ENCUENTRO EN SANTO DOMINGO CON EL LEHENDAKARI AGIRRE Y GALINDEZ

Viernes 13 de marzo de 2026

Ayer, 12 de marzo, se cumplieron 70 años  de la desaparición por secuestro del delegado del Gobierno vasco en Nueva York, Jesús de Galíndez y no viene nada mal recordar su figura y su mundo. Tampoco al Lehendakari Agirre que falleció en París el 22 de marzo de 1960 en París. En la fotografía de un viaje del Lehendakari a República Dominicana en 1942 le podemos ver con un grupo de vascos y en su lado izquierdo vemos a Galíndez.

Antes quiero recordar un viaje que hicimos de Observadores a unas elecciones en aquel país del Caribe. El martes 13 de mayo de 2008 se eligieron por consenso las mesas de las comisiones parlamentarias del Senado. Tras el pleno y, en una tacada, fuimos elegidos un buen número de presidentes de Comisiones entre otros los de Exteriores, Cooperación e Iberoamérica. Por eso, tras la elección mi discurso iberoamericano fue breve. «¿Quieren un discurso corto o largo? Si es corto, quiero darles las gracias. Si es largo, muchas gracias». Y ahí acabó el trámite.

Al día siguiente, los tres, junto a funcionarios del Ministerio de Exteriores y de la Cámara viajamos a la República Dominicana. Era miércoles y el viernes 16 se celebraban sus elecciones presidenciales. Tras cuatro años de jefatura de Leonel Fernández del Partido para la Liberación Dominicana, elegían de nuevo al mismo presidente en una primera vuelta y a nosotros nos tocó, junto a personal de la OEA, servir de Observadores.

Las elecciones en aquel país, por acuerdo constitucional en revisión, se celebran cada cuatro años el 16 de mayo, ya que al parecer fue  el dictador Trujillo quien consagró la fecha y así como por aquí no deja de hablarse de Franco, allí no hay día en el que no se hable de Trujillo, aquel dictador caribeño, Benemérito de la Patria Nueva y asesino de opositores, entre ellos del Delegado vasco en Nueva York, Jesús Galíndez a quien secuestró, trasladó a Ciudad Trujillo -así se llamaba Santo Domingo- y le  mató a cuenta de su tesis de grado “La Era de Trujillo”.

Nos alojamos en el Hotel Embajador, inaugurado en febrero de 1956, un mes antes del secuestro de Galíndez por el dictador  dominicano y que entonces dirigía  una bilbaina. Es un hotel clásico donde me dijeron que se había rodado la película El Padrino.

El día de las elecciones anduvimos dando vueltas por colegios electorales de la capital y de la provincia de San Cristóbal, donde por cierto había nacido en 1891 el dictador Rafael Leónidas  Trujillo  y donde tenía una de sus casas, La Casa de la Caoba. Quisimos verla pero nos dijeron que la habían destrozado las numerosas personas que se iban llevando trocitos de la mansión. Sí pudimos ver el Balneario donde el dictador había represado unas aguas termales y donde paseaba a sus anchas.

Sin embargo cuando el último día visitamos el Congreso y su galería de presidentes no vimos colgados los cuadros de los presidentes de la era de Trujillo como aquí ocurre en el Congreso de los Diputados con Esteban Bilbao, Antonio Itrumendi y Alejandro Rodríguez de Valcarcel. España sigue siendo más caribeña que la antigua Ciudad Trujillo.

Al siguiente día de las elecciones visitamos su barrio colonial y otro  aledaño llamado de Santa Bárbara en el que la Cooperación española trabajaba en su refacción siendo éste un interesante trabajo. Tras dar vueltas por el barrio bajo un calor y un sol implacables quise que mis compañeros fueran a la calle El Conde donde hay un bar llamado La Cafetera en el que se reunían los republicanos en sus tertulias de exilio. Hoy tiene en el exterior una placa que recuerda el dato y en su interior se siguen organizando tertulias culturales y de presentación de libros. Seguramente  Jesús  de Galíndez y mi aita, junto a todos los jóvenes del PNV que iban a Venezuela, en diciembre de 1939  tomaron un cafecito entre aquellas cuatro paredes. Después fuimos al Centro Cultural dependiente de la Embajada de España donde preparaban una exposición y en cuya biblioteca nos entregaron un hermoso libro de fotografías dedicado al Santo Domingo entre 1939 y 1943. Se trata de las fotografías que sacó un fotógrafo vienés llamado Kart Schitzer y al que llamaban Conrado. Había llegado a Ciudad Trujillo en 1938 huyendo de la barbarie hitleriana que en esos momentos recorría el corazón de Europa. Este médico intentó ejercer su profesión pero se encontró con que no pudo revalidar su título así como un idioma que desconocía y fue cuando decidió sacar provecho a sus otros conocimientos, los artísticos entre los que se contaba la fotografía. Con la ayuda de un viejo periodista dominicano empezó a trabajar en La Nación y en la revista Cosmopolita así como en sacar fotografías de los acontecimientos sociales y políticos de una ciudad que no tenía más de cien mil habitantes aquellos años. Es a partir de ahí donde comenzó a forjarse su leyenda, publicando fotografías en The New York Times y en el National Geographic Magazine hasta que en 1944 viajó a Los Ángeles donde ejerció su profesión de médico.

He de decir que antes de viajar a Santo Domingo volví a leer el mejor libro de investigación que se había editado y escrito sobre Galíndez, escrito por Iñaki Bernardo e Iñaki Goiogana “La tumba Abierta” de la Fundación Sabino Arana. Vi en él una importante colección de buenas e inéditas fotografías y deduje que seguramente habían trabajado en el Archivo General de la Nación Dominicana. Sin embargo ojeando el libro de las fotografías de Conrado en las que se publican de Trujillo y de la sociedad de la época, vi para mi sorpresa y alegría estas dos fotografía también inéditas que hasta ese momento no había visto nunca de Jesús de Galíndez y del lehendakari Aguirre llegando éste al aeropuerto de Miraflores en octubre de 1942 para estar en aquella Ciudad Trujillo (Santo Domingo) por espacio de tres días y donde pronunció una conferencia que llevaba por título «El sentido democrático, el social, y el de la libertad de los pueblos en los actuales momentos» realizando una ofrenda floral en el monumento del fundador de la República, Juan Pablo Duarte que, según Galíndez tenía ascendencia vasca.

A pesar del calor tropical las dos personalidades vascas, en distintos momentos están de lo más pinchos y como hay ya pocas fotografías de estos dos grandísimos patriotas vascos que no conozcamos he querido dar cuenta de esta publicación, de este dato y de estos iconos.

Y, entre otras razones para que se vea los trienios que llevan los nacionalistas y los muchos exiliados clamando por esos mundos de Dios. Y lo majos que eran. Yo por lo menos me siento muy orgulloso de ellos y de su estupendo trabajo, ¡tan desconocido!

Ahí les tienen. Hace setenta años.

UN RÉQUIEM PARA RAÚL DEL POZO, FERNANDO ONEGA, GREGORIO MORÁN

Jueves 12 de marzo de 2026

Se trata de tres periodistas, escritores, analistas españoles de primera que han fallecido en un mes y que nos eran familiares y a quienes hemos conocido los que vivimos la pugnacidad de las luchas políticas de hace unas décadas. La vida pasa.

Quien ha fallecido estos días ha sido Raúl del Pozo, para mí el mejor columnista con Umbral y David Gistau. Agudo, preciso, con anécdotas y expresiones muy gráficas que traslucían oficio y una gran cultura, amén de una buena dosis de “mala leche”. No tragaba los nacionalismos y nos metía sonoros sopapos en negro, la mayoría de las veces solo para utilizar términos originales a los que Xabier Arzalluz un día le contestó llamándole Raúl del Pozo Séptico.

No le gustó nada y me lo afeó en pasillos del Congreso. Le contesté, ajo y agua y que era solo devolverle lo que él decía. Y como le encantaban las frases luminosas descriptivas me dijo que iba a hacer suyas dos expresiones que yo había dicho también en pasillos, aquella de los Jarrones Chinos y la de la Brunete Mediática. Tenía la honradez de pagar derechos de autor y nos quedamos sin un mano a mano entre Xabier y él. Seguro hubieran quedado de amigos o respetando cada cual su territorio.

En una ocasión en una cena hablamos mucho del rey. Yo le estaba zurrando la badana a este señor intocable y me dijo que a él le encantaría hacer lo mismo, porque no podía y no  quería desestabilizar el sistema contando lo que sabía. Y sabía mucho, pero era un buen español.

Como el gallego Fernando Onega, con un hermano que había sido con la UCD gobernador civil de Bizkaia tras el nefasto Zarzalejos que había dimitido cuando se permitió izar la ikurriña.

Fernando Onega fue autor de la frase que me parece más feliz de las dichas por Adolfo Suárez. ”Hacer normal lo que es normal a nivel de calle”. No se puede resumir mejor lo que debe ser la democracia. Estos días se ha destacado también, aunque solo, aquello de “puedo prometer y prometo”, pero no tenía tanta enjundia como la primera.

Y Gregorio Morán, un gran escritor, de difícil trato pero muy brillante. Le conocí cuando vino a escribir su libro “Los españoles que dejaron de serlo”. El título daba por sentado muchas cosas y no gustó en ciertos ámbitos pero a mí me pareció un gran resumen.

Lo escribió combinando el mundo de Neguri, el de ETA y el del PNV, escribiendo un  libro que tuvo un gran impacto y que Neguri aborreció pues les puso en el candelero con todas sus miserias.

Le recuerdo en el Alderdi Eguna de Itziar al que le llevé para que saludara al Lehendakari Leizaola y a Paris, a la Delegación Vasca en la Rue Singer, ya cerrada, para palpar la atmósfera de lo que había sido el Gobierno Vasco en el exilio y la manera tan peculiar y hermosa de haber mantenido 40 años una institución y una llama con la respiración asistida.

Posteriormente fue director de la Gaceta del Norte y acabó recalando en Barcelona. Habíamos quedado para vernos, pero no ha podido ser.

Tres grandes periodistas que no fueron precisamente amigos pero a los que hay que reconocer su gran calidad profesional y literaria. Una gran pérdida.

Termino con el Réquiem de Perosi  que a Gregorio  Morán le pareció una pieza fantástica y así lo destacó como el broche que los exiliados del PNV ponían  en los coros tan sentidos en la despedida de los que iban quedando en el camino, como ahora ellos.

EL CANGREJO VASCO.  ESTA FOTO TIENE MIGA

Miércoles 11 de marzo de 2026

Esta fotografía está sacada en el salón de plenos de la Diputación de Bizkaia. En ese momento era Diputación Provincial de Bizkaia. El franquismo la había ocupado  cuarenta años desde 1937 y fundamentalmente las gentes de Neguri habían usufructuado un poder  al que habían llegado tras una desigual victoria militar. No tiene más que ver el espantajo del escudo con la gallinácea imperial de fondo.

La foto es  del 20 de julio de 1977. Había habido unas elecciones democráticas, las primeras tras febrero de 1936, el 15 de junio y se había constituido la Asamblea de Parlamentarios vascos presididos  por Don Manuel de Irujo, elegido en Navarra y quien preside la mesa. Era un senador navarro en una Asamblea de Parlamentarios Vascos.

Y ese es el dato que queremos destacar.

Verán ustedes a la izquierda a Gabriel Urralburu que era el jefe de los socialistas navarros antes de pasar por la cárcel. Y lo era porque los socialistas no se habían dividido en Partido Socialista de Euzkadi, el PSE y Partido Socialista navarro o PSN. A su derecha está el socialista donostiarra José Antonio Maturana y al otro extremo de la mesa está Marcos Vizcaya, diputado del PNV.

Por eso queremos, en este Foro Larrazabal, destacar como los socialistas navarros estuvieron formando parte de la Asamblea de Parlamentarios vascos así como Carlos Solchaga fue portavoz del grupo de los socialistas vascos en el Congreso siendo de Tafalla. Euzkadi para aquel socialismo comprendía Navarra. Y no pasaba nada.

Y queremos destacar este dato pues Andueza, el inculto Andueza, dice que los nacionalistas estamos queriendo construir con Navarra un país que no existe. Pues ellos ya trataron de hacerlo. Y ahí está la prueba así como la como la del Aberri Eguna de 1978 (celebraban el Aberri Eguna) paseando por las calles de Bilbao con una pancarta pidiendo la Autodeterminación.

Ésta es la prueba. Quienes han cambiado pero a peor son ellos, no el nacionalismo vasco. Son el cangrejo vasco.