MARÍA CORINA: DÍSELO A LA CARA

Domingo 19 de abril de 2026

Conozco a María Corina Machado. En la foto está cuando nos recibió en el aeropuerto de Maiquetía en una misión de Observación que hicimos. Estuvimos con el alcalde Ledezma en arresto domiciliario pero no nos dejaron ver a Leopoldo López preso en Ramo Verde ni a Gabriel Ceballos en el Helicoide. Posteriormente volvimos a estar  con ella, como en viajes anteriores habíamos estado. Representábamos cuatro partidos. PSOE, PP, CIU y PNV. El arco parlamentario. Más plural que lo visto en éste viaje.

Siempre he admirado en ella su valentía, su resistencia frente al abuso de poder y la tiranía, la claridad de sus ideas, su  inmensa capacidad de trabajo y su “guáramo”. Sin nada de esto no sería la líder referencia que es en Venezuela. Tengo en mi retina su enfrentamiento parlamentario ante el abuso del déspota Hugo Chávez y su capacidad para distinguir el grano de la paja. Mientras unos decían que negociaban con el chavismo ella sabía muy bien que la dictadura solo quería ganar tiempo, marear la perdiz y blanquearse con una falsa  democracia de papel. Por eso está donde está.

Y digo de antemano que si se convocan unas elecciones libres, sin presos, con garantías y observadores internacionales le votaré, mi familia y yo, y haré todo lo posible para que arroye.

Dicho esto que no me hace sospechoso de ser condescendiente con nada, creo que se ha equivocado en este viaje al no marcar bien los espacios políticos, haciéndolo solo con PP y Vox (partido tan antidemocrático como el de Maduro), y no entrevistarse con el presidente del gobierno Pedro Sánchez. Le guste o no, Sánchez, es una figura institucional respetable y si tú quieres serlo, tienes que actuar en clave institucional, no partidista. Por eso titulo este post pìdiéndole que vaya a la Moncloa y le cante las cuarenta. Pero que vaya. Es bueno para todos. Ya estuvo Edmundo González Urrutia, que es el presidente electo.

Me gustaría que fuera y le dijese en primer lugar que su amigo Rodríguez Zapatero aparte sus sucias manos de Venezuela y que lo que ha hecho estos años éste falso mediador es mal usar el haber sido presidente del Gobierno español. Zapatero, atribuyéndose una falsa  mediación, que nadie le ha pedido, demostrando que es un cáncer para Venezuela y para España. Zapatero nombró a Raúl Morodo embajador en Caracas y ha sido condenado por corrupción. Son hechos. Y lo advertimos.

Le debería decir que su ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, no debe pedir que la UE levante las sanciones contra Delcy Rodríguez  por ser persona tan culpable como Maduro de lo sucedido manteniendo todavía en las cárceles más de 500 presos políticos y no habiendo hecho nada para que se paguen las pensiones de personas que tras una vida de trabajo, les pagan un dólar.

Le debería pedir que lidere en la Unión Europea la democratización total de Venezuela, como a mí me  dijo Sánchez que haría  en el cementerio de Polloe en San Sebastian, en el entierro de Txiki Benegas.

Le pediría que la RTVE sea objetiva cuando informe sobre la transición en Venezuela y no mantenga esa culpable equidistancia. Nadie hubiera entendido que tras la muerte de Franco se tratara de la misma forma al franquismo que a la oposición.

Le echaría en cara no recibiera en su día a Juan Guaidó y no le felicitara por el Premio Nobel, como hizo el rey, y, Sánchez lo hace por cualquier motivo.

Le rogaría no hiciera el menor caso a Yolanda Díaz, a  Pablo Iglesias, a Monedero, y a todo ese mundo que son muy exigentes en España con la democracia pero miran para otro lado cuando se conculcan los derechos humanos en Cuba, Venezuela y Nicaragua y que esa doble vara de medir hemipléjica es inadmisible.

Y todo eso se lo diría a la cara a Pedro Sánchez en la Moncloa que habilidad dialéctica y facilidad de palabra con argumentos tiene de sobra.

Y a ella, le pediría que no se confunda con el estado español. Que no todo es Madrid, aunque su mitin haya sido en el kilómetro cero. Y que hay otras realidades muy poderosas y simbólicas.

Que no se olvide que  los abuelos de Bolívar eran vascos, que la Compañía Gipuzkoana tenía su sede en San Sebastian, que el sábado un equipo vasco, la Real Sociedad, venció en Sevilla  al Atlético de Madrid entre otras cosas y si no entiende que el estado español no es un estado centralizado ni jacobino, es que no entiende nada.

Y con todo eso le animaría a continuar la dura lucha y a no dejarse envolver por cantos de sirena  de malos consejeros. La realidad es la que es, y no lo que nos gustaría que fuera. Y hasta ahora lo ha hecho muy bien. Pero somos muchos los que no nos identificamos con el formato de este viaje aunque si con su mensaje.

Y que la democracia vuelva Venezuela con ella al frente.

LA REVISTA GUDARI

Domingo 19 de abril de 2026

Fue una publicación clandestina editada por EGI (PNV) en Caracas Venezuela.

Su creador y editor fue Alberto Elosegui Amundarain, donostiarra, que firmaba con el seudónimo de Paul de Garat. Abogado, tiene que exiliarse, llega a Venezuela y trabaja en la revista Momento de este país donde coincide con Gabriel García Márquez, Plinio Apuleyo Mendoza y la diagramadora Karmele Leizaola

De Elosegui es el manual clandestino Una Voz con Mil Ecos. Le apasionaba la propaganda política siendo todo un maestro en ella  y es uno de los fundadores de la Radio clandestina, Radio Euzkadi, que funciona en Venezuela. Promueve la película Los Hijos de Gernika, traduce del inglés el libro de George Steer, El Árbol de Gernika, y hasta su marcha a Londres con su familia se ocupa de todo, lo que era la propaganda hecha en Venezuela.

Tras su viaje de esta publicación y de la propaganda se ocupa Iñaki Anasagasti.

Al principio Gudari se editaba en Caracas en la imprenta de los hermanos Morales y posteriormente en la de la familia Guruceaga. Se editaba y se enviaba al llamado Interior y a San Juan de luz desde donde se distribuía. Posteriormente el fotolito era lo que se enviaba y en la imprenta Axular se imprimía y luego se pasaba al llamado Interior.

Esta publicación fue una importante herramienta de propaganda clandestina bajo la dictadura de Franco. Su presencia fue clave.

EDUARDO FREI Y LOS VASCOS

Sábado 18 de abril de 2026

Andoni de Soraluze

Eduardo Frei Montalva, el hombre que para la ultra-derecha fue el Kerensky chileno; para la ultra-izquierda el verdadero responsable de la caída de la desgobierno allendentista y para los vascos, en cambio, el amigo entrañable de los días aciagos de su historia. El 22 de enero de 1982 falleció en Santiago de Chile

Nació en Santiago el 16 de enero de 1911, Descendiente de inmigrantes suizos por parte paterna, a los 22 años egresó como abogado de la Escuela de Leyes de la Universidad Católica, siendo a la vez presidente de la Juventud de la Asociación Católica Chilena. En tal carácter viaja a Roma a las reuniones de la Acción Católica Iberoamericana universitaria. A su regreso se afilia en Tarapacá a la Falange Nacional, un movimiento católico con ideas renovadores que nació el 12 de diciembre de 1935. En 1936 es presidente de la Juventud de la Falange, y entre 1941 y 47 del propio partido, que al unirse con el Social Cristiano da vida el 28 de julio de 1957 al Demócrata Cristiano. En 1940 en la Universidad Católica desempeña la cátedra del Trabajo y en 1945, es nombrado ministro de Obras Públicas, Vías y Comunicaciones por el presidente radical Juan Antonio Ríos. Nueve años después es senador por las provincias de Atacama y Coquimbo, y en 1957 reelecto por Santiago, esta vez como candidato demo-cristiano con la mayoría individual más alta que registra la historia política chilena. EI 4 de setiembre, y nuevamente por mayoría absoluta (1.409.012 votos, o sea el 55,6%) es electo presidente de la República, teniendo como opositores a Salvador  Allende y  a Durán.

Eduardo Frei, el hombre que quiso hacer la «revolución en libertad”. Sólo a medias pudo cumplir sus anhelos. Se opusieron a ello, tanto las derechas como las izquierdas.

En las siguientes elecciones, Radomiro Tomic, el demo-cristiano de las promesas, fracasó frente a la candidatura de Allende, que triunfó por 39.000 votos sobre Alessandri. Solo Frei pudo haber triunfado en esas elecciones. Su nombre era el candidato más firme para 1976.

Diciembre de 1955. Se celebra en Santiago el Congreso de la Internacional Demócrata Cristiana. Representando a 18 países europeos, por petición expresa, de Alfred Coste Florest, presidente de los «Nuevos Equipos Internacionales», y el de su propio pueblo, llega a Chile el Lehendakari Aguirre.

Freí, presidente del Congreso, saluda en su discurso inaugural y en primer término a nuestro Lehendakari, como «el único presidente de un país aquí presente, representante de una nación ejemplo de tenacidad en su lucha por la libertad, modelo acrisolado de revolucionario cristiano, para quien pido el más caluroso y emocionado de los aplausos». Fue el primero en aplaudir.

El 3 de noviembre de 1964 Frei asume la presidencia de la Nación. En la Casa de la Moneda, el hombre de quien un día Gabriela Mistral va­ticinó «será presidente de Chile, pero yo estaré ya muerta», recibe el saludo de las delegaciones extranjeras que fueron a la transmisión del mando. Llega el turno a la Delegación Vasca que encabeza Pedro de Basaldua. Al alargar éste la mano para saludarle, Frei abre sus brazos y lo estrecha efusivamente –cuenta BasaIdua- «con la sincera amistad, la sencillez y el afecto con que lo hiciera cuando estaba en el llano». En ese gesto recordamos entonces al hombre combatiente con el que habíamos compartido en varios Congresos demo-cristianos, al hombre que ocupara la tribuna en más de una ocasión con nuestro llorado Lehendakari Aguirre. Y vimos en él al abanderado de Chile, pero al mismo tiempo al abanderado de una idea, de una causa.

Año de 1965. Frei cumple su gira por Europa y rechaza la invitación oficial que se le hiciera para visitar en el Pardo a Franco.

Diciembre de 1970, proceso de Burgos. Se le solicita su adhesión para incluir su nombre en la lista de personalidades de América que desean evitar el crimen. Frei estampa su firma, y no contento con ello, envía a Franco un cablegrama intercediendo en favor de esos vascos,  “hermanos de los que un día dieron al mundo ejemplo como cristianos y defenso­res de la libertad”.

Diciembre de 1981, Eduardo Frei está grave. En nombre de la colectividad vasca de América, la C.E.V.A. se dirige a su esposa María Ruiz Tagle y sus hijos, interesándose por la salud del enfermo. En su respuesta dirá: «Les agradezco como a los que más, porque sé del cariño que Eduardo les profesaba. Rueguen por él”.

Frei, “la conciencia de un Chile que ama la justicia, y el derecho” en palabras del cardenal y arzobispo de Santiago, Mons.  Raúl Silva Henríquez, murió envenenado por Pinochet. Este dato se ha sabido recientemente. Pero Euzkadi no le olvida, no puedo olvidarlo al hombre que fue «su amigo entrañable  en los días aciagos de nuestra historia».