Domingo 13 de octubre de 2019

Este domingo ha estado en Irun, en un acto del PSE, la ministra de justicia Dolores Delgado, la Notaria Mayor del Reino que estará presente cuando saquen el ataúd del dictador de su tumba en el Valle, puesto ahí por decisión del rey Juan Carlos. Las cosas, como son.
La ministra se ha puesto las medallas socialistas diciendo que han sido ellos los que 44 años después de la muerte de Franco han tenido la valentía suficiente para sacarlo de su nicho en versión telenovela por capítulos familiares incluidos, un abad reaccionario y un Tejero gritando ¡¡¡Arriba España!!!. Valle Inclán no vive para haber escrito un capítulo más del esperpento hispano.
La ministra no ha querido recordar a Felipe González que en 1982 lo pudo haber hecho pues la derecha estaba muy golpeada por el 23F, ni tampoco al chisgarabís de Rodríguez Zapatero que se atrevió a sacar las tropas de Irak en 2004 pero se asustó como un Bambi ante la momia del dictador. Y añado yo a este trío a Ramón Jauregui que va por la vida de hombre de estado y no se enteró que existía el Gal cuando fue Delegado del Gobierno en Gasteiz y no quiso sacar el cajón blindado del general embalsamado, cuando fue ministro de la presidencia con Zapatero.
Como ustedes saben hay una ley de Memoria Histórica, pésimamente cumplida, y en casi todos los puntos todos los partidos estaban de acuerdo en aplicarlos el último año de gobierno de Rodríguez Zapatero, menos el PP en la iniciativa que había que tomar en relación con los restos de Franco. Entre el PSOE y los partidos de la oposición todos estábamos de acuerdo que era de justicia histórica sacarlo del Valle, con permiso o sin él. Cobertura política y parlamentaria la tenía de sobra.
¿Y qué pasó?.
Lo que ocurre siempre con este pusilánime personaje llamado Ramón Jauregui que vuelvo a repetir tiene el tupé de dar consejos a los demás sobre el funcionamiento a todas horas sin fijarse en techo de cristal. Nos dijo que eso no se podía hacer sin el concurso del PP. Aquella debilidad era tan manifiesta que le dijimos que eso nunca sería posible y que actuase sin el concurso de los herederos de una dictadura, que entre otros muchos había fusilado y encarcelado a miles de socialistas y de otros partidos y, que tenía respaldo suficiente.
No lo hizo. Se arrugó.
Su mal entendido sentido de estado que consiste en darle a la derecha cavernaria la consecución de logros incompatibles con la democracia como era aquello, se vio impedido por ese pacto de hierro entre el PSOE y el PP que para Jauregui es la verdadera España. El PP se iba a molestar.
Le importaron un comino a Jauregui los familiares de los enterrados allí sin permiso y le importó un pito que siguiera descansando en paz un tirano, a sesenta kilómetros de Madrid, un tipo sanguinario que seguía recibiendo el enaltecimiento obligado de los suyos.
Ramón Jauregui es responsable de que lo que va a suceder los próximos días no se hubiera hecho hace ocho años.
Repito. Ramón Jauregui. El mismo que va a seguir dándonos lecciones de funcionamiento democrático.

