Martes 24 de marzo de 2026
Vean esta fotografía. Tiene mucha historia que hoy se quiere olvidar. Yo sin embargo quiero recordarla. Me asquea la doble moral, la equidistancia, y el falso buenismo que tiene mucho de cretinismo.
Verán en la puerta del Ayuntamiento de Iruña a Don Manuel de Irujo que había llegado la víspera de su exilio al aeropuerto de Noain en Pamplona. Fue el 25 de marzo de 1977.
Y su primer acto político fue ir al ayuntamiento de la capital navarra. Tuve el honor de acompañarle. Le recibió el alcalde accidental Tomás Caballero, que está en la foto entre Urmeneta y Don Manuel.
Salieron a recibirle asimismo los concejales Pérez Balda, Valimaña, Martínez Alegría, Velasco, Etayo, Echániz, Erice, e Ibáñez Ulibarri.
La recepción fue exquisita. Don Manuel estaba feliz. Eran adversarios políticos pero sabían del valor moral y simbólico de Irujo y le reconocían su lucha por la democracia y la paz.
Subimos al primer piso. En la sala de recepciones el alcalde Tomás Caballero le saludó oficialmente diciéndole:
“Sentimos una gran satisfacción y es para mí un honor recibir en este ayuntamiento al gran navarro Manuel de Irujo ,a su vuelta después de 40 años de estar fuera de su tierra”.
Tengo el discurso completo ya que se lo pedí a Tomás Caballero. Fue entrañable. Con el tiempo fue el alcalde que izó la ikurriña en el ayuntamiento.
El 6 de mayo de 1998 fue asesinado vilmente por ETA cuando salía para ir a trabajar en su despacho municipal. Tenía cinco hijos. Su funeral constituyó una de las mayores manifestaciones de duelo de la historia de Pamplona provocando entre excompañeros, en la órbita de Herri Batasuna como López Cristóbal, Patxi Zabaleta o Muez, una fuerte reacción de condena ante aquella barbaridad .
No me extraña pues que la hija de Tomás Caballero, la concejal de UPN en el consistorio de Pamplona, María Caballero, a quien conocí de senadora, haya rechazado de manera tajante la aparición de fotos de los asesinos de su padre en la Korrika celebrada este fin de semana en Navarra.
Cargos de Bildu en Berriozar como el alcalde Raúl Maiza participaron junto a fotos de los asesinos de Caballero que asesinaron también a Francisco Casanova, vecino de la localidad. El mismo comando fue el responsable del atentado contra Tomás Caballero.
«¿Que nos queda por ver? Sólo que la próxima vez les ofrezcan un sillón de concejal a los asesinos de mi padre», se pregunta con dolor la hija de Caballero tras volver a ver a los asesinos de su padre jaleados por Bildu y la izquierda abertzale.
Caballero ha mostrado también su queja en una carta abierta titulada La penúltima infamia a los organizadores de la Korrika, que no son capaces «de tener el más mínimo sentimiento hacia las víctimas de esos asesinos».
La Korrika, es una carrera y una gran idea reivindicativa del euskera. Desgraciadamente para algunos es mucho más que eso. Una lengua no se defiende exhibiendo fotos y reivindicando asesinos. No tiene sentido. Pero, desgraciadamente, esta escena se repite en paredes, en folletos, en la txozna de turno, en cualquier fiesta de barrio…, y forman parte de nuestro paisaje sin que pase nada. Que se exhiban fotografías de asesinos con total normalidad en cualquier entorno festivo ante todo tipo de público, es inmoral e inaceptable, y no debemos acostumbrarnos a ello. Y debemos condenarlo.
Es una vergüenza que nadie de los que están en la organización sea capaz de tener un sentimiento hacia las víctimas de esos asesinos. Al contrario. Son muchos los que argumentan que son casos aislados. Pues no. Es reivindicar asesinos. Y hay que decirlo. Y denunciarlo. Y, por favor, no ensucien una manifestación pacífica y reivindicativa del euskera.
