Tres mujeres asesinadas en 24 horas vuelven a demostrar que la violencia machista no es solo un problema de las mujeres, sino el fracaso de toda una sociedad
Tres mujeres asesinadas en 24 horas. Tres vidas arrancadas por la violencia machista. Tres familias destrozadas. Y una sociedad que corre el riesgo de acostumbrarse a una tragedia que nunca debería ser normal.
Estos asesinatos son insufribles. No pueden convertirse en una noticia más que desaparece en pocos días ni quedar relegados a un segundo plano. La violencia contra las mujeres debería ocupar las portadas, generar una reacción colectiva y provocar una respuesta a la altura de la gravedad del problema.
Mientras una mujer es asesinada, algo está fallando. Fallan los mecanismos de prevención, fallan las medidas de protección cuando no consiguen salvar vidas y fallan las respuestas de una sociedad que no siempre concede a esta violencia la importancia que merece.
Pero esta no es solo una cuestión de mujeres. Es un problema que afecta a toda la sociedad. La violencia machista hunde sus raíces en la desigualdad y en la falta de una igualdad real de oportunidades. Por eso, los hombres también deben implicarse activamente: no como espectadores, sino como parte necesaria del cambio. La igualdad no es una causa exclusiva de las mujeres; es una responsabilidad democrática de toda la ciudadanía.
También es necesario exigir más a quienes tienen responsabilidades públicas. Que una mujer forme parte de un partido político, de una institución o de un cargo de representación no significa automáticamente que esté comprometida con la lucha por la igualdad. La defensa de los derechos de las mujeres debe demostrarse con hechos, con políticas eficaces y con una implicación real, no solo con declaraciones cuando ocurre una tragedia.
Autocrítica
Los partidos políticos de cualquier ideología y las instituciones dedicadas a la igualdad, incluidos los organismos de referencia como los institutos de la mujer, deben revisar su actuación y preguntarse si están haciendo todo lo necesario para prevenir la violencia y proteger a las víctimas. La gravedad del problema exige autocrítica, coordinación y resultados.
No podemos aceptar que la violencia machista se convierta en una rutina ni que las víctimas sean recordadas solo durante unos días. No son estadísticas. Son mujeres con nombres, familias, proyectos y vidas que fueron arrebatadas.
Y no hacen falta tres asesinatos en 24 horas para que salten todas las alarmas. Una sola mujer asesinada ya es demasiado. Una sola muerte debería bastar para conmover a toda la sociedad, exigir responsabilidades y reforzar el compromiso de quienes tienen la obligación de prevenir esta violencia. Mientras haya una sola mujer asesinada por el hecho de ser mujer, seguiremos teniendo un problema que nos interpela a todos y que no admite indiferencia, silencio ni resignación.