Chaplin jugado con el globo terráqueo en la película El Gran Dictador

La hora Halloween franquista

Ya se habrán apercibido de que el pasado domingo retrasamos una hora el reloj y también el ritmo de vida. Algunos quizá no, pero yo sí lo noto y ahora, acabado ya mi periodo de adaptación al cambio horario estacional, escribo bajo el ímpetu irreverente de Halloween, rodeada de fiestas aquí y allí bailando a la luz entreverada de calabazas iluminadas, de disfraces de esqueletos vivientes y la amenaza permanente de equivocarme al elegir entre truco o trato.

Para mi sorpresa, en muy pocos años, esta fiesta irlandesa yanquilandizada está ganando la batalla a la tradición de los dos primeros días de noviembre que entre nosotros era visitar cementerios, adecentar tumbas con crisantemos recordando a santos y muertos a un mismo tiempo. Así que veo a tan pocos jóvenes en los camposantos. Y no sé si ya a mi edad debiera empezar a adaptarme, porque al paso que llevamos, la noche de Halloween parece que ha llegado para quedarse como realquilada permanente entre nosotros, una costumbre ya “de toda la vida” y que aquí muchos comienzan a rebautizar como Gau Beltza, trayendo la protohistoria al presente.

Qué rapidez de asimilación de una fiesta lejana y pagana festiva, dirían los más puros tradicionalistas. Es lógico si viene acompañada de un potentísima plataforma de lanzamiento publicitario, de licencia festera y de cierto papanatismo imitador de lo anglosajón, diría yo.

No es que sea nueva una asimilación que llega foránea, se instala y modifica nuestras costumbres. Por ejemplo, el 7 de marzo de 1940, en plena vorágine franquista y posiblemente para adular a Hitler, nos cambiaron de huso horario y nos pusieron en el de Alemania. No hace falta ser un gran entendido para saber que estamos en el meridiano de Greenwich, que pasa por Huesca, Zaragoza, Castellón, Denia y Altea… Así que desde entonces vivimos una hora por delante de la que nos corresponde. Huso horario que debiéramos compartir con Portugal y Reino Unido.

Soportamos desde hace años el cambio de hora en primavera y otoño, que para mí supone un cierto desbarajuste y para niños y ancianos mucho más, por lo que me resulta difícil entender por qué no se ha modificado aquella orden franquista de cambio de huso horario para retornar al que nos corresponde geográficamente. No creo que sea por seguir escuchando aquello de “… y una hora menos en Canarias”.

Y lo digo viviendo en Euskadi, porque si viviera en Galicia, mi cabreo subiría de tono, porque los gallegos viven casi dos horas por encima de su posición geográfica real, lo que les supone a lo largo del año una sustancial gasto adicional que algunos estiman en más de 4000 millones euros.

Es el halloween horario que el franquismo nos legó y que ahí sigue sin que nadie quiera saber cómo ha sido y menos cómo cambiarlo, pero ya.

@nekanelauzirika

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