Zarautz: aplastemos al nacionalismo y a los nacionalistas.

Domingo 27 de noviembre de 2022

Me gustan las fotos en blanco y negro y ésta tiene su miga. Está sacada en la Plaza de la Música de Zarautz. Por detrás está escrito a lápiz “Juventud  Vasca de Bilbao 1932”. Deduzco es una de las muchas excursiones que organizaban para conocer el país, fomentar el euskera, hacer acto de presencia y meter ruido. Como decía Irujo, aquello era un horno del nacionalismo. Sosteniendo  arriba la bandera de los Mendigoizales está mi aita, casi al mismo nivel que una chica en el balcón. Podía haber sido mi ama, pero no lo es pues la familia llegó en 1935 con mi aitona, director del banco Guipuzcoano, sucursal que estaba debajo. Ellos vivieron arriba y de arriba fueron sacados y expulsados de mala manera cuando entraron los falangistas y requetés en la Villa en septiembre de 1936. Normal. Era una familia abertzale que militaba en todo lo militable en la época y mi aitona, al recibir la indicación de llevar los depósitos bancarios a Bilbao, para tener circulante, se va con los dos hijos y deja a su mujer y tres hijas en Zarautz, pues no tenían nada que temer. Se trataba de una Cruzada. Ya, ya.

El antiguo convento de las Clarisas de Zarautz, tras siglos funcionando como convento y albergando a un grupo de monjas  clarisas, pasó en 2017 a manos municipales. Es un conjunto de edificios, emblema de la localidad y que quedó oficialmente inaugurada su función pública con un concierto del Ciclo Musical este pasado mes de agosto, amén de visitas guiadas. Tras 500 años viviendo en el lugar, las religiosas, que por aquel entonces vivían en Santa Clara, se trasladaron al monasterio de Oñati. En buena hora. Menos  mal que la compra la hizo el ayuntamiento pues la extensión ronda los 12.000m2 de ellos 4.500 están edificados por la Iglesia, el convento en torno al claustro y cuatro edificios contiguos menores. Una pera en dulce para construir edificios y más edificios.

Imanol Aldabaldetreku, nacido en el exilio de sus aitas de México, pertenece a una familia zarauztarra de las de toda la vida, Muebles Arruti, que por razones de la represión a la entrada del ejército invasor tuvo que exiliarse  y que  en su jubilación, trata de rehacer la historia de su familia y del pueblo y en ella aparece mi familia. Esto, unido a que mi amona estuvo encerrada nueve meses con otras 22 mujeres en el Convento de las Clarisas me hizo pedirle a Joxe Joan González de Txabarri si podía gestionar que los cuatro hermanos pudiéramos conocer el lugar donde encerraron a la madre de nuestra ama. Hizo la gestión y el pasado 9 de noviembre estábamos en la Plaza de la Música viendo imaginariamente la fotografía que se había obtenido en ese mismo lugar, pero hacía noventa años. Amablemente nos recibieron los concejales de Zarautz del PNV, Irune Urbieta e Iker Basurko, el presidente de la Junta Municipal  Joaquin Landa, Joxe Joan González de Txabarri, Gorka Landaburu, Peru Bazako, e Imanol Albdabaldetreku. Quedamos abrumados por su amabilidad y de allí, como Txabarri tenía interés en que conociéramos la historia de Zarautz  viendo los tres cementerios medievales, una necrópolis del siglo IX al IV que descubrieron cuando iban a poner la calefacción en la Parroquia de Santa María, allí nos fuimos. Ander, el guía, con una gran elocuencia, nos ilustró sobre la historia de Zarautz en menos de una hora pues teníamos que llegar al convento de las  Clarisas donde la concejala de Cultura Irune Urbieta, con gran simpatía, nos enseñó toda aquella imponente edificación, cargada de historia y de misterio e incluso el lugar donde ella iba una vez al año, con todos los niños  en procesión a visitar a la Virgen Dormida, una de las tres que hay en toda Europa. Por cierto, es preciosa.

Estallada la sublevación militar en 1936, cuando la familia vio las cosas mal, decidieron ir a un caserío de Aizarnazabal. Itziar, mi ama, volvió con su padre a Zarautz para hacerle la maleta. Las autoridades vascas lo llamaban a Bilbao y allí se fue con dos coches de custodia. Volvieron al caserío. Vieron como llegaban las tropas sublevadas. Las mujeres estaban asustadas. La madre les dijo que no salieran de casa. Venían contra los nacionalistas y decidieron cambiarse los nombres para no sembrar sospecha. Tenían las tres nombres de vírgenes vascas: Itziar, Arantzazu y Begoña. Alguien vino a avisarles que saqueaban su casa. Un requeté les consiguió un vehículo para volver a Zarautz. Con el padre y los dos hermanos huidos, las tres mujeres tuvieron que comparecer ante un arbitrario juzgado que les reclamaba el por qué se habían llevado al caserío de Aizarnazabal ropa blanca. Decían que la habían robado. «¿Cómo la vamos a robar si es nuestra?. ¿No ve usted las iniciales?». Estaban solas ante un terrible peligro.

Les dijeron que iban a organizar en Zarautz una misa de campaña y que, como vivían en la plaza del Ayuntamiento, tenían que poner en el balcón la colgadura con la bandera española. La ikurriña había sido proscrita.

A, la madre, mi amona la detuvieron y llevaron al convento de las Clarisas  con otras 22 mujeres. Su delito era el ser la esposa de un nacionalista que había obedecido al Gobierno Vasco así como madre de dos activistas  nacionalistas. La recluyeron en el Convento de Santa Clara, habilitado como cárcel, junto a otras 22  mujeres. Fue el motivo de nuestra visita a Zarautz. Tratar de conocer el lugar de reclusión.

Por las noches subían al tercer piso a dormir en casa de Nicolás Ugarte, padre del pintor Julián Ugarte. A la pequeña, Begoña le llevaron a la casa de la familia Yeregi. Las hermanas iban a llevarle la comida a su encarcelada madre que estaba en el convento, dándose la circunstancia de que se quedó sola ya que, las mujeres nacionalistas encarceladas, fueron poco a poco iban siendo liberadas. Ese recinto fue el que vimos en la visita del 9 de noviembre. Está desmantelado y tiene un aspecto tétrico. A Itziar, mi ama, le obligaron a coser camisas para los sublevados. Cada vez que éstos entraban en un pueblo, con espíritu de conquista, organizaban fiestas en la plaza de la localidad. Todo esto lo vivían sin noticias de su padre y sus hermanos y en total indefensión.

Sin embargo Itziar, mi madre, no pensaba que los llamados liberadores se ensañaran con ellos como al final lo hicieron y, por eso con sus amigas, Yeregi, Lide Arostegi, Areizaga decidieron salir. Total, si algo les iba a ocurrir, les ocurriría lo mismo en casa que en la calle. Y se fueron a la calle Mayor. Fue a la peluquería y allí le recriminaron que fuera nacionalista, achacándole que su padre y hermanos estaban fuera. Aquello no tenía buena pinta. Pasando frente a un bar, donde estaban los falangistas, le dijeron que le buscaban a ella. Le ordenaron subiera al primer piso. «Siéntate ahí». Le hicieron un interrogatorio. «¿Dónde está tu padre?. ¿Dónde están tus hermanos?. ¿Qué has dicho en la peluquería?. Uno de ellos le dijo a dos falangistas: «cumplir la orden». Cogieron las tijeras y le cortaron el pelo al cero. Itziar lloraba desconsoladamente. Era el 29 de setiembre de 1936. Día de San Miguel. «Como sigas llorando -le dijeron- te daremos aceite de ricino». Toda su vida recordó esa fecha.

Cuando llegó a su casa, su hermana Arantza viendo aquella barbaridad le dio un ataque de nervios, aunque fue peor cuando volvieron a visitarles para decirles que querían llevarle a la Misa de Campaña, como si fuera  una mascota. Llamaron al médico Arozena. Este le dio un calmante, que no le hizo efecto alguno, y le recomendó se metiera en la cama y no se levantara. Acudieron donde un fraile franciscano, el padre Garmendia. Este logró que no fuera humillada nuevamente con semejante aberración hecha además en nombre de la religión. Sin embargo empezaron los asedios.

Un mal día tocaron la puerta. Vivían en el  piso que daba a la Plaza de la Música y que se ve en la foto. Era un guadia civil  de cierta edad. Itziar tenía puesta una boina para tapar su cabeza rapada. El guardia civil  le pidió pasar pues tenía que preguntarle algunas cosas. Dentro le dijo: «me dicen eres la más bonita del pueblo y quiero verte como te ha quedado la cabeza. Quítate la boina». Itziar dijo que no. El guardia civil  fue hacia ella. Comenzaron a dar vueltas alrededor de la mesa. En eso llegó su hermana Arantza. El guardia civil se fue. Al día siguiente vinieron otros. Les gustó un cenicero. Se lo llevaron. Vieron la colección completa de Julio Verne. Dijeron que eran libros peligrosos. Se los llevaron. Otro día le llamaron al Cuartel. Un tipo mal encarado le dijo que sabía que su madre estaba enferma y en malas condiciones en el convento de las Clarisas. Sabían que le llevaban la comida de casa todos  los días pero que eso podía tener arreglo. «En sus manos está que su madre vuelva a casa. Venga usted esta noche a cenar conmigo un buen plato de angulas de Aguinaga» le dijo aquel tipo asqueroso.

«A ese precio, no», le contestó. Y se fue.

Viviendo nueve meses en esas circunstancias tan precarias, un día el coronel les llamó al cuartel para decirles que habían sido expulsados de su propio pueblo. Porque si. Era la ley de la fuerza de los vencedores en una guerra. «Quedan ustedes despachadas, elijan donde van. Y además se van a pagar ustedes su viaje de expulsión». Contestaron que podían ir a Etxarri Aranaz, pues allí vivía un familiar. «Eso es lo que vosotros quisierais. Etxarri Aranaz está al lado de la frontera y lo que vosotros buscáis es escaparos. Ni hablar», contestó aquel déspota.

«¿Y a Pamplona?». «Ahí si, que es zona nacional» -replicó. Y llegaron a Iruña la madre con las tres hijas y con lo puesto en una ciudad sometida al terror de aquel general llamado Emilio Mola Pero esa es otra historia que termina con una fuga organizada por mi aitona con contrabandistas y pasando por monte. Las gentes del PNV les ayudaron a sobrevivir.

Todos esos recuerdos se nos agolparon en la visita que hicimos. Mi tía Begoña no quiso ir. Tiene 96 años y lo pasaron tan rematadamente mal que no nos dijo que no  quería revivir aquel horror. Nunca nadie les ha reconocido ni devuelto nada, habiendo utensilios que finalizaron en el Palacio de Narros, salvo Joxe Joan González de Txabarri, que siendo diputado en Madrid, organizó una charla en el antiguo batzoki  y al final de la misma le dio a mi ama un hermoso  ramo de flores que agradeció con emoción.

Esa fue la visita que hicimos los cuatro hermanos a Zarautz, el 9 de noviembre, 90 años después de esa foto en blanco y negro.

En Arrigorriaga con su buena gente

Sábado 26 de noviembre de 2022

Iñaki Ria es uno de esos afiliados cimiento que tiene el EAJ-PNV. Lo sabe todo de Arrigorriaga, le interesa la historia del PNV y con un equipo ha montado una exposición en el Batzoki, muy visitada por la gente joven, donde tiene de todo. Desde la Cruz que tenía el edificio, pasando por las planchas para dejar pintadas, fotografías, libros, y el recuerdo de un Sabino Arana que escribió sobre la batalla de Arrigorriaga como una de las Glorias Patrias y allí estaba la fotografía de la comida que había organizado en 1894, como primer acto colectivo del nacionalismo vasco para conmemorar la fundación de “Euskeldun   Batzokija” organizando un encuentro de primeros simpatizantes y afiliados y logró captar a Elias Lekue para que le acompañara en el primer BBB al año siguiente. El y su hermano Luis fueron andando a Arrigorriaga desde Bilbao pensando  que a dicha comida irían veinte y aparecieron cincuenta entre la lista de fundadores. Arrigorriaga tiene pues mucho peso en la historia del PNV.

Conocí en Caracas a Kepa Lekue, ingeniero eléctrico que fue uno de los  puntales de Radio Euzkadi, a su hermano Luis M. Lekue, un habitual en Euzko Gaztedi y en el Centro Vasco, al primo de ellos que trata en Bakio de llevar  desde Bakio al batzoki  los fines de semana una lubina y a  su hijo  que ha hecho un buen trabajo sobre el Campo de Gurs. También conocí a Pedro Arrizabalaga, que llegó con mi aita a Venezuela en 1939 y fue el presidentes de La Seguridad una de las mayores compañías de Seguros de aquel pais. Vivía en una casa que se llamaba Padura, pues él había sido un gudari del Batallón Padura.

Fui con Koldo, mi hermano, para hablar del libro que ha escrito sobre La Txalupa, pues así le llamábamos a la radio clandestina Radio Euzkadi que funcionó doce años desde Venezuela en onda corta y explicamos todo aquel tinglado tan desconocido. La víspera había yo criticado aquí  la información de ETB sobre la reiteración en decir que cumple 40 años. Juan Carlos Etxeberria  me envió un whatsapp muy ponderado y positivo  que agradecí mucho.

Allí estuvo también el  alcalde de Loiu, Josu Begoña, que repite como candidato y ha demostrado ser un magnífico alcalde y también el candidato de Arrigorriaga Alberto Ruiz de Azua que ya lo fue y que tiene oportunidad de repetir arrebatando la alcaldía a Bildu dada su experiencia y planes para la localidad. Y estaba Jose Unzueta con su  familia, la ex parlamentaria Josune Albizu. Jose Unzueta trabaja en la Oficina de Prensa del PNV desde 1986 cuando llegó en plena vorágine de la escisión  y de repente le tocó lidiar con aquel marrón. Estaba con su hija y yerno que viven todos en Arrigorriaga. Y mucha gente conocida como Libe que se llama Libertad, una emakume de 87 años con una vitalidad y cabeza despejada increíble que nos contó trazos de su vida como para escribir una novela. Una afiliada me dijo de ella que había vivido una vida terrible y era una luchadora inagotable. Libe nos decía: ”Soy mujer y he visto al machismo muy de cerca, pero creo que además de un feminismo luchando por la igualdad, que apoyo, hay muchas más cosas y me fastidia que aquí en Arrigorriaga solamente transmitan que el feminismo va a resolver todos los problemas del pueblo y no es verdad. Y soy mujer y luchadora. Hay miles de cosas que hacer y si además de denunciar y trabajar por esos derechos nos preocupamos de las aceras, la seguridad, el medio ambiente, el trabajo para los jóvenes, vamos a ganar”.

Aixekoa me regalaba amablemente el libro “Las ramas del Tronco” que ella ha escrito con la historia de ocho generaciones de su familia y un ertzaina jubilado de la brigada móvil, como no pudo acudir, me hizo llegar una docena de huevos recién puestos, un obsequio distinto y los dos estupendos. Y es que tras la charla y en celebración anticipada de San Andrés fuimos al bar de al lado y nos tomamos unos pinchos fantásticos.

Joaquin Sabina tiene ojos y oídos

Viernes 25 de noviembre de 2022

Me ha gustado la fotografía de la exposición de Médicos sin Fronteras en la exposición de Barcelona de Fotoperiodismo en la guerra de Ucrania. Es muy gráfica y representativa sobre lo que pasa bajo regímenes donde el ciudadano no le dejan tener ni ojos ni oídos.

Las personas cambian con el tiempo bien podría ser una frase de Joaquín Sabina. El cantante ha  ofrecido una serie de declaraciones que lo posicionan muy lejos del pensamiento que expresaba pocos años atrás. La experiencia es un grado.

El artista, en conferencia de prensa llevada adelante en el Hotel Urso, declaró  que su pensamiento e ideología política ha cambiado notablemente ya que los actuales acontecimientos políticos lo han desanimado respecto a la izquierda.

 «Era de izquierdas, pero ahora no lo soy tanto porque tengo ojos y oídos», confesó  el cantautor causando sorpresa y polémica, en especial, dentro del mundo virtual.

«Luego que las revoluciones del siglo XX fracasaron todas, el comunismo ha sido un desastre y la deriva de la izquierda latinoamericana me duele enormemente, y las del siglo XXI que avanzan son el feminismo y la lucha LGTBI», agregó el artista, terminando por caldear los ánimos en las redes sociales.

Que el  ex presidente de Uruguay Pepe Mujica dijera en su día algo parecido y que ahora lo diga con esa contundencia Joaquín Sabina debería hacerles pensar a los jarraitxus de Sortu que ese no es el camino y que la democracia es respeto a las reglas de juego y la utilización de la palabra y no de la violencia. La Libertad no se defiende con el criterio de la dictadura del proletariado.

A confesión de parte, relevo de pruebas.