Gracias, Pablo

No era fácil prever los resultados, pero sí lo que ocurriría si no salían al gusto de la creciente cofradía de los enfurruñados demócratas selectivos. De manual: la culpa es del jodido pueblo que no sabe abanicar, o sea, votar. Me cuento entre los desazonados por la contundente victoria del PP, y si bien no fui capaz de olerla en su dimensión completa, una vez convertida en hecho, se me antoja perfectamente explicable. ¿En el natural rebañego y sumiso de determinados votantes que, al parecer, no son cuatro ni cinco? ¿En el voto del miedo? No les voy a decir que no hay algo de eso, aunque inmediatamente después añado que tampoco sé de partido que no agite estos o aquellos espantajos. ¿O es que acaso cuando se mentaban los recortes que vendrían si Rajoy repitiera no se apelaba al canguelo?

Por lo demás, y más allá de la comprensible frustración por las expectativas largamente incumplidas, quizá mereciera la pena que quienes están en ese trance no busquen todos los errores fuera. ¿Les parece muy descabellado pensar que uno de los principales aliados del Ícaro de Pontevedra ha sido el mismo que se postuló como su único rival, ayudado por un sinnúmero de heraldos de ocasión que lo piaban de tertulia en tertulia? Por ahí tengo anotada mi sospecha de que por cada equis simpatizantes que seduce Iglesias Turrión para su causa, consigue ene adeptos para la contraria.

Hay motivos para que Génova reconozca al líder de Podemos los servicios prestados. Y de rebote, para que también lo haga Ferraz. El sorpasso no consumado ha convertido en triunfo el nuevo tortazo del PSOE. Qué menos que un Gracias, Pablo.

3 comentarios sobre “Gracias, Pablo”

  1. Desde luego, Pablo Iglesias se ha cubierto de gloria. Todavía no entiendo cómo sus votantes no dejan de reírle las gracias y empiezan a pedirle cuentas.

    En ningún momento quiso aceptar un gobierno de izquierdas en el que él no pudiera meter la coleta. Hasta el último momento insinuó que un cambio de verdad pasaba por que Podemos, perdón, Unidos Podemos, ganara las elecciones, y hasta lo daba por descontado (su arrogante «nadie va a impedir que Unidos Podemos gobierne este país». ¿Tampoco los votantes, amiguito?). El problema es que las encuestas más optimistas les daban en torno a 90 escaños; habida cuenta de que ellos con Ciudadanos no querían ni agua, y que Sánchez (no digamos ya Susana Díaz) preferiría cortarse un pie antes que ser vicepresidente en un gobierno de Podemos, el mejor resultado electoral que no fuera una imposible mayoría absoluta se lo tendrían que haber comido con patatas. Pero ahí siguió sacando pecho hasta que los resultados lo han puesto en su sitio.

    Capítulo aparte merece el abrazo del oso a Izquierda Unida: si ya olía a cuerno quemado lo de ofrecerle a la coalición del otrora «pitufo gruñón» puestos «con alta probabilidad de convertirse en escaños» de sus listas, en plan «la pelota es mía pero te dejo jugar con ella», en las circunscripciones pequeñas directamente los han relegado al banquillo. Dudo que IU salga de ésta.

    Y ahora, a lo concursante de OT gritando «que le den por culo a Europa» porque no ganó quien debía, salen los podemitas con que «España tiene lo que se merece». Mira que me gusta poco que el PP acreciente su mayoría, pero tampoco tienen motivo para quejarse tanto: el PSOE pierde ciento veinte mil votos y cinco escaños, y Unidos Podemos, habiendo perdido millón y pico de votos, aún ganan dos…

  2. ¿Ícaro? Ya me gustaría, tanto como a él ser de Pontevedra. Creo que le pega más otra figura mitológica: la deidad que es mensajera de otros dioses y diosas con más poderes que él, que protege a los ladrones y a los mentirosos y que se lleva a los muertos al inframundo. Y los dos andan muy deprisa. Que os lo paséis bien de vacaciones, los que os vais mañana.

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