BAI fue la palabra mágica

Domingo 20 de octubre de 2019

No fue fácil llegar al 25 de octubre de 1979. Tras esta fecha había habido una guerra, la abolición absoluta del primer estatuto (1 de octubre de 1936) persecución, muerte, vejaciones, arrancamiento y penalización del uso del euskera y de la palabra Euzkadi, mucho silencio y mucho terror y miedo. Nada que no sepamos, aunque dentro de poco no lo sabrán nuestros descendientes. No hubiera estado nada mal que el patriotismo vasco celebre no solo el Aberri Eguna sino que la Euzkadi institucional celebrara la consecución del primer estatuto que dio paso a un gobierno (7 de octubre 1936), el presidido por Agirre, ya que éste contó con un ejército, política exterior y hasta con moneda, en circunstancias de guerra y nunca algo parecido volverá a suceder. Fue un hito machacado y perseguido con saña por Franco, sus generales y la derecha hispana. Pero éste es un país que es incapaz de reconocer lo obvio y así nos va en muchas cosas.

El PSE y el PP lo que quieren es celebrar el segundo estatuto, cuyo cuarenta aniversario conmemoraremos dentro de cinco días, aunque lo celebrarán como la panacea de la convivencia cuando en cuarenta años han sido incapaces de decirles a sus hermanos mayores, sus jefes de Madrid, que cumplan una ley orgánica refrendada por el pueblo mayoritariamente y, en el caso del PP, olvidando que su nodriza, la Alianza Popular de Fraga, votó en contra del Título VIII de la Constitución y posteriormente del estatuto de Gernika. Hoy lo celebran con tal fruición que parecería es obra de ellos. En la otra esquina están los herederos de HB, que tras reírse del estatuto vascongadillo, nos señalan con el dedo por estar todavía incumplido y piden con pasión la transferencia de prisiones cuando no la tenemos precisamente por ellos. No deja de ser enternecedor escucharle a Otegi decirnos que van a Madrid a tener Grupo Parlamentario y que éste estatuto no está nada mal para comenzar a andar, aunque falta Navarra, Iparralde y nos restriegan que está sin cumplir. Ya lo sabemos aunque ignoremos si la situación sería la misma, Navarra incluida y con el estatuto completo, sin el fuego graneado de una ETA que mataba y mataba. Pero eso al parecer no va con ellos. Lo de ellos es señalar a los demás y decir, como ha dicho Arkaitz Rodríguez que también los gudaris mataban.

Visto el panorama en lo que si discrepo con algunos que van por la vida de puros es con el menosprecio que hacen del estatuto de Gernika porque desconocen el inmenso dolor acumulado en tantísima gente y de la inmensa alegría que tuvimos todos cuando la noche del 25 de octubre de 1979 vimos que teníamos una puerta abierta hacia el futuro a lo que se le añadía algo tan simbólico e importante como ir todos, mes y medio después, a Sondika a recibir al Lehendakari Leizaola que volvía de un extenuante exilio donde había dejado en el camino al Lehendakari Aguirre. Y me subleva se menosprecie esta épica de haber logrado con uñas y diente el éxito en una negociación única donde no solo logramos un buen estatuto sino la devolución del Concierto Económico para Gipuzkoa y Bizkaia. Hoy sería imposible algo parecido y entonces casi no se logra, pues al poco Tejero entró pistola en mano, su bigotazo y su tricornio en el Congreso porque España se rompía, ETA mataba militares y Suárez para ellos era muy débil con los arrapataris del PNV.

Un estatuto que tiene una Disposición Adicional que dice que “la aceptación del régimen de autonomía que se establece en el presente estatuto no implica renuncia del Pueblo Vasco a los derechos que como tal le hubieran podido corresponder en virtud de su historia“ no es un mal estatuto. Solo les pido a estos sabiondos a la veleta que pìensen el por qué no está completado, y se pregunten de quien es la responsabilidad y que respeten el trabajo fundamental de aquel equipo de lujo del EAJ-PNV que lo hizo posible porque sabía negociar, pactar y alquilar una avioneta para que el texto acordado llegara antes que el catalán y fuera el primero en discutirse en las Cortes. Y si desean saber cómo fue toda aquella tan tensa negociación con los poderes fácticos presionando, con ETA secuestrando y matando, con una derecha asilvestrada y negativa, con una HB increpándoles, con un PSE en clave estatal que lean el libro que escribieron dos buenos periodistas vascos, Kepa Bordegaray y Robert Pastor en su libro ESTATUTO. Si lo leen verán el tremendo pulso que fue aquello y lo que opinaban e hicieron unos y otros.

De aquellas fechas recuerdo el interés de Adolfo Suárez en que el referéndum estatutario saliera adelante ante la crítica feroz de la Izquierda Abertzale y de la Derecha Cavernaria. Y recuerdo como nos envió un sociólogo de apellido Olcoz para asesorarnos en la campaña que nos presentaron con un lema muy sencillo y positivo. ”Vamos a levantar este país con una sola palabra, BAI”. Y este criterio del BAI se utilizaba para la recuperación del euskera, para superar la dramática crisis industrial, para acabar con la violencia, para poner a valer todo lo vasco. Una sola palabra, BAI, frente al Ez de AP y de HB. Y ganamos. Digo esto porque, sin dejar de reivindicar su ampliación y sin dejar de buscar ensanchar todas las avenidas, el estatuto de Gernika fue obra de un pacto inteligente entre Suárez y el PNV. No vayamos a desmerecer, aunque sea por simple autoestima histórica, lo que hicieron nuestros mayores. Y un dato objetivo. Nuestro estatuto y nuestra financiación es mejor que la catalana. Quizás hoy la situación de Catalunya con el Estatuto de Gernika sería otra. Y lo lamento, mucho más tras la inicua sentencia.

En 1986 llegamos al Congreso con cara de susto y los ojos abiertos. De seis diputados, dos se fueron al Grupo Mixto. Nadie daba un duro por nosotros. Nos habíamos divididos, algo impensable, pero ocurrió. Con Xabier Arzalluz preparé la Investidura de Felipe González. Le dije que subir a la tribuna imponía. Arzalluz que fue diputado con una oratoria considerada la mejor de la primera legislatura, me dijo que me imaginara a Fraga, Suárez, Felipe, Guerra y demás en calzoncillos y que hablara a cada uno de ellos viéndolos sentados de tal guisa en su escaño. Y me pidió fuera miembro de la Comisión de Defensa. ”¿Para qué?” le dije. “Para que compruebes algo tan obvio y que aquí se olvida como que España existe. Y que esa España tiene un ejército y un artículo 8 que está ahí, y que esto va de política, de convencer con una conducta, no de enfrentamientos innecesarios porque ahí perdemos. Allí solo hay dos maneras de conseguir algo para Euzkadi: el pequeño tiene que ser inteligente y marcar bien su terreno o por la imbecilidad ajena”. Comentó con rotundidad que en España había muy pocos políticos que escribieran y supieran historia y que el núcleo del poder español tiene ideas muy simples, pero muy tóxicas y que teníamos que ir consolidando lo que teníamos ir a más y a reforzar lo nuestro frente a todos los crueles mordiscos que íbamos a recibir”. Fue toda una lección práctica frente a tantos que por aquí y en Catalunya hacen política como si esa España del Cid Campeador y de Franco no existiera. El pequeño tiene que ser inteligente, me repetía.

Estuve la semana pasada en el Congreso de los Diputados. Hacía cuatro años no pisaba el hemiciclo, donde siguen impertérritos en su frontispicio los Reyes Católicos, algo que Castelao pidió quitar en su primera intervención diciendo que eran el origen de nuestras desgracias. Me tocó hablar sobre el mal llamado Plan Ibarretxe, que no era tal, sino una propuesta democrática del Parlamento Vasco que un 1 de febrero de 2005 tuvo su momento estelar con la presencia en tribuna del Lehendakari en un tono parlamentario solemne y educado. En la tribuna Ardanza, Mas y todo el EBB. Fue un hito, siendo el meollo del debate lo que le dijo Zapatero al Lehendakari. ”Si vivimos juntos, juntos tenemos que decidir juntos”. Ante esa afirmación Ibarretxe le contestó que antes hay que decidir si vivimos juntos. Pero no fue posible. Rajoy y Zapatero ni tan siquiera admitieron a trámite la iniciativa y con 313 diputados en contra, incluyendo IU, se echó abajo. La pelea política pues es de larga mirada y de un uso acertado de la brújula, que es lo que en este momento el nacionalismo institucional lleva con mucho acierto y tino. Si es verdad que no me gusta nada este adanismo que se ha instalado por vivir tan deprisa y a veces de manera tan superficial porque a la larga se volverá en contra de toda esta historia y del sentir mayoritario, pero en este cuarenta aniversario es preciso insistir que podemos decir como balance que gracias al EAJ-PNV y a la palabra BAI, pudimos poner a este pueblo en marcha en clave afirmativa. Y ahí están los hechos.

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