Los supernavarristas se cargan el emblema de Navarra

Viernes 4 de enero de 2013

He escuchado hoy en Radio Euzkadi un buen trabajo de Dani Álvarez sobre Caja Navarra. Desde Iruña y entrevistando a muchas de las partes implicadas y tratando de llevar al ánimo de la sociedad lo que ha pasado con esta Caja, nacida en los años veinte de una Diputación Foral donde estaba Manuel de Irujo como uno de sus promotores. Ha entrevistado al presidente de los empresarios, J. M. Sarria, más conchabado con el sistema que Miguel Sanz y Yolanda Barcina los dos grandes culpables del latrocinio habido. También a López Merino, un antiguo director partidario de la fusión con las Cajas Vascas que pagó con su dimisión semejante osadía. Un sociólogo, Feliu que estudia la endogamia de unas cien familias navarras que se han apoderado de la cosa pública en Navarra y hacen y deshacen de su capa un sayo y también con un representante de la Caja que trata de que la Justicia actúe porque hasta ahora esta comisión no ha ido con ella y con el abogado de Santiago Cervera que ha comentado que las diligencias para saber quien le puso la trampa a su cliente van rápidas así como una ex diputada del PSN que critica la situación dubitativa de su partido porque nada menos que su secretario general cobró dietas de aquella cueva de ladrones y ahora impide una Comisión de Investigación. Mikel Donazar, periodista de la casa ha trabajado como un sabueso para tratar de lograr arrojar luz sobre este triste episodio.

Preguntado López Merino en qué situación queda Caja Navarra absorbida por el gran Trasatlántico de La Caixa ha contestado gráficamente que también en los grandes buques hay sentinas y Caja Navarra está en la sentina del trasatlántico pero no en su cuadro de mando.

También ha comentado que Yolanda Barcina, con el cadáver insepulto de Caja Navarra, lo que ha hecho es llevarla cuanto antes a la incineración para evitar que la exposición pública del cadáver produzca indeseables gusanos. Una imagen gráfica sobre la rapidez en esta actuación tan cuestionable.

En definitiva que ese pacto nefasto entre el PSN y UPN ha llevado a Navarra a la actual situación de crisis total, de expolio total, de falta de control total. Y ha llegado el momento de oxigenarlo todo. Lo malo, ante una situación madura como la actual, va a ser la inmadurez política con la que la Izquierda Abertzale va a actuar. Estoy seguro que terminará estropeándolo todo por esa máxima que lleva a rajatabla del todo o la nada. Gracias a esa Nada se ha producido la situación actual. Solo hay que pedirles que tengan una cierta visión de la jugada y se dejen de maximalismos. UPN y el PSN, partidos que han propiciado esta corrupción indigna tienen que pagar los platos rotos en beneficio de una ciudadanía navarra que no ha merecido semejante dirección política que se ha cargado uno de sus grandes emblemas históricos y tan suyo: Caja Navarra, fundada por Manuel de Irujo, del PNV.

 

Una entrevista light al Rey para evitar el desplome

Jueves 3 de enero de 2013

Todo en este glorioso estado español está asentado en la mistificación y en la manipulación. Lo vamos a ver este sábado 5 de enero cuando Jesús Hermida, en plan condescendiente y riéndole las gracias, le haga por primera vez en 37 años de reinado una entrevista a su Majestad. En 37 años, en esta España tan moderna de la que alardea, el jefe del estado español no ha concedido una sola entrevista a la televisión. Pero, ¡eso sí!: será una entrevista pactada y por tanto amañada. Nada de Urdangarin, nada de Corina, nada de su distanciamiento de la reina, nada de elefantes, nada comprometedor para un señor que vive del erario público, no da cuentas ante nadie, y encima ha hecho en 37 años de su capa un sayo. Pero un sayo de armiño, y en Ferrari.

Esta es la ejemplar democracia española que cuenta con un partido socialista que tras la entrevista saldrá diciendo lo magnífico que ha estado el rey y lo claro de su exposición. Eso sí, nada de preguntar sobre Alfonso Armada en relación con el 23-F. En el avance que han dado dice el rey que como estaban los golpistas bajo sus órdenes los mandó al cuartel. Curioso, porque desde Milans hasta Armada, pasando por Tejero efectivamente todos su sublevaron en su nombre, pero él jamás dio cuenta de ello en el juicio de Campamento que fue una vergüenza democrática que Felipe González avaló. No así Suárez, que escribió aquella carta titulada “Yo disiento”, porque aquel juicio había sido una burla más. Pero de estas cosas no preguntará Hermida. Solo de bobadas y generalidades que responderá el periodista con cabezazos de lacayo.

Esta noticia se une con otra que podía ser incluso más escandalosa si las preguntas que hace el CIS y Sigma Dos no fueran tan complacientes ni tan poco comprometedoras.

Y es que la Monarquía española no vive su mejor momento, especialmente salpicada por los escándalos del rey y de algunos de sus miembros. Y este desapego queda constatado en las encuestas. La realizada por Sigma-Dos para El Mundo deja en evidencia que la Corona está en mínimos históricos.

De hecho, el apoyo a la Monarquía cae seis puntos en tan sólo un año, tiempo marcado por los escándalos de los duques de Palma o la famosa cacería de elefantes en Botsuana en la que el Rey se rompió la cadera. Tras ésto, sólo el 54 por ciento se muestra favorable a este sistema mientras que el rechazo ha subido hasta ocho puntos situándose en el 41 por ciento de la población. Creo que son muchos más.

Del mismo modo, un 44,7% de los encuestados considera que el Rey debería abdicar ya en el Príncipe Felipe. Mientras, un 40% cree que don Juan Carlos debe seguir reinando.

La imagen del Rey ha caído estrepitosamente en este año y el Príncipe Felipe mantiene el tipo y sólo cae siete puntos en este año. Un 62,3% de los españoles tiene una buena o muy buena opinión sobre el heredero.

Por su parte, la imagen de la Reina se mantiene como la mejor de la Casa Real puesto que el 66,7% tiene una buena o muy buena imagen de ella. No tiene tanta suerte Letizia Ortiz, que consigue la aprobación de algo más de la mitad de la ciudadanía.

Donde casi hay unanimidad es en la opinión sobre Iñaki Urdangarín. Un 96% tiene mala imagen de él mientras que el 70% cree que la Casa Real ha gestionado mal el caso del duque de Palma.

Es normal que Urdangarin tenga tan mala acogida. Es el malo de la película, el chivo expiatorio de la obra de teatro por hacer lo que su suegro lleva haciendo 37 años. Si la información sobre el rey hubiera sido tan clara como la de Urdangarin, hoy Juan Carlos viviría en un adosado en Chamartin. Y en relación al hijo, Felipe, normal. Tiene una diaria campaña de imagen que para sí quisiera Rajoy.

Pero ésto es lo que hay en esta España embustera que quiere creerse sus propias mentiras. Nada nuevo bajo el sol, señora baronesa.

Aquella boda en el Kursaal entre Jaime y Nicolás

Miércoles 2 de enero de 2013

El partido socialista anda desnortado. Se pregunta a sí mismo quien es, y nadie responde. “¿Hay alguien ahí?”, se preguntan los de la Casa del Pueblo de Portugalete, y en vez de responder Patxi López, nacido en la calle Cascajales, responde Aznar. “¡Ostras!. Lo que nos faltaba” se dicen los viejos metalúrgicos que nunca han entendido el por qué tanto el PSE, el hijo de Nico, Zapatero, Rubalcaba y demás, han podido pactar con el PP cosas de comer con las que no se juega. “¿Y luego os preguntáis lo que os pasa?”. “Es eso lo que os pasa”.

Lo acaba de escribir el ex presidente en su libro. El fin justificaba cualquier tipo de medio para acabar con Ibarretxe. Había precedentes. En 1978 el PSE pactó con UCD para quitarle a Juan de Ajuriaguerra, del PNV, y ponerle en la presidencia del Consejo General Vasco a Ramón Rubial. Lo de Patxi López con Basagoiti tenía pues antecedentes, pero nunca una ceremonia tan fastuosa como la oficiada en el Kursaal de San Sebastián el 28 de abril de 2001. Gobernaba en Madrid, con mayoría absoluta, José María Aznar López. En Euzkadi, Juan José Ibarretxe.

El principal animador de aquel acto fue Fernando Fernández Savater. Presentaban las intervenciones Maite Pagazaurtundua y José María Calleja. Se hizo el silencio y los focos se dirigieron hacia el centro del escenario. Allí aparecieron Fernández Savater, Nicolás Redondo y Jaime Mayor Oreja. Era una boda laica. Juntaron sus manos y el público enfervorizado se puso a gritar: ¡España!, ¡España!, ¡España!.

Un mes después, los que se tildaban de constitucionalistas perdieron las elecciones. Aquella foto había resucitado a los muertos. Un sudor corrió por las espaldas de la gente normal. No querían a ETA, ni a su brazo político, pero tampoco aquel españolismo de garrafa. El 13 de mayo, perdían las elecciones. Mayor Oreja acabó en Bruselas tutelando con el mando a distancia a María San Gil. Nicolás Redondo en el Consejo de las Koplovitz. Salió ganando. Tiene ahora una Fundación que da labeles de democracia.

Cinco días antes que el Ejecutivo de Ibarretxe aprobara el proyecto de libre adhesión Redondo y Mayor Oreja, en el 2003 volvían a presentarse juntos. El marco era el Club Siglo XXI y la chapa la daba don Jaime. Le presentaba el hijo del sindicalista, Nicolás jr.

Todo ésto me ha venido al recuerdo al ojear el libro que acaba de editar Aznar y que reconoce en el 2012 lo que sabíamos o intuíamos el 2001. Antes la España Roja que la España Rota. Nada nuevo por otra parte.

“Jaime (Mayor) sería presidente del Gobierno Vasco los dos primeros años y Nicolás (Redondo), los dos últimos”. De esta forma desvela el expresidente del Gobierno, José María Aznar, en sus memorias, un dato iné­dito y desconocido: el “acuerdo” que habían alcanzado en 2001 el PP vasco y el PSE-EE para desbancar a Juan José Ibarretxe de la Lehendakaritza.

Según el libro que Aznar ha presentado, Mayor y Redondo Te­rreros habían pactado repartirse el mando del Ejecutivo autonómico vasco pero la clarísima victoria de PNV-EA frustró una “operación política de gran envergadura”, en palabras de Aznar, que “de haber tenido éxito habría cambiado el rumbo político del País Vasco y del conjunto de España. Pero no salió como todos deseábamos”. ¡Menos mal!

Éste es uno de los extractos de la obra Memorias I, que el exlíder del PP presenta estos días por diferentes localidades de España. El pasaje se sitúa en el capítulo “Mi decisión más difícil, que aborda la elección de Mariano Rajoy en 2003 como sucesor de Aznar al frente del partido y como candidato a la presidencia del Gobierno. Como se ha publicado, la primera alternativa en la que pensó Aznar fue Rodrigo Rato, pero su negativa le hizo decantarse por el actual presidente. El tercero en esa liza era Jaime Mayor, expresidente del PP vasco y candidato a Iehendakari en las autonómicas de 2001, en las que populares y socialistas coincidieron en su intento de desbancar al PNV, en pleno final del pacto de Lizarra entre abertzales.

A la hora de exponer las razones por las que no eligió a Mayor como candidato a La Moncloa, Aznar recuerda que “el problema era que había apostado muy fuerte en una partida arriesgada”, las elecciones vascas de mayo de 2001, según recoge la obra. “Si Jaime hubiese conseguido desalojar al PNV del poder con el apoyo de los socialistas creo que él mismo habría presentado su candidatura al liderazgo del Partido Popular”. Todo perfectamente calculado. Pero no contaron con Ibarretxe.

Es aquí, donde Aznar desvela un pasaje desconocido basta ahora. Relata que Mayor “había alcanzado un acuerdo con Nicolás Redondo Teneros que le despejaba el camino en sus aspiraciones nacionales: en caso de sumar los escaños suficientes para gobernar el País Vasco, Jaime sería el presidente del Gobierno Vasco los dos primeros años y Nicolás, los dos últimos”. En esta segunda parte de la legislatura, según se deduce de la narración de Aznar, Mayor se habría dedicado a pelear por la sucesión de Aznar y dar el salto a La Moncloa desde la plataforma que suponía ser el primer Iehendakari no nacionalista vasco, en plena ofensiva de ETA y con las formaciones “constitucionalistas” y el PNV inmersas en un descarnado enfrentamiento.

Dura campaña

La entente de Mayor y Redondo siempre se simbolizó en la fotografía conjunta en el Kursaal donostiarra, junto al filósofo y miembro de la plataforma cívica ¡Basta ya! Fernando Fernández Savater alzando los brazos de ambos. En aquella época se daba por hecho que la suma PP-PSE, en este orden, superaría a la de PNV-EA y EB, y que el entonces secretario general de los socialistas se convertiría en el vicelehendakari de Mayor. Según desvela ahora Aznar, los planes iban mucho más allá.

No obstante, Ibarretxe y el PNV lograron movilizar al electorado nacionalista frente a la entente constitucionalista con un incontestable triunfo de 33 escaños y un récord histórico de 600.000 votos. El PP logró el mejor resultado de su historia, con 19 escaños, pero insuficiente ya que el mal resultado del PSE-EE, con 13 asientos, no sumaba la mayoría precisa. Euskal Herritarok, fuera del juego de pactos tras el final de la tregua de ETA, se descalabró hasta quedar en siete escaños, la mitad de los que poseía, mientras que EB sumaria su único parlamentario a PNV y EA.

De todas formas, en el libro Aznar elogia la acritud de Mayor tras conocer que no sería su sucesor, “Las cosas fueron más fáciles (que con Rato)”, señala. Su reacción fue de “absoluto respeto, colaboración y lealtad”, sin “el más mínimo reproche”. A Aznar no se lo hizo. Se lo sigue haciendo éste al PNV. ¿Por qué?. Porque le ganamos.