Lunes 16 de agosto de 2021

Leí en Deia el sábado una entrevista hecha a José Luis Rebordinos por Harri X. Fernández .
No le tenía gran simpatía por el trato que dio a equipos anteriores aunque me parezca un buen gestor y un buen director del Festival de Cine donostiarra.
El motivo se producía tras un comunicado titulado «Hablemos de Ética» en defensa de la decisión del Zinemaldia de otorgar el Premio Donostia a Johnny Depp.
Rebordinos era claro y pedagogo.
Su tesis es «la presunción de inocencia y el derecho a la reinserción» ante las acusaciones de «falta de ética ante la violencia contra las mujeres».
Rebordinos era consciente de que la
decisión podía ser polémica no tanto por la realidad del caso sino por las cosas que ya circulan por la Red, aunque se mostraba extrañado de que un grupo parlamentario pudiera retirar el Premio.
«Esto sirve para comprobar lo que pueden hacer las redes sociales a la hora de linchar a alguien, dejando de lado algo tan fundamental en un estado de derecho como es la presunción de inocencia».
Se juzga a la gente sin ninguna prueba, con facilidad y en el caso de Deep por hechos que no son reales. «No hay nada más peligroso que el linchamiento social ya que puedes arruinar una vida a alguien que no sea culpable de nada». Rebordinos, mientras, se muestra beligerante contra el maltrato a las mujeres «pareciéndome alucinante que haya gente que niegue la violencia machista», pero insiste que no es éste el caso.
Sobre la reinserción, ya sea de un maltratador o de un miembro de ETA le pregunta a EHBildu si un miembro de ETA que ha cumplido su condena «¿es culpable toda la vida?». Buena pregunta. No se la contestarán.
Ha sido elegante cuando ante la pregunta de si dimitirá si el Consejo se lo pide, su contestación ha sido afirmativa añadiendo que se irá agradeciendo la oportunidad que le han brindado y agradeciendo haber podido trabajar con ellos «sin rasgarme las vestiduras, lo que es un drama es que las mujeres sean asesinadas por ser mujeres».
La verdad, tras esta claridad de discurso, es que no estamos acostumbrados a tanta contundencia en las ideas y sí a la cristalización de un discurso «políticamente correcto» donde es imposible discrepar sin ser tildado de machista, colaborador en la violencia de género y lindezas parecidas.
«Nunca voy a aceptar que alguien deje de ser inocente hasta que no se demuestre lo contrario y sea un juez quien lo demuestre y lo condene».
Ojalá hubiera más Rebordinos emitiendo mensajes clarificadores en esta sociedad de redes y acusaciones gratuitas, de poses y contestadores automáticos.

