Lunes 8 de agosto de 2016
Estuve la semana pasada en Santiago de Compostela. Venía de Oporto y de pasar por Rianxo para ver la casa natal de Alfonso R. de Castelao. Y, en la capital de Galiza ver el ambiente peregrino que se vive frente al Obradoiro. Y visitar la Catedral, donde nada más llegar, nos lanzaron dos prohibiciones. No sacar fotos, y silencio.
Recordaba el lema de la Catedral de Gasteiz. «Abierto por Obras».
Las dos prohibiciones compostelanas pueden tener sentido, según como se pidan. Entiendo el silencio si hay una misa ,pero que un señor con aire de prefecto de disciplina de hace cincuenta años te pida silencio, no lo entiendo sobre todo cuando el Papa, la víspera en Polonia pedía naturalidad. ¿Se es irrespetuoso si se habla en una Catedral?. Pues no.
Depende.
Si aquello se convierte en un patio de monipodio, pues no, pero ¿Cuál es la razón y, en que mandamiento se dice que hay que estar callado?. Y la segunda, lo de las fotos, deberían propiciar lo contrario. Trescientos días de indulgencia por cada foto en la Catedral para contar la buena nueva y para que la gente enseñe donde ha estado, cuando últimamente a las iglesias no es que se vaya demasiado. Y entiendo que ante una pintura, un flash puede perjudicar, pero ¿ante un botafumeiro?.
Fui donde el chambelán que allí estaba y me dio una explicación propia de un taliban tridentino. «La gente se puede deslumbrar y caer por las escaleras y romperse la frente». Y nada más decirme ésto, protestaba porque una joven llevaba los hombros al aire.
Rumiando estas vivencias propias de hace décadas, pasamos delante de un local donde fuera había periodistas a los que les comenté el caso y me dijo que el Arzobispo de Santiago y el Ayatollah Jomeini deben ser primos hermanos. Y me dijeron que dentro estaba Xose Manuel Beiras en una reunión para decidir la candidatura de En Marea a la Presidencia de la Xunta de Galiza. Y quise saludarle e inmediatamente tuvo la amabilidad de salir a la puerta donde me dio el abrazo de la fotografía.
Conocí a su padre líder del partido galleguista, el de Castelao. Y posteriormente a él como dirigente durante dos décadas del Bloque Nacionalista Galego. Con su esposa y su viejo coche le gustaba venir a Euzkadi en tiempos en los que pusimos en movimiento La Declaración de Barcelona que era una actualización de aquella Galeuzka del viaje triangular que ya en 1923 hicieron dirigentes gallegos, vascos y catalanes.
Llegamos a ir juntos a unas elecciones europeas juntos pero Beiras dejó el Bloque para liderar Alternativa Galega de Esquerda dentro de la plataforma Anova-Irmandades Nacionalista.
Estos días, Beiras que cumplió ochenta años en abril, puso un tw en el que decía que «concluía su periplo parlamentario» y que no se presenta más de candidato a nada.
Acaba pues un periplo, pero no un icono gallego, fácilmente identificable. Alto, con el pelo ensortijado, siempre de blanco, con un verbo contundente y una trayectoria rotunda vienen nuevos tiempos para Galiza, con nuevos dirigentes, nuevos partidos y nuevas oportunidades si se logra arrebatar la mayoría absoluta a Núñez Feijoo al que hace mucho tiempo Galiza se le quedó pequeñita y él solo aspira a suceder a Rajoy, un gallego al que no le gusta hablar en gallego.
Fue un encuentro de viejos conocidos en el camino de la política en momentos en los que algo se mueve bajo el sol.

