Larga vida a Iturgaiz en un país con sindicatos que solo ofrecen huelgas

Martes 5 de abril de 2022

Este pasado lunes ha sido impagable en cuestión de manifestaciones de todo tipo. Entresaco algunas y me quedo con las dos primeras y las tres últimas las tiro a la basura.

Por ejemplo con el anuncio del gobierno vasco que ha  incrementado este año hasta los casi 2,8 millones las ayudas a las pymes para iniciarse en materia de innovación, en el marco del programa Hazinnova que consiste en un asesoramiento especializado a pymes en la ejecución de microproyectos de innovación en producto y en proceso de negocio.

También con su afirmación de que marzo ha sido un mes «especialmente complicado» con un incremento del paro mayor en el sector industrial, entre hombres, entre jóvenes y en Gipuzkoa, «exactamente en los ámbitos y sectores de población donde la recuperación se había mostrado más sólida hasta ahora», pero se ha destacado que se ha logrado el «máximo histórico» en contratación indefinida, que alcanza el 21,49% del total de 71.669 contratos firmados el pasado mes, frente al 9,9% con el que se cerró 2021, cuando no se había aprobado la vigente reforma laboral.

Me han llamado la atención dos mensajes políticos en las antípodas sobre los impuestos. La coordinadora de Podemos  Pilar Garrido, ha pedido al Lehendakari, Iñigo Urkullu, un pacto fiscal y de rentas para que las grandes empresas se hagan «corresponsables» en la salida de la crisis económica actual y se «proteja a los trabajadores, familias, autónomos y pymes».  Es decir, subir impuestos.

En el extremo opuesto el impagable Iturgaiz, que se entrevistó en Ajuria Enea con el Lehendakari ha acusado al PNV de estar «enganchado como una garrapata» al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, mientras que en Euskadi «apuesta por la radicalidad mirando por el retrovisor a ver lo que hace Bildu». Su solución, como un mantra es bajar impuestos sin decirnos de que partidas detraerían el dinero. Pero eso a él no le importa.

Para colmo de metepatas, algo habrá oído, y como un meritorio bisoño  el  presidente del PP vasco,  afirmó, este antiguo admirador de Casado al que le costó cambiar de caballo, que al Partido Popular le ha «tocado la lotería» con la llegada de Alberto Núñez Feijoo a la Presidencia y se ha puesto a su disposición para presentarse a la reelección en el próximo Congreso de los populares de Euskadi, aún sin fecha.

No nos caerá esa breva!!!. Ojalá siga de presidente del PP cien años.

En la otra esquina, su compañero de partido el presidente del PP de Álava, Iñaki Oyarzabal, ha pedido que se «rebajen» los requisitos sobre el conocimiento del euskera para el acceso a un empleo público en Euskadi, donde el castellano y el euskera son lenguas oficiales. No sé si este caballero sabe que el euskera está en debilidad en base a muchos factores, entre ellos su persecución y si sigue este razonamiento debería castellanizar su apellido para dar ejemplo de coherencia. Es increible que Núñez Feijoo les hable de moderación y el uno sale con la garrapata y el otro que hay que dejar al euskera en la debilidad. O son muy tontos o todo el discurso de Feijoo es falso.

Y en este clima, los sindicatos antisistema que padecemos y que no hay otros como ellos en ningún país democrático del mundo, en lugar de presentar iniciativas para salir de la crisis, lo de ellos es la huelga por la huelga, como la que tuvieron que anular contra  el proyecto de ley educativa cuando todavía no había sido ni presentada. Pero ahora, vuelven a la carga.  

ELA ha mostrado su disposición a colaborar con los agentes que están «dispuestos» para impulsar las movilizaciones y huelgas necesarias con el objetivo de que la futura Ley de Educación vasca tenga en cuenta las condiciones laborales del personal del sistema educativo, así como para «condicionar y mejorar sus contenido».

Yo me pregunto. Sin empezar a andar la ley educativa y existiendo la mayoría de partidos en ello, así como los padres, ¿quiénes son estos iluminados  para vivir en la amenaza continua contra  una audiencia cautiva tan sensible?. ¿No hay cuajo para decirles a estos populistas profesionales y sindicalistas de tres al cuarto que esto no tiene nada que ver con el sindicalismo sino más bien con los piquetes?.

Entre las garrapatas de Iturgaiz, la bajada de impuestos y la subida de los mismos, la anulación del euskera por Oyarzabal y los anuncios de huelga de ELA, afortunadamente hay gente sensata, la mayoría, que no sigue estas tremebundeces apocalípticas y sigue y seguirá apostando por el sentido común y el hacer cosas de las cuales ellos se aprovechan.

Menos mal.

Mariúpol es la nueva Gernika

Lunes 4 de abril de 2022

Ninguna frase describe mejor que el titular de este artículo la tragedia que está ocurriendo en el sudeste de Ucrania, una ciudad arrasada por las tropas rusas (*)

«Mariúpol es la nueva Gernika». Esto aparecía escrito en una de las pancartas durante la protesta que los ciudadanos de Cetiña, antigua capital de Montenegro, llevan organizando desde hace más de un mes, desde el primer día de la agresión rusa contra Ucrania. Ninguna frase describe mejor esta tragedia que se está produciendo en el sudeste de Ucrania, donde zonas completas de una ciudad de más de 430.000 habitantes (antes de la guerra) han sido arrasadas.

La magnitud y duración de la campaña de destrucción son tales que, sin lugar a dudas ni dilemas, representan la mismísima intención de los agresores. Este crimen tampoco puede ocultarse en una edad moderna en la que existen desde imágenes por satélite hasta testimonios directos. Ya no se menciona la mentira de que los ucranianos se bombardearon a sí mismos: ni siquiera los más fervientes partidarios de Putin lo hacen. La trágica verdad también ha silenciado a los propagandistas a sueldo, quienes, enfrentados a un grave crimen obvio e innegable, se han retirado a «posiciones de reserva», a otros engaños y propagandas, en un intento por ocultar la colosal e innegable miseria y vergüenza de la historia de Rusia.

La edad en la que vivimos, con los omnipresentes medios de comunicación y redes sociales, es eficaz (a pesar de todas las limitaciones y obstáculos, incluyendo las fake news) a la hora de informar sobre este grave crimen de guerra, y en cuanto a él, habrá oportunidades, inevitablemente, de establecer de forma precisa y documentada si también comparte las características de los crímenes contra la humanidad y del genocidio. Por ahora, ya que no podemos detenerlo, al menos podemos informarnos de lo que está ocurriendo. Y, dado que lo sabemos, tenemos la obligación de condenarlo de forma clara e inequívoca.

La comparación con Gernika, un pueblo vasco que fue destruido hasta los cimientos el 26 de abril de 1937 por la Luftwaffe nazi (que, mientras ayudaba a los franquistas, ponía a la vez en práctica lo que haría tan solo dos años después en la II Guerra Mundial), es la expresión más lapidaria y represiva para la destrucción y la matanza, criminal y sin razón, de inocentes. Esa es una comparación real, esa es una verdadera condena de la matanza de Ucrania: Mariúpol es la nueva Gernika.

LAS VERDADERAS INTENCIONES Esta comparación, con su simbolismo directo, indica claramente la verdadera naturaleza, intenciones y consecuencias de la invasión rusa de Ucrania. Asimismo, muestra que en la verdadera Montenegro civil se reconocen esos valores y verdades sobre los que se crearon los fragmentos más bellos de la historia de Montenegro, nuestra lucha por la libertad y la justicia, nuestra solidaridad con los países y las gentes cuya supervivencia se pone en juego. Esto, lamentablemente, no presupone una reacción idéntica por parte de las autoridades montenegrinas. No vamos a repetir aquí las tontas e insinceras declaraciones de los altos funcionarios del Gobierno de Montenegro, porque ni siquiera lo merecen.

El que el Gobierno saliente de Montenegro utilice todos los trucos posibles para no tomar una decisión concreta y operativa sobre la adhesión de Montenegro a las sanciones de la Unión Europea contra la Federación de Rusia no sorprende más que a los poco informados. El que Montenegro sea aún el único aliado de la OTAN que no haga una aportación específica (por modesta que sea) es la prueba más reciente, dentro de una larga serie de ejemplos malos, peores y pésimos, de que el «primer gobierno democrático» es abiertamente antieuropeo y antiatlántico.

Las declaraciones durante la última comparecencia del primer ministro técnico Krivokapic en Sofía son tan vergonzosas que citar sus «definiciones» de la guerra en Ucrania sería doloroso. «Transferencia de la vergüenza», como se llama en la actualidad. Si no hubiera discursos y declaraciones claras y responsables del presidente Djukanovic, las comunicaciones oficiales montenegrinas referentes a la agresión rusa contra Ucrania se reducirían a flojas declaraciones sobre unirse a la comunidad euroatlántica, ¿por qué «tenemos que unirnos» a ellos?

Es por esto que el eslogan de la pancarta de Cetiña (como, a fin de cuentas, todos los mensajes enviados por activistas y ciudadanos de Montenegro, en muchas de nuestras ciudades, a Ucrania y al mundo, junto con las declaraciones y puntos de vista de los partidos y políticos cívicos) es evidencia de que Montenegro comprendió correctamente lo que estaba pasando en Ucrania.

Esa parte del espectro político de nuestro país (junto con, no debemos olvidar, la Iglesia de Serbia y sus representantes en Montenegro), que odia la independencia de Montenegro así como que seamos miembros de la Alianza, continúa en las posturas en las que estaban cuando se produjeron «nuestros Gernikas» –tanto históricamente, los que se produjeron entre 1918 y 1921 (ocupación serbia de Montenegro), como, ya en los tiempos modernos, los acontecidos en las trágicas guerras yugoslavas de los años 90–. Las divisiones políticas en Montenegro, por tanto, siguen una línea que históricamente se remonta a tragedias y crímenes, desde nacionales y cercanos hasta geográficamente distantes, pero comunes por su verdadera naturaleza y por nuestro interés por no relativizarlos ni trivializarlos y no permitir que se incluyan en una falsa narrativa sobre la necesidad de la llamada «reconciliación nacional». No existe ninguna reconciliación con las teorías y políticas de apoyo al y apología del crimen, ni debería haberla.

Es por esto que estoy especialmente encantado, y es una bonita coincidencia, de que en estos días, como resultado de una idea conjunta nuestra de noviembre del año pasado y como regalo de mi amigo vasco Mikel Burzako, se plantará en Cetiña un joven árbol de Gernika (Gernikako Arbola), que es un mundialmente famoso símbolo de libertad.

Espero que llegue pronto el día en que nuestros amigos ucranianos nos traigan una muestra de un árbol de Mariúpol, que también tendrá un lugar en Cetiña, justo al lado del árbol de Gernika. Pediremos a nuestro amigo, el embajador Oleksandr Levchenko, diplomático ucraniano, que haga eso.

Porque Mariúpol es la nueva Gernika, y Cetiña y Montenegro aman y respetan la libertad.

(*) Miodrag Vlahocic es el  autor de este trabajo, que acaba de visitar Euzkadi; fue actor clave en la independencia de Montenegro y primer ministro de Asuntos Exteriores de la nación, y posteriormente embajador en los Estados Unidos y la Santa Sede. Ha publicado este artículo en periódicos de Montenegro y Ucrania

La Autodeterminación ni para las naciones colonizadas.

Domingo 3 de abril de 2022

En los gloriosos tiempos de González, Aznar y Zapatero se nos decía: ”Sin violencia todo es posible” y cuando se planteaba el ejercicio del derecho de autodeterminación, palabra mágica que habíamos visto escritas en sus pancartas, la respuesta estaba acuñada: ”Solo es para los pueblos colonizados”. Ahora, tras la decisión de Sánchez respecto al Sáhara decisión solo conocida por el cuello de su camisa, ya ni eso. De la pancarta a la mayordomía real. ¡Pobre Txomin Aurrekoetxea! que soñó para los saharauis  en un mundo mejor. Todo es pues, mentira tras mentira, lo mismo que las  presuntas aventuras de un rey acosador según la fiscalía británica al que cuando señalábamos por su doble vida nos decían éramos desestabilizadores. Pues si, y mucho, ante la mentira de gobiernos, políticos y medios.

Marruecos celebraba el 15 de julio 2014 el Ramadán pero eso no fue óbice  para que Felipe VI y su esposa visitaran en Rabat  a un señor al que el rey Juan Carlos  llamaba  «sobrino»  porque al parecer a su padre  Hassan II le llamaba «hermano». Hay que suponer  que Mohamed VI, debe ser el “querido primo» de Felipe  VI. No sé dónde queda el parentesco de la esposa de Mohamed, la princesa Lalla Salma con Letizia, a la que en Madrid llaman Reina. La machista Constitución española permite estas cosas  tan ridículas porque si en lugar de ser varón el actual rey, hubiera sido mujer, ¿le llamarían al consorte, rey de España?. Pues no, pero en Marruecos una es princesa, y la otra es reina, es decir, nada.

El caso es que la pareja española estaba de gira visitando países vecinos tras su coronación vestido de militar en el Congreso. Le  tocaba ese día  Marruecos que dicen que es vecino. Será por Ceuta y Melilla, dos enclaves tipo Treviño en la costa marroquí y del que nunca se habla en estas “visitas de estado» para que no se diga ni  una palabra del Sáhara. Les faltaba visitar  Francia, donde al ex presidente Sarkozy, en esos días, le habían procesado y hasta  lo tuvieron 17 horas en comisaría, sin ningún aforamiento  tramposo.

Al llegar al aeropuerto Salé-Rabat,  al pie de la escalerilla le esperaba el rey Mohamed VI con aspecto de Kiko  Rivera envuelto en una chilaba que parecía un albornoz de jubileta de Benidorm. No es una deferencia habitual pues estos  señores son muy suyos. Y es que el rey interrumpía su ayuno por el Ramadán, aunque aquella noche se iba a desquitar con más de cuarenta platos al caer el día, rodeado de sus huéspedes y con más de trescientos invitados que rompieron el ayuno no solo con dátiles sino con el plato tradicional, la harira, una sopa espesa de legumbres, vegetales, fideos, trozos de carne y muchas especias, que despiertan el estómago más  dormido.

El viaje, como todo este tipo de viajes cortesanos, no tuvo la menor importancia política. Protocolo, uniformes, trompetas, palabras vacías, calles del centro llenas de ciudadanos con banderitas llevados allí por diversas organizaciones gubernamentales como es habitual en todos los desplazamientos de Mohamed VI, y poco más. Entre lo poco noticioso la firma del acuerdo pesquero negociado durante meses  con la Unión Europea y que tenía amarrados a 126 barcos españoles en sus puertos. Nosotros nos abstuvimos porque dicho acuerdo no contemplaba los derechos del Sáhara sobre el banco pesquero sahariano.

Sin embargo, durante la visita, en Melilla agentes policiales impidieron un nuevo salto frustrado de inmigrantes subsaharianos contra las vallas que rodean la ciudad autónoma. Ante ese hecho, el muy impresentable García Margallo solo habló de la magnífica colaboración existente entre los dos gobiernos y que el ministro del interior marroquí le había asegurado que su valla, la tercera en la zona, estaba prácticamente acabada. En relación sobre el candente asunto de las adopciones, que tenían a decenas de familias españolas en un ¡ay!, nada de nada, así como sobre un incidente con porteadores marroquíes en Ceuta. Eso sí, Felipe VI agradeció al jefe de gobierno de Marruecos, los «esfuerzos» para controlar las avalanchas de inmigrantes sin papeles. Como se ve, todo muy humanitario.

Aquel verano en Euzkadi, en Andalucía, en Madrid, en Valencia y en Catalunya, cientos de niños saharauis pasaron su verano en casas amigas tratando de paliar en algo las duras condiciones en las que viven durante todo el año estos chavales, pero mientras esto ocurre, Felipe VI que habló en su discurso de proclamación de querer una «monarquía íntegra y transparente» no mostraba el menor interés por un problema real al que su padre se había comprometido en tratar de resolver, aunque jamás hizo absolutamente nada.

El día 2 de noviembre del año 1975, el entonces príncipe y jefe de Estado en funciones, Juan Carlos de Borbón, visitó el Sáhara Occidental, entonces provincia española. Frente a las guarniciones españolas aseguró: «España mantendrá sus compromisos». Unos compromisos que incluían un referéndum para la población saharaui, para la elección entre la creación de un Sáhara independiente o incluido en Marruecos. Según el Tribunal de La Haya había fallado dos semanas antes, ante una solicitud del monarca marroquí Hassan II, el Sáhara no tenía lazos de soberanía con Marruecos ni con Mauritania. Definitivamente, por tanto, el Sáhara Occidental no era marroquí.

Se olvida lo que sucedió después: la Marcha Verde. El entonces monarca alauí, Hassan II, organizó una manifestación de 350.000 marroquíes que el día 6 de noviembre pisaba terreno español, el Sáhara Occidental, invadiéndolo ilegalmente y truncando un proceso de descolonización que todavía hoy sigue sin finalizar y del que el Estado español sigue siendo responsable ya que  continúa siendo la potencia administradora, según reconocen hoy las Naciones Unidas. Es decir, es responsabilidad del Estado español el cerrar un proceso de descolonización al igual que hicieron el resto de potencias europeas en periodos anteriores.

El resto ya es conocido. El Sáhara Occidental fue entregado a sus vecinos, Marruecos y Mauritania, sin consultar a la población saharaui sobre su futuro. El Frente Polisario proclamaría en 1976 la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

Entre estos poderes fácticos cabe destacar a la monarquía española. Durante el reinado de Juan Carlos I siempre imperó una ”gran amistad” entre las dos casas reales. Y todos los gobiernos, socialistas y populares, que han ido llegando a la Moncloa han dejado atrás sus promesas en la oposición y en campañas electorales de favorecer a los legítimos derechos de los saharauis, es decir, de cumplir con la legalidad internacional. Numerosas fueron las muestras en público de afecto entre Juan Carlos I y Hassan II o con su heredero, Mohamed VI. En una cumbre, engalanada con la mayor pompa posible, celebrada en Granada en el año 2010, la Unión Europea escenificó un trato preferente a Marruecos, un país donde la democracia brilla por su ausencia, saltándose todos sus principios y declaraciones a favor de los derechos humanos. ¿Cómo olvidar las múltiples acusaciones públicas que organizaciones de todo tipo y partidos políticos han hecho sobre el enriquecimiento personal y familiar que Juan Carlos I y otros dirigentes políticos han obtenido a través de las buenas relaciones con la monarquía alauí?

¿Y qué decir del PSOE y de Felipe González?. Se resume todo en una palabra. Traición. ¿La prueba?. Lo que les dijo en Tinduf el líder socialista el 14 de noviembre de 1976: «Hemos querido estar aquí hoy, 14 de noviembre de 1976, para demostrar con nuestra presencia, nuestra repulsa y nuestra reprobación por el acuerdo de Madrid de 1975.

El Pueblo Saharaui va a vencer en su lucha. Va a vencer, no sólo porque tiene la razón, sino porque tiene la voluntad de luchar por su libertad. Quiero que sepáis que la mayor parte del pueblo español, lo más noble del pueblo español, es solidario con vuestra lucha.

Para nosotros no se trata ya del derecho de autodeterminación, sino de acompañaros en vuestra lucha hasta la victoria final. Como parte del pueblo español, sentimos vergüenza de que el Gobierno no haya sólo hecho una mala colonización sino una peor descolonización, entregándoos en manos de gobiernos reaccionarios como los de Marruecos y Mauritania. Pero debéis saber que nuestro pueblo también lucha con ese gobierno que dejó en manos, al pueblo saharaui, de gobiernos reaccionarios.

A medida que nuestro pueblo se acerca a la libertad, será mayor y más eficaz el apoyo que podamos prestar a vuestra lucha.

El partido está convencido de que el Frente Polisario es el guía recto hacia la Victoria Final del pueblo saharaui y está convencido también de que vuestra república independiente y democrática se consolidará sobre vuestro pueblo y podréis volver a vuestros hogares.

Sabemos que vuestra experiencia es la de haber recibido muchas promesas nunca cumplidas. Yo quiero, por consiguiente, no prometeros algo, sino comprometerme con la Historia. Nuestro partido estará con vosotros hasta la victoria final.»

Pedro Sánchez no ha hecho más que firmar la entrega saharaui a Marruecos. Como si a  Ucrania la entregaran totalmente a  Putin. Una vergüenza absoluta.