Careo en Davos

Sábado 8 de marzo de 2014

A Carlos V no le gustó la idea de su hijo Felipe II de elegir Madrid como capital de las Españas y antes de morir le recomendó trasladara la capital a Lisboa. Esta ciudad era en ese momento el mayor puerto de Europa y Don Carlos quería consolidar la unión peninsular pensando en la asimilación del reino y en el comercio con América. Pero el viejo emperador se murió en Yuste sin que su hijo, obsesionado por su Escorial, le hiciera caso. A fin de cuentas para el poderoso hijo de Felipe el Hermoso y de Dña. Juana la Loca, el portugués era un castellano machacado y las ventajas de la ubicación de Lisboa eran claras. Quería también cortar con la creciente animosidad de Lusitania con el resto de España de la que le decían los portugueses que de allí»no vienen ni buenos vientos, ni buenos casamientos”. La diferencia lingüística del euskera con el portugués y el castellano es abismal y si hubiera sido o por una guerra o por un casamiento, Euzkadi hoy sería un estado más de Europa.

Manuel de Irujo en sus tiempos de exilio Iondinense conjuntamente con el ex primer ministro portugués Cortesao, el nacionalista gallego Alfonso Castelao y los políticos catalanes Batista i Roca y Pi i Suñer, escribieron un libro titulado «La Comunidad Ibérica de Naciones». La tesis que defendían era que Galicia, Euzkadi, Catalunya, Portugal y España podían convivir confederalmente como una comunidad Ibérica de Naciones. El ejemplar fue editado en EKIN de Buenos Aires.

Quedamos pues en que si Felipe II le hubiera hecho caso a su padre Carlos V y si después de la guerra mundial y ante las dictaduras portuguesas de Oliveira Salazar y de Franco, los aliados le hubieran hecho caso a Don Manuel, el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso, no hubiera dicho la majadería que expresó en Londres el pasado 16 de febrero al decir que la adhesión de una Escocia independiente a la Unión Europea seria «extremadamente difícil, si no imposible», pues debería contar con el apoyo de todos los socios comunitarios. No dijo Barroso nada sobre como se le quitaría el euro a una zona que ya la tiene, no es el caso de Escocia, ni completó su racionamiento sobre Kosovo. Les guste o no, Kosovo formará parte, en relativamente poco tiempo, de la Unión Europea y con permiso de Serbia. ¡Qué remedio!.

Por su parte el jefe de información económica internacional del “The Daily Telegraph” Ambrose Evans-Pritchard, ex corresponsal en EE.UU. y en Bruselas escribió. “Se equivoca gravemente quien crea que la Unión Europea ayudará a aniquilar a los catalanes”.

Cena privada en el Hotel Intercontinental de Davos el pasado día 23 de enero. Los príncipes de Noruega, Haakon y Mette-Marit, saludan en la entrada, pero no se quedan. Sí acude el principal invitado, el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durão Barroso, que tiene ante sí a decenas de asistentes, entre ellos empresarios, inversores y economistas.

La cena estaba destinada a hablar de la Unión Europea y Durão, que ya había protagonizado horas antes un debate público hablando más que ningún otro ponente, estaba a sus anchas exponiendo su visión de la UE y su necesidad de mejora de la competitividad. Pero cuando terminó y tras alguna intervención rápida, tomó el micrófono fuera de lo previsto un habitual de Davos, el economista catalán Xavier Sala-i-Martín.

Este profesor de la Universidad de Columbia es una personalidad en el Foro Económico Mundial. Dirige el informe anual sobre competitividad y es ponente y gurú habitual en los debates de Davos, pero compatibiliza su labor docente e investigadora con un creciente activismo en favor de la independencia de Cataluña.

Después de Durao Barroso le tocó hablar a Sala-i Martín. Principalmente habló de la crisis económica y la competitividad de Europa. No tenía previsto hacerlo pero, al escuchar el discurso de Durao Barroso, decidió añadir un comentario final. En Davos donde todas las ideas se pueden discutir educadamente, utilizó la última parte de su discurso para hacerle una pregunta al presidente de la UE. Sus palabras literales fueron:

“Sr Durao Barroso, aplaudo y comparto su discurso sobre las bondades de la democracia en Europa y entiendo que saque pecho por el exitoso proceso de ampliación a países como Croacia y Serbia. Es muy importante que Europa sea cada vez más grande, tenga cada vez más ciudadanos y sea cada día más democrática. Pero hay una cosa que no entiendo. Croacia y Serbia han conseguido la independencia a través de sangrientas guerras, con abundantes crímenes contra la humanidad que están siendo juzgados por el tribunal de la Haya. Como usted sabe (porque nos conocemos), aunque yo esté en la delegación norteamericana, soy originario de Barcelona. Le menciono este detalle porque mis compatriotas catalanes están pidiendo un referéndum que les permita decidir si quieren seguir en España o prefieren ir por otro camino. En medio de este proceso usted, señor Barroso, ha dicho que si los catalanes votan a favor de la independencia, automáticamente quedarán fuera de Europa. Yo no tengo nada contra los ciudadanos de los Balcanes pero le pregunto: ¿De verdad que la Europa democrática de la que usted se siente tan orgulloso es una Europa que celebra la incorporación de países que consiguen la independencia a través de cruentas guerras pero amenaza con la expulsión a quien busca lo mismo a través de los votos?” El público presente aplaudió.

Aunque no estaba prevista su réplica, Durao Barroso se levantó rápidamente y, amablemente, le contestó:

“Querido Xavier, tu sabes que yo amo a Catalunya y a los catalanes. Y creo que los catalanes también lo saben. Lo único que yo he dicho es que la UE es una unión de estados y quien forma parte de los tratados es el estado español por lo que, si Catalunya pasara a ser un estado distinto de España, no podría formar parte automáticamente de la UE”. Es más, añadió, “la mayoría de instituciones internacionales, como las Naciones Unidas, también son acuerdos entre estados y, por lo tanto, tienen el mismo problema.”

La moderadora le concedió a Sala i Martín el derecho a réplica y le devolvió el micrófono:

“Señor Presidente, tiene razón usted: la UE no es la única institución internacional que tiene este problema. Es verdad que todos los países que se han independizado violentamente acaban formando parte de las Naciones Unidas con toda normalidad. Pero eso no debería ser motivo de orgullo sino de vergüenza, no solo para la UE sino para toda la humanidad. ¿No va siendo hora de que, como seres humanos libres y democráticos, empecemos a rechazar las fronteras trazadas con sangre y violencia y a aceptar las que se dibujan con los votos de los ciudadanos? Yo creo que sí. Es más, pienso que como en tantas otras ocasiones a lo largo de la historia, ese proceso debería ser liderado por Europa. Esa podría ser una de las bases sobre las que se fundamente el nuevo renacimiento de Europa”

Y añadió: “Dicho esto, es verdad que la UE es una unión de estados pero los tratados no están escritos en piedra. Es más, detrás de esos estados están las personas y ahora hay 7 millones ciudadanos europeos, que tienen un pasaporte granate en cuya tapa delantera están escritas las palabras Unión Europea, y que usted amenaza con expulsar. Cuando esos ciudadanos le pregunten a usted, ¿por qué me quitan la ciudadanía europea y se la dan a serbios y croatas?, usted les va a tener que responder: ¡es que vosotros tuvisteis la osadía de votar y eso, los tratados europeos no lo toleran!. Y cuando lo haga, ¿cómo cree que el resto del mundo valorará los valores democráticos de la nueva Europa de la que usted se siente tan orgulloso? ¿Es esa la Europa que están ustedes haciendo renacer? Por qué si lo es, el primero que no quiere ser europeo soy yo”. El público guardó un incómodo silencio hasta que la moderadora dio paso al siguiente ponente.

Al acabar la sesión, Durao Barroso se acercó a la mesa de Sala-i Martín y se sentó a su lado. Hablaron durante un buen rato… aunque esa conversación es privada y ha dicho que no va a revelar su contenido. Seguramente Durao Barroso le dio la razón, por su magnífica intervención. Ahí queda.

 

Una vergonzosa claudicación

Viernes 7 de marzo de 2014

No sé por qué, si les iban a prohibir presentar la moción de censura a Barcina, les han dejado dos meses que nos engañen y engañen a la sociedad navarra como si el PSN fuera un partido navarro. No lo es. Primera constatación. Forma parte del PSOE y ya Elena Valenciano lo dijo: “Con Bildu, ni a heredar”. Crearon el monstruo, y el monstruo se los comió. Y es que la historia del PSN es la historia de una claudicación continua.

Se separaron en 1979 del Partido Socialista de Euzkadi para formar el Partido Socialista de Navarra. Urralburu y Arbeloa fueron los creadores del Frankestein. Urralburu para poder robar mejor y Arbeloa por antivasquismo primario.

Se apoyaron y apoyaron a UPN a cuenta de ETA. Los creadores del Gal prefirieron la derecha navarra y navarrista, a una modernización de la Comunidad Navarra. Cuando Otaño estaba a punto de cuajar con Ardanza un Órgano Común de Encuentro, le encuentran una cuenta en Suiza que echa a rodar todo al abismo. Fue curiosa aquella noticia. El Cesid trabajó a tope.

A Fernando Puras no le dejaron pactar en 2007 y eso que no había elecciones a la vista. Por lo menos Pepiño Blanco viajó a Iruña y a Chivite y a Puras les hicieron pasar por las horcas caudinas de la máxima humillación. Chivite al poco murió.

Se repite la jugada en 2014 después de haber dicho Jiménez que el PSOE es él y de haberle pedido Barcina a Rubalcaba que pusiera orden en su casa.

Todo una vergüenza inconmensurable.

Con el PSN ya no se puede hacer nada políticamente. Pertenece al ámbito de UPH, PP y al navarrismo primario. EI secreto es que los del otro lado de la barrera, tengan la suficiente inteligencia política en no asustar a ese mundo, en captarlo y sintonizar con los deseos de la sociedad navarra. Y el cambio se puede dar el año que viene, sin el PP, sin UPN y sin el PSN. Esa es la clave.

Dos programas de televisión sobre el 23-F

232.14Domingo 3 de marzo de 2014

El domingo se cumplieron 33 años del conocido como 23-F. Y hubo dos programas en la televisión en la misma franja. Era difícil decidir cual ver. Yo lo tenía claro. El pasado mes de octubre me llamaron del equipo de Jordi Évole por si quería participar en una simulación televisiva. Acepté. Debe ser un género puesto en marcha en otros países. Consiste en contar la misma historia conocida con otro guión. En este caso el 23-F diciendo que era una simulación y que varios se habían puesto de acuerdo para quitarle a Suárez, reforzar al rey  y montar un gobierno presidido por Armada bajo el guión de José Luis Garci que era al director de aque­lla simulación con ensayo previo.

Para mí el elemento fundamental de la simulación la daba Garci con sus verosímiles explicaciones, sin desdeñar las intervenciones de los demás que fueron bien actuadas.

Estuve una hora grabando esta película en la biblioteca del senado. Aparecí al principio. No me sacaron la petición de Peces Barba a Marcos Vizcaya para que apoyáramos el sainete. La respuesta de Arzalluz cuando le dijeron que iba a ser un general el protagonista respondió el por qué no un obispo. También hablé de la implicación del rey. No debió gustar y no lo sacaron.

Todo el relato debió estar creíble pues recibí cuatro watsapp y dos llamadas además de los de casa. Pero “¿es verdad eso?” No lo era pero se le parecía mucho. Del 23 F nada se sabe de su trama civil que no fue investigada y nada se sabe oficialmente de la implicación del rey que ningún historiador pone en duda.

El coloquio posterior fue flojo y académico. Eduardo Serra, lñaki Gabilondo y Garbiñe Biurrun. Eduardo Serra jactándose de no haber desclasificado pruebas contra González sobre el Gal, defendiendo a su Majestad vomitivamente, y comportándose como uno de los responsables de la opacidad y del encubrimiento de delitos de su época de ministro de defensa. Un indeseable para una democracia que dice defender. Gabilondo y Biurrun bien, pero sin arriesgar nada. Una pena de coloquio.

Buen coloquio el de la Cuatro con Iker Jiménez y los contertulios que llevó para hablar de lo mismo pero con militares y un periodista de cámara como Baltasar Magro. Me gustó, por valiente, la intervención de quien fuera comandante de una sección del Cesid de apellido, Rando. Éste fue muy claro. Dijo que lo habían desplazado de su unidad para poner a otro involucrado en el golpe y que ese día tuvo que atenderle a su sustituto que le contó de pe a pa lo que había hecho el Cesid. A raíz de esta información quisieron comprarle y al negarse, quisieron secuestrarle y matarle. Ganó un juicio y ahí estaba largando de lo más bien diciendo que el cerebro del golpe había sido el Cesid por su capacidad de análisis, de relación con estamentos y operatividad y que Tejero había sido la anécdota macabra. Le dio la razón en parte otro comandante de inteligencia como Fernando San Agustín, un monárquico de los que creen todavía que el rey no se enteró de nada, como Baltasar Magro que no hacia más que interrumpir groseramente y defender al rey. Completó el cuadro el periodista Palacio que lleva escritos dos libros sobre la involucración del rey en toda la algarada y al que no dejaba hablar Magro.

Este debate fue mil veces más interesante que el de Évole. Una pena.

En definitiva, que estamos como estábamos. Sin que los verdaderos culpables del 23-F hayan pagado sus graves culpas.