ambigüedades de ningún tipo con un lenguaje inteligible y llamando a las cosas por su nombre. Y si en la exposición fue así, en las respuestas a los distintos grupos el Lehendakari dio muestras de un gran aplomo, claridad de ideas, valentía en la defensa respetuosa de sus postulados y gran capacidad dialéctica.

Y no lo vimos así nosotros los diputados que fuimos aquel día al Senado. Fue el comentario unánime de la prensa allí convocada. Lástima que cuando se habla tan claro, otros Imperativos silencian estos hechos. Porque Ardanza habló fundamentalmente de la singularidad del estatuto vasco. Sin caer en insolidaridades arrojadizas, el Lehendakari dejó bien sentado que cuando se negoció dicho estatuto se abordó el tratar de solucionar un problema. A preguntas de un senador sobre si creía conveniente que las autonomías tuvieran igual grado competencial que la vasca, el Lehendakari contestó que eso dependía del grado de demanda real de esa sociedad. En el caso de la vasca y la catalana, esa necesidad existía, del resto no podía opinar porque entre otras razones no había en ellas partidos cuyo ámbito de actuación fuera esa propia comunidad.

Los catalanes, lógicamente, hicieron una pregunta. La relacionada con el concierto económico. Y ahí el Lehendakari también estuvo oportuno al recordarles que en la negociación estatutaria vasca, los catalanes se acercaron al PNV para decirles que no pidieran antiguallas refiriéndose al concierto económico. Hoy esa antigualla es lo que con más ahínco reivindica el president Illa del PS, como antes Aragonés, Torra, Puigdemont, Mas y Pujol.

Ardanza evitó en su primera intervención, para no deteriorar esta exposición, hacer referencia a problemas concretos (violencia, terrorismo, crisis económica, desarrollo lingüístico…). Hubiera sido normal para los senadores allí presentes» que el Lehendakari hubiera centrado su intervención en ETA. Desde luego el titular y el despliegue informativo estaba asegurado. Pero, como dijo Ardanza, los senadores ya sabían lo que él pensaba de ETA y él en el Senado, como Cámara de representación territorial, lo que quería era centrar el conflicto en esa permanente voluntad de los vascos en articular la forma de sentirse reconocidos como Nación. «El conflicto sigue ahí y hay que aceptarlo, definirlo y buscarle soluciones», dijo el Lehendakari.

Y habló sobre las fuerzas de seguridad del Estado y sobre el sentimiento que gran parte de los vascos sentían sobre España. Y lo dijo donde tenía que decirlo. Sin ambages. «Si se trata de que yo venga aquí y les cuente a ustedes cuatro cosas que ustedes desean escuchar, lo puedo hacer, pero tanto ustedes como yo habremos perdido el tiempo. Si se trata de que ustedes conozcan de viva voz mi enfoque real sobre lo que pienso de Euzkadi, para que ustedes tengan otra óptica para analizar las cosas, no me queda más remedio que hablarles claro y sin subterfugios. Esto beneficia tanto a ustedes como a los vascos», comentó el Lehendakari ante un comentario realizado por un senador.

Para terminar, Ardanza quiso enviar un mensaje de esperanza reconfirmando su impresión de que el marco del Estatuto de Gernika, seguía siendo válido y había obligatoriamente que completarlo. Y en este contexto manifestó la necesidad de llegar a acuerdos de fondo con la mayor validez posible, pero siempre y cuando éstos se basaran en unos principios que considera para los vascos irrenunciables, porque eran consustanciales con el Estatuto, pero sobre todo, con la Nación vasca.

Podía contar decenas de vivencias con el Lehendakari, pero ésta, una de ellas, y en aquel foro y ante aquel grupo de españoles, siempre lo recordamos. ”Cuentas claras, conservan amistades”, nos comentó cuando de allí salimos.