PETRÓLEO Y DEMOCRACIA
Martes 1 de septiembre de 2026
César Pérez Vivas
La opinión pública venezolana e internacional fue sacudida recientemente por un anuncio de enorme trascendencia: la celebración de un convenio petrolero por un siglo de duración entre la administración del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el ilegal e ilegítimo gobierno de Venezuela. La velocidad con la que se difundió esta negociación, sumada a la total opacidad que rodea sus términos y alcances, enciende alarmas profundas en todos los sectores que aspiramos a un cambio real para nuestra patria.
Es evidente que este anuncio se produce en el marco de la dinámica política interna estadounidense. Entendemos la lógica de una gestión que busca simpatías y apoyos del electorado norteamericano. Sin embargo, un acuerdo de esta magnitud e implicaciones temporales no puede pasar desapercibido para quienes vivimos, trabajamos y luchamos en Venezuela por un destino mejor.
Vaya por delante una aclaración indispensable: formamos parte de una sociedad que mayoritariamente respeta, admira y cultiva afecto por los Estados Unidos. No militamos en las filas del antinorteamericanismo ni promovemos discursos de repudio hacia nuestro vecino del norte.’ Al contrario, como venezolanos que defendemos nuestra soberanía, aspiramos a ser socios y amigos confiables de esa gran nación.
Pero toda sociedad sólida requiere una base ineludible: la transparencia. Como dicta el refrán popular, las cuentas claras conservan las amistades.
Por eso resulta perturbador analizar el pacto suscrito, a espaldas de nuestra nación, entre Delcy Rodríguez y el presidente Trump. Estamos ante una alarmante asimetría institucional: por un lado, firmó un gobierno legítimo, elegido democráticamente y sometido al control de un sistema de separación de poderes. Por el otro, firmó un régimen autoritario que usurpa funciones públicas, desprovisto de legitimidad y sin ningún tipo de contrabalance o control interno. Esta grave anomalía genera, de entrada, una profunda desconfianza.
Examinar este asunto requiere ir mucho más allá de los elementos puramente económicos. Para Venezuela, el petróleo ha sido —y debe volver a ser— una herramienta fundamental para el desarrollo humano. Pero para que esa riqueza se traduzca en bienestar, es estrictamente necesario un Estado de derecho.
A finales del siglo XX, con todas las imperfecciones de nuestra República civil, el país consolidó una industria petrolera vigorosa que producía 3,5 millones de barriles diarios. Fue precisamente la instauración del modelo autoritario e ideologizado del chavismo lo que demolió las instituciones y, con ellas, a la propia PDVSA. Bajo ese esquema, el crudo dejó de ser un negocio nacional para convertirse en un botín de guerra asaltado por cúpulas políticas y militares, entregado además como subsidio a la dictadura cubana o bajo condiciones leoninas al expansionismo chino.
Nuestra prédica histórica por el bien común y la justicia nos impide convalidar acuerdos nacidos en la sombra. Toda relación internacional de largo plazo debe ser transparente y, sobre todo, adoptada por poderes públicos legítimos en Venezuela. Solo así estos pactos gozarán de la estabilidad y la utilidad real que demandan ambas naciones bajo un esquema de ganar-ganar.
No caeremos en la tentación del radicalismo estéril que pregonó el oficialismo durante años, pero tampoco perderemos la perspectiva de que somos una república independiente con derecho a dirigir su propio destino.
Petróleo y democracia son las dos variables inseparables de una misma ecuación. Es imperativo rescatar la libertad y el hilo constitucional en Venezuela para que nuestra energía vuelva a ser una palanca de progreso interno, y a la vez, un suministro seguro, estable y confiable para nuestros socios en el hemisferio occidental, bajo los parámetros de una economía de mercado.
La sociedad democrática venezolana seguirá luchando firmemente. Nuestro mensaje a la administración estadounidense es claro: para nosotros, el rescate de la libertad es lo primero. Solo sobre esa base democrática podremos construir relaciones económicas duraderas, transparentes y justas que le devuelvan a nuestro pueblo la calidad de vida y el desarrollo que tanto merece.
ME HA LLAMADO LA ATENCIÓN LAS AUSENCIAS
Lunes 31 de agosto de 2026
Estoy siguiendo el impacto en la sociedad noruega ante el fallecimiento de su rey Harald V. Y es que la monarquía en este país, que entrega cada año el Premio Nobel de la Paz, nada tiene que ver con los Borbones españoles. Fue un hito el discurso del rey Haakon VII, el 8 de abril de 1940, en el que rechazó a través de la radio, las exigencias nazis de nombrar un gobierno colaboracionista con los alemanes. Aquí cerca, Juan de Borbón, abuelo de Felipe VI, se ofreció como soldado junto a los golpistas y Alfonso XIII se puso a las órdenes de Franco. Son hechos que marcan.
Como marcó un estilo y una época y una ejemplaridad para el EAJ-PNV Juan de Ajuriaguerra que este mes hace 83 años que, como presidente del BBB, volvió desde Biarritz a la playa de Laredo, a seguir la suerte de los gudaris, sabiendo que su vida no valía ya nada. Solo por eso merece ser recordado cada año para mostrar a las nuevas generaciones que una militancia consecuente se basa en la ejemplaridad.
Y ayer en San Felicísimo tuvimos una misa en su recuerdo. Lleva la Organización Municipal de Deusto gracia a Simón Bilbao, convocando cada año una eucaristía en su recuerdo. Y a ella se puede ir por militancia jelkide, por ser creyente o por cortesía política hacia una referencia del EAJ-PNV, como se hace con otros actos, y hasta por un acto de militancia en tiempos en los que prima lo superficial.
Estuvieron el presidente del EBB, Aitor Esteban y el del BBB, Iñigo Ansola así como el alcalde de Bilbao, Juan M. Aburto con los concejales del PNV, el ex Diputado General Josu Bergara, el ex secretario del EBB, Ricardo Ansotegi, Ainhoa, la presidenta de la Junta Municipal de Deusto, Ane Tamara, burukide del BBB, y afiliados de toda la vida como Eloy Unzalu, Xabier Manterola, Jon Sánchez …Alrededor de unas 75 personas, más que el año pasado, reunidos en esta bella iglesia de los Pasionistas con un altar que cuenta con un conjunto escultórico representando la última cena, Judas Iscariote, con su bolsa incluida.
La misa ha sido toda en euskera y a la salida nos hemos saludado, salvo alguno que ha salido escopeteado. Y al que le cuesta ser normal.
He tenido la oportunidad de conocer al candidato del PNV al ayuntamiento de Bilbao Mikel Hidalgo que me ha parecido persona amable y cercana, virtudes no muy extendidas hoy en la política.
Y digo que me llama la atención las ausencias pues en agosto de 1978 la capilla ardiente de Ajuriaguerra estuvo en la Diputación de Bizkaia y el gentío que pasó por allí fue de varios miles y sin embargo consideran los actuales dirigentes de la Diputación que honrar a Ajuriaguerra no va con ellos, lo mismo que el Gobierno Vasco.
Se me dirá que era una misa y es verdad, pero luego ves a los ausentes en todos los saraos de la Aste Nagusia a selfi limpio, o celebrándolo todo sin olvidarnos de verlos en primera fila aplaudiendo al jefe. Lo de EGI está descontado. Bastante tienen con tener abierto y mantener Gogoregi.
¿Qué cada cual puede hacer lo que quiera?. Es verdad, como yo opinar sobre esta anomalía política, la de acudir a todo lo que tenga que ver con el ocio o actos tan obligatorios que cubren el cupo y no da ya más para honrar a un Ajuriaguerra que si no hubiera tenido la entrega que tuvo, no sé dónde hubiera estado hoy el PNV. Como en otra dimensión Haakon VII. La madurez y responsabilidad de las sociedades y los partidos se comprueba en la presencia, o no, en estos actos no obligatorios.
También es cierto que el BBB podía haber tenido una mayor diligencia a la hora de anunciar este hecho. Para otros actos si la tiene. Ajuriaguerra fue presidente del BBB y desde allí ejerció un poder fundamental.
En resumen. Que este recuerdo anual, ayer estuvo bien pues 48 años después se mantiene la llama pero visto lo visto con evidente fecha de caducidad, ya que al parecer es a otros a quienes hay que honrar.


