EL ABISMO SE ABRIÓ DE VERDAD

Sábado 27 de junio de 2026

Soledad Morillo Belloso 

No se puede separar la política de las políticas públicas. Es una ilusión peligrosa, como creer que una casa puede sostenerse sin columnas solo porque la pintura está fresca. La política marca el rumbo, pero las políticas públicas son el camino, el asfalto, los puentes, los drenajes, los hospitales, los protocolos. Cuando una existe sin las otras, lo que se obtiene no es un país: es un espejismo. Y cuando la tierra tiembla, el espejismo se disuelve y queda a la vista la verdad desnuda.

El terremoto en Venezuela no sólo sacudió edificios: sacudió la mentira. La naturaleza hizo en segundos lo que la crítica, la academia y la ciudadanía no lograron en décadas: mostrar que el Estado estaba hueco. La tierra se movió, sí, pero lo que se vino abajo no fue obra exclusiva del sismo; fue el resultado de años de negligencia, improvisación y corrupción. Mucha épica, nula ingeniería. Mucho discurso, cero mantenimiento. Mucha consigna, ninguna prevención. El país no colapsó por un temblor: colapsó porque llevaba 27 años siendo desmantelado pieza por pieza.

El fracaso del régimen bolivariano quedó expuesto sin anestesia. Hoy lo administra una presidente encargada que ha demostrado su incapacidad tanto en la calma como en la tormenta. Pero sería injusto atribuirle todo el desastre a ella sola. Ella es apenas la heredera de un modelo que convirtió la incompetencia en método y la corrupción en sistema. Veintisiete años de sustituir técnicos por militantes, instituciones por lealtades, planificación por propaganda. Veintisiete años de confundir política con espectáculo y políticas públicas con dádivas. Veintisiete años de creer que gobernar es hablar paja, no hacer.

El terremoto sólo terminó de romper lo que ya estaba roto. Muchos de los edificios que se desplomaron no cayeron por la magnitud del sismo, sino por el cemento adulterado. Los hospitales que no pudieron recibir heridos no fallaron por saturación, sino por abandono. Las comunidades que quedaron aisladas no lo estuvieron por el movimiento telúrico, sino porque las vías llevaban años destruidas y porque no había equipos de rescate suficientes. Los sistemas de emergencia no colapsaron: simplemente habían dejado de existir. Y las instituciones no reaccionaron porque hace tiempo dejaron de ser instituciones; son cascarones vacíos, oficinas donde se firma pero no se gobierna. En toda esta emergencia, los despachos de la defensoría del pueblo enmudecieron. El pueblo abandonado no tuvo quien lo defendiera. 

La presidente encargada quedó expuesta ante el país: sin plan, sin equipo, sin criterio, sin capacidad operativa. Pero más que un fracaso personal, lo suyo es la evidencia final de un proyecto que confundió poder con omnipotencia y terminó creyéndose inmune a la realidad. Y la realidad, cuando llega, no pide permiso.

En Chacao y Baruta la atención fue distinta, casi un recordatorio de que cuando las instituciones funcionan, aunque sea a escala municipal, la diferencia se nota. En medio del caos, mientras el país entero buscaba a tientas una respuesta que el gobierno central no dio, los organismos municipales actuaron como debían: con rapidez, con orden, con presencia real en la calle. Protección Civil, bomberos, policías locales, cuadrillas de rescate y voluntarios se desplegaron sin esperar instrucciones, más allá de las cámaras, sin discursos prosopopéyicos. A pesar de la crisis económica de la que no escapan los municipios, hicieron lo que corresponde cuando la tierra se abre y la gente queda vulnerable: asistir, contener, rescatar, acompañar. No hubo improvisación, hubo oficio; no hubo propaganda, hubo trabajo. En esos municipios, al menos por unas horas, se vio lo que significa tener instituciones que entienden su deber y lo cumplen, incluso cuando el país alrededor parece desmoronarse.

De las Fuerzas Armadas, nada que decir. No existen. No estuvieron, no aparecieron, no se hicieron sentir ni en la calle ni en la coordinación ni en la contención. En un país que lleva décadas oyendo que la FANB es “el pueblo en armas”, lo que se vio fue exactamente lo contrario: un vacío. Mientras los municipios hacían su trabajo y los ciudadanos se organizaban como podían, la institución que debería ser columna vertebral en emergencias quedó reducida a una sombra burocrática, un uniforme sin cuerpo. No hubo despliegue, no hubo logística, no hubo presencia operativa. Y en un momento en que cada minuto contaba, su ausencia fue un estruendo. Un país puede perdonar errores, pero no puede sobrevivir a unas Fuerzas Armadas que sólo existen para la ceremonia y el desfile y nunca para la emergencia.

La solidaridad de la ciudadanía es encomiable, sin duda. Habla bien de los venezolanos, de esa capacidad casi instintiva de organizarse, de tender la mano, de aparecer donde el Estado no llega. Pero esa virtud no puede convertirse en coartada. El Estado no puede lavarse las manos ni pretender delegar en la sociedad lo que es su exclusiva responsabilidad. La gente ayuda porque tiene corazón, porque no soporta ver al otro caer; el Estado debe ayudar porque es su deber, porque para eso existe, porque para eso recauda, administra, planifica. Cuando la ciudadanía sustituye al Estado, algo está profundamente roto. Y cuando el Estado se acostumbra a que la ciudadanía lo sustituya, el país entero queda en riesgo. La solidaridad es un orgullo; la desresponsabilización institucional, una vergüenza.

Si a la señora presidente encargada le queda un mínimo de pundonor, de sentido de Estado, de conciencia histórica, pasada la emergencia debe presentar su renuncia. No como un gesto político, sino como un acto de decencia. Y lo propio deben hacer el gobernador y el alcalde La Guaira. Porque gobernar no es ocupar un cargo: es sostener un país, un pueblo. Y Venezuela, hoy, está rota. Rota por el sismo, sí, pero sobre todo por 27 años de decisiones equivocadas, negligencia acumulada y corrupción institucionalizada.

La política sin políticas públicas es humo que asfixia. Las políticas públicas sin política son un manual empolvado que nadie abre. Y un país que tolera esa fractura vive con un pie colgando sobre el vacío.

Esta vez el vacío no fue metáfora: el abismo se abrió. Y si seguimos bajo la égida de este régimen, la próxima emergencia —que llegará, porque siempre llega— no sólo nos golpeará: nos borrará.

SE CUMPLIERON 87 AÑOS DEL EXILIO VASCO EN VENEZUELA

Viernes 26 de junio de 2026

Creo deberíamos haber hecho algo significativo el pasado 24 de junio en Euzkadi pues ha sido una fecha redonda. Y creo que todo esto ha de hacerse para ilustrar a los hoy jóvenes de lo que vivieron sus abuelos, aitites, aitonas, amamas, amonas, huyendo del fascismo que asoló nuestra Patria, esta Euzkadi turística y de postal en la que hubo un tiempo en que fue tierra de persecución, sangre, hambre y miseria.

Estaba a punto de comenzar la II Guerra Mundial y los vascos que habían logrado huir de la guerra y se encontraban en Francia decidieron acogerse a las negociaciones que realizaba el Gobierno Vasco para ir a un destino ignoto llamado Venezuela. Era toda una aventura a la que iban con el cielo arriba y la tierra abajo.

El día 24 de junio, 82 vascos – hombres, mujeres y niños – se concentraron en el puerto francés de Le Havre. Dedicaron la jomada a la revisión de pasaportes y visados. En la madrugada del día 25, el grupo, acompañado por Julio de Jáuregui, Miguel José Garmendia, Otalora y el periodista José Olivares Larrondo “Tellagorri”, oyeron Misa, oficiada por monseñor Lemaire que se había distinguido por su ayuda a los niños vascos refugiados en Francia. A las ocho de la mañana, el grupo fue trasladado al puerto en autobuses, embarcando una hora más tarde a bordo del paquebote Cuba, de la Compagnie Genérale Trasatlantique. Ante la curiosidad de los demás pasajeros entre quienes se encontraba un grupo de refugiados judíos, sonó el txistu de Segundo de Achurra que interpretó el Agur Jaunak y el himno nacional vasco. Fueron momentos especialmente dramáticos. Entre los pasajeros había algún herido de guerra. Muchos dejaban en Francia mujer e hijos en vísperas de la otra guerra anunciada.

Tras hacer escala en Southampton, el 4 de Julio de 1939, tocaron el primer puerto americano: Point de Pitre (Guayana). Desde allí, Maguregui escribe a la dirección del PNV, detallando los pormenores del viaje hasta entonces. El día 29 de junio, el grupo vasco celebró la festividad de San Pedro. No faltaron la música y los bailes. Dice la Misa monseñor Víctor Sanabria, Obispo de Alajuela (Costa Rica). El prelado costarricense estableció una relación de amistad con el grupo y, al llegar a La Guaira, le entregó una carta de recomendación para el arzobispo de Caracas. Por otro lado, en su informe, Maguregui señalaba: «Observo que, a medida que nos acercamos a América, la gente se siente más preocupada, a pesar de todo, el ambiente general es de confianza y ánimo”.

En las primeras horas del día 9 de julio de 1939, el Cuba atracó en el puerto venezolano de La Guaira. A las 7 de la mañana, subía a bordo Arturo Uslar Pietri, acompañado de Antonio Arraiz, Roberto Álamo Ibarra y Vicente Fuentes. A las 9 de la mañana, Maguregui envió un telegrama a Villa Endara (sede del PNV), comunicando la llegada del grupo vasco Venezuela.

Toda la prensa venezolana se hizo eco de la llegada de los refugiados vas¬cos. El Diario Ahora dedicó una página, con gran profusión de fotografías, a este evento. Destacaba que, entre los recién llegados, se encontraban médicos, ingenieros, contables, agricultores y obreros especializados.

El domingo 16, el grupo asistió, en la parroquia de Santa Rosalía, a una Misa cantada oficiada por su párroco, el padre Tenreiro, amigo del canónigo Alberto Onaindia, asesor del presidente del Gobierno Vasco con quien había estudiado en Roma. A las once de la mañana, acompañados por Arturo Uslar Pietri y Simón Gonzalo Salas, los vascos hicieron una ofrenda floral en el Panteón Nacional, donde se encuentran los restos de Simón Bolívar. Como se había acordado con las autoridades venezolanas, se canta el Agur jaunak y el himno venezolano. Sin embargo, uno de los refugiados, Esturo, por iniciativa propia, pidió permiso a Uslar Pietri para interpretar el Euzko Abendaren Ereserkia (himno nacional vasco). Lo que, en apariencia, no dejaba de ser un hecho anecdótico, dio lugar a una polémica política. La Esfera, un periódico muy reaccionario y pro-franquista, que mantenía una cruzada permanente contra todo lo que oliera a izquierda, publicó una información sumamente crítica, diciendo que se habían cantado ‘himnos comunistas’ en el Panteón Nacional en presencia de un alto funcionario del Gobierno y con su anuencia. Por su parte, José Antonio Sangróniz, representante franquista en Venezuela, presentó una nota de protesta. El asunto no tuvo mayor trascendencia porque el general López Contreras no le dio importancia. No obstante, dicho incidente era un reflejo de la situación política de Venezuela en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.

Ocurrió hace ochenta y siete años.

En Euzkadi nadie se ha acordado de esto.

EL DOBLETE SÍSMICO EN VENEZUELA Y LA DESAPARICIÓN DE ALAZNE

Jueves 25 de junio de 2026

María Esther Solabarrieta

Hoy es un día difícil. Me despierto con la noticia de que Alazne Solabarrieta Lecea y Koldo Olalde Kintela han sufrido un terrible terremoto en Caracas y ella, está desaparecida. Koldo Olalde, de Azkoitia ha salido herido, pero afortunadamente vivo.

Alazne Solabarrieta Lecea (65 años), hija de Bittor Solabarrieta Urresti (Ondarrés, hermano menor de mi Aita Joseba) y Miren Lecea (Deba). Nació en Caracas-Venezuela en 1961, al igual que sus hermanos Elizabete (GB), José Mari (GB) y Jon (que vive en Pamplona).

Cuando Alazne tenía solo un añito la familia regresó a Ondarroa y el tío Bittor intentó reflotar la fábrica de anchoas del Aitite José Mari Solabarrieta. Residieron en Ondarroa durante 10 años y regresaron nuevamente todos a Venezuela donde estudiaron, trabajaron y rehicieron sus vidas.

Alazne conoció en Caracas a Koldo Olalde nacido en Azkoitia y trabajaron en el Restaurante Pakea del Ávila hasta hace unos meses que cerraron la persiana y se fueron a vivir al edificio Santa Rita en la Avenida Principal de San Bernardino, una zona muy cercana al Ávila. Tienen dos hijos Ainara e Ilargi y 3 nietos pues el cuarto que está en camino y nacerá el próximo mes de julio.

Venezuela se encuentra situada en una zona de contacto de dos grandes placas tectónicas que se desplazan en direcciones contrarias produciendo un rozamiento horizontal entre ambas. El doblete sísmico de ayer, de intensidad muy alta (7,2 y 7,5) produjeron dos sacudidas extremadamente intensas sin tiempo suficiente para absorber o disipar los daños causados por el primer temblor, generando el desplome de edificios, entre ellos Santa Rita de San Bernardino donde residían.

De momento han sacado con vida a Koldo, pero Alazne sigue bajo los escombros, con una esperanza que nunca se pierde, de que la puedan encontrar con vida. Ojalá el final sea feliz.

En 1967 Caracas sufrió un terremoto. Yo estaba en el Centro Vasco y sentí como si el suelo se fuese a abrir y engullirnos en él, mientras los edificios colindantes se movían de un lado a otro. Es muy difícil describir la impotencia que se siente. En ese terremoto falleció el Delegado del Gobierno Vasco Lucio Aretxabaleta y su esposa Miren Txintxurreta. Fue un mazazo para la colectividad vasca.

El Lehendakari Imanol Pradales, así como Ziortza Olano, Responsable de la Diáspora y también Asier Areitio del Gobierno Vasco se han puesto en contacto conmigo y por lo tanto les agradezco muchísimo el detalle.

Alazne, allí donde estés, un beso muy fuerte y ánimo, queremos verte de nuevo.