LA CANDIDATA-EL CANDIDATO

Martes 11 de agosto de 2026

Javier Larrea

Las elecciones municipales se celebran desde hace años el último domingo de mayo, lo que nos indica que ya hemos superado la frontera temporal que nos acerca a ese horizonte en menos de un año vista.

Así que hay que buscar los mejores candidatos.

Ante este panorama muchos afiliados y afines a partidos políticos comenzarán ya a desplegar sus mejores plumas de pavo real para destacar sus atractivos y enamorar a las direcciones de sus partidos; algunos mostrarán su experiencia política y sus currículos técnicos y sociales; otros exaltarán su pedigrí histórico y el de sus antecedentes familiares que avalen su trayectoria; y no faltarán quienes exhibirán sus armas de buen escudero para resultar de utilidad pragmática a los dirigentes. Suelen ser, por lo general, las cúpulas de los partidos las que de forma dedocrática elaboren las listas, ya sea de forma directa o indirecta. Una fórmula subliminal del privilegio del poder es la de establecer el orden numérico en las listas electorales que es lo que determinará indefectiblemente quiénes serán los elegidos por el pueblo en esta pseudodemocracia que ha derivado hacia una partitocracia no prevista en la Constitución del 78.

Las ejecutivas tendrán que elegir entre toda una amplia fauna política para configurar esas listas. Es sabido que los decisores no podrán olvidar incorporar en ellas a quienes han hecho posible que ocupen el cargo en el poder que disfrutan actualmente.

Algunos órganos de dirección quieren conocer con mucha antelación a sus cabezas de lista para que sean personas conocidas cuanto antes por el público elector. Una vez seleccionada la persona candidata comienzan los movimientos de los interesados para conectar con el candidato ungido y hacer valer sus derechos para ascender en las listas y ocupar los puestos más cercanos al número 1, o sea al candidato alcaldable.

Los requisitos

Antes de que se inicie el proceso electoral me atrevo a sugerir a las directivas de los partidos (para su consideración) algunas condiciones agrupadas en un decálogo de 12 puntos que podrían o deberían ser cumplidas por quienes deban ser propuestos a figurar como cabeza de lista de los partidos para las próximas elecciones municipales. Algunas de estas condiciones también podrán ser válidas para seleccionar a otros miembros de la lista.

  1. Debería ser afiliado al partido con años de compromiso (al menos una década) y trayectoria militante. Esto serviría para evitar a los candidatos oportunistas.
  2. Ser y estar en el municipio en el que se presente, con años de residencia, especialmente en la última década. Esto impide la llegada de paracaidistas.
  3. Que tenga empleo fijo y estable y que sea reconocido por su desempeño. Que entrar en el ayuntamiento no sea una salida laboral. Eso favorecerá que cuando finalice su periodo de vida pública pueda volver a su empleo evitándose la colocación en puestos de las llamadas “puertas giratorias”.
  4. Que haya trabajado en la empresa privada (o sea como la mayor parte de las personas). Más de un 80% de las personas votantes trabajan en la empresa privada por lo que esta condición le otorgará una mayor y mejor representación de la sociedad. Que gran parte de los políticos solo hayan trabajado para su partido o para la administración no es representativo de la sociedad.
  5. Que sea socialmente conocido y reconocido y sea un miembro respetado y respetable en su municipio.
  6. Que hable los idiomas oficiales de su comunidad con fluidez. Esto es imprescindible para representar a toda la sociedad que quiere gobernar.
  7. Que hable otros idiomas (importante, especialmente inglés) para relacionarse en el ámbito internacional.
  8. Que no tenga implicación ni vinculación ni se le asocie con ninguno de los problemas municipales candentes de los últimos tiempos.
  9. Edad. Se debería valorar especialmente la juventud. Sin caer en ningún tipo de edadismo se debería establecer una estrategia de incorporar candidaturas de jóvenes en las listas. De la misma forma, se debería considerar la posibilidad de incluir personas mayores (las hay con talento y experiencia) en las listas que representen a la población mayor de 65 años que en muchos barrios y municipios ronda el 30% de sus habitantes.
  10. Que no lleve viviendo toda su vida de la política. Los partidos necesitan regeneración y han de renovarse no solo con gente joven sino con talento que venga de fuera de la política.
  11. Que no lleve dos legislaturas seguidas o más en puestos municipales (de elección o de libre designación). Quienes lleven ya dos legislaturas no deberían repetir en listas.
  12. Que no se les pueda vincular con casos de escándalo o de corrupción o de irregularidades en cualquier gobierno o administración.

Como seleccionar al candidato

Un buen método podría ser que quienes crean que reúnen las condiciones requeridas se postulasen ante su partido con sus propuestas para el buen gobierno de su municipio para que sus afiliados eligiesen las mejores candidaturas con las mejores opciones para alcanzar la alcaldía.

No parece una mala idea, ¿verdad? Entonces, ¿por qué no hacerlo?

AGUR A LA CUMANESA

Lunes 10 de agosto de 2026

Acaba de fallecer a sus 45 años, Oihane Mateos, muy joven, quien desarrolló toda su carrera profesional y de forma muy eficiente en EITB.

Nació en Cumaná, capital del estado Sucre en el Oriente de Venezuela, a pesar que varias notas he leído que nació en Ibarra. Si, era oriunda de Ibarra pero nació en el trópico caribeño, aunque vino a Euzkadi muy pequeña.

Lo se porque en una entrevista me lo dijo ella. Sabía que yo había nacido en Cumaná, como mis otros tres hermanos, y me preguntó cosas de Cumaná, que gustosamente respondí. Me dijo que le gustaría conocer el lugar donde nació.

Le dije que no va a encontrar mejores playas que allí. Playas espectaculares, pescado en abundancia, piñas, atardeceres, asfalto petrolífero y paisajes preciosos donde vivía una pequeña comunidad vasca, una de cuyas familias era la de una Izeko de Joseba Egibar y otra, alavesa, aitas del actual arzobispo de Caracas.

¿Y cómo así naciste en Cumaná?, le pregunté. ”Es que mi aita era arrantzale y allí faenaron” me contestó.

En Cumaná, desde tiempos históricos de la Compañía Gipuzkoana de Caracas, hay presencia vasca en la pesca y en las empresas pesqueras que se fundaron.

Quería destacar este dato, algo insólito de esta querida amiga que nos ha dejado. En la actualidad ejercía como responsable del servicio digital de informativos de EITB (Orain), cargo que asumió en 2022 y desde el cual volcó un enorme esfuerzo en liderar la transformación y modernización de la redacción digital del grupo audiovisual público vasco.

Mi más sentido pésame a su familia y compañeros. Toda una pérdida. GB.

ESPAÑA 2027: ANÁLISIS PROSPECTIVO DE UN ESCENARIO SIN CEUTA Y MELILLA

Domingo 9 de agosto de 2026

Javier Batarrita Gaztel

Ejercicio de prospectiva política. Este artículo no predice ni defiende que este escenario vaya a producirse: parte de una hipótesis —la pérdida de soberanía española sobre Ceuta y Melilla en 2027— para explorar sus posibles derivadas internas e internacionales, a partir de dinámicas ya observables en 2026.

El punto de partida: una crisis ya en marcha

El ejercicio no parte de cero. En el verano de 2026, España atravesó una crisis migratoria grave en Ceuta, con decenas de miles de entradas irregulares en pocos días y varias decenas de muertes. La crisis reactivó de golpe todos los frentes que un escenario de pérdida efectiva de soberanía en 2027 agravaría:

– Marruecos volvió a poner sobre la mesa, de forma indirecta, su reivindicación histórica sobre ambas ciudades.

– El embajador de Israel ante la ONU, Danny Danon, aprovechó la crisis para acusar a España de mantener «enclaves coloniales» en África, en un mensaje que la propia embajada israelí en Madrid se apresuró a desautorizar como posición no oficial del Estado.

– Varios socios europeos —Italia, Finlandia, Dinamarca— reaccionaron con dureza, llegando Roma a suspender unilateralmente Schengen con España, en lugar de desplegar la solidaridad automática que cabría esperar de una frontera exterior común.

– El Ejército español admitió en un informe interno que su superioridad disuasoria frente a Marruecos, reforzada con armamento estadounidense, francés e inteligencia israelí en las últimas dos décadas, ya no es la que era.

Ninguno de estos elementos implica, por sí solo, una pérdida de soberanía. Pero todos apuntan en la misma dirección estructural que un escenario 2027 llevaría al extremo.

I. Consecuencias internas en la política española

Una pérdida efectiva de Ceuta y Melilla —por cesión negociada, invasión tolerada o abandono progresivo— tendría un impacto que trasciende lo territorial:

Crisis de régimen. El valor simbólico de ambas ciudades como prueba de que España resiste la presión exterior es tal que su pérdida sería leída como una humillación nacional de dimensión histórica. Cualquier gobierno que la gestionara caería, casi con seguridad de forma inmediata.

Polarización territorial explosiva. Un precedente de cesión bajo presión externa se convertiría en munición inmediata para el debate territorial español: si Ceuta y Melilla no fueron innegociables, la pregunta de si Cataluña o el País Vasco lo son ganaría fuerza en el discurso de la derecha nacional, y sería instrumentalizada en sentido inverso por sectores del propio independentismo (ver bloque V).

Tensión con las Fuerzas Armadas. Una pérdida sin resistencia militar seria reabriría, con enorme carga simbólica, el debate —hoy tabú en democracia— sobre el papel del Ejército como garante último de la integridad territorial.

Refuerzo del discurso sobre «guerra híbrida migratoria». Si la pérdida se produce en el contexto de presión migratoria sostenida, reforzaría la narrativa —ya extendida en 2026— de que la inmigración se usa como arma geopolítica, alimentando a la extrema derecha en toda Europa, no solo en España.

II. La relación con Estados Unidos

El precedente más relevante ya existe: Washington reconoció, bajo la primera administración Trump, la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, una decisión que se ha mantenido desde entonces. Esto sugiere varias cosas para un escenario 2027:

– Si EE. UU. ya está dispuesto a legitimar reivindicaciones territoriales marroquíes por interés estratégico —bases, cooperación antiterrorista, contención migratoria hacia Europa, contrapeso a Argelia—, no es descartable que un segundo mandato Trump no respalde a España frente a Marruecos, o incluso presione en sentido contrario.

– Ya en 2026 se observa una red de actores alineados con Trump y con Marruecos impulsando el argumento de que Ceuta y Melilla son «enclaves coloniales», lo que indica que Washington, o al menos su órbita, no vería con malos ojos una solución favorable a Rabat.

– El desgaste sería mayor si coincide —como ocurre ya— con otras fricciones bilaterales: gasto en defensa y OTAN, y diferencias de fondo en política exterior, particularmente sobre Gaza.

III. La relación con Israel

El patrón también es visible ya en 2026. La crisis de Ceuta fue utilizada por el embajador israelí ante la ONU para acusar a España de hipocresía, dado que Madrid critica con frecuencia a Israel por su ocupación de territorios palestinos. Un escenario de pérdida efectiva en 2027 probablemente:

– Sería instrumentalizado como argumento comparativo en ambas direcciones —»España exige devolver territorios pero no pudo retener los suyos»— dependiendo de qué sector del espectro político israelí o proisraelí hable.

– No hay unanimidad interna en el aparato diplomático israelí sobre usar este argumento: la propia embajada en España desautorizó las palabras de Danon como posición no oficial, lo que sugiere divergencias internas entre quienes lo ven como baza útil frente a las críticas españolas por Gaza y quienes lo consideran una distracción innecesaria.

– Dado que la relación bilateral ya atraviesa, según varias fuentes, su peor momento desde que existen relaciones diplomáticas, una pérdida de soberanía probablemente aceleraría el acercamiento israelí a Marruecos —país con el que Israel mantiene relaciones normalizadas desde los Acuerdos de Abraham— en detrimento de España.

IV. Repercusión dentro de la Unión Europea

La crisis de 2026 ya reveló que la solidaridad europea sobre Ceuta y Melilla es mucho más frágil de lo que la retórica institucional sugiere:

– Italia suspendió unilateralmente Schengen con España; Finlandia acusó a Madrid de fracasar por completo en la protección de la frontera exterior común; veintidós jefes de Estado y de Gobierno pidieron una reunión de urgencia sobre la gestión española de la crisis.

– Ceuta y Melilla, pese a ser frontera Schengen, quedan fuera del ámbito de cobertura del artículo 5 de la OTAN, lo que explica en parte una respuesta internacional más tibia que la registrada ante crisis fronterizas comparables en el este de Europa.

Proyectado a 2027, esto apunta a varias consecuencias:

1. Redefinición forzosa del perímetro exterior de la UE en el Mediterráneo occidental, con implicaciones directas para Frontex y los acuerdos de externalización fronteriza.

2. Munición política para el euroescepticismo de derecha radical en toda Europa, no solo en España, como prueba de la incapacidad de la UE para proteger sus fronteras.

3. Precedente jurídico incómodo para otros contenciosos territoriales europeos sin resolver, lo que paradójicamente podría generar más solidaridad reactiva con España por puro interés defensivo de otros Estados miembros.

4. Aislamiento antes que cohesión: el patrón de 2026 —países señalando la incompetencia española antes que cerrar filas— sugiere que la reacción a una pérdida efectiva sería más fracturada de lo que la lógica de «defensa del territorio comunitario» haría esperar.

5. Erosión de la narrativa europea de fronteras inviolables, construida en gran medida desde 2022 en torno a Ucrania, con el consiguiente aprovechamiento propagandístico por parte de actores externos interesados en subrayar el doble rasero europeo.

V. La respuesta del nacionalismo vasco y catalán

Aquí no hay una respuesta única previsible, y los datos de 2026 ya muestran divergencias claras entre las distintas familias del nacionalismo periférico:

– PNV y ERC han señalado directamente a Marruecos como responsable de la instrumentalización migratoria, alineándose de facto con el Estado español frente a un actor externo.

– EH Bildu ha optado por el silencio casi total, sin fijar posición pública.

– Junts ha jugado la carta puramente transaccional, usando la crisis para arrancar concesiones concretas —la exclusión de Cataluña del reparto de menores migrantes—sin entrar en el debate identitario de fondo.

Proyectando esta divergencia a un escenario de pérdida de soberanía en 2027, se perfilan cuatro estrategias posibles, cada una con su lógica y sus riesgos.

A) Alineamiento con el Estado frente a la amenaza externa. Reforzaría la imagen de responsabilidad institucional de partidos como el PNV o ERC, evitando el desgaste de parecer que se aprovechan de la debilidad de España en un momento de humillación nacional. El riesgo es renunciar a una ventana de oportunidad histórica si el relato dominante pasa a ser que el Estado ya no puede garantizar su propia integridad territorial.

B) Explotación de la crisis para acelerar el propio proceso. Coherente ideológicamente con el argumento de que la fragmentación de España responde a dinámicas de poder externas que no distinguen entre «enclaves africanos» y «nacionalidades históricas». El riesgo mayor es quedar asociados, aunque sea indirectamente, al mismo bloque de actores externos —Estados Unidos, Israel, Marruecos— que habrían debilitado a España, una asociación que la derecha española explotaría sin matices.

C) Silencio calculado. El modelo ya ensayado por EH Bildu en 2026: evita el desgaste de posicionarse en un asunto que no se controla, a cambio del riesgo de ser acusado de indiferencia.

D) Transaccionalismo puro. El modelo Junts: usar la crisis como palanca de negociación puntual, con bajo riesgo ideológico pero también bajo rendimiento en términos de proyecto político de fondo.

Nada indica que un escenario más grave que el de 2026 fuera a unificar estas posturas; el patrón observado sugiere más bien que las polarizaría entre sí, en función de si el objetivo estratégico de cada partido es consolidarse como socio fiable del Estado, maximizar la presión independentista, o minimizar el riesgo reputacional.