Desenmascarados

7.000 muertos en los últimos 30 años en el Estrecho de Gibraltar.

NOS anuncian que el próximo sábado podremos desenmascararnos, es decir, quitarnos esa parte de nuestro otro yo que nos induce dermatitis, acné y hasta blefaritis. Lástima que no sea el día 24, para poder tirar las mascarillas a la hoguera de san Juan con las otras cosas viejas.

Pero no estoy segura de que también nos despojemos de la mascarilla en su segunda acepción, el de destapar los sentimientos ocultos para descubrir la realidad. Lo digo porque somos capaces de dedicar el mismo 20 de junio a ser el día mundial más feliz del año y al recuerdo del refugiado. Día feliz y día del refugiado no parecen casar muy bien, a no ser que alguna mascarilla oculte las intenciones.

Hace unos días, en aguas de Lanzarote se ahogaron cuatro inmigrantes ilegales. Con mayor frecuencia aparecen muertos en el estrecho de Gibraltar, 7.000 muertos los últimos 30 años; es tan cotidiano que ya ni es noticia; de hecho, el tránsito «ilegal» de África a Europa por el Estrecho se incrementará, y al ritmo que vamos, los cadáveres en sus aguas permitirán algún día atravesarlo a pie enjuto. Entonces es posible que percibamos la inmigración en toda su magnitud y crudeza.

Frente a esta no-noticia de lo habitual, sí ha sido noticia escabrosa que la diputada voxera R. Monasterio desdeñara con trato racista y denigrante al parlamentario Serigne Mbayé, de origen senegalés, llamándole inmigrante ilegal y mantero, tratándole como español de segunda categoría … o de tercera. No como ella, hija de emigrantes de primera llegados desde Cuba con mucha plata.

He aquí el quid de la inmigración y de los refugiados, la pasta, la plata que traen. Si vienes forrado no se trastabillan con tu nombre, ni reparan en tu color de piel, ni en tu turbante, ni en el burka de tu esposa, ni si eres gay, lesbiana o trans, no les inquieta tu religión ni credo político…, porque la bolsa aterciopela el racismo en un toque de diferencia. Jeques y deportistas profesionales saben del racismo atemperado.

No es el caso de la mayoría de quienes llegan a nuestros lares. De esos que veo por nuestras calles afanándose en su trabajo, luchando por mejorar su vida. A estos les soplamos al oído rápidamente «el racismo» de Monasterio a Mbayé. O si no se lo decimos, sí les solemos hacer la vida harto difícil, como si venirse a miles de kilómetros del hogar no fuera ya suficientemente difícil.

Y percibo que hablamos de inmigrantes, refugiados y desplazados como si fuera un tren pasajero. Pero si en 2010 se contabilizan 14millones de refugiados, desplazados y asilados, en 2021 son 82,4 millones, el 40% niños/as. Cada día son más y con perspectivas más lejanas de regresar. De Siria, Yemen, Congo, Venezuela, Birmania, Myanmar, Somalia, Afganistán… catástrofes naturales, violencia, conflictos bélicos, razones políticas, religiosas, raciales, sexuales, económicas; lo cierto es que huyen para vivir, pero su esperanza de volver se va diluyendo: en 1990 regresaron 1,5millones, pero en 2010 solo lo hicieron 390.000 personas al año. Y entre el casi imposible regreso y labrarse un futuro aquí, viven en la incertidumbre, ese país tan difícil de habitar. Dificultades para ser atendidos en sanidad y acogidos en las escuelas, exclusión del mercado laboral, xenofobia, racismo, marginación social… todo son penurias. Acogerles está bien, pero quizá presionar a quienes les obligan a huir para vivir fuera más efectivo. Pero claro, desenmascararnos para enfrentarnos a los sátrapas de los países que les expulsan y persiguen quizá sea poco provechoso para nuestros intereses de bieninstalados.

nlauzirika@deia.com @nekanelauzirika


Noticias recalentadas

Machismo social en los aplausos a Domingo, a pesar de reconocer ser un acosador

EN nuestra CAV bien posicionada económicamente y con aspiraciones, 90.000 personas viven con menos de 20 euros/día. Ni usando velas podrán pagar la luz y el gas para calentar su exigua comida, esto el día que les toque comer. En la secuencia continua de noticias que se atropellan entre sí, ésta ha sido estrella fugaz. Nos han, o nos hemos, acostumbrado a tal monótono rosario de noticias que la mayoría nos saben a recalentadas, no sé si en sartén, horno o microondas, pero con tan poco buen sabor que rápidamente pasamos página al siguiente plato de noticias.

Y si son números y estadísticas en lugar de caras, todavía más insipidez recalentada. «Maricón de mierda», «sarasa«, son expresiones despectivas que creía en proceso de desuso. Pero Ekain Perrino ha comprobado que en su pueblo en absoluto están olvidadas y, además, que, con frecuencia, van acompañadas de golpes y puñadas añadidos a la infamia del insulto. Si solo fuera en esa localidad sería anecdótico, pero leyendo con atención las agresiones por motivo sexual, son más habituales de lo que pensamos. Al menos en este caso hay denuncia y la respuesta está siendo razonablemente contundente, pero la secuencia repetida hará que pronto pase al archivo redondo del olvido. La búsqueda de las niñas canarias secuestradas/asesinadas por su padre para vengarse de su exmujer, está sirviendo para que se hable algo más de esa violencia de género que no cesa. Y que se hable con caras y nombres.

Porque en lo que vamos de curso ya han asesinado a 19 mujeres, a veces con descuartizamiento modelo Sacamantecas, con efectos devastadores en víctimas colaterales, hijos sin madre. En este caso, además, queda al descubierto otro matiz de violencia machista, el que sufren directamente los hijos/as como víctimas directas de la venganza del padre contra la madre. Es una forma aún más cruel y vesánica de violencia machista, que se ceba en los hijos, víctimas vicarias del odio contra la mujer. «No la mato a ella, pero le quito lo que más quiere». Perfidia absoluta la de estos verdugos torturadores de mujeres.

Compaginen esas noticias con los aplausos a Plácido Domingo. Ni confesando que acosó a mujeres se libró de los aplausos. Machismo social en estado puro con trato de guante blanco exculpatorio. Del tipo que se suele dispensar a acosadores cuando pertenecen a la élite de cualquier ámbito. La pregunta es por qué ahora y por qué con tanta virulencia. Tal vez, acabadas las restricciones pandémicas, algunos acosadores sienten que han perdido el control sobre su pareja. Quizá esta violencia tenga efecto llamada, porque si no ya me dirán cómo en dos semanas se concentran diez asesinatos, llamémosles «especulares». La educación no debe estar funcionando muy bien, porque no parece erradicar del tuétano de nuestra naturaleza personal y social el «la maté porque era mía», como lo demuestra la edad juvenil de muchos acosadores. Añadamos a la ultraderecha negando la violencia contra las mujeres por el hecho de serlo y a la derecha reclamando penas duras, que serán necesarias, pero sin proponer lo que más se necesita, normas preventivas eficaces. Pero tras releer este texto percibo que son noticias ya comentadas mil veces con estas mismas palabras y por mí misma, sintiendo que son noticias viejas recalentadas, al parecer sin solución. Y cuanto más se recalientan, saben peor.

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Memoria selectiva

ES POSIBLE QUE ALGUNOS, INCAPACES DE IMAGINAR UN FUTURO MEJOR, PREFIERAN FANTASEAR CON EL PASADO

Paneles del Memorial a la Víctimas del Terrorismo, de todas las víctimas, según sus impulsores

HAN inaugurado con gran boato en Vitoria-Gasteiz un Memorial a las víctimas del Terrorismo, de todas las víctimas según sus impulsores. Para ser un acto inclusivo, resulta llamativo que en su presentación solo hablaran su director, el rey, que como víctima no da la talla, y solo una víctima de un grupo terrorista concreto. Las demás, chitón.

A la memoria selectiva también la llaman desmemoria, o antes, historietas del abuelo con sus interminables anécdotas, verídicas o casi, con él de protagonista y los demás de comparsas. Pero ahora sabemos por los expertos en el campo de la psique y de su evolución a lo largo de la vida, que nuestra memoria es esencialmente selectiva, que recordamos solo lo que nos conviene. Nuestro cerebro demuestra una capacidad excepcional para recordar lo que refuerza nuestro punto de vista, pero es manifiestamente olvidadizo al recordar situaciones incómodas para nuestros intereses: filtramos y solo recordamos lo que es significativo para nosotros. Quizá porque la memoria sea nuestra identidad, la de verdad o la que hubiéramos querido tener. Esta memoria selectiva demuestra que nuestro cerebro está más preparado para sobrevivir que para conocer la verdad de forma precisa y objetiva, y ante esta posibilidad que la naturaleza da de elegir, selecciona lo que reporta menos problemas y mayor bienestar a nuestro modo de vida. Vamos, que conforme pasan los años, en la memoria de nuestra vida nos solemos hacer trampas al solitario.

Mientras J. G. O. gobernaba bien su cabeza, su memoria filtraba sus recuerdos, pero cuando perdió su capacidad de control, al mencionársele el domingo 13 junio 1937, salía corriendo a la pared con brazos en alto como cuando a sus 8 años la pusieron en la pared del caserío junto a sus hermanas y a su padre con la intención de fusilar a éste. Nunca lo había contado, aquel hecho había estado borrado de su historia vital casi 85 años. Y para este Memorial de Vitoria también seguirá borrado; como la historia de quienes murieron como trabajadores esclavos del franquismo; como la de los asesinados el 3 de marzo de 1976 en Gasteiz; como la de Mikel Zabalza… Como la de tantas otras víctimas para cuyos victimarios hay un velo de impunidad bajo secreto oficial, o de mutua tapadera entre políticos, parlamentarios, administración, ejército, policía, alta judicatura… Y si aún con este velo de ocultación a alguno le atropella la evidencia de su violencia, queda la prescripción jurídica o el indulto de la desmemoria, con el sarcasmo de que algunos indultados por ejercer terrorismo de Estado braman ahora contra el hipotético indulto a los políticos catalanes encarcelados.

Como siempre rechacé frontalmente la violencia de ETA, me puedo permitir solicitar la misma contundencia contra otros terrorismos, sin tapaderas, ni por la patria ni por las banderas de nuestros padres. Me temo que sea utópico y pedirlo, un brindis al sol.

Por esto, el pomposo acto me resultó una desmemoria. Porque lo presentaron como un memorial para todas las víctimas, pero no debe serlo tanto cuando existirá otro memorial en la sede de Gogora, Ibarrola diseñó otro monumento en Vitoria, habrá otro proyecto memorialista en Gernika, otro memorial específico en la iglesia del barrio de Zaramaga…

Como ciudadana de a pie, cuando veo un Monumento a la Memoria me tengo que hacer la desgarradora pregunta ¿a la memoria de quién, de qué víctimas?

Entonces, al responderme dudo sobre si algunos, incapaces de imaginar un futuro mejor, no prefieren fantasear con el pasado.

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Rosas en un cenicero limpio

Hoy se recuerda el Día Mundial Sin Tabaco

PUEDE que algún día un círculo con espículas limadas se convierta en logo de la lucha contra las infecciones coronavíricas. Como la rosa con fragancia visual en un cenicero limpio es imagen de salud para no fumadores. Porque hoy es, desde 1987, el recuerdo del Día Sin Tabaco. Con el lastre tan presente de la pandemia covid puede quedarnos en segunda fila una nebulosa de volutas con epidemias como esta del humo tabáquico. Ahora que tanto hemos aprendido y soportado gráficos con miriadas de datos sanitarios, vemos que el covid-19 ha infectado ya a 171 millones con 3,6 millones de muertos; dramático, porque aún no ha dicho adiós aquí y apenas ha comenzado a presentar su peor cara en los países más pobres. Pero el tabaquismo afecta a 1.200 millones de personas en el mundo y mata a 8,2 millones, de ellos 1,2 millones fumadores-pasivos. Y esto un año tras otro. El tabaquismo es la principal pandemia prevenible.

Ni en sus sueños más fumetas imaginaría el marinero de la Santa María, Rodrigo de Jerez, que ser el primer fumador europeo de tabaco llegara a tener tantos millones de seguidores. Followers ansiosos de imaginarios beneficios en la salud, buscadores de placer y desde mediados del siglo XX sabedores de que cada calada era un intenso arreón hacia la tumba, al tiempo que negocio redondo para las tabaqueras y las arcas de los estados, que siempre han entendido que los vicios legalizados de la ciudadanía son los tributos mejor soportados. Lo digo como fumadora en excedencia que aún aspira el deseo del pitillo, aunque sepa que produce el 22% de todos los cánceres, el 85 o 90% de los de pulmón y es alto riesgo para otros muchos tumores, incrementando la probabilidad y gravedad de otras patologías.

Los científicos ya advertían de estos riesgos a mediados del siglo pasado, pero vean las películas hasta los 90, donde el cigarro era habitual, o repasen la publicidad de esos años, incluso patrocinando pruebas deportivas.

De hecho, las tabaqueras manipulaban los resultados que presentaba la «mala prensa científica» antitabaco. En 1971 algunos países comenzaron a poner alertas de salud en los paquetes y en 2001 se prohibió usar la palabra light en las cajetillas. En España, hasta 2005 no se legisló contra el tabaquismo y la ley actual que prohíbe fumar en zonas cerradas es de 2011. Todos recordamos aulas o salas de espera en hospitales entre neblinas de humos con ceniceros rebosantes.

Lo peor es que los intereses tabaqueros aunados con los recaudatorios estatales, más la precariedad laboral del sector sin ayuda para reconvertirse, han derivado el problema hacia países menos desarrollados y sin leyes de protección sanitarias; y desde los fumadores adultos hombres, hacia mujeres de mediana edad, que son quienes más incrementan el tabaquismo, y hacia los jóvenes, pues el 20% de entre 15 y 24 años y un 32% de entre 25 y 34 años son fumadores en España.

Más impuestos, prohibición de comercialización, más etiquetas de advertencia sanitaria, más programas de abandono del tabaco, pueden ser buenas medidas para la salud y rentables a medio plazo, pero echo en falta que en vez de emplear tanto impulso y medios en deshabituar al fumador no se emplee mucho más en evitar la entrada en el mundo del humo a los más jóvenes, porque de cada tres fumadores, uno lo dejará, pero otro morirá por alguna enfermedad relacionada con su hábito.

Si su salud importa, merecería la pena que pusiéramos más rosas en sus ceniceros limpios.

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Rehenes

Mujeres saharauis reivindicando sus derechos en pleno desierto argelio.

EL detonante en esta ocasión ha sido el señor Brahim Gali, presidente de la no-reconocida República Árabe Saharauí Democrática (RASD). Su tratamiento médico en un hospital español es excusa perfecta para que Marruecos agarre a España por los bajos que más duelen. Dejan la puerta de Ceuta abierta y se cuelan miles de ciudadanos. Aunque de mucho menor entidad, rememoramos imágenes similares a la Marcha Verde del 6/XI/1975, ahora marcha a nado en azul mediterráneo a través del mar. Con el paticorto en agonía y el campechano con sus amigotes negociando su mordida en los acuerdos de cesión de pesca y Fosfatos Fos Bucraa, la jugada le salió redonda al sátrapa marroquí, porque el ejército español abandonó el Sahara con el rabo entre las piernas, supongo que no por propios deseos, sino porque los intereses y suculentos beneficios de unos pocos se impusieron a las obligaciones del Estado con los «ciudadanos españoles saharauíes» de la provincia número 53, a los que arrojó a las fauces marroquíes.

El banco de pesca se negocia con los del sur, se les da lo que piden y ya tenemos a nuestros pescadores como rehenes de cuánto y cuándo quieran pedir más.

Ante el imparable incremento de inmigración subsahariana, España/Europa negocian y «subcontratan» con Marruecos el control de esa frontera, tal y como hacen con Turquía en otra zona. Convertidos en rehenes de este control, hemos de pagar lo que en cada momento estipule el rey marroquí por seguir siendo gendarme de frontera. Añadamos que la propia inmigración de marroquíes está disparada, porque, aunque el poder político y la fortuna empresarial de este rey-dictador y sus empresas sean estratosféricos, la pobreza, el analfabetismo y las deficiencias sanitarias y de desarrollo en Marruecos no son menos astronómicas. Lógico que muchos adolescentes marroquíes al pisar Ceuta griten: «NO-Marruecos; SÍ-España». Ante esta situación, si quien posee la llave de la puerta los tiene como rehenes empobrecidos, les abrirá o cerrará el paso a Europa cuando le convenga.

También se ha convenido pagar a Marruecos para que sea el muro frente al terrorismo yihadista. De nuevo nos convierte en rehenes de que esté contento o se canse para pedir más «de lo mío». Y como EE.UU. también está en esto, ha borrado de un plumazo a los saharauíes (teóricamente pro-socialistas) de la existencia internacional. Más reconocimiento y armas para Mohamed.

No olvidemos que, además, posee la manija de Fosfatos Bucraa, la mayor reserva mundial de fosfatos del mundo. Dato nada baladí, porque el fósforo es el elemento limitante de la vida, como bien sabe este rey, sus acólitos y también Estados Unidos. Con el aumento disparado de la población mundial y la necesidad de alimentos y de abonos minerales para producirlos, los fosfatos serán junto al agua un bien geoestratégico imprescindible.

Me explicaron en clase que los estados nacieron para solventar las necesidades cotidianas de los ciudadanos, nunca para convertirlos en rehenes de usufructo ajeno. Pero no estoy segura de que los estados estén por defender las necesidades ciudadanas de libertad e igualdad por encima de las ambiciones geoestratégicas de unos pocos beneficiados, reyes incluidos. ¡Si Tocqueville levantara la cabeza!

De ser así, cualquier movimiento de población se convertirá en una crisis humanitaria y quien lo controle se erigirá en «chantajista en jefe». Hoy, la manija chantajista del rey marroquí nos convierte a ciudadanos/as europeos (españoles en especial) y marroquíes en rehenes de su «chantaje» geoestratégico permanente, con Ceuta y Melilla como decorados.

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