Lunes 7 de septiembre de 2026
Escribí con Koldo San Sebastian un libro: ”El Otro Pacto de Santoña”, para salir al paso contra la manipulación reiterada contra el conocido Pacto de Santoña, realizado por Juan de Ajuriaguerra, en agosto de 1937, para rendir los 26 batallones vascos a los italianos y no a los sublevados generales franquistas. Sin armas y sin apoyo internacional, sin aviones y sin barcos, mantener aquella guerra era un suicidio y el PNV redactó aquel pacto para tener un final menos sangriento e inhumano, algo que hicieron en Santander, en Madrid y en otros lugares sin pacto y sin preocuparse para nada de la población civil.
Pero como siempre, tenemos encima gente que parecería siguen con un relato propio de los sádicos y golpistas vencedores y, además de los clásicos ataques he leído con satisfacción un trabajo de Eneko Arruabarrena que me ha parecido oportuno saliendo al paso de las monsergas de los de siempre.
Lo reproduzco por su interés:
“Este no va a ser un post corto. Sé que su extensión no atiende a las recomendaciones de uso de las redes sociales. Mejor cortos e impactantes o con imágenes de 30 segundos. No va a ser el caso, ya lo aviso. Domingo gris y último de Aste Nagusia, junto con el tema elegido, invitan a ser transgresor.
Estas fechas de finales de agosto, es recurrente por parte de algunas personas hacer chanza, burla y crítica de trazo grueso (carente de base ninguna en la historiografía neutral y especializada) acerca del desarrollo de la guerra del 36 en Euzkadi y del comportamiento de su Ejército, así como del desenlace final en Santander. Es siempre la misma cantinela, provenga esta de la extrema derecha y la derecha o venga de la extrema izquierda: los gudaris combatieron con derrotismo y, llegado el caso, huyeron corriendo como gallinas, mientras los líderes nacionalistas, además, traicionaron a la República.
He leído decenas de libros acerca de la Guerra (incluidos unos cuantos en los que el Pacto de Santoña es, bien, su eje central o, bien, constituye capítulo destacado), así como docenas de artículos especializados. No pretendo escribir un tratado sobre ello, pero sí apuntar una serie de datos que se omiten, olvidan y tergiversan deliberadamente por parte de quienes tienen nulo interés por la verdad. O por, buena parte de ella por lo menos. Obviamente, cualquiera de los diez puntos que voy a señalar tiene matices porque, insisto, no se trata de un tratado, ni una reseña escrita por historiador profesional. No son la verdad absoluta, no existe; tampoco dogma de fé, no creo en ellos. Son, simplemente, unos apuntes que, creo, merecen ser puestos negro sobre blanco. Allá van:
1.- EAJ-PNV se comprometió con la República desde el inicio. Los diputados a Cortes, Manuel de Irujo, José María Lasarte y Manu Robles Arangiz lo hicieron públicamente la tarde del 18 de julio y el EBB, sin firma pero del puño y letra de Juan Ajuriagerra (presidente del Bizkai Buru Batzar), emitió una nota indubitada en el diario Euzkadi el 19 por la mañana.
Pese a todas las dudas que humanamente pudieran tener, es obvio que habrían preferido no haber tenido que tomar partido en una guerra a priori sentida como española, que el clima antirreligioso y de desordenes violentos de las izquierdas en un ambiente prerevolucionario no ayudaba a hacerlo por la Républica y que, habiendo triunfado el golpe en Araba y Nafarroa, dejaba allí a muchos abertzales, y a sus familias, en peligro mortal, lo hicieron pronto, alto y claro.
2.- Antes de la formación del Gobierno vasco-Euzko Jaurlaritza, a primeros de octubre de 1936 con la elección de José Antonio Agirre como Lendakari, la responsabilidad bélica en Gipuzkoa corrió a cargo de su Junta de Defensa. Las milicias de EAJ-PNV, embrión de Euzko Gudarostea, al mando de Cándido Saseta, se encargaron de la Comandancia de Loiola (Azpeitia), uno de los cuadrantes en los que se dividió el Territorio para su defensa. Concretamente el relativo al sector central del mismo.
Si bien el Frente Popular se preocupó de armar a las fuerzas socialistas, anarquistas y comunistas, no tuvo la misma atención prioritaria, seguramente por desconfianza, con las nacionalistas vascas quienes acudieron a la guerra con escopetas de caza y poco más. La obtención de armas por parte de las autoridades jeltzales se volvió una obsesión, dificultada por el Comité de No Intervención en el que Inglaterra y Francia hizo el caldo gordo a la Alemania nazi y a la Italia fascista.
Aun así y todo, el sector de Azpeitia resistió entre uno y dos meses las embestidas de Mola y su ejército conformado por militares profesionales, fuerzas regulares y requetés instruidos militarmente como fuerza paramilitar. Las tropas moras llegarían después, más tarde.
3.- Tras la formación del Gobierno vasco, y en el transcurso de la contienda, se llegaron a llamar a filas a lo largo de la contienda a un total de 18 quintas de entre 18 y 36 años. Las milicias vascas se militarizaron y se conformaron 74 batallones de infantería, 11 de ingenieros y 5 de armas de apoyo y transmisiones. De ese total, 37 eran de filiación nacionalista vasca, 30 marxistas (socialistas y comunistas), 8 republicanas, 7 anarquistas y 8 directamente del Gobierno vasco. Posteriormente se agruparon en brigadas y divisiones con diversas numeraciones.
Obviamente, ni los oficiales al mando (comandantes de batallón y capitanes de compañía) eran mayormente militares de carrera ni los gudaris y milicianos tenían experiencia militar. Era un ejército de contables, carpinteros, baserritarras y trabajadores de la industria formados con cursos de instrucción exprés.
Aun así, tras la caída primero de Irun, luego de Donostia y finalmente del interior de Gipuzkoa, el avance de Mola fue frenado a primeros de octubre en la línea Berriatua-Eibar-Elgeta-Kanpanzar por las tropas vascas ahora ya mejor pertrechadas tras haber podido agenciar las autoridades vascas armas en el mercado negro europeo.
4.- Frente a esta fuerza de defensa, los franquistas llegaron a desplegar hasta siete brigadas de infantería con mandos profesionales, con unos 50.000 soldados bien instruidos y mejor armados con más fusiles y armas largas de repetición, automáticas, ametralladoras ligeras y pesadas que los que disponían los defensores, gudaris y milicianos.
5.- Pero el mayor desequilibrio, absolutamente abrumador, vino de la artillería y la aviación. Obuses, morteros, cañones, baterías ligeras, medianas y pesadas, blindados, tanques, cazas y bombarderos de fabricación italiana y alemana no tuvieron competencia análoga. A ello, hay que sumar la presencia de tropas fascistas y nazis (Corpo Truppe Voluntarie y la Legión Cóndor) que, a no tardar, estarían combatiendo en la II Guerra Mundial.
Y en el mar, la marina de guerra facciosa fue muy superior también a la ineficaz republicana hasta el punto que el Gobierno vasco tuvo que crear una Marina auxiliar armando bous pesqueros que se batieron heroicamente sin posibilidad alguna ante cruceros y destructores. La batalla de Matxitxako es el mejor ejemplo de ello.
6.- El escenario de guerra en Euzkadi se sucedió desde julio del 36 a agosto del 37: un año.
Una vez el golpe triunfó en pocos días en Araba y Nafarroa, los rebeldes se concentraron en la muga de Gipuzkoa con Iparralde y después en el resto del Territorio. Tras ser parados en seco en la frontera con Bizkaia a comienzos del otoño, el frente se mantuvo estable, con la ofensiva fracasada de Legutio-Villarreal y la expedición a Asturias en la que murió Saseta, hasta el 31 de marzo cuando el bombardeo de Otxandiano marcó el arranque de la ofensiva final. Bilbao cayó el 19 de junio y las Encartaciones vivieron la guerra hasta bien entrado agosto. Finalmente, el grueso de lo que restaba del Ejército de Euzkadi se rindió en la zona de Laredo-Santoña (Santander).
7.- Tomando como referencia a Aitor Miñambres, uno de los mayores especialistas en la guerra del Norte, aún y con todo, se puede decir, sin género de dudas, que el esfuerzo realizado por el Ejército de Euzkadi fue épico. En pocos lugares se resistió con tal encono, mayores pérdidas y en mayores condiciones de desigualdad.
Es cierto que la orografía del terreno y la meteorología fueron distintos en cada terreno y escenario de la guerra, pero aun así un análisis de la velocidad del avance enemigo define el grado de resistencia de los defensores y habla a las claras de la resistencia vasca.
Un indicador es la cantidad de metros cuadrados de km2 por día ocupados por los franquistas en sus ofensivas. En Bizkaia 22 km2 diarios y en Gipuzkoa 27 km2, mientras en el avance de Andalucía a Madrid fueron 510, en Málaga 740, en Santander 265, en Asturias 134, en Aragón 649 y en Catalunya 571 km2 al día respectivamente. Salvo Madrid, que resistió de manera indefinida al ejército faccioso, fue en Euzkadi donde les costó más el avance. Así, si las fuerza franquistas de los generales Mola, primero, y Dávila, después, previeron tomar Bilbao en tres semanas, la ofensiva final en tierra vasca no concluyó hasta bien entrado agosto, bien es cierto que batalla de Brunete por medio.
El Ejército de Euzkadi defendió durante 100 días una distancia de 50 kilómetros desde Eibar a Balmaseda. La misma cantidad de días, cien, tardó el Ejército franquista en recorrer 500 kilómetros desde Andalucía hasta Madrid. El ejército de Euzkadi resistió en Bizkaia durante más de tres meses. En Santander el frente aguantó 10 días y en Asturias un mes y medio.
Seguro que puede razonarse por factores diversos, pero son datos bastantes tercos.
Otro indicador bien puede serlo el del porcentaje de las bajas mortales de hombres en acción sobre hombres movilizados. El Ejército de Euzkadi perdió el 13,50% del total. No constan cifras totales con respecto a la Guerra Civil, sí con respecto a la II Guerra Mundial. Alemania perdió anualmente una media del 4,70%, el Reino Unido el 1,03%, Italia el 1,63%, Japón el 6 %, la URSS el 4,75% y los EE.UU el 0,48%.
En este enorme desvío seguro que hay causas como la falta de instrucción de tropas y mandos, la precariedad del armamento y otras, pero no deja de ser otro dato.
8.- Las autoridades de EAJ-PNV, singularmente Juan Ajuriagerra, pactó una rendición separada de los batallones nacionalistas a los italianos. Hay ríos de tinta escritos acerca de si Agirre sabía o no de ello, de las gestiones de Lasarte y también de Onaindia, de si Leizaola contemplaba que solo así podían tratar de ampararse en unas garantías internacionales que no iban a existir de vencer los franquistas y aplicar el derecho de guerra. Lo cierto es que hacía tiempo que el Gobierno vasco y EAJ-PNV se sentían desamparados y abandonados por parte de la República y recelaban de los nombramientos de los jefes militares del Ejército del Norte y de sus decisiones militares. Había un sentimiento de traición verbalizado en varias muchas ocasiones. Y, en una postura que ratificaba su ruptura con el gobierno republicano, se optó por una decisión independiente, unilateral (y bienintencionada) que, conscientes de que la guerra estaba perdida en Euzkadi y el norte en general, trataba de salvar vidas y ahorrar sufrimientos y padecimientos a la gente, gudaris y civiles.
Tras mucha inocencia, avatares, equívocos e infortunios varios, los italianos terminaron por no cumplir el pacto y todo se frustró. Posiblemente era imposible que saliera bien. Fanco aplico su ley. La ley del vencedor.
Por cierto, junto con los batallones nacionalistas de Euzko Gudarostea (PNV, STV y EMB), también se rindieron batallones de otras filiaciones políticas: ANV, Izquierda Republicana, CNT y fuerzas del Ejército regular. Y es que suele olvidarse conscientemente.
Como conscientemente suele olvidarse que también en otras zonas norteñas, y no vascas precisamente, se evitó destruir industria vital para sus habitantes, su pan y su futuro, aunque el ejército rebelde se aprovechara también de ello para el esfuerzo bélico. No solo ocurrió en la margen izquierda del Nervión. Ni mucho menos.
9.- Juan de Ajuriagerra quiso caer con la muchadada que él mismo arengó y comprometió al alistamiento. Se sentía responsable del futuro que les aguardaba y volvió de la seguridad en la que pudo resguardarse en Iparralde a la playa de Laredo donde se consumó todo. Aita Barandiaran, quien lo vivió en persona, recordaba lo mucho que aquello le impresionó para todo el resto de su vida. Junto con Ajuriagerra, y echado a suertes, la mitad del EBB también se quedó con los gudaris para sufrir su mismo destino. La otra salió al exilio. Unos y otros se encargaron de organizar la resistencia dentro y fuera. Allí comenzó la leyenda de Ajuriagerra. Soldados, primero, y presos, después, de toda filiación política y sindical, con absoluto respeto y reconocimiento, buscaban su consuelo, ayuda y consejo. Ningún reproche.
10) No todos los dirigentes republicanos obraron igual. Menos aun quienes, algunos días antes, se reían de los gudaris cuando les decían que ahora que estaban en Santander iban a aprender a luchar como verdaderos republicanos. Porque la llegada de los batallones del Ejército de Euzkadi a Santander no fue ni bienvenida, ni cariñosa, más al contrario, lo fue sumamente tensa y jalonada de episodios violentos. No hay nada peor que el fuego “amigo”.
Manuel Neila, líder del Partido Socialista, y Jefe de policía, tristemente célebre por las checas, torturas y asesinatos (incluidos los de varios nacionalistas vascos), abandonando a correligionarios, tropas y civiles a su suerte, huyó de Santander en avión poco antes de caer la ciudad, llevándose dos maletas llenas de dinero y joyas expoliadas a sus víctimas y a la República. Y qué decir del Consejo Soberano de Asturias, con su líder Belarmino Tomás Álvarez y demás dirigencia, escapado en pleno en los barcos que debían haber evacuado a tropas y civiles.
Sin duda, también en las filas vascas en general y abertzales en particular hay casos de infausto recuerdo. La guerra saca lo peor a flote. Pero también lo mejor. Y hubo mucho bueno, fruto de lo que Xoxé Manuel Núñez Seixas ha denominado, aunque él no alcance a entender más que una mínima porción de todo su significado, “una cultura de guerra diferente”.
El republicano Siro F. de Retana dijo: “no he militado en el PNV sino en el Partido Republicano, pero hoy, ante el desarrollo de los acontecimientos, me identifico plenamente con ustedes. Sus gestos durante la guerra los enaltecen ante el mundo”. O como confesaba un destacadísimo líder catalán tras la llegada de la democracia, “unos y otros combatimos a Franco, pero ustedes los vascos, a diferencia de la mayoría, dejaron buen recuerdo entre su gente”.
Aitite Julen fue gudari, suboficial del batallón GOGORKI. Fue apresado en Laredo. Condenado a 12 años y un día por (así lo dice la sentencia) separatista vasco, cumplió condena en los penales del Dueso (Santander), Puerto de Santa María (Cádiz) y Sevilla, previo paso en 1937-38 por el campo de concentración de San Juan de Mozarrifar y el batallón de trabajadores 27. Nunca echó en cara nada a sus dirigentes. Más al contrario. Murió en 1983, habiendo respetado hasta el infinito a Juan de Ajuriagerra y habiendo idolatrado al Lehendakari Agirre, como máximos exponentes de una generación irrepetible. La suya misma. Hoy, dos de sus biznietos llevan su mismo nombre, Julen”.

Magnífico análisis del origen, el porque y las consecuencias del Pacto de Santoña.
Ya sabemos que la historia se puede contar de diferente manera en función de quien la cuente.
Cada uno que se quede con la versión que más «le guste o le convenga», yo desde luego me quedo con ésta, para mí muy transparente y real.
David luchó contra Goliat.
Aquí David se defendió solo, muy solo, pero Goliat contó con la ayuda de más Goliats.
“La victoria tiene cien padres, la derrota es huérfana”. Bueno, mucha tela que cortar. Al menos en el norte la cosa no acabó como en Madrid, en marzo de 1939, a tiros entre los propios republicanos. De todas formas, muy poco falto. El comandante de la V división del Ejército Vasco, Pablo Beldarrain, tuvo que salir “por patas” por su digamos que “controvertida” actuación en relación con el tratamiento dado a la industria pesada de la Margen Izquierda. Si lo llegan a pillar los responsables del Ejército del Norte Republicano probablemente habría acabado contra una pared. Son interesantes, aunque algo caóticas, las memorias de Pablo Beldarrain sobre la campaña de Euskadi. Estaba convencido, y lo razona a lo largo de su extensa exposición, que más allá de la traición de Goicoechea, la traición estaba instalada en el Estado Mayor del Ejército de Euskadi, sobre todo a partir de las llegadas del general Gamir Ullibarri.
Pues lo de «nueva campaña» se me escapa, pues Eneko Arruabarrena escribe que «algunas personas…….» una campaña seria otra cosa creo yo, y Anasagasti también.
Me da que alguien que huele las elecciones autonómicas y municipales, esta preparando el terreno para zumbar a Bildu.
No tengo nada que decir. Desconozco la peripecia. La guerra es fuente de la mayor vileza y también del más acendrado humanismo. Pero en todo caso debe evitarse. La guerra corresponde -o debería corresponder- a una evolución primitiva de las relaciones sociales. Los oficiales legos del ejército han de leer el Tratado de Polemología, un estudio sistemático y filosófico de la guerra, de su desarrollo y de sus consecuencias. Otro que estudió la guerra desde sus causas hasta sus consecuencias fue el prusiano Von Klausevitz en su tratado De la Guerra. No creo ser yo mejor que mis abuelos, pero a ellos les tocó vivir la guerra civil. Viendo cómo olvidamos el pasado, no sé si se repetirá la misma historia. Recuerdo ahora un viejo documental noventero de la ETB sobre la guerra. Era, of course, la visión jeltzale del asunto. Entrevistaban en el docu a una ancianita que residía en la residencia de mayores de Sarriko. Fue dirigente de Emakume en los 30. Se me ocurrió buscar su nombre y salió una arenga suya absolutamente furibunda y pro guerra de pocos días antes del golpe de Estado. Me pareció espantoso. No recuerdo el nombre de la señora. Pradales dice hoy a cuenta del resultado de la AfD en Alemania que hay que bajar el tono político. Y tiene razón: podemos caer en una espiral peligrosa. Cada día me pregunto qué gana Rusia con su guerra. Ha perdido a cientos de miles de jóvenes, otros millones han huido de su país, han vaciado sus almacenes siberianos de 80 años de tanques y cañones soviéticos para destruirlos en Ucrania, han militarizado su economía para construir inútiles tanques e insumos de guerra…. Pero alguna razón debe haber. Los estrategas del Kremlim no son idiotas. Habría que preguntarle a Von Klausevitz.
Zorionak Eneko,artikulua ona,oso ona ,Ondo landua eta interesantia.
Mila esker eres Iñaki,ekartzeagatik honera lan bikaina hau.
Eneko el asunto que tratas es muy opinable,Santoña y los italianos fascistas etc
Pero estás personas rendidas en Santander,tenían en frente jóvenes,que se sentían descendientes de Zumalakarregi e Iparragirre,Baleztenas,Urnenetas etc,que para nada eran asesinos criminales,también tuvieron en frente,a los ascendientes de Arzalluz y Garaikoetxea ,por ejemplo.
Jóvenes de Euskal Herria o Euzkadi,o Euskadi,muy jóvenes,cristianos humanistas,que se enfrentaron en esta guerra.
Pienso que los gudariak no eran asesinos,los voluntarios de la «guda»rekete la izquierda Stalinista les pone de asesinos criminales nazis fascistas y asesinos,y no es verdad.
Estos jóvenes muy jóvenes del Euzko Gudarostea y de la Requete,eran parecidos en cuanto a la motivación personal.
Ete aquí que unos eran foralistas federalistas y otros foralistas federalistas nacionalistas.
Coincidían en que amaban nuestra lengua.