Su católica majestad ni honra a los muertos ni honra a su matrimonio

Domingo 13 de mayo de 2012

Me enseñaron en las obras de caridad que había que visitar a los enfermos, honrar a los muertos y dar agua al que tiene sed. Y todo el catecismo se basaba en el amor y en el perdón. Y en la ejemplaridad.

La monarquía española y el rey ha demostrado que es una Sociedad Anónima sin alma. Un apaño dejado en herencia  por el  General  para dar la mano, inaugurar jornadas, regatear, llevarse bien con dictadores, soltar discursos enla Pascua Militar, revisar tropas, soltar chistes verdes en momentos inoportunos, no leer un libro en su vida y gustarle lo zafio y cuartelero.

Si alguien carece de vista vamos a ponerle ante sus ojos dos ejemplos de esta semana.

Fallece el padre de Iñaki Urdangarin. Esta familia celebra lógicamente su funeral en Armentia. Viene de Washington su hijo con su esposa e hijos. Lo obligado. Lo han hecho bien. Y les visitan en privado la reina Sofía, Elena e Irene. Pero no van al funeral. Mucho menos Felipe de Borbón y Letizia. Pero si van a múltiples saraos. ¿Qué imagen proyectan?. De desistimiento, de no cumplir sus obligaciones familiares, de gélida indiferencia, de prepotencia. Y de cobardía. No quieren dar la cara. Nada que ver con la doctrina cristiana a la que tanto aluden.

La otra. El rey y la reina deciden no celebrar el cincuenta aniversario de su boda. Se casaron en Atenas. Mientras la censura lo ha permitido, los crédulos pensaban que era un matrimonio al uso, con sus más y sus menos. Como todos. Pues no. El marido la ha sido infiel a su señora esposa desde siempre y ésta no está dispuesta a seguir con la farsa. Mucho ha debido aguantar la buena señora para que algo tan redondo como un cincuenta aniversario no quiera ni celebrarlo. Pero es su Católica Majestad, la del matrimonio indisoluble la culpable de todo. Eso sí. Se van a corridas de toros, regatas, carreras de Fórmula Uno. Ya lo vimos cuando falleció Miguel Delibes. El cazador de elefantes se fue a Qatar.

Todo en esta cara familia es falso y muy poco ejemplar.

Y ésto, en una semana.

 

¿No va a haber responsables?

Sábado 12 de mayo de 2012

10 de mayo del 2012. Después de forzar la dimisión de Rodrigo Rato como presidente de Bankia, en un gesto de autoridad ante los mercados financieros, el Gobierno se enfrenta ahora a una tormenta de pavorosas dimensiones: todo el sistema bancario español se halla bajo los reflectores del Directorio Europeo, que pide una auditoría de analistas independientes. El Directorio no se fía del Banco de España, que el pasado 31 de marzo autorizaba a Bankia a proseguir en solitario, una vez rechazada -por motivos políticos- su absorción por Caixa Bank, operación que, no sin dificultades, podía haber sido una solución. Una conjunción en la que estaban inicialmente de acuerdo Mariano Rajoy y Artur Mas.

Fuerte tensión entre el Gobierno y la banca por la metodología que seguir a partir de ahora con todos los activos dudosos (el Gobierno quiere reforzar la credibilidad de España con un fuerte aumento de las provisiones, la banca teme una mayor pérdida de valor en bolsa y la vulnerabilidad ante compradores extranjeros); críticas cada vez menos soterradas en ambientes empresariales al estilo gubernamental en sus primeros cuatro meses, y el dedo acusador del PP sobre el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, socialista a fuer de liberal, figura señera del Madrid ilustrado. El ataque a Mafo -así se le conoce en la capital- tiene una base objetiva y a la vez protege a Rato, ofendido con Rajoy. Esperanza Aguirre sobrevuela el incendio aclarando que suya no fue la negativa a Caixa Bank y al pacto estratégico con Barcelona. Espeso silencio sobre este asunto-uno de los nu­dos de la cuestión-, mientras se buscan culpables. También hay tortas para los valencianos y su festival inmobiliario.

La izquierda pronuncia las jaculatorias de rigor, sin entrar a fondo. Hay motivo: todos estaban dentro. En el consejo de administración de la entidad financiera más politizada de España también se sentaban representantes del PSOE, de Izquierda Unida, de CC.OO. y de UGT. Todos estaban dentro. Sólo faltaba el 15-M, que se manifestará este fin de semana, con más razones que nunca.

¡Qué gran vergüenza!.

 

Los procesados de Bankia deben ser procesados

Viernes 11 de mayo de 2012

Los de Bankia, los dela CAM, los de Cajapostal, el gobernador del Banco de España y todos los responsables de que haya que inyectarse millonarias cantidades de dinero para hacer frente a su pésima gestión, a sus robos, a sus corruptelas, a sus amiguismos, a sus faltas de visión, a su derroche, a su falta de integridad, a su imbecilidad congénita. De lo contrario el ciudadano verá con estupor cómo los mismos responsables de los grandes agujeros gastan sus dineros mal habidos, sus pensiones y cesantías de oro en ricos lugares de ocio riéndose a mandíbula batiente del sufrido personal.

Le he leído a Joaquín Leguina pedir responsabilidades. Y aquí al catalán Antonio Puigverd. Y allá hasta a Jiménez Losantos. Pero no se hace nada. Puigverd lo dice con claridad

Las cosas por su nombre. Lo que ha pasado con Bankia es un escándalo, una vergüenza y una tremenda injusticia. Lo sería, al menos, en otro tipo de sociedad: una sociedad presidida por el sentido del honor (del que, al parecer, algunas élites carecen) y construida sobre los cimientos de la equidad democrática (iguales todos ante la ley). Una sociedad en la que los errores que perjudican a terceros se pagasen. Pero Rato se va sonriendo y sus amigos le exculpan delicadamente. Descrito por Cospedal y Pujalte, Rato es un niño desvalido y engañado: «Le forzaron a quedarse con Bancaja», «le dieron una información que a lo mejor no era acertada». Eso es, exactamente, lo que les sucedió a miles de familias que contrataron una hipoteca con Bankia u otros bancos y cajas: les tasaron los pisos al alza y no les explicaron la letra pequeña de los contratos que firmaban. No es demagogia, es la pura realidad: mientras los pobres hipotecados que han perdido la casa cargarán de por vida con las deudas de la hipoteca, Rato hoy, como ayer Blesa, se largan con su pulcras camisas a otra parte, llevándose de propina algún milloncejo. Lo sé: había que evitar el efecto castillo de naipes. No había más remedio que apuntalar el sistema para impedir que todo el sistema bancario se fuera al garete, dicen los expertos (aunque alguno dice lo contrario: Sala i Martín es partidario de dejar caer a los bancos tóxicos). Aceptemos que se trata de un mal menor, pero -¡por favor!- al menos tengan la vergüenza de callar.

La semana pasada, se fotografiaba en Barcelona Fernández Ordóñez, Mafo, presidente del Banco de España, junto con Mario Draghi y sus colegas europeos. En las fotos se ve a nuestro héroe riendo y pontificando. ¿De qué se ríe, Mafo? Preside el banco central desde el 2006, en plena burbuja del ladrillo. ¿Hizo algo para deshincharla? ¡Al contrario! Dicen que incluso impidió la acción de sus inspectores, a fin de que el ladrillo bancario se hinchara sin intromisiones. Cuando estalló la crisis, ¿actuó Mafo con rapidez, a la británica, para tapar los tremendos agujeros descubiertos y nacionalizar los bancos subvencionados? ¡Al contrario! Después de asegurar que nuestro sistema bancario era el más sólido, se inventó la peregrina teoría de que 45 cajas eran demasiadas (en Alemania son más de 400) y promocionó, con una diarrea de dinero público, fusiones a mansalva que, a la postre, han conducido al desastre actual.

Dejando incluso de lado la deriva territorial del caso (la oportunidad perdida de un gran grupo bancario con sede en Barcelona, viga maestra de un nuevo y más equilibrado encaje entre las dos capitales), la pregunta que el fiasco de Bankia deja es la siguiente: ¿son intocables estas élites (indignas de tal nombre, pero encantadas de haberse conocido)? ¿Nada va a alterar la confortable sonrisa con que han observado cómo las instituciones a ellos encomendadas casi nos conducen a un infarto colectivo?.