Turismo espacial

El Baluarte de Iruñea acogerá el congreso de biotecnología más importante a nivel internacional.

ESTA semana se concitaba en Bilbao lo más granado de la ciencia en los premios Fronteras del Conocimiento que concede la Fundación BBVA por una parte, y casi en el mismo tiempo y espacio las actividades de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU encuadradas en la cuarta edición del festival Bizkaia Zientzia Plaza que se están celebrando en el Palacio Euskalduna, el Bilbao Aretoa y la Biblioteca de Bidebarrieta, actos que durarán hasta mañana, incluyendo las charlas Naukas y las demostraciones científicas por toda la ciudad en la Noche Europea de los/las investigadores el pasado viernes.

Y desde hoy hasta el 1 de octubre, el Baluarte de Iruñea-Pamplona acogerá Biospain, exposición de las biotecnologías más avanzadas en biomedicina y en investigación biológica en general.

Son tres oportunidades cercanas para ver de cerca las investigaciones de los científicos, con frecuencia semiocultas en el recodo social. Además, para asistir a estos eventos científicos suele ser suficiente una invitación o inscribirse como asistente, pero a otros el acceso es libre y a todas ellos, gratuito. Podemos considerar tres manifestaciones referentes de la divulgación científica, permitiéndonos a los ciudadanos escuchar a científicos y tecnólogos presentar sus descubrimientos como herramientas accesibles a todos y dirigidas a mejorar la vida de las personas, es decir, «ciencia al alcance de todos».

Mientras en tierras vascas vemos de cerca la ciencia útil, en Florida amerizaba la cápsula del SpaceX con sus cuatro turistas espaciales a bordo, tras tres días en el espacio orbitando a 590 kilómetros de altura, a 28.000 km/h. dando cada día 15 vueltas a la Tierra.

Un éxito, al decir del promotor, porque ha sido solo con civiles sin entrenamiento ni preparación específicos. Desde 2001 habían volado otros, pero eran semituristas, porque tenían alguna relación profesional con el mundo aeroespacial; ahora no, los pasajeros eran turistas y solo eso, mirones del espacio desde la escotilla, los primeros turistas espaciales. Es un paso más en la idea de convertir el espacio en un lugar turístico, compitiendo con el Caribe, Bora Bora o Punta del Este, solo por citar lugares donde los pudientes suelen solazarse.

Pero buscan ampliar horizontes… o diferenciarse del atestado y bullanguero turisteo popular. Pioneros, atrevidos, villanos, chalados… y, ante todo, adinerados para poder pagar de 20 a 40 millones de dólares por tres días de ingravidez mirando por una escotilla. Hemos pasado de la exploración del espacio, «hasta la altura de los tobillos» decía Carl Sagan, al de la explotación espacial. Y esta parece que solo ha hecho empezar, porque abundan las ofertas para nuevos paseos espaciales y también los apuntados en espera, aunque los viajes hablen desde millones por un pasaje hasta los modestos 250.000 dólares dentro de unos años para viajes tipo «imserso espacial».

No sé si ver el azul de la Tierra desde tan lejos merece esos millones, pero cuando pienso en los 650 millones de personas que pasan hambre y en que uno de cada tres humanos no tiene agua potable, ¿no es obsceno este carísimo turisteo? O si se quiere invertir en tecnología, ¿por qué no se acuerdan de los científicos que investigan buscando soluciones para mitigar y adaptarse al cambio climático, o a superar el cáncer, el Alzheimer, la osteoporosis, el dolor crónico, o a conseguir más energía limpia? Aún hoy, en muchos países de África ni el 1% de la población ha recibido la dosis completa de vacuna contra el covid. Y si los científicos nos indican que los problemas a resolver están en la Tierra, ¿el turisteo celeste no podría esperar?

nlauzirika@deia.com@nekanelauzirika

Bilbao en el firmamento científico

Los galardonados en su visita en el Museo Guggenheim de Bilbao.

EGURAMENTE, esta semana si se menciona el glamur de las pasarelas casi todos miremos buscándolo en la Bella Easo, porque en Donostia se concita lo más granado del cine mundial con la estela de admiración que dejan tras de sí sus astros rutilantes. La alfombra roja del Zinemaldia es el símbolo de lo que se admira en esas estrellas, belleza, juventud, saber estar, historias y/o realidades interesantes y bien contadas, capacidad de epatar… todo un reclamo para que miremos al cine como parte de nosotros, de nuestro vivir y, por supuesto, de nuestra industria y economía. Si el encuentro fuera de fútbol o de cualquier otro deporte profesional mediático, el impacto de la presencia de sus ídolos creo que sería parecido.

Sucede que si usted pasea hoy lunes o mañana por Bilbao corre el gozoso riesgo de toparse con un grupo de científicos internacionales disfrutando de algunos de los atractivos de la villa de don Diego. Son también estrellas, pero de otro firmamento, el de la ciencia, del saber y del conocimiento que mañana recibirán los premios Fronteras del Conocimiento que concede la Fundación BBVA a quienes se han distinguido por su contribución en algún área del saber. Del saber y del conocimiento, de investigaciones que rompen barreras ampliando fronteras y proyectando luz sobre lo ayer desconocido, para así mostrárnoslo hoy a los demás, al ciudadano del común que, aunque también lo teníamos delante de nuestros propios ojos, no lo veíamos y ellos sí. No son jóvenes ni, seguramente, tan atractivos como los ídolos cinematográficos y su glamur está más ligado al trabajo paciente, callado y, con frecuencia, oscuro de laboratorio, pero todos ellos han dedicado muchos años para encontrar lo que ayudará a la sociedad a avanzar y a mejorar.

Han desarrollado nanometales nuevos que mejorarán las energías renovables e investigado computación cuántica que hará más veloces y eficientes nuestros ordenadores; avanzan en aprendizaje automático hacia la robótica humanizada. Han descubierto receptores sensoriales y reguladores del crecimiento celular, proporcionado más y mejores herramientas para enfrentarnos al cáncer o al envejecimiento. Nos indican cómo prevenir las fluctuaciones macroeconómicas de los mercados y los cambios tecnológicos para evitar que nos lleven a nuevas crisis financieras. Preocupados por el cambio climático, nos explican cómo entender y adaptarnos mejor a las modificaciones ambientales y a cómo conservar la biodiversidad en el medio marino y terrestre. También la nueva técnica musical tintinnabuli como acercamiento sonoro único y espiritual merece un galardón junto a los cada día más necesarios procesos de cognición social para entender mejor a las personas y a nosotros mismos. Y ahora mismo, vistas las soluciones que la ciencia nos está dando contra la pandemia covid19, con las vacunas en especial, también un galardón para un investigador por situar la ciencia en la Historia y en su contexto.

Muchos de estos conocimientos pueden parecer abstractos y de lejana aplicación. Pero recuerdo los descubrimientos sobre reprogramación de células de Shinya Yamanaka galardonados en estos premios Fronteras del Conocimiento de 2010 y que en 2012 consiguió el Premio Nobel; su avance es ya de aplicación cotidiana.

Es el camino previsible para los hoy galardonados en un Bilbao cuajado de estrellas científicas. Bien está que hoy se les concedan galardones y una alfombra roja de reconocimiento, aunque todavía sería mejor que, viendo sus éxitos, en lugar del 1,4% del PIB español se destinara el doble o más para que más estrellas de este fulgor cuajaran el firmamento de nuestras esperanzas humanas.

nlauzirika@deia.com@nekanelauzirika

In memoriam

Haití, uno de los apaíses más podres del mundo.

LLORAR y recordar a nuestros muertos es algo que nos distingue a los humanos. En este camino de llanto y recuerdo nos ha colocado el 11-S de 2001 en Nueva York casi como el único día D de la memoria. Ciertamente, 2.996 víctimas en un día en un ataque terrorista no son para olvidar. Menos aún porque lo pudimos ver en directo. Pero quizá nuestra memoria debiera ser más generosa en el recuerdo global de todas las víctimas.

En toda guerra o enfrentamiento armado suelen darnos el número de fallecidos y presentar esa cifra como categoría, cuando en realidad debiéramos reflexionar y considerar que un solo muerto ya es demasiado.

Ante esta necesidad de reflexión la realidad es que mientras leen en público in memoriam los nombres de los fallecidos en NY, muy pocos tienen un momento similar para otras víctimas del mismo conflicto. Según la ONU, desde 2001 en Afganistán han muerto más de 38.000 ciudadanos entre civiles y militares a consecuencia del enfrentamiento bélico latente; pero según Amnistía Internacional podrían rondar los 150.000 fallecidos; sí, incluidos niños, mujeres y civiles sin relación con las acciones de guerra.

Y no podemos olvidar a las 24.779 personas que los talibanes han asesinado en acciones antigubernamentales durante estos cuatro lustros de Libertad Duradera. Por olvidar, da la impresión de que los propios americanos han desmemoriado del recuerdo a sus 2.465 soldados muertos en una batalla fatua perdida de antemano y a la que quizá solo fueran reclutados para que las empresas armamentísticas, constructoras y extractivas de su país consiguieran pingües beneficios. Tampoco es que la coalición internacional tenga mucha memoria para sus 1.144 víctimas (34 españoles). Serán cosas del goteo de muertes, porque para ser noticia todas deberían haber sucedido el mismo día.

Transitando de la guerra y del terrorismo a la realidad de la vida, o mejor de la muerte, no veo un in memoriam parecido para las 659.000 víctimas (1.200 cada día) desde el 14 de marzo de 2020 en EE.UU. a causa del covid-19. En este mismo país fallecen al año a consecuencia del tabaco 480.000 personas, unas 1.300 al día, pero no hay un monumento en su recuerdo. Evidentemente no mueren por un ataque terrorista, pues las tabacaleras son empresas legales y fumar es libre, pero también mata mucho para beneficio de unos pocos, o sea, como las guerras

Elevar el 11-S a recuerdo solo neoyorquino no nos puede hacer olvidar la otra gran intervención americana en este mismo día de 1973 en Chile en el golpe de Pinochet para derrocar el gobierno legítimo de Allende. El cobre chileno era mucho más importante que el bienestar y la vida de sus ciudadanos. Así que entre setiembre y diciembre de ese año detuvieron a 250.000 personas (el 2,7% de la población) y durante los 17 años de dictadura pinochetista, apoyada sin titubeos por EE.UU., fueron asesinados parapolicialmente más de 2.125 personas, hubo 1.102 desaparecidos y se exiliaron 200.000 chilenos. Chilenos in memoriam del 11-S.

Y en la memoria también los muertos en Barcelona en 1714 al final de la guerra de Sucesión, lo que dio origen a la Diada; hay que recordarlo porque de lo contrario conseguirán que hablemos y aceptemos el 11-S americano con víctimas solo de un bando.

Lo contradictorio de una fecha tan necrológica como el 11-S quizá sea que este mismo día de 1906 Mahatma Ghandi inició su movimiento de No Violencia. Lo dicho, un solo muerto ya era una demasía.

@nekanelauzirika nlauzirika@deus.eus

Jaizkibel, 25 años a la espera de la igualdad

Las y los intgrantes de Jaizkibel

La igualdad de hombres y mujeres no es un quimera, ni una espera sine die, sino una realidad que debe exigirse día a día en todas las situaciones sociales, también en el ámbito festivo. La compañía mixta Jaizkibel lleva desde su fundación hace 25 años tocando con la aldaba a la puerta a la igualdad, pero las otras 21 compañías siguen impidiendo que las mujeres puedan desfilar como soldados en las fiestas de su Hondarribia. La pandemia, por segundo año consecutivo, no ha permitido que tenga lugar el precioso Alarde de la villa marinera, pero ni esta ausencia puede hacernos olvidar que la compañía Jaizkibel sigue esperando desfilar en el batallón de la igualdad. El 8 de septiembre siempre está en mi memoria ¡Gora Jaizkibel!

Joyas anegadas en llamas

A estas alturas del calendario a más de uno/a la palabra verano le sonará tan lejana como cercano el comienzo del trabajo con las vacaciones ya esfumadas.

Los ecocidios están siendo interminables en todo el planeta.

Para muchos llegará el dilema de si continuar teletrabajando, volver al curro presencial o compaginar ambos; y, aunque el desempleo haya descendido en el Estado en 83.000 personas, no nos engañemos, porque la afiliación a la seguridad social ha perdido más de 121.000 y peor aún en la CAV, donde hay 3.000 personas más en paro que en julio, esto con ERTEs todavía coleando; si sumamos los despidos programados y paros por problemas de suministros en algunas empresas, lo laboral es la preocupación prioritaria de casi cualquier currito.

Además, como cada setiembre, el gasto escolar se echa encima, con una media de 1.889 euros por alumno/curso, cíclico quebradero de cabeza posvacacional. Y tras el verano vacacional toman cuerpo un tercio de los 125.000 divorcios anuales en España, que no será asunto de todos, pero sí de bastantes. Por otra parte, la pandemia covid sigue vivita y mortificando a todos como preocupación cotidiana.

Por si estos asuntillos no fueran suficiente fuente de agobio popular cercano, tenemos el criptograma, prácticamente indescifrable para el vulgo, del recibo de la luz ascendiendo a los cielos. Ya sé que las compañías eléctricas, como Iberdrola en julio a sus 600.000 accionistas, pagan jugosos dividendos que enjugan muy bien los descalabros de la factura lumínica; pero los no-accionistas lo vemos más oscuro y miramos culpabilizando al gobierno, a sabiendas de no ser el culpable, pero como saco de las quejas está más cerca que el fondo de inversión qatarí.

Con tantas y tan acuciantes preocupaciones cercanas, hablar de las lejanas se nos antoja tan etéreo como el desperdicio del agua de lluvia en el océano. Y sin embargo están ahí, tan reales como el paro o la subida del precio de la luz. He visto de cerca arder 22.000 hectáreas de bosque y prado en Ávila, sí, veintidós mil campos de fútbol calcinados; una nadería comparadas con los 2,3 millones de hectáreas de bosque perdidas en 2020 en Amazonía, la mayoría por incendios provocados.

También nos pillan lejos los desastres del huracán IDA o la inmensa masa de agua caliente cercana a Nueva Zelanda que está provocando megasequías en Chile y Argentina, surtidores tradicionales de muchos de nuestros cereales, por ejemplo. Son nuestras joyas en llamas, o no todas en llamas, porque algunas joyas también están anegadas en las lluvias torrenciales consecuentes a una DANA (vulgo, gota fría) que cada vez con mayor frecuencia y virulencia azotan zonas más amplias de la península Ibérica. Y en el recuerdo para no perder, el funeral programado del Mar Menor.

La lista de ecocidios vía contaminación, calentamiento global y cambio climático podría ser interminable. Interminable y continuada, porque seguimos contaminando o no damos importancia a que otros lo hagan, urbanizando lo inundable, plastificando urbi et orbe, sobreexplotando acuíferos, esquilmando los océanos, deforestando… tal vez porque creamos que la catástrofe esté lejos en el espacio y en el tiempo; pero al mismo tiempo los medios especulan y preocupan al ciudadano con la posibilidad de que a partir del 2135 el asteroide Bennu pueda chocar con la Tierra y que el 24 de setiembre de 2182 su probabilidad de choque sea de un temeroso 0,037%.

Al ritmo que caminamos veo dudoso que Bennu encuentre entonces joya alguna que arrasar, aunque mantengo mi voto-esperanza de equivocarme en la predicción.

nlauzirika@deia.com @nekanelauzirika