LA HISTORIA DE LA EDICIÓN DE ESTE LIBRO CON ESTA PORTADA.

Viernes 6 de febrero de 2026

Vicente Talón Ortíz me contestó  ayer a mi post sobre la edición del libro que aparece en portada y que reeditamos en 2006. Lleva prólogo de Julio Jauregui. Seguramente siendo los dos, Irujo y Jauregui, senadores, se lo pidió Don Manuel en Madrid.

Desconocía la historia y por más que pregunté en su día nunca supe el origen  de la edición ni de quien había partido la iniciativa. Vicente Talón lo explica y acertó con editarlo. El libro vale la pena y su lectura es muy fácil pues Irujo tenía una estilo directo y sin florituras y describía escenas de gran dureza. Ahora que no hay día en el que no se hable de los Cuarteles de Loyola, algún periodista, algún burukide, algún diputado, no estaría nada mal que contara la historia que ocurrió en esos cuarteles hace 90 años. Su sublevación, la negociación con el coronel Vallespín y el fusilamiento de los sublevados. Es también historia de la ciudad de San Sebastián y no solo los  insólitos cabreos    de ayer del Consejero socialista Itxaso, aunque entiendo que para eso habría que haber leído este libro e interesarle la historia de su ciudad algo más que salir en una efímera  foto..

Escribió ayer Vicente Talón:

“Mi amigo Iñaki Anasagasti me ha sorprendido, esta mañana, con un agradable comentario sobre este libro, que edité en 1977, y sobre el que posteriormente, en 2006, llevó a la imprenta el sello Kirikiño. Dice de mi, y se lo agradezco, que soy «importante periodista, corresponsal, arriesgado y curioso profesional que une a su magnífica pluma un ojo especial para la observación». Pues bien, la historia es la siguiente.

A partir de 1967, no de 1968 como creía, cada vez que viajaba a París e iba mucho, bien para cubrir temas franceses o para tomar aviones con destinos lejanos entonces inexistentes en el aeropuerto de Barajas, visitaba en la calle Singer, sede de la Delegación Vasca, a Don Manuel de Irujo quien fuera ministro de Justicia en tiempos republicanos y, tal vez, la figura más emblemática en ese momento del Partido Nacionalista

 Vasco. Allí también tenía su despacho Don Jesús María de Leizaola, «lendakari» (perdón, pero la «h» que le impostaron a ese cargo se me atraganta) en el exilio y les facilitaba la vida a ambos, con su incansable actividad, «Basurde» que si bien recuerdo había sido ametrallador en el batallón «Ariztimuño». Cuando, con el cambio de Régimen, Don Manuel pudo cruzar la frontera y asumió un escaño de senador recomenzamos nuestros encuentros -y almuerzos- de París.

 Un día comentó que le gustaría reeditar su libro «La guerra civil en Euzkadi antes del Estatuto» pero que no encontraba quien lo hiciese así que, conocedor de la importancia de esa obra cuyo original poseía y a la que me había referido en varias ocasiones en mis artículos, la edité ilustrándola con fotos de mi autoría y otras tomadas de distintos archivos.

Fue en 1978, cuando el miedo a los poderes «fácticos» campeaba y, más o menos, todos escuchaban o creían escuchar el arrastrar de sables. Que en la portada del libro apareciese el «Zazpiak bat», que hace referencia a la unión de los siete territorios que a uno y otro lado de la muga conforman a Euskal Herría (esa idea viene del siglo XIX y es anterior al surgimiento del nacionalismo vasco), acabó por condenarlo. No conseguí que se publicase ni una reseña en los diarios de Madrid, en casi todos los cuales contaba con amigos, y tampoco se atrevió «El Correo Español-El Pueblo Vasco», del que profesionalmente yo precedía (y procedo) y en el que escribía con asiduidad.”

EL ATRACTIVO LIBRO DE DON MANUEL

Jueves 5 de febrero de 2026

El pasado domingo 1 de octubre publiqué en Deia y, en éste medio, un artículo dedicado a D. Manuel de Irujo titulado “Navarro hasta las cachas”.

Vicente Talón, importante periodista, corresponsal, arriesgado y curioso profesional que une a su magnífica pluma un ojo especial de gran observador, hizo el comentario en Facebook de que a partir de 1968 cuando iba a Paris visitaba la Delegación Vasca en la rue Singer donde se entrevistaba fundamentalmente con Don Manuel de Irujo y saludaba al Lehendakari Leizaola, al servicial Basurde  y a José Mari Azpiazu.

Y comentó como había sido él el editor del libro  que escribió Irujo, al tener que estar retirado un tiempo tras un accidente, con una narración muy ágil contando lo que había vivido desde el estallido de la guerra el 18 de julio de 1936 y la aprobación el 1 de octubre en el Congreso del estatuto vasco, el primero.

Ese libro cayó en mis manos en los años setenta y no supe de quien había sido la idea de editarlo, pero me pareció un acierto ya que al libro se le unía además un buen prólogo de quien había sido diputado en la República Julio Jauregi.

Con aquel buen recuerdo fui donde Txomin Saratxaga y en el 2006 a través de la editorial Kirikiño lo reeditó. En la portada pusimos la caricatura que el dibujante Bon le hizo a Don Manuel en 1918. El prólogo lo escribió Josu Jon Imaz, presidente del EBB ese año, y yo escribí una explicación del porqué de la edición y del valor de don Manuel.

Carmelo Landa, Lorenzo Sebastián y Francisco Vargas hicieron una cronología de los hechos y con fotografías explicadas de los protagonistas quedó una edición muy chula que se lee en un santiamén.

Pero fue Vicente Talón quien editó el primer volumen seguramente porque vio en él un aporte importante e interesante y sobre todo fácil de leer sobre una historia silenciada que este año cumple 90 años.

LAS ARGUCIAS DEL REGIMEN CHAVISTA Y SUS CUATRO FALACIAS

Miércoles 4 de febrero de 2026

Cuatro falacias inocultables de la narcodictadura

En ellas se resumen las argucias del régimen para justificar su política y desesperado esfuerzo por mantenerse en el poder

Primera: «Chavez vive, la patria sigue».

No me refiero, por supuesto, a la ausencia física de Hugo Chávez, supuestamente fallecido el 5 de marzo de 2013, de acuerdo con la declaración oficial emitida ese día. Como sabemos, distintas personas –muchos de ellas, exfuncionarios entonces muy próximos a él– han denunciado que Chávez no murió en Caracas, sino en La Habana, ni tampoco en la fecha señalada, sino unos días antes, a finales de febrero.

La información y el desmontaje de la dictadura

Miguel Henrique Otero 

Por cierto que, en estos días donde la crisis en Cuba se hace, hora a hora, más profunda y peligrosa, y se advierte que el fin del castrismo es inminente, el tema comienza otra vez a debatirse. Voces del exilio cubano sostienen que, entre muchas otras materias que permanecen ocultas, pronto conoceremos los hechos reales y verificados en relación con la muerte de Chávez.

Cabe preguntarse si la figura de Chávez ha logrado mantener alguna vigencia después de su fallecimiento. Mi respuesta a la pregunta es un rotundo no. Durante el 2013, Nicolás Maduro (ahora reo) y otros integrantes de su banda (próximos reos), organizaron actos públicos y ceremonias en menor escala, para loar al fallecido. Intentaron establecer en la opinión pública la existencia de un legado, y así lograr que Chávez adquiriese un estatuto histórico y político del que sacar provecho.

Pero el intento no tuvo resonancia ni continuidad. Rápidamente ocurrieron dos fenómenos, solo contradictorios en apariencia: el país harto, lo dejó atrás rápidamente. Chávez ingresó en los engranajes del olvido. Al mismo tiempo, ocurrió que el madurismo, y lo sugirieron en algunos de sus discursos, ‘descubrió’ que la podredumbre era mucho peor de lo anunciado, que las arcas habían sido arrasadas, y que la parte del botín que les habían dejado era menor a lo esperado. No había legado sino una nación destruida por sus cuatro costados: ni Chávez vivía y la patria estaba por producir la más grande operación de huida y exilio en la historia de Hispanoamérica, que se intensificó a partir del 2014, y que ha conducido a la migración de más de ocho millones de venezolanos.

–Segunda: «Maduro ha sido secuestrado y será liberado».

El delincuente Nicolás Maduro Moros, registrado con el número 83232-054 en el Buró Oficial de Prisiones –BOP–, una vez capturado por las autoridades estadounidenses, encarcelado en Nueva York y próximo a ser enjuiciado, no será liberado. No existe esa posibilidad. La envergadura y gravedad de las acusaciones –conspiración de narcoterrorismo, conspiración para exportar cocaína a Estados Unidos, posesión de armas de destrucción, y conspiración para poseer dichas armas– hacen inviable que se le declare inocente o que reciba un mínimo castigo por sus fechorías. Las penas para estos delitos oscilan entre un mínimo de veinte años y la pena mayor, que no es otra que cadena perpetua.

Cilia Flores por su parte, presa conocida como ‘la primera combatiente’, tía de los delincuentes conocidos como ‘narcosobrinos’, registrada con el número 83233-054 del BOP, tiene también por delante un panorama de extrema adversidad: se le acusa de narcoterrorismo y conspiración para el tráfico de drogas, corrupción y soborno, y participación en actos violentos. ¿Las penas posibles? Las mismas: entre 20 años y prisión a perpetuidad.

Los expertos han sido unánimes: no hay posibilidad alguna de que ambos no reciban el castigo carcelario que merecen.

–Tercera: «Venezuela no recibe órdenes de potencias extranjeras».

Después de la aprobación de la reforma a las leyes que rigen la explotación del recurso petrolero en Venezuela, es legítimo introducir una variante en la frase más reciente de la retórica antiimperialista de la narco dictadura: en vez de «Venezuela no recibe órdenes de potencias extranjeras», hay que establecer como la frase que resume el tema, la siguiente: «Venezuela solo recibe órdenes de Estados Unidos».

Este radical giro, discursivo y contractual, que se ha producido a partir de la captura del capo Maduro el 3 de enero, debe ser uno de los más grotescos, patéticos y vergonzosos capítulos de la historia del chavismo-madurismo, su rendición genuflexa, sin fisuras ni atenuantes, que ha sumido en la perplejidad y el silencio a las izquierdas del planeta, siempre listas para justificar cada movimiento de los gobiernos de Chávez y Maduro. ¿Acaso se atreverán a leer y comentar los contenidos de la recién aprobada ley por la Asamblea Nacional madurista? ¿Contrastarán sus contenidos con la retórica de la lucha antiimperialista?

—Cuarta: «En Venezuela manda el pueblo».

Esta falacia guarda un especial descaro: no gobierna el pueblo, ni los venezolanos, sino un grupo de funcionarios y enchufados, que comparten esta característica: la mayoría vive en el municipio Chacao y en urbanizaciones aledañas. ¿Recuerdan los lectores las expresiones de desprecio hacia Chacao, emitidas por el mismísimo Chávez, por Cabello y por otros de los integrantes de la banda?

La oligarquía roja, la roja y pesuvista oligarquía que constituye la dictadura, en medio de la portentosa crisis económica que se ha establecido en Venezuela desde hace más de una década, ha encontrado los recursos financieros y legales, y ninguna dificultad para adquirir la propiedad de casas, apartamentos, comercios, restaurantes, vehículos de lujo y más. La revolución ladrona, como todas las de su género, ha servido para que un pequeño grupo se enriquezca, al costo de una sociedad cada vez más empobrecida y debilitada. Las pruebas de esta afirmación están a la vista, son irrebatibles, como irrebatibles son las imágenes de los altos funcionarios que llevan un nivel de vida que solo puede explicarse como fruto de la corrupción.

En estas cuatro falacias –Chávez vive, maduro será liberado, Venezuela no recibe órdenes y en Venezuela gobierna el pueblo– se resumen las argucias del régimen para justificar su política y desesperado esfuerzo por mantenerse en el poder. Sin embargo, como cualquier lector puede concluir, son todas afirmaciones sin sustento, frágiles, evidencias que el cambio político está cada día más cerca.