EL ESCULTOR DE LA ESTATUA DEL LEHENDAKARI

Viernes 21 de marzo de 2025

Mañana sábado 22 de marzo se cumplen 65 años del fallecimiento en Paris del Lehendakari Agirre, el primer Lehendakari de nuestra historia.

El año pasado me dediqué por un mes a contar vivencias de él  y siento que a pesar de los actos que se organizarán en Donibane Lohizune, donde está enterrado, una nación irredenta como la nuestra no trata bien a estas personalidades que cada uno en su ámbito trabajaron por forjar  una identidad en momentos de crisis casi existenciales.

Y lo malo es que las nuevas generaciones pasan de todo esto. Hoy lo importante es lo efímero, el que hay de lo mío, la superficialidad. Es lo que hay Una pena. Ante eso en esta ocasión cuento la historia de la estatua en la  Plaza Elíptica recordando que ni en Donostia, ni en Gasteiz y menos en Iruña, hay un recuerdo parecido. Si lo hay en Donibane Lohizune frente a la que fuera casa de Telesforo Monzón donde fueron velados sus restos, rodeada la casa por una gran cantidad de vascos emocionados ante el gran vacío que causó su muerte. El busto de Lucarini lo recuerda.

La estatua de Bilbao que está en la zona peatonal de la calle Ercilla, frente a la Plaza Elíptica (un bilbaíno que se precie nunca la llamará Moyua). Se puso allí por su cercanía con el hotel Carlton donde tuvo su despacho oficial en plena guerra.

Un día le pedí al  alcalde Azkuna que me recibiera en su despacho. Me puso día y hora y nada más entrar me dijo con su habitual trato directo. ”¿Qué quieres?”.

“Solo hacerte una pregunta, si te parece” le contesté. ”Dispara”.

“¿Tú sabes donde nació el Lehendakari Aguirre? “le pregunté para su mosqueo.

-Por supuesto. ¿No lo voy a saber?. En la calle La Cruz del Casco Viejo”.

“¿Por qué me preguntas esa chorrada?”

-Pues porque fue el primer Lehendakari de la historia de los vascos, nació en Bilbao y no tiene una estatua. Acabo de llegar de Paris y allí tienen estatua hasta los gatos. Y aquí, y con respeto, solo Tonetti en el Parque de Doña Casilda”.

-Me miró fijamente y contestó. ”Tienes razón. ¿Quién  es  hoy en día el mejor escultor  realista. Yo no quiero una piedra con un agujero y el artista me diga que esa mierda es José Antonio”.

-Coincido con la apreciación, pero no tengo ni idea.

-A ver pónganme con Javier Riaño.

Javier Riaño era el director de Bilbo Arte y le contestó que el mejor era Francisco López Hernández, de la escuela realista de Madrid.

-Pues ese, cerró Azkuna.

Efectivamente lo era. Había nacido en Madrid, profesor de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Cuando Riaño contactó con él, un hombre  nacido en 1935  que le dijo que sabía quién había sido el Lehendakari. En ese momento trabajaba en los frescos murales de la catedral de los Ángeles en California.

La fotografía es de la visita que le hicimos en su taller madrileño Jon Sánchez y yo el 16 de septiembre del 2003. Sánchez era concejal del ayuntamiento y Azkuna quería saber cómo iba la obra de casi dos metros, casi treinta centímetros más que el Lehendakari. Nosotros habíamos querido un Aguirre de 32 años que fue cuando le eligieron presidente pero optaron por una fotografía de los años cuarenta, cuando salía de un funeral en Paris en la Iglesia de la calle de Gros Cailloux. Un abertzale me dijo que tenía un cierto aire desvalido propio del exilio. Sombrero y paraguas.

Jon y yo quedamos impactados por la sencillez del maestro López y de su esposa Isabel Quintanilla que era asimismo una artista fantástica y los dos hacían una pareja de  primera. Estamos en la foto junto al molde y con él en esa fotografía.

Esta es pues la historia de esta estatua que sirve de escenario de muchas fotografías pues no quisimos ponerla en una base alta, precisamente para eso. Para que la gente la tocara. Y vaya si la tocan. Hasta el PP lo hizo en unas de sus celebraciones.

Eran los tiempos en los que se podían hacer estas cosas.

A Bilbao le falta una estatua del Lehendakari Leizaola, segundo lehendakari, jefe de hacienda del ayuntamiento de Bilbao en tiempos del crack de la Unión Minera, el hombre que la salvó de su destrucción.

Francisco López falleció en enero de 2017. Nadie nos enteramos.

EL LABERINTO DE JUAN CARLOS EGUILLOR

Jueves 20 de marzo de 2025      

Estuve ayer en la Sala Rekalde en la exposición dedicada a Juan Carlos Eguillor, gran artista fallecido cuando podía dar muchísimo de su laberíntico magín, tan personal e irónico.

Nacimos el mismo año y fuimos al colegio Marianistas en Gasteiz él y yo en Marianistas de la cuesta de Aldapeta en Donostia. Eguillor era  donostiarra, aunque su profesión y su pasión fuera Bilbao. Le admiré y me peleé con él ya que era una mezcla de ácrata de la izquierda divina y crítico irónico del PNV, sus usos, costumbres y personajes: No se libraba Sabino Arana ni las Emakumes con Miss Martiartu al frente y Mari Aguirre como tema de sus dibujos. Cuando nos veíamos, solíamos discutir amablemente. Siempre reconocí al gran artista que fue.

La muestra, que se podrá visitar hasta el 28 de septiembre de 2025, presenta una selección única de casi un millar de piezas que abordan la gran producción de Eguillor en dibujos, cómics, ilustraciones y vídeos, en un homenaje a su mirada «tierna, escéptica y cruel». Es la primera vez que se realiza un exhaustivo trabajo de investigación sobre su obra, que nos permite degustar  una visión completa de su trayectoria. Ha sido posible gracias al ingente trabajo de investigación realizado por Garikoitz Fraga. En la Sala Rekalde se pueden ver piezas que no se habían mostrado antes. Laberinto es una oportunidad única para que quienes no conocían la obra de Juan Carlos Eguillor puedan descubrir ahora su enorme talento. Tengo que decir que la muestra está perfectamente montada y muy ordenada.

Garikoitz Fraga, editor y especialista en la obra de Eguillor por su parte, siempre destaca la importancia de recuperar piezas perdidas y de rastrear los innumerables dibujos y cuadernos que el artista dejó a su paso.

Laberinto reúne una extensa selección de casi un millar de obras de Juan Carlos Eguillor (1947-2011), creador polifacético cuya carrera abarcó desde el cómic hasta el videoarte. En la exposición se pueden contemplar dibujos, cómics, carteles, publicaciones, artículos y vídeos, ofreciendo un panorama único de la producción del artista. Eguillor, que destacó por su ironía y estilo iconoclasta, es conocido por personajes como Mari Aguirre, Miss Martiartu o Abuelita, cuya representación se puede ver en las piezas más populares y accesibles. Sin embargo, también se muestra la parte más desconocida y privada de su trabajo, con piezas que reflejan sus obsesiones personales y su visión del mundo.

En la muestra se incluyen sus trabajos en prensa de los años 70: El Correo Español, Egin, Diario 16, Mundo Joven, Triunfo, Nuevo Fotogramas, etc, con personajes como Mari Aguirre, Miss Martiartu, Tartarela o Txangurro Marx. Ya en esos años Eguillor sorprendía por su ironía iconoclasta y un estilo innovador que contribuyó a la evolución artística del cómic.

Se exploran también sus visiones del Bilbao mitológico y su defensa de una Euskadi inclusiva en tiempos difíciles. Desde los años 90, surge Max Bilbao, su alter ego, quien se refugia en un mundo virtual para evadir su realidad. En sus obras, como Interiores Bilbaínos Amenazados y Muscle Circus, aborda temas como lo diabólico, el misterio y el enfrentamiento con uno mismo, culminando en el Teatro de la Memoria, donde busca transformarse en ángel..

Juan Carlos Eguillor, desde joven, destacó en el colegio Marianistas de Vitoria con sus dibujos y cuentos. A los 16 años, creó el fanzine Óscar y escribió una obra de teatro sobre vampiros. A partir de 1966, sus dibujos humorísticos fueron publicados en el diario Hierro, y en 1968 comenzó las aventuras de Mari Aguirre en El Correo Español. Durante los años 70, trabajó en varios periódicos y revistas, creando personajes como Mari Aguirre, Miss Martiartu y Txangurro Marx, destacándose por su estilo innovador y su ironía. También escribió guiones para televisión y diseñó portadas de discos y carteles, incluyendo uno para la primera Aste Nagusia de la Democracia.

En los 80, ilustró libros infantiles y colaboró con autores como Bernardo Atxaga y Carmen Martín Gaite, ganando el Premio Lazarillo de Ilustración en 1983. Siguió creando cómics y vídeos como Bilbao la muerte y Menina, la primera animación española hecha por ordenador. En los 90, trabajó para el periódico Bilbao y otras revistas, y terminó sus colaboraciones en El Correo con los cómics Agur, amante y El mar de lluvia. También participó en la Expo 92 investigando decorados sintéticos.

Después del 2000, colaboró con El País y desarrolló el personaje Max-Bilbao en Second Life. Expuso en diversas galerías y museos, y en 1986 el Museo Reina Sofía presentó su animación Menina. Además, escribió guiones para cine y televisión, y diseñó decorados y escenografías para teatro y programas de televisión.

¿LO HARÍAS TÚ?

Miércoles 19 de marzo de 2025

Se llama Edwin, hondureño, iba en una furgoneta, conducía un compañero de  trabajo, llevaban una escalera detrás, pasaban delante de una casa en llamas, una ventana en humareda, gente pidiendo auxilio…-¡Para! – le dijo Edwin al chófer. -¡Saquemos la escalera!

Pararon, cogieron la escala y la llevaron bajo la ventana soplando humo. Edwin, sin pensarlo dos veces, subió por ella y entró. Un hombre de 78 años luchaba  entre el humo. Lo cargó al hombro, lo dejó al pie de la ventana y volvió a por su mujer que daba puñetazos a la  pared en otra habitación. El fuego y el humo se volvieron tan intensos que no pudo avanzar. Retrocedió, cogió al  hombre, “al señor”, y lo bajó por la escalera. Lo salvó. El impulso de acudir en ayuda sofocó el planteamiento de cualquier duda sobre los riesgos a correr.

Los impulsos no nacen de la nada, en este caso, nacen de un fondo o sustrato de solidaridad social que alimenta el corazón y la conciencia que, en el momento en que se necesita su contribución para algo que merece la pena, brota con pasión sin que intervenga la cabeza, ni el miedo a fracasar, ni los peligros posibles, solo el corazón y la conciencia. El hombre que tiene ese yo fuerte, confiado en sí mismo, siempre está activo, no dejándose llevar, y dispuesto a actuar. No da nada con el fin de recibir. Dar es ya para él una satisfacción.

En este caso, queda la espina de no haber podido salvar a la esposa de 73 años, en silla de ruedas. Pero  reflexionemos, ¡Cuántas veces debimos decir algo, hacer algo, decidir algo y no lo hicimos por miedo a las consecuencias o por temor al ridículo! Ahora bien, si soy lo que tengo (la escalera) y lo que tengo no lo uso, entonces ¿Quién soy?

Si tengo boca, tengo cabeza, tengo ideas, tengo criterio y no los uso para intervenir en una situación complicada ¿Qué soy?

Por Mikel Ortiz de Arratia