FALLECE JUAN MARI FELIU REFERENTE DEL MONTAÑISMO Y MILITANTE DEL PNV Y DE EA

Sábado 5 de septiembre de 2026

Ha fallecido Juan Mari Feliu, un referente del montañismo y del nacionalismo vasco en Navarra.

Le conocí en Donibane Lohitzun donde estaba refugiado y siempre pendiente de Don Manuel de Irujo cuando éste bajaba de Paris y se alojaba en el hotel Euskalduna de San Juan de luz.

Escritor y político, impulsó el senderismo y fue detenido por colocar una ikurriña en los Andes, iniciativa que Alberto Elosegi recogió en la revista clandestina Gudari.

Koldo San Sebastian, amigo personal, me manda asimismo esta nota: “¿Por qué no dice nadie que fue militante del EAJ-PNV hasta 1984?.  Que, siendo militante,  colgó una ikurriña en Dos Hermanas como «anuncio» del Aberri Eguna de Iruñea (las fotos se publicaron en «Gudari»). Que se refugió  en Iparralde donde trabajó, junto a Gorka Aguirre, en la imprenta  Mugalde, primero, y el Axular, más tarde. Que organizó el paso de los llaveros que hicistéis en Venezuela con motivo del 40 aniversario de primer Gobierno Vasco. Las que llegaron a Navarra las pasó por monte Juan Mari. Venían en unos paquetes bolsas de papel duro.

Presentacion del libro Pirineos de Juan Mari Feliu en 2023. Patxi Cascante

Juan Mari Feliu Dord (Pamplona, 1942) ha fallecido dejando una larga trayectoria vinculada a la montaña, el senderismo y la divulgación. Pionero del montañismo navarro moderno, desarrolló una notable actividad en escalada, alta montaña, espeleología y esquí nórdico, al tiempo que ejerció como escritor, articulista y dirigente federativo.

Su afición por la montaña comenzó en la adolescencia, en Oberena, de la mano de su hermano mayor. Posteriormente se incorporó al Club Deportivo Navarra y participó en actividades de escalada, espeleología y montañismo.

En 1966 formó parte del equipo de punta de la expedición internacional a la sima de San Martín, en Larra-Belagua, que alcanzó entonces el récord mundial de profundidad. Un año después participó en la expedición vasco-navarra a los Andes peruanos, que logró ascender varias cumbres vírgenes, entre ellas el Ayucuraju y el Atunraju.

Aquella expedición marcó también su trayectoria política. Feliu llevó consigo una pequeña ikurriña, cuya fotografía en la montaña provocó su procesamiento y posterior encarcelamiento durante el franquismo.

Impulsor del senderismo en Navarra

Feliu desempeñó un papel destacado en la promoción y organización del senderismo en Navarra. Durante los años que residió en Iparralde conoció esta modalidad y, posteriormente, contribuyó a extenderla y estructurarla en Navarra, así como a impulsar las redes de senderos de pequeño y gran recorrido.

Fue presidente de la Federación Navarra de Montañismo en dos etapas, entre 1985 y 1989 y entre 1998 y 2001, y ocupó la vicepresidencia entre 1990 y 1997.

Juan Mari Feliú: «En la montaña he aprendido perdiéndome»

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También desarrolló responsabilidades relacionadas con el senderismo en la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada, de la que fue director de Senderismo entre 1992 y 2005. Entre los proyectos en los que participó estuvo el desarrollo del GR-11, la gran ruta pirenaica que une el Cantábrico con el Mediterráneo.

Asimismo, colaboró con los departamentos de Cultura y Deporte, Medio Ambiente y Turismo del Gobierno de Navarra, así como con distintas entidades locales, en el desarrollo del senderismo. También coordinó las federaciones de montaña de ambos lados de los Pirineos entre 1987 y 2004.

Entre 2004 y 2011 fue vicepresidente de la European Ramblers Association.

Más de 40 libros sobre montaña

La escritura y la divulgación fueron otras de sus grandes aportaciones. Desde 1963, cuando inició la página semanal Jueves de Montaña en Diario de Navarra, contribuyó a la difusión del montañismo mediante numerosos libros y publicaciones periódicas, especialmente guías y topoguías.

Entre sus obras figuran Guía de Montes de NavarraRutas por las fortalezas del Reino de Navarra y Los Pirineos, una frontera con amargas historias. En total publicó más de 40 libros relacionados con la montaña, además de artículos y otros trabajos de divulgación.

La Guía de Montes de Navarra, publicada por primera vez en 1996, se convirtió en una referencia para los montañeros navarros. En sucesivas ediciones amplió y actualizó sus recorridos hasta reunir 231 rutas y 522 cimas.

También se ocupó de otros aspectos del territorio, como los pueblos abandonados o poco conocidos. En Excursiones por los pueblos perdidos de Navarra recorrió estos núcleos, los fotografió y documentó sus características.

Feliu fue además director de la revista Caminar entre 2004 y 2010 y participó en otras publicaciones especializadas, como Senderismo y Naturaleza, de ámbito estatal.

Una vida dedicada a conservar la memoria de la montaña

Feliu reunió durante décadas una importante colección de fotografías, libros, documentos y objetos relacionados con el montañismo. Parte de este fondo fue depositado en el Archivo Contemporáneo de Navarra y formó parte de la exposición Más allá de la cumbre, dedicada a la historia del montañismo navarro.

En junio de 2019 realizó una primera donación al Archivo Contemporáneo de Navarra, compuesta principalmente por libros, fotografías y documentos de carácter político. El fondo se completó posteriormente en otras dos fases: una en diciembre de 2020, con libros y publicaciones, y otra durante el primer semestre de 2021, con documentos y materiales gráficos relacionados con el montañismo.

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Su interés por conservar esta documentación reflejaba otra de sus facetas: además de practicar y divulgar la montaña, quiso preservar la memoria de quienes la habían recorrido antes. Sus libros, artículos y colecciones contribuyeron así a documentar la evolución del montañismo y del senderismo en Navarra.

Del PNV a EA y Bildu

Su trayectoria estuvo también vinculada a la actividad política y al compromiso antifranquista. Fue miembro de Eusko Basterra, rama juvenil de la Asociación Bascongada de Amigos del País, de la dirección de EGI, las juventudes del PNV, y del Napar Buru Batzar del PNV, organización en la que permaneció en la clandestinidad desde 1965.

Exiliado en Lapurdi, fundó junto a otros compañeros las librerías-imprenta Mugalde y Axular. Tras establecerse en Huarte en 1977, desarrolló también una trayectoria política municipal y fue concejal de este Ayuntamiento por el PNV, EA y, posteriormente, EH Bildu.

Su actividad política estuvo ligada asimismo a su compromiso con la cultura vasca. El episodio de la ikurriña en los Andes y su posterior encarcelamiento fue uno de los capítulos más conocidos de aquella trayectoria, que él mismo relató en su autobiografía Mi vida, entre la montaña y la causa vasca.

La figura de Juan Mari Feliu queda así ligada a varios ámbitos que desarrolló durante décadas: las expediciones y la práctica del montañismo, el impulso del senderismo, la escritura y divulgación sobre las montañas y la conservación de la memoria del montañismo navarro.

AL PERIÓDICO BILBAO NO LE INTERESA DECIR QUIEN FUE LEQUERICA

Viernes 4 de septiembre de 2026

La foto que acompaña a este post corresponde al reportaje que el periódico BILBAO del mes de agosto dedica al cambio de nombre, o más bien, a la recuperación  del nombre popular que la plaza central de Bilbao a Plaza Elíptica, cambiada en 1937 por el alcalde franquista José María de Areilza .Le puso con gran parafernalia el nombre de  Federico Moyua, alcalde de la dictadura primoriverista, por tanto un alcalde que hizo y deshizo en una dictadura, y que las diferentes iniciativas que se habían planteado fueron directamente al cubo de la basura.

Se ha recuperado si pero hemos criticado que la recuperación de un nombre popular no haya sido realizada de forma solemne como se hizo en 1980 con la Avenida Sabino Arana, cambiada en 1937 por el mismo alcalde Areilza por José Antonio Primo de Rivera. Y hemos mostrado nuestro malestar, por haber tardado tanto y por haberlo hecho de forma casi clandestina. El alcalde y una concejal. Eso no se hace así.

El periódico del ayuntamiento BILBAO  con mucho retraso alaba la medida, sin contar todo este forcejeo, lo que no dice bien de quien hace el reportaje, que por cierto publica una fotografía de mi amama con su hermano en dicha plaza Elíptica EN 1904, fotografía que reposa en el Archivo Fotográfico del Ayuntamiento de Bilbao, QUE ES UN GRAN ARCHIVO.

Viví muy de cerca los trabajos de Ángel Ortiz Alfau, concejal socialista y gran unamuniano, para poner en marcha este periódico tan propio de Bilbao que aparentemente no tiene un director y hasta hace muy poco no tenía ni un correo al que dirigirse. También he hablado de este medio con Mikel Ortiz de Arratia, quien fuera  concejal de cultura y seguidor de este medio al que empujó en su día.

He contado más de una vez que en tiempos de Xabier Arzalluz creamos una línea editora de libros titulada “La Fascinación del Pesebre, vascos traidores a su pueblo cuyas prédicas en tiempo de guerra y post guerra ocasionaron muchos muertos republicanos y nacionalistas vascos.

Con Erkoreka sacamos a la luz las biografías de José María de Areilza y de Manuel Aznar con prólogo de Xabier Arzalluz. El tercero lo íbamos a dedicar a  José Félix de Lequerica, una mala persona que tras Areilza y Hurtado de Saracho, en plena orgía de sangre y fuego, fue alcalde de Bilbao antes de ir de embajador a la Francia ocupada en Vichy. Allí como embajador de Franco dirigió las operaciones para secuestrar a republicanos y nacionalistas exiliados en Francia. Con el policía Urraca entregó al president catalán Companys para ser fusilado, lo mismo que al ministro Zugazagoitia y tenía entre sus metas hacer lo mismo con el Lehendakari Agirre. Fue condecorado por ello. A éste  miserable ¿Cómo se le puede dejar impune?.

Un ultra que depuró de funcionarios no afectos al régimen de fuerza del ayuntamiento de Bilbao  y por tanto un alcalde cruel y terrible de la dictadura de Franco al que curiosamente la catedrática de Deusto homenajeó con un libro cuyo título habla del blanqueamiento que quiso hacer de un fascista. ”Los Diplomáticos de Franco. Temple y tenacidad”. La descripción habla de su contenido. Lo poco académico fue que la Universidad de Deusto le editara semejante hagiografía.

Pues bien.

Erkoreka y yo no pudimos trabajar en la biografía de Lequerica que íbamos a titular “Heil Lequerica” y este buen trabajo lo hizo el historiador Josée Ignacio Salazar con el sugestivo título de “Lequerica. De Bilbao a Nueva York pasando por Vichy”. Lo editó Pamiela y lo presentó  en la Feria del Libro  de Bilbao como Salazar me informó previamente. Ante el hecho le avisé al concejal Asier Abaunza que me contestó, cortésmente, diciendo: ”Eskerrik asko Iñaki. Me lo apunto. A las 12:00h tenemos lectura interrumpida en el Arriaga que monta el Euskaltegi Gabriel Aresti. Avisaré al periódico BILBAO”.

Se lo agradecí. Mostró interés y buena voluntad pero el resultado ha sido la nada. Ni entrevista a Salazar, ni dedicarle portada y dos páginas habida cuenta que fue un alcalde, ni nada de nada. De hecho la sección de libros reseña autores de mil sitios, pero apenas nada de vascos y menos de bilbainos. Y si el periódico se llama BILBAO otra debería ser su sensibilidad.

Dos números después y este periódico no considera de  interés hablar de un alcalde de Bilbao, tan nefasto ni del autor del libro José Ignacio Salazar y nos tenemos que conformar con las loas publicadas a un fascista pret a porter en BILBAO por María Jesús Cava.

¿A Alguien le extraña que hayan tardado 11 años en cambiar a Moyua?.

¿Se imaginan algo parecido en Berlín o en Roma?.

No, verdad. Pues en BILBAO, sí.

CONTRATO SOCIAL VASCO: REPENSAR EL PACTO ENTRE AUTOGOBIERNO, VIVIENDA Y FUTURO

Jueves 3 de septiembre de 2026

Jon Koldo Arteaga

Por qué la próxima gran discusión política entre vascos no debería ser solo sobre competencias, sino sobre qué tipo de país queremos seguir siendo

Hablamos mucho de competencias, del Concierto Económico, del autogobierno o del blindaje foral. Mucho menos de para qué queremos todo eso. Y quizá haya llegado el momento de hacernos una pregunta algo más incómoda: ¿qué es realmente el contrato social de una sociedad y qué ocurre cuando deja de funcionar para una parte de ella?

La idea de contrato social no es nueva. Lleva siglos formando parte del pensamiento político y, en el fondo, es bastante sencilla: Una comunidad acepta unas determinadas reglas y asume unas obligaciones a cambio de seguridad, oportunidades, servicios públicos y unas condiciones mínimas para poder construir un proyecto de vida. No es un contrato que se firme una vez y quede vigente para siempre. Cambia con el tiempo. Se adapta a las circunstancias y, sobre todo, se pone a prueba con cada generación.

Cuando ese acuerdo funciona, apenas hablamos de él. Cuando empieza a fallar, sus consecuencias aparecen por todas partes.

Y aquí hay una señal que debería preocuparnos bastante más: cada vez resulta más difícil para muchos jóvenes imaginar cómo van a construir una vida independiente.

La vivienda se ha convertido en uno de los principales obstáculos. Comprar una casa parece, para muchos, algo cada vez más lejano, y alquilar tampoco garantiza necesariamente una situación estable. Al mismo tiempo, una parte importante del mercado laboral, que ha pasado de ser principalmente industrial a servicios, sigue ofreciendo salarios que difícilmente permiten afrontar esos precios.

El problema va mucho más allá de poder pagar un alquiler o una hipoteca. Cuando una persona con trabajo no puede independizarse, cuando formar una familia se retrasa indefinidamente o cuando marcharse fuera parece la única manera de mejorar las condiciones de vida, algo empieza a fallar en el sistema.

Y aquí aparece una cuestión que debería estar en el centro del debate sobre el autogobierno.

Disponemos en Hegoalde de unas herramientas que no están al alcance de cualquier territorio europeo: tenemos capacidad fiscal, financiera y competencias propias en numerosos ámbitos. Por eso la pregunta no debería limitarse a cuánto autogobierno tenemos sino que habría que preguntarse qué hacemos con él.

Porque una cosa es administrar las competencias que ya existen y otra bastante diferente utilizarlas para cambiar las condiciones en las que vive la sociedad.

Si aceptamos que el acceso a la vivienda, los salarios, la industria, la protección social y la evolución demográfica forman parte del mismo problema, quizá tengamos que empezar a pensar en una estrategia que los conecte. No como políticas aisladas, sino como piezas de un mismo modelo de país.

La industria necesita ser competitiva, por supuesto. Pero la competitividad basada únicamente en reducir costes termina teniendo un límite bastante evidente: los salarios y las condiciones de vida de quienes trabajan. Del mismo modo, un sistema de protección social necesita una economía capaz de generar suficiente riqueza para sostenerlo.

Y hay una tercera cuestión que solemos dejar en un segundo plano: el arraigo y la identidad.

Una sociedad que pierde a sus jóvenes pierde mucho más que población activa. Pierde talento, familias, consumidores, emprendedores y, con el tiempo, también parte de su tejido comunitario. Y en un país como el nuestro, donde la lengua, la cultura y la identidad vasca necesitan una comunidad que las mantenga vivas, la cuestión demográfica tampoco puede considerarse un asunto secundario.

Empleo de calidad, protección social y identidad no son compartimentos estancos. Están mucho más relacionados de lo que solemos reconocer.

Esta preocupación, además, no es exclusivamente vasca.

En los Países Bajos, Pieter Omtzigt creó en 2023 Nieuw Sociaal Contract con una idea que estaba precisamente relacionada con la necesidad de recuperar la confianza entre ciudadanos e instituciones y revisar aspectos del funcionamiento del Estado y de la protección social. En Alemania también se ha abierto el debate sobre cómo adaptar el modelo social a una realidad económica y demográfica muy distinta de la que existía cuando buena parte de sus actuales estructuras fueron diseñadas.

No son modelos que debamos copiar. Las circunstancias de Países Bajos, Alemania y Euzkadi son diferentes y sería absurdo pretender lo contrario. Pero sí resulta interesante comprobar que la pregunta aparece en lugares muy distintos: ¿cómo repartimos las cargas y las oportunidades entre generaciones cuando las reglas que funcionaron durante décadas ya no producen los mismos resultados?

Esa es, en el fondo, la cuestión.

No tengo una receta cerrada para nosotros. Y, sinceramente, tampoco me fiaría demasiado de quien afirmara tenerla (cuidado con los autoritarismos que vuelven a resurgir). Resolver el problema de la vivienda no consiste únicamente en construir más casas. La política industrial no se puede reducir a una subvención más. Y la protección social tampoco puede plantearse al margen de la capacidad de generar riqueza.

Hay demasiadas piezas que encajan unas con otras.

Lo que sí creo es que deberíamos empezar a discutir estas cuestiones con una mirada algo más ambiciosa. Preguntarnos, por ejemplo, si el autogobierno debería utilizar con mayor intensidad sus herramientas fiscales para facilitar el acceso a la vivienda. Si nuestra política industrial debería tener entre sus objetivos explícitos la generación de empleos mejor remunerados. Si estamos haciendo lo suficiente para evitar que una parte de nuestros jóvenes tenga que marcharse para poder desarrollar un proyecto de vida. O incluso si nuestras propias instituciones necesitan adaptarse a una realidad que ya no es la de hace veinte o treinta años.

No hay respuestas sencillas y probablemente tampoco deberían existir.

Pero sí deberíamos recuperar la capacidad de hacernos estas preguntas sin convertirlas inmediatamente en una pelea partidista o en un catálogo de medidas aisladas.

Porque quizá el debate que tenemos delante no sea solamente sobre vivienda, salarios, industria o demografía.

Quizá sea algo más profundo: sobre qué tipo de sociedad queremos construir y sobre qué estamos dispuestos a ofrecer a la generación que viene a cambio de pedirle que confíe en este país, trabaje aquí y construya aquí su futuro.

Ese también es el autogobierno. Y quizá sea hora de hablar más de para qué lo queremos.