«No somos héroes, somos trabajadores vocacionales»

Gorka Maiz | Presidente de Osatzen

¿El liderazgo en la lucha frente al covid-19 pasará tras el punto álgido a la atención primaria?

«Poner el foco en los hospitales durante la pandemia no ha contribuido a poner en valor el papel de la atención primaria»

«Cuando pasen los aplausos no se tendría que olvidar que la atención primaria vive al borde del colapso desde hace muchos años»

Gorka Maíz, presidente de Osatzen.

—Desde el principio ha recaído en la Atención Primaria. El foco y discurso mediático no ha estado en los ambulatorios; todo se ha centrado en las UCI, los respiradores€ Pero la atención primaria ha estado en primera y última línea, porque ha diagnosticado, seguido y controlado un porcentaje altísimo de pacientes.

Un liderazgo oculto.

—Hay quien habla del 85 al 90% de los casos de coronavirus o sospechosos de ello se han diagnosticado en la atención primaria. Hemos estado ahí desde el principio. Además, cada vez vamos a tener más trascendencia, tanto en el seguimiento de los infectados como en el control de las personas que han pasado la enfermedad, su situación emocional…

Además, no todo es coronavirus.

—La atención primaria se ha centrado desde el inicio de la pandemia mucho más en el coronavirus, pero ha seguido teniendo que manejar patologías crónicas que lo precisaban o dolencias agudas que han seguido apareciendo, que no se han esfumado por el hecho de estar el coronavirus ahí. Habrá que ir retornando a que en nuestra agenda vuelvan a tener un lugar, como en meses anteriores. Habrá que compaginar las dos cosas.

¿Están preparados con medios humanos y tecnológicos para esta epidemia sobrevenida?

—Antes de la llegada del coronavirus, la atención primaria ya reivindicaba la necesidad de disponer de mayores recursos, de una reorganización y de una mayor atención para hacer su trabajo con mejor calidad y no dejar de hacer cosas que son esenciales.

En esta pandemia los servicios de atención primaria han demostrado su capacidad de adaptación.

—Es una de las riquezas que tiene. Pero si queremos asumir más cargas, como los estudios de seroprevalencia del Ministerio o el departamento de Salud, las dotaciones a los centros son esenciales. Porque el sitio idóneo para el control de estos temas es la atención primaria. Más importante que la dotación económica, cuando hablo de recursos, son recursos humanos. La clave es la gestión, la autonomía de los centros que nos permita adaptarnos mejor.

¿En la última fase de control de la pandemia serán clave?

—Sí, por el seguimiento que estamos haciendo. Ahora toca una fase en la que, además de hacer otras cosas, de manejar todo lo que no es coronavirus, hay que darle todo el peso que merece. Tendremos que tener el rabillo del ojo puesto para detectar casos lo más pronto posible, dar la voz de alarma si vienen próximas olas. Por ahí será importante. Y una de las cosas que vamos aprendiendo es que la forma fundamental de combatir una pandemia como esta es que, más allá de mascarillas o guantes, el estudio de casos y contactos que dictemos lo tendremos que hacer lo antes posible para estudiar a sus contactos,. de forma que se aíslen lo máximo posible esos casos.

Personas mayores, gripe que vendrá, pluripatologías y el covid-19. ¿Cuál es la demanda de la atención primaria vasca?

—Tendremos que hacer una vuelta a la normalidad de forma progresiva. Los profesionales tendremos que dar cita a los pacientes aprovechando el conocimiento que tenemos de ellos. Será una acción mutua gracias a una característica de la atención primaria que es la cercanía a los usuarios del sistema. Una forma de seguir una prioridad según las necesidades de la población.

Hacia la nueva normalidad.

—Un lema que se ha impuesto; tendremos que plantearnos a qué normalidad queremos volver. Quizás la situación en la que vivía la atención primaria antes tampoco era la más normal, la de vivir continuamente al borde del colapso. Este parón obligado tendría que hacernos reflexionar sobre la forma de trabajar que nos ha venido obligada. Se puede aprovechar para repensar y no volver a inercias anteriores que no eran positivas. Hay que cambiar la organización de la atención primaria, dándole el papel protagonista que tiene, pero que no se le da a la hora de plantear presupuestos, recursos y demás.

¿Por qué durante años se recortado en atención primaria en favor del ‘hospitalcentrismo’?

—Poner el foco en los hospitales durante la pandemia tampoco ha contribuido a poner en valor el papel de la atención primaria. Al tomar decisiones se hacen desde el hospitalcentrismo Es cierto que hubo recortes a todos los niveles, pero mucho más en atención primaria. Y cuando se reflotó la situación, esta fue la menos favorecida.

Piden más recursos humanos.

—No necesitamos grandes recursos tecnológicos porque nos basamos en el conocimiento, en la atención personalizada por los años de contacto con los pacientes. Manejamos muy bien las exploraciones y hemos dado la talla en este tiempo de incertidumbre. Nuestros recursos clave son los humanos. La apuesta tiene que ir por ahí, por plantear de una forma diferente todo lo que es la atención sanitaria. Hablaría incluso de los cuidados, hay que incluir los sociosanitarios, porque parece que solo nos acordamos de ellos cuando crujen.

De ninguneados a héroes, ¿y después?

—No somos héroes, somos profesionales a los que nos gusta nuestro trabajo. Hay un alto nivel de vocación en la mayoría de los médicos. No se trata de heroicidad. Agradecemos los aplausos e incluso cuando llamamos a los pacientes, la respuesta es recíproca. Hay una preocupación mutua. Ese cariño y aprecio los sentimos, pero estaría bien que todas esas cosas se mantuvieran. Cuando esto acabe y podamos salir a la calle, que todos esos aplausos de las 8.00 se conviertan en una posición firme de defensa de la atención pública.

Porque vendrán más pandemias.

—Todo esto que ahora se aplaude y se pone en valor tiene que estar presente. No hay que olvidar que vendrán nuevas pandemias y que, entre ellas, está el día a día, que también es fundamental o incluso más.

¿Se acordarán los políticos?

—Vivimos en la sociedad de la inmediatez. Una cosa es la enseñanza de los políticos, pero la ciudadanía tiene también sus herramientas para recordarles los intereses de los profesionales que les cuidan y hacerles ver que en la atención primaria vivimos al borde del colapso desde hace bastante tiempo.

«Test masivos de covid-19 y datos fiables son claves para salir de la crisis económica»

SEGÚN SE DESPRENDE DEL ESTUDIO ELABORADO POR EL BBVA RESEARCH POR ECONOMISTAS EXPERTOS EN DATOS BIOESTADÍSTICOS

BILBAO– Está muy claro que además de la propia crisis sanitaria y asistencial en la que estamos inmersos y de lo que nos devenga en los aspectos estructurales-sociales, esta pandemia del covid-19 nos dejará un sello indeleble en nuestro sistema productivo y en nuestra economía. Según los economistas, Jose E. Boscá, Javier Ferri y Rafael Doménech, –este último catedrático de Fundamentos de Análisis Económico de la Universidad de Valencia y responsable económico de BBVA Research–, elaboradores del informe Covid-19: hospitalizaciones y presión sobre el sistema sanitario español, en nuestras manos está que este impacto productivo y económico sea lo más suave posible; su propuesta es clara y directa: hacer pruebas masivas para conocer cuántos ciudadanos están infectados y quienes han pasado la enfermedad, sean asintomáticos o no, y recabar el mayor grado de datos fiables posibles, de modo que, sin engañarnos un ápice sobre la realidad que nos circunda, podamos elegir el camino apropiado.

Aunque el estudio publicado el 7 de abril pueda parecer ya muy pasado, las conclusiones que presenta el Observatorio del BBVA mantienen su vigencia como plan de acción de presente y de futuro, al menos cercano: deben realizarse las máximas pruebas diagnósticas a toda la población, evidentemente empezando por sanitarios, mayores y personas de riesgo, y hacer públicos todos los datos, tanto científicos de investigación, antivirales, sueroterapias, y en un próximo futuro vacunas, así como las cifras sin maquillar de afectados, hospitalizados, en UCI, de curados y, por supuesto, de fallecidos. «Test y datos precisos y fiables son la premisa para empezar a reorganizar nuestro sistema productivo y relanzar poco a poco la economía».

La tesis de los expertos es clara, sin estas premisas es imposible lanzar la mirada hacia adelante con una mínima esperanza de éxito.

DATOS PRECISOS El informe deja patente que desde el punto epidemiológico estamos cercanos al punto de inflexión en el que se reduzca el número de pacientes ingresados por coronavirus en el conjunto del Estado, como ocurre en algunas comunidades como Euskadi que van ligeramente adelantadas en el proceso.

Los economistas sostienen la conveniencia de que las autoridades sanitarias, estatales y autonómicas, ofrezcan a diario en sus ruedas de prensa datos más precisos y fiables. Porque constatan déficits en la calidad y sobre todo en la homogeneidad de las cifras dadas, los economistas destacan la importancia de contar con datos precisos sobre variables clave para el seguimiento de una pandemia como esta del covid-19, con el objetivo se saber el punto en el que nos encontramos y anticipar tendencias, «ya que en las últimas semanas se viene dando un uso impreciso de la información, bien por la escasez de cobertura y homogeneidad de los datos de la que los usuarios no hemos sido conscientes, bien porque no se ha ya transmitido correctamente», apuntan en su informe los expertos.

Reconocen que durante estas semanas, las imágenes ofrecidas en los medios sobre la falta de material de seguridad para los sanitarios, la saturación de hospitales y UCI, han generado una enorme ansiedad y preocupación social, así como razonables dudas sobre la capacidad de las Administraciones para anticiparse a la gravedad de una epidemia. A diferencia de la respuesta temprana en Singapur, Corea o Taiwán, en países como Italia o España la reacción «ha terminado basándose en el sacrificio, dedicación y capacidad de sus sanitarios», que han pasado en unas semanas de una escasa valoración social, salvo ciertas especialidades médicas, a ser héroes sin capa aplaudidos cada tarde por casi toda la ciudadanía.

LA RELAJACIÓN Consideran que la adecuada valoración del estado de la pandemia es el aspecto determinante para comenzar a relajar el confinamiento, conforme a una estrategia de salida de la crisis sanitaria que permita reiniciar la producción de la manera más segura, al tiempo que más intensa y rápida posible. En esta línea, el estudio evidencia que asumiendo como razón fundamental para mantener a la población confinada en sus casas y reducir al máximo su movilidad es evitar una presión inasumible por los servicios hospitalarios, «tendríamos que tener datos de calidad sobre los pacientes hospitalizados, ingresos, altas, recaídas y fallecimientos».

Insisten en que en la salida ordenada de esta crisis es crucial contar con la mejor información sanitaria posible en aras a diseñar e ir ajustando una estrategia eficiente, lo que permitirá recuperar la actividad económica de la manera más rápida e intensa posible, al tiempo que mantener una total seguridad en términos de salud.

EVITAR DILEMAS En la misma onda de varios ejecutivos autonómicos, entre ellos el del lehendakari Urkullu, señalan la necesidad de evitar plantear el tramposo y capcioso dilema entre reactivación económica y salud, «porque una economía productiva, eficiente y dinámica es requisito base para contar con recursos suficientes con los que financiar el sistema sanitario que pueda hacer frente a esta y futuras pandemias, reducir su letalidad y mejorar asimismo la calidad de vida de la ciudadanía», reflexionan.

Boscá, Doménech y Ferri recalcan repetidas veces en su trabajo del Observatorio del BBVA, lo esencial que resulta conocer cuántos ciudadanos han pasado la patología realizando pruebas masivas y así valorar si se puede presuponer que tienen inmunidad y son operativos sin contagiar a otros. Apuntan también la necesidad de conocer «el número real» de personas que están pasando el coronavirus y que tienen que estar confinados en sus casas o en los hospitales en cuarentena. En cuanto al resto de la población que no ha sufrido aún el covid-19, indican que «deberíamos ser capaces de distinguir entre los jóvenes, que con medidas sanitarias precisas podrían reanudar su actividad, y las personas vulnerables que deben de mantener un mayor alejamiento social hasta que se disponga de una vacuna, o se logre inmunidad comunitaria», añaden.

La conclusión de estos economistas es que si queremos salir con mínimos destrozos económicos se debe asentar primero la base de la solución sanitaria que pasa por pruebas masivas y clasificación de la población según sus riesgos de infectabilidad, unida a una información precisa de la pandemia para poder encarar las soluciones.

«En esta pandemia se aplaude a los curados; a los del sida se les rehuía y escondía»

A Udiarraga García Uribe, activista de la lucha contra el sida, la emergencia sanitaria del covid-19 le trae a la memoria los momentos más duros de la pandemia del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) de los años 80 y 90, aquella pandemia ocultada que tuvo un impacto demoledor entre la juventud vasca. «Cada día teníamos el funeral de algún conocido, pero se celebraba casi a hurtadillas por el estigma de la enfermedad. A quienes la padecíamos se nos veía como apestados«, explica esta trabajadora de la Asociación Itxarobide, que apoya a los pacientes con sida.

Por eso se emociona cuando ve en los medios de comunicación los aplausos, tanto a los pacientes recuperados por el coronavirus y dados de alta, como al personal sanitario que les atiende. Mientras el contagio del VIH se producía por relaciones sexuales de riesgo, por la utilización de jeringuillas usadas y, al principio, por transfusiones de sangre, el covid-19 se transmite por las microgotitas de saliva y puede infectar por cercanía a través de la boca, los ojos, la nariz y los oídos.

«Aunque las dos son pandemias y coinciden en que la transmisión es muy rápida, la diferencia entre ellas es abismal. En esta se abraza y se besa, aunque sea digitalmente, mientras a los pacientes de sida se les rehuía y escondía. Sin embargo, el patrón es el mismo: miedo al contagio, a lo desconocido, a morir«, indica Udiarraga, que no está contagiada de coronavirus, pero sí vive la situación en primera línea.

Le impresiona de manera satisfactoria la manera en que llega la información sobre este virus a la población, la forma de contarlo y explicarlo. «Afortunadamente los datos son accesibles a todos y por todos los medios. Con el sida nadie imaginaba que en los medios de comunicación, excepto en revistas científicas, existiera la normalidad que hay ahora al explicar todo lo relacionado con el coronavirus; que fuera portada diaria en los periódicos, que abriera los informativos, aunque la comunidad científica sí se volcó para buscar soluciones que detuvieran el avance de la pandemia», reconoce.

POBLACIONES DE RIESGO Además, en la pandemia del sida se hablaba de población de riesgo en grupos marginales: homosexuales y heroinómanos, y ahora se habla de personas, sean sanitarios, mayores o asmáticos. Pero lo cierto es que tanto en los años 80 y 90 del pasado siglo como ahora la realidad es que todos somos susceptibles de estar afectados por alguno de estos virus. «Es cierto que al principio de la pandemia del sida la principal población de riesgo estaba bien definida, lo mismo que ahora el covid-19 se ceba más en mayores crónicos y pluripatológicos. Pero ahora las guías y pautas dadas desde Sanidad las recogen bien los medios para que nadie se confíe, como no se hizo con el sida entre quienes se creían inmunes por no pertenecer a los grupos señalados. Nadie debe bajar la guardia, porque si no, cómo explicas el fallecimiento de una enfermera de 53 años en Galdakao, un ciclista de 38 y otros muchos casos que se producen en la población con menor riesgo de infección», explica la activista de Ugao, que hasta 25 años después no se atrevió a contar que estuvo a punto de morir por el VIH ni siquiera a la gente de su entorno. «No me atrevía. Ahora no me puedo imaginar que se hiciera lo mismo que me ocurrió a mí y a miles de pacientes de VIH, que vivimos nuestro confinamiento hospitalario en silencio. ¡Imagínate ahora a un paciente de coronavirus que tuviera que ocultar que lo padece! Dentro de la mochila de la salud, esta es una parte buena para los pacientes de esta pandemia, no todo va a ser malo. Son privilegiados por poder decir que están afectados y poder pedir ayuda, algo que no pudieron decir ni pedir la mayoría de los contagiados por VIH», reconoce. «Es una de las grandes diferencias. Otra es el estigma e incomprensión que padecían también los profesionales sanitarios que nos atendían», señala.

EL DESPRECIO A LOS SANITARIOS Porque Udiarraga recuerda como si fuese hoy que cuando estaba ingresada en el hospital y pasaba a atenderla el doctor Mayo, uno de los referentes del sida en Euskadi, la enfermera de turno se iba corriendo para no «contagiarse». «La ignorancia era tal que provocaba ese tipo de situaciones. Ahora no les dan abrazos a los sanitarios porque no pueden por el contagio, pero los aplausos cuando alguien sale de la UCI y para los sanitarios a las 8.00 de la tarde me llegan al alma. Ojalá hubiéramos tenido nosotros en los momentos duros del sida un poco de ese cariño. Fue muy duro, mucho más de lo que la gente cree. Se tiende a olvidar lo que pasó, pero fue una tragedia de grandes dimensiones«, dice al borde de las lágrimas, rememorando los duros momentos vividos cuando lloró de emoción al ver en la televisión el primer caso del paciente que salía libre del coronavirus.

Recuerda que mientras estuvo ingresada en el hospital de Galdakao –el que le correspondía por ser de Ugao–, cuando bajaba la enfermera de la séptima planta temblaba: «Nos daba el parte de los fallecidos y decía: Hoy ha fallecido una de Arrigorriaga; otro día soltaba: Dos de Arrigorriaga, una de Basauri€ y yo esperaba si iba a llegar a los de Miraballes que, como éramos de la zona, todos sabíamos quiénes eran».

Las diferencias de conocimiento médico y medios tecnológicos en la epidemia del sida y en esta del coronavirus son abismales. Por eso, considera que si hubieran dispuesto de estas técnicas se habría podido controlar mejor el VIH. «Ahora hay un gran conocimiento científico sobre el virus y no existe el estigma ni la discriminación de la propia sanidad. Los investigadores que trabajaban con moléculas del VIH estaban apartados del resto. Los primeros médicos que atendieron a pacientes con sida incluso estaban apartados cuando comían. No se sabía nada de un virus que, decían, no infectaba más que por sexo. Hubo cinco años, desde 1984 a 1989, en los que por desconocimiento se perdió un tiempo de oro», lamenta Udiarraga García.

«Ahora nadie se imagina a un paciente de coronavirus ocultando su enfermedad por miedo al estigma social»

«En los 90 también pedíamos a gritos los test para que la gente se hiciera la prueba del sida»

UDIARRAGA GARCÍA URIBE

Activista de la lucha contra el sida

Ignacio López-Goñi: «De esta no nos va a sacar un Gobierno ni un partido político, sino la ciencia»

El doctor en Biología de la Universidad de Navarra reconoce que, como muchos científicos, no calibró bien las posibilidades de expansión del covid-19 y creyó que las medidas adoptadas en China confinarían allí la pandemia

Se muestra optimista antropológico, porque sabe que todas las epidemias empiezan y acaban, que no son eternas. «Lo estamos viendo en Japón, China, Corea del Sur… que utilizan modelos de tratamiento que funcionan, donde las drásticas medidas adoptadas están teniendo efecto. Es una noticia positiva, hay que mantener esta llama de confianza. Además, espero que igual que ha habido una bajada en nuestra economía, después haya una gran demanda y nos recuperemos cuanto antes en lo económico y social. Porque la situación derivada del covid-19 nos dará más quebraderos de salud que el propio virus«, sostiene Ignacio López Goñi, doctor en Biología y catedrático de Microbiología en la Universidad de Navarra.

Leo ‘Diez buenas noticias del coronavirus‘. ¿En tiempos de tribulación hay motivos para la esperanza?

—Claro que sí. El artículo lleva ya más de 21 millones de lectores, lo cual quiere decir que la gente necesita ver una luz al final del túnel, precisa algo de esperanza. En ese artículo contaba que la ciencia nunca ha estado tan bien preparada como hoy para combatir esta epidemia.

Una esperanza que viene de la ciencia.

—La OMS tiene ya más de 41 prototipos de vacunas con diferentes estrategias, recombinantes, de proteínas, de virus atenuados, y con algunas de ellas ya se han comenzado los ensayos en fase I. Es verdad que llevará por lo menos un año disponer de una vacuna eficaz y segura, y por tanto no es la solución para ahora mismo, pero será la herramienta para el futuro de nuestro triunfo sobre este virus. Se ha hecho a tanta velocidad porque había grupos de investigación que ya trabajaban en modelos parecidos con otros virus, lo que ha posibilitado que las vacunas vayan con una rapidez que jamás antes había tenido. Todo el mundo mira a la vacuna y se pregunta para cuándo, pero recordemos que la ciencia en este país ha estado un decenio estrangulada. Esto debería ser un aldabonazo para incentivar la inversión en ciencia.

¿Lo importante ahora son los antivirales que curan?

—Las vacunas son preventivas y serán para el futuro. Ahora mismo lo importante son los antivirales, los que pueden curar a los pacientes más graves. Aunque no tengamos uno específico, la OMS ha lanzado el ensayo mundial Solidarity, con participación de varios países, en el que se investigan y comparten los datos de al menos cuatro grandes combinaciones de antivirales que inhiben las proteasas, algunos de ellos con interferón o con la hidroxicloroquina o el de Remdesivir, que es un antiviral genérico. Tenemos también otras sustancias con distintas combinaciones y seguro que alguna funcionará. Además, ya se aplica el suero con anticuerpos de personas curadas, tratamiento clásico de inmunización pasiva.

Abundan los bulos en las redes. ¿Qué podemos hacer contra las teorías conspiranoides?

—Es un problema del que tendremos que aprender a futuro; estoy convencido de que el cómo comunicar en tiempos de crisis se estudiará por los expertos en comunicación. Es la época de las redes sociales, que permiten difundir buenas noticias, pero también todo lo contrario. La otra realidad es que en tres meses se han publicado más de 1.500 artículos científicos acerca del coronavirus, algo que nunca había ocurrido en la ciencia. Ahora practicamos una ciencia exprés, en abierto, cuando habitualmente la ciencia necesita su tempo, repetir experimentos para confirmarlos. Pero todo marcha tan veloz que quizás esos artículos no sean del todo correctos y tras pasar a los medios, generan bulos o informaciones imprecisas.

Las farmacéuticas son diana de los bulos. ¿En estos momentos solo miran por sus beneficios?

—En mi opinión, e igual soy un canelo, sí nos están apoyando. Estos problemas globales, o se afrontan desde un punto de vista de colaboración público-privada en distintas instituciones o no salimos. Las farmacéuticas pensarán en sus beneficios, pero sus beneficios hoy redundan en todos. De esto no nos va a sacar un gobierno, un partido político o una institución, sino la ciencia y la colaboración.

El 10 de enero se editó el genoma del virus y se sabía lo que ocurría en China. ¿Por qué no se empezó entonces a realizar test?

—Todo tiene su tiempo. Cierto, el 13 de enero, la OMS publicó el primer protocolo para un test de detección del genoma del virus, pero se han acumulado varias circunstancias. Yo fui también de los que creí que iba a ser un problema muy localizado en el centro-sur de China, porque hasta mediados de febrero el 98% de los casos mundiales y el 90% de los muertos ocurrían allí. Sí, muchos pensamos que las medidas draconianas que imponía China, y que jamás pensamos que nos llegarían, serían suficientes para controlar la epidemia.

¿Se creyó que desaparecería como el SARS?

—La mayoría así lo creía. En el SARS hubo transmisión en unos treinta países, pero en pocos casos hubo contagios dentro del país, todos eran importados. Pero ahora nos hallamos con un virus que se transmite con la facilitad de un catarro, porque es coronavirus, pero con la altísima transmisibilidad que no posee el catarro, sino una neumonía que puede ser mortal.

Hay mucho profeta del pasado.

—Todo va a tal velocidad que es muy fácil recurrir al llamado capital a posteriori, al profeta del pasado o al listo que dice saber lo que debía haberse hecho.

Hubo voces de alarma de la OMS.

—Cierto. La OMS ya decía que era una alerta internacional, un virus pandémico que podía dar problemas muy graves. Creo que no se le hizo caso porque se creyó que sería como la pandemia de 2009 de gripe A, en la que hubo muchísima alarma para al final resultar ser casi una gripe estacional. Ahora nos decían lo mismo, pero desgraciadamente tenían razón.

El virus ha llegado para quedarse. ¿Pasará a ser una gripe estacional?

—Hoy no sabemos si será como otro SARS, que apareció-desapareció o si se quedará como virus más o menos estacional. Probablemente se quede dentro de esa lista de virus respiratorios, que son decenas, que generan problemas todos los años. No podemos predecir que en una segunda oleada haya o no una mayor inmunidad poblacional, porque lo sucedido es que ante un virus nuevo no había inmunidad previa, por lo que toda la población somos susceptibles. Tal vez en un futuro y aunque el virus vaya mutando, con gente ya inmunizada la cantidad de susceptibles sea menor.

Frente al enemigo vírico la apuesta es invertir más en ciencia.

—Al ser un problema global, tendríamos que darnos cuenta de que el enemigo ya no es otro país, sino un virus, patógeno, pequeñito, invisible e insidioso, que como enemigo sutil ha cerrado la mitad del planeta con unas consecuencias que serán bestiales. Debiéramos pensar que no necesitemos Cascos Azules armados. En esta batalla hay que cambiar los fusiles por vacunas, jeringuillas, antivirales y personal sanitario.

«La OMS alertó de la pandemia, pero se pensó que era algo pasajero, como ocurrió con la gripe A»

«En esta batalla hay que cambiar fusiles por vacunas, jeringuillas, antivirales y personal sanitario»

«La situación derivada del covid-19 nos dará más quebraderos de salud que el propio virus»

«Me temo que tras la urgencia, los dirigentes sigan sin hacer caso a médicos y científicos»

 

«Los gobiernos no están contando con los científicos que tenemos equipos para hacer PCRs»

«La próxima pandemia puede ser peor que ésta, por eso hay que estar bien preparados»

Investigador de primera línea en biomedicina, es el autor del libro ‘Las grandes epidemias modernas: la lucha de la humanidad contra los enemigos invisibles’

Con una prestigiosa carrera como científico en Estados Unidos y ahora en Gran Bretaña, este experto catalán aborda en su libro el apasionante tema de las grandes pandemias modernas, basándose en su amplio conocimiento y gran capacidad divulgativa. «Todo parece indicarnos que pandemias de este tipo se sucederán en años venideros, pero lejos de angustiarnos por ello, debemos estar preparados, hacerles frente con determinación y cooperación; conocer mejor a los microbios para que dejen de ser seres desconocidos nos será de gran ayuda«, explica a DEIA desde su laboratorio londinense. Salvador Macip pasó nueve años en el hospital Mount Sinai de Nueva York estudiando el funcionamiento del sistema inmune y las infecciones, además de colaborar con los virólogos que descubrieron las bases genéticas de los virus de la gripe, del cáncer y el envejecimiento en la Universidad de Leicester (Reino Unido).

Los científicos avisaban de que pandemias como la del covid-19 llegarían. ¿Hacia dónde miraban los que tenían que escucharles?

—Supongo que hacia otras cosas que consideraban más urgentes. Hace años que los expertos avisan del riego de una pandemia como esta (¡o peor!), pero como no se puede predecir cuando llegará o qué virus la causará, a los líderes les cuesta pensar en los preparativos.

Lo urgente nos suele impedir hacer lo necesario. Suponiendo que algún dirigente quisiera romper este planteamiento, ¿qué tendría que hacer como necesario?

—Empezar a diseñar un plan de respuesta a pandemias, como ya hay para temporales, sequías o terremotos en zonas de riesgo. Organizar un comité de expertos transversal que pueda asesorar en las preparaciones y estar «de guardia» si empieza un brote. Y, finalmente, empezar a coordinar todas estas iniciativas con otros países.

10 de enero. En China muriéndose la gente. Genoma del virus editado. 15 de marzo, se niegan los PCR. ¿Qué ha fallado y por qué falla? ¿No les creían a los científicos e investigadores?

—Hay problemas de coordinación. Somos muchos los científicos que sabemos hacer PCRs y tenemos los equipos en nuestros laboratorios. Solo falta que nos proporcionen los reactivos, porque voluntarios hay de sobra. Pero a día de hoy, ni en España ni en el Reino Unido, donde vivo, han sabido aprovechar estos recursos. Es el mismo problema: no tener un plan claro de respuesta y tener que improvisar uno, algo que es muy lento por culpa de los ritmos habituales de la política.

Sensación de la ciudadanía. Nos han transmitido una seguridad absoluta en nosotros y en nuestro sistema. ¿No sería mejor que nos dijeran la verdad sobre nuestras limitaciones?

—Yo siempre soy partidario de decir la verdad a la población y explicar bien qué significa. De estas crisis solo podemos salir si actuamos juntos. En pandemias por virus nuevos, como ésta, la vacuna no llega a tiempo a frenar la primera ola de contagios, por lo que hay que implicar a toda la ciudadanía, porque está en sus manos evitar al máximo los contagios y sus consecuencias, en este caso, la saturación del sistema sanitario, que es el gran riesgo.

Infección, pandemia, confinamiento, búsqueda vertiginosa de soluciones médicas. ¿Llegarán soluciones antes del posible rebrote en el próximo mes de noviembre?

—Seguramente no. La vacuna tardará mas, porque hay que hacer antes una serie de pruebas y después producir suficientes dosis, lo que es un proceso lento. Quizás encontremos algún fármaco que disminuya los síntomas causados por el virus, pero es poco probable que lo elimine completamente. Ya se están estudiando unos cuantos candidatos, pero una vez más, el arma principal será la respuesta ciudadana.

Esta epidemia esta siendo lapidaria, ¿el virus retornará? ¿también nos llegarán otros?

—El virus no marchará, se quedará con nosotros seguramente para siempre; pero si todo va bien, conseguiremos controlar las infecciones, como hemos hecho con muchos otros virus, como el del sarampión, el de la polio, incluso el de la gripe… Que llegarán más es seguro. Los virus no paran de evolucionar y siempre existe el riesgo de que aparezca uno nuevo que cause una enfermedad grave.

Nos seguimos intitulando homo sapiens. Si lo somos, qué propuestas tiene para hacer frente a estas nuevas/seguras epidemias que nos lleguen, ¿en investigación, en aplicación clínica, en la economía o en la gobernanza de los países?

—Primero, más inversión y apoyo a la investigación; la ciencia es la que tiene las soluciones para estos problemas, pero necesita recursos y tiempo. Segundo, asegurarnos que el sistema sanitario no opera ya habitualmente al límite; los últimos recortes lo dejaron tocado y ahora vemos que tiene poca capacidad para hacer frente a un problema de esta magnitud sin el peligro de saturarse. Tercero, hay que empezar a diseñar ahora mismo un plan de rescate para salir de la crisis económica.

¿Y cómo?

—Si en la anterior se rescataron los bancos, está vez hay que rescatar directamente a las personas. El impacto económico y social de la pandemia será enorme y dependemos de los gobiernos para conseguir sobrevivir. Y, finalmente, tenemos que empezar a coordinar una respuesta a nivel mundial, porque este tipo de crisis sanitarias afectarán a todos los países.

¿Cree que los dirigentes harán caso a médicos e investigadores cuando haya pasado la urgencia?

—Me temo que no. Basándonos en lo que ha pasado hasta el momento, lo más probable es que cuando el covid-19 deje de ser un problema, las prioridades cambien. Y esto sería un gran error, porque la próxima pandemia puede ser peor que ésta. Hay que estar bien preparados.