EMOTIVO DISCURSO DEL NIETO DEL LEHENDAKARI LEIZAOLA EN EL 130 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO.

Jueves 10 de septiembre de 2026

Xabier Bindel Leizaola, profesional acreditado de la Banca Internacional y nieto del Lehendakari Leizaola, tuvo a su cargo el pasado lunes en la plaza Euzkadi de Donostia el discurso en homenaje a su aitona junto al Lehendakari Pradales.

Y allí estaba Leizaola en estatua de Xebas Larrañaga encargada  en 2007 por el Diputado General de Gipuzkoa, Jose Juan Gonzalez de Txabarri que no fue invitado al acto. Típico de este protocolo exquisito que tienen los regidores de la Euzkadi Berria.

Pero sí estuvieron los Lehendakaris Ibarretxe, Urkullu y la viuda del Lehendakari Ardanza así como la familia Leizaola. Honrar, honra.

Tengo su intervención porque el propio Xabier Bindel me la envió en días anteriores y por eso la reproduzco a continuación, habida cuenta de su valía e interés.

Lehendakari,

Eusko Legelbiltzarreko Presidentea,

Gipuzkoako Diputatu Nagusia,

Gipuzkoako Batzar Nagusietako Presidentea,

Donostiako Alkatea,

Lehendakari Ohiak,

Sailburuak,

Batzarkideak,

Agintariak,

Familia,

Jaun-andreak,

Aquí, en Donostia, señor Alcalde, la ciudad lleva desde hace años un lema:

«Ganadas por fidelidad, nobleza y lealtad».

Un lema que bien podría haber sido el de aquel a quien hoy rendimos homenaje: el Lehendakari Jesús María de Leizaola, nuestro aita, aitona y birraitona, nacido un 7 de septiembre de 1896.

Un homenaje que resulta ruboroso, porque tenía esa rara elegancia y esa humildad de considerarse uno más entre tantos.

Esta fecha sigue resonando con una intensidad muy especial en nuestra memoria familiar. 

Nos lleva a Zarautz, donde a veces prolongábamos el verano junto a él. El 7 de septiembre, una ligera efervescencia se apoderaba de la casa.

Todo comenzaba con los txistularis, instalados en el jardín. Mi aitona los escuchaba desde el balcón,  con la mirada puesta en el mar. Después llegaban las visitas de cargos políticos e intelectuales. Y la mañana terminaba alrededor de una comida, siempre inaugurada por una intervención de gran altura de nuestro aitona, que solo los más atentos conseguían seguir hasta el final.

En día aniversario de su nacimiento, también recordamos su muerte, el 16 de marzo de 1989, cenando en Donostia, y excepcionalmente viendo la TV: cuartos de final de la UEFA, Real Sociedad – Stuttgart. Ganó Stuttgart en los penaltis. A aitona le gustaba el futbol y era de la Real. Vivió apasionadamente hasta el final.

Hoy, ante vosotros, en nombre de toda la familia Leizaola, queremos agradeceros de todo corazón la constancia con la que las más altas autoridades vascas mantenéis viva la memoria de nuestro aita y aitona.

Porque mantener viva una memoria no significa solamente mirar al pasado. Significa recordar que una vida puede contribuir a construir algo que transciende esa vida. Significa también reconocer todo lo que una vida todavía puede transmitir.

Y, en particular, la de Jesús María de Leizaola:

Una vida de grandes momentos, de dudas, de espera y de esperanza.  

Una vida familiar intensa y, en ocasiones, complicada.

Una vida política fuera de lo común.

Una vida de caminante paciente, de navegante imperturbable, de visionario valiente.

Durante toda su vida —como vasco, euskaltzale, padre, abuelo, abogado, funcionario, diputado, consejero, Lehendakari y embajador de la causa vasca— Euskadi nunca dejó de existir.

Para predicar con el ejemplo y decirle al mundo:

Estamos aquí.

Existimos.  

Tenemos una historia.

Tenemos una identidad.

Y tenemos un futuro.  

Unir su destino al de su país: esa fue la línea que guió toda la vida del Lehendakari Jesús Maria de Leizaola.

Pero esta historia política comenzó mucho antes de asumir responsabilidades.

Comenzó aquí.

Jesús María de Leizaola creció rodeado de cultura y de libros en la imprenta familiar, a escasos metros de aquí. Fue leyendo, observando y memorizando como desarrolló aquella extraordinaria capacidad de reflexión y análisis.  

La realidad concreta, la historia, la geografía, la lengua: para él, todo ello era como las notas de música para un pianista. 

Fragmentos separados que, una vez reunidos, se convierten en armonía, ritmo y diálogo.  

Con esta base, aitona alcanzó muy joven una madurez política e intelectual excepcional.

Recordemos que, ya a los 21 años, participó en la redacción del Mensaje de las Diputaciones Vascas en favor de la autonomía y, algunos años más tarde, en la defensa del Concierto Económico o que fue miembro y portavoz de la minoría vasco-navarra de las Cortes Constituyentes de la Constitución de 1931. Asimismo, reflexiona y escribe sobre la noción de nación en el contexto vasco, recurriendo, para fundamentar mejor su planteamiento, a la filosofía griega y a san Agustín.

Hasta su último aliento, armado de una pluma, de un periódico o de un libro, permaneció siempre alerta.

Se desplazaba, observaba, reflexionaba, escribía, convencía.  

Y su campo de reflexión era inmenso: la política, por supuesto, pero también la poesía vasca, las palabras y las expresiones, la marina vasca, la historia, la arquitectura.

Para nosotros, sus nietos y nietas, se convirtió incluso en una Wikipedia viviente para los deberes, que siempre nos obligaba a contrastar en los libros y las enciclopedias.

Y recuperamos un testimonio de nuestros primos de Caracas: nosotros vivimos la versión más lejana de nuestro aitona, por el charco de distancia, aitona fue un héroe para mí, hable tanto de él, no recuerdo que decía, que mis compañeros del Colegio San Ignacio de Loyola me apodaron “el vasco”, así me conocen muchos en Caracas.

Tras el intelectual y el responsable político había, ante todo, un hombre.

Primero, un cabeza de familia, que junto a su esposa, cuyos antepasados habían construido aquí, en Donostia, la iglesia que se asoma al puerto, una esposa, nuestra amoña, que nos dejó demasiado joven sin haber podido regresar a Donostia; un padre para su hijo y sus cinco hijas, para su nuera y sus yernos,  que supieron encontrar todos su lugar en aquella familia tan viva, y para sus veintidós nietos y nietas,  de los que estuvo muy cerca siempre que las circunstancias se lo permitieron.

Un hombre sereno.

Sus palabras tenían peso precisamente porque estaban libres de todo lo superfluo.

Y eran siempre respetuosas con las decisiones de unos y otras, incluso hacia sus adversarios.

Y sus palabras estaban acompañadas por aquellos gestos de las manos que algunos de los presentes todavía recordamos.

Unas manos finas que invitaban a la paz, a la moderación, a la calma… incluso en las pequeñas rencillas familiares.

Unas manos que se movían suavemente para acompañar el pensamiento y suavizar las palabras.  

Algunos de nosotros recordamos su dignidad al enterarse de la muerte de Franco, en el salón de su hija, en París. Él, cuya vida había sido trastornada por aquel individuo, permaneció sereno e imperturbable, porque un gran hombre no baila sobre las tumbas de sus adversarios.

Y después está la apariencia del hombre de otro siglo.

Corbata negra.

Traje oscuro.

Camisa blanca con puños de gemelos.  

Sombrero.  

Y, cuando aparecía la lluvia, gabardina y paraguas inglés.

Recorría las ciudades y los campos que tanto amaba.

Caminaba.  

Con esa lentitud soberana de los hombres que ya no tienen nada que demostrarle al tiempo.

Sus pasos eran regulares, casi solemnes. Sus manos, cruzadas a la espalda, parecían contener algo que quería escapar de él.

Elegante.

Firme como un roble al que no conseguían doblegar los años.

Hombre de cultura.

Hombre de conocimiento.

Hombre de abnegación.

Hombre de determinación y honor.  

Pero también, y quizá sobre todo, hombre de fe y de fuerza interior.

Hacían falta todas esas cualidades para llevar a Euskadi por el buen camino, el de la democracia cristiana, sin ceder ante lo peor.

Euskadi tuvo la suerte —una suerte que no debemos olvidar— de ser defendida por hombres y mujeres capaces de evitar las trampas de una gran demagogia alejada de la realidad, esa demagogia que acaba siempre deslizándose hacia el poder absoluto.

Porque, en el sustrato de todas las raíces, lo que guía a Leizaola es su humanidad.

El Hombre con mayúscula.

El hombre en el centro de todo.

Y aquello no era para él un discurso abstracto.

Era su norte.

Recordemos, por ejemplo,  

Que, siendo Consejero de Justicia, se entrevistó largo y tendido con un espía nazi al que un tribunal vasco acababa de condenar a muerte, porque detrás del espía había un alma.

Que una de las decisiones más difíciles que tomó, fue dar la orden de volar los puentes de Bilbao,  porque le pesaba añadir dificultades a las bilbaínas y los bilbaínos que se quedaban en la ciudad.

Que defendió que el PNV reuniera desde la burguesía hasta la clase obrera, porque la libertad de unos no puede ser completa si no es también la libertad de los demás.

Siempre la misma exigencia:

Servir.

Servir a las personas.

Servir también un sueño suficientemente poderoso como para hacerle avanzar, año tras año: el de una Euskadi fiel a sí misma, orgullosa de su identidad, libre, soberana y próspera.  

La tierra vasca, que abandonó durante más de cuarenta años, de 1937 a 1979, nunca fue para él un simple recuerdo.

Fue una promesa.

Une promesa compartida con su familia, y con muchas otras familias.

Gracias, querida Miren de Ynchausti, por el apoyo incondicional de tus padres, Don Manuel y Doña Ana Belén de Ynchausti, tan valioso para nuestra familia, para los Aguirre y, más ampliamente, para la causa vasca. Que nuestra eterna gratitud quede aquí expresada y como testimonio ante todos.

Una promesa que volvió a encontrar cuando el deber estuvo finalmente cumplido.

Y qué orgullo, hoy, ver ciudades vascas que son referentes en el mundo.

Alcalde, predecesores, gracias por cuidar de ella con tanta pasión.  

Y qué orgullo también ver una Euskadi humilde y, al mismo tiempo, triunfante.

Lehendakari, predecesores, gracias por hacerla avanzar.

El mundo es hoy tan incierto como lo era en 1896, en 1936, en 1960, en 1975 o en 1979.

Las épocas cambian.  

Los desafíos cambian.  

Pero algunos valores permanecen.

Aitona, el Lehendakari Jesús María de Leizaola nos dejó unas claves para atravesar estos tiempos inciertos.

A nosotros, su familia.  

A vosotros, que hoy ejercéis responsabilidades políticas.

Y, más ampliamente, a todo el pueblo vasco.

Estas claves son sencillas, pero exigentes:

la fidelidad a raíces sin renunciar jamás a la apertura al mundo;

la defensa de una identidad sin renunciar jamás al humanismo;

la soberanía sin renunciar jamás a la paz;  

y, sobre todo, la convicción de que la política solo tiene sentido cuando está al servicio de las personas.

Por el pueblo.

Para el pueblo.

Y nada más que para el pueblo.

Ahora, más que nunca, Euskadi se asemeja al imaginario de las pioneras y los pioneros.  

Un modelo que nace de una historia fuerte.  

De una identidad que no pide perdón por existir.  

De una identidad que asume su historia, mira al mundo de frente y sigue adelante.

Esta escultura es aquí un puente entre el pasado y el futuro.

Un puente entre la historia que nos estructura, el presente que nos impulsa y el aliento que nos empuja hacia el futuro.  

Nos recuerda algo esencial:

heredamos, transmitimos y, a vez, tenemos el deber de proyectar.

Permítanme concluir con las propias palabras de aitona, las que pronunció al transmitir sus poderes en diciembre de 1979:

«Zuen eta gure lanek gure herriaren eta gizadi osoaren barneko nahiz kanpoko bakearen eta handitasunaren alde balio dezatela.»

Que nuestro trabajo y el vuestro contribuyan a la paz y a la grandeza de nuestro pueblo y de toda la humanidad.

Así que hoy, ante esta escultura y ante quienes mantienen viva Euskadi, quisiera simplemente decir:  

Eskerrik asko, aitona.

Gracias por habernos enseñado que se puede atravesar toda una vida sin renunciar jamás a aquello en lo que uno cree.

Gora Euskadi !

Gora Euskadi Askatuta !

EL DÍA DE LA DIÁSPORA EN DONIBANE

Miércoles 9 de septiembre de 2026

El martes con María Esther estuve en Donibane Lohizune en la celebración  anual  del Día de la Diáspora. Fuimos con cierto tiempo habida cuenta que ya lo importante no suele ser el acto en si, sino si encuentras plaza de aparcamiento donde sea. Y no fue fácil.

Previamente dimos alguna vuelta por una Donibane que me trae mil recuerdos. El hotel Madison donde se reunió el Lehendakari Leizaola con el Consejo General Vasco en 1978, la casa de Monzón donde estuvo la capilla ardiente del Lehendakari Agirre, el busto de Lucarini al Lehendakari (el mismo que en Trucíos), la rue Gambetta con su comercio y librerías, la casa de Rezola en la Rue Sopite, la de Mikel Isasi y el Gordo Inza, el hotel donde llegaba Don Manuel de Irujo, la Agende de la Poste de los Durañona, la manifestación que hicimos en 1976 por el cuarenta aniversario del primer Gobierno Vasco y nos la prohibió el Prefecto, el puerto en el que mandó años como presidente de la Cofradía de Arrantzales un primo de mi ama, la imprenta del PNV, el bar de Etxabe y Sabin  Etxea, la estación, Vía Gochoki, la placa de la calle dedicada al bertsolari Xanpu ……¡Tantas cosas y recuerdos con la tristeza  añadida de que la mayoría de las personas ya han fallecido la vida sigue sin ellos y sin su recuerdo. El último Juan Mari Feliú.

La figura del Lehendakari José Antonio Agirre centró el martes en San Juan de Luz la celebración del Día de la Diáspora Vasca de este año 2026, en el que también se conmemora con el 90 aniversario de la constitución del primer Gobierno Vasco liderado por el Lehendakari Agirre. El acto central, presidido por el Lehendakari Imanol Pradales y acompañado por miembros de la familia Agirre y una amplia representación institucional, cultural y ciudadana, tuvo  lugar en el centro cultural Peyuco Duhart, que se encuentra a escasos metros del lugar cementerio donde descansan los restos del primer Lehendakari. La celebración se desarrolló bajo el lema ‘Izan ginen, bagara eta izango gara’ (Fuimos, somos y seremos), que resume la continuidad histórica del pueblo vasco y de su Comunidad Vasca Global.

El Lehendakari ha reivindicado el papel de la diáspora vasca como “parte imprescindible de nuestra memoria colectiva y una aliada esencial para construir la  Euzkadi Global”, recordando que fue decisiva para mantener viva la identidad, el euskera, la cultura y la legitimidad democrática de Euzkadi durante los años más difíciles. Pradales subrayó que este vínculo debe actualizarse y convertirse en un “camino de doble sentido”, capaz de conectar a Euzkadi con nuevas oportunidades en ámbitos como la empresa, el talento, la ciencia y la cultura. En este sentido, ha destacado que la futura Ley de la Comunidad Vasca en el Exterior permitirá adaptar la relación con la diáspora a la realidad actual, con nuevos derechos y servicios, órganos más abiertos, una ventanilla única y herramientas de participación digital, con el objetivo de implicar especialmente a las nuevas generaciones y dar continuidad al vínculo que durante siglos ha unido a Euskadi con su comunidad global.

El acto ha rendido homenaje a toda una generación que vivió el exilio y que, desde distintos lugares del mundo, contribuyó a mantener viva la identidad, la cultura y las instituciones de la nación vascas en uno de los periodos más difíciles de la historia de Euskadi.

El viaje de Agirre, convertido en relato escénico

Uno de los elementos centrales del evento ha sido una representación artística que recreó el periplo del Lehendakari José Antonio Agirre y de su familia durante el exilio, inspirada en su diario ‘De Gernika a Nueva York pasando por Berlín’.

A través de este relato se ha puesto de manifiesto el papel desempeñado por las comunidades vascas organizadas en distintos países, que permitieron al Gobierno Vasco mantener su continuidad institucional durante el exilio. El Gobierno Vasco estableció inicialmente su sede en París y posteriormente en Nueva York, al tiempo que desarrolló una amplia red de delegaciones y representación internacional, especialmente en el continente americano.

La jornada contó  asimismo con la participación del grupo de danzas del Centro Vasco Gure Etxea de Tandil (Argentina), cuya presencia ha simbolizado el compromiso de las comunidades vascas del exterior con la preservación y transmisión de la cultura vasca.

Finalizo con la especie de bertso enviado  desde Venezuela sobre la Diáspora:

“Somos las croquetas de la amama, pero también somos las arepas y el guayoyo.

Somos el euskera que escuchamos en casa y el “chévere” que se nos escapa al hablar. Somos el sonido del txistu y el cuatro venezolano; la txapela y el liquiliqui; el roble de Gernika y el araguaney florecido.

Somos quienes un día cruzaron el océano con una maleta llena de incertidumbre, dejando atrás su tierra, pero no sus raíces. Y somos también la Venezuela que nos recibió, les ofreció un hogar y les permitió comenzar de nuevo.

Llevamos a Euzkadi en los apellidos, en las costumbres y en la memoria; y llevamos a Venezuela en el acento, en la alegría y en el corazón.

No somos de un lugar o del otro: somos el abrazo de dos pueblos. Somos memoria, gratitud y esperanza. Somos raíces vascas creciendo bajo el sol de Venezuela.

Hoy celebramos lo que fuimos, lo que somos y todo lo que seguimos construyendo juntos.

Bi herri, bihotz bat. Dos pueblos, un solo corazón

¡Feliz Día de la Diáspora Vasca!”

HAN VENDIDO VENEZUELA CON LOS VENEZOLANOS ADENTRO

Martes 8 de septiembre de 2026

Para controlar la riqueza petrolera venezolana, la Administración Trump necesita controlar las condiciones políticas, y eso exige estabilidad, no cambio

Boris Muñoz

https://elpais.com/america/2026-09-05/han-vendido-venezuela-con-los-venezolanos-adentro.html

El “mayor acuerdo petrolero del siglo” entre Donald Trump y Delcy Rodríguez, a través del cuestionado empresario Alejandro Betancourt, es un hito crucial en la historia de Venezuela. Y lo es por las peores razones: la dimensión de lo negociado, la opacidad del proceso, la falta de legitimidad democrática de quienes lo negociaron y los poderes extraordinarios que otorga a Washington sobre Venezuela.

Pese a que muy probablemente generará una inyección de inversiones multimillonarias, es un mal acuerdo. Tanto que, por primera vez en más de dos décadas, la oposición y el chavismo disidente han coincidido en repudiarlo. Porque, con lo poco que ya ha transpirado, se puede llegar a una conclusión inquietante: entregar a Estados Unidos 35% del 55% del petróleo venezolano y otro 20% con grandes descuentos, “sin costo para los contribuyentes estadounidenses”, y por el lapso de un siglo, es un despropósito y una hipoteca que pesará sobre muchas generaciones.

Han vendido Venezuela con los venezolanos adentro.

Más que un acuerdo petrolero, se trata de un pacto fáustico. El chavismo gobernante obtiene lo que más necesita: supervivencia política. Washington gana lo que más desea: acceso privilegiado a una de las mayores reservas de petróleo del mundo y un poder de supervisión sin precedentes sobre la economía venezolana. El beneficio inmediato puede ser la recuperación de un país devastado. El costo histórico, sin embargo, es mucho más difícil de calcular: una cesión de soberanía de dimensiones extraordinarias.

Esa parece ser la lógica íntima del acuerdo. El secretario de Estado, Marco Rubio, ratificó esta semana que Estados Unidos debe controlar los ingresos petroleros venezolanos para evitar que gobernantes y élites vuelvan a robarse la renta. La ironía se cuenta sola: esos gobernantes y esas élites son los mismos que llevan casi tres décadas en el poder. Pero Rubio no busca romper esa continuidad, sino administrarla. Porque para controlar la riqueza petrolera venezolana, la Administración Trump necesita controlar las condiciones políticas, y eso exige estabilidad, no cambio.

Es un acuerdo espurio de cabo a rabo y debe ser denunciado por lo que es: la contracara de la tutela que Estados Unidos ejerce sobre Venezuela y que permite controlar sus riquezas desde la extracción de Nicolás Maduro.

Pero hay más. Es la cabeza de playa de la entrada al país de un conjunto de empresas, petroleras, financieras y de comunicaciones ligadas a Trump, una red de aliados y socios que han formado parte de su administración y han donado a sus campañas. Es el caso de las empresas Sable y Primavera, como reveló The Financial Times.

Esa tutela solo ha sido posible porque la troika chavista ha garantizado su funcionamiento en el terreno. La cara oculta del acuerdo petrolero es otro acuerdo, de naturaleza política, que permite al chavismo permanecer en el poder con la aprobación de la Casa Blanca. En otras palabras: el Rodrigato entrega el país a cambio del poder.

Alejandro Betancourt ocupa un lugar singular en esta historia. El más prominente de los llamados “bolichicos” no es un simple intermediario: es el puente entre la corrupción del viejo chavismo, la supervivencia de un orden post-Maduro y los intereses de Washington. Según Marc Caputo en Axios, fue Betancourt quien conectó a Delcy Rodríguez con Marco Rubio la madrugada del tres de enero, mientras tropas estadounidenses asaltaban Fuerte Tiuna. Otras fuentes venezolanas aseguran que su relación con el entorno de Trump es mucho más antigua. Si las conversaciones en Catar de fines de 2025 ya habían revelado que Delcy figuraba como sustituta de Maduro en una salida negociada, ahora sabemos también quién ayudó a cerrar el círculo —y quién se asegura de que ese círculo no se abra con unas elecciones.

Trump lo ratificó cuando, consultado sobre elecciones presidenciales en Venezuela, respondió que “el país no está preparado”. La frase es cínica y reveladora: la inmensa mayoría de los venezolanos apoya elecciones a corto plazo, pero éstas introducirían justo la incertidumbre que la nueva arquitectura del poder en Venezuela fue diseñada para evitar.

Ahí está la paradoja del acuerdo: puede atraer las inversiones que la economía venezolana necesita para salir de la ruina mientras consolida un sistema que priva a los venezolanos de decidir su propio destino y profundiza la dependencia de Washington bajo el chavismo.

Trump ha mostrado desdén por la democracia venezolana. Lo que le importa son los negocios y las ventajas que pueda extraer de ellos. Si los venezolanos ya están felices bailando en la calle, como ha repetido, ¿para qué necesitan elecciones y democracia? Los pactos fáusticos siempre ofrecen algo deseado —por eso seducen. Los venezolanos podrían obtener una mejora económica a corto plazo. Pero el precio oculto es existencial porque se ha logrado a través de alianzas con fuerzas antidemocráticas y se pagará con soberanía, instituciones y capacidad de autodeterminación.

La cúpula gobernante venezolana ya lo firmó. Abandonó la defensa de la soberanía nacional y la lucha antiimperialista que durante años sirvieron de justificación a su proyecto político. A cambio, recibió un bono de supervivencia.

Después de varios días de silencio, María Corina Machado rechazó la opacidad de una negociación realizada en las sombras por un gobierno sin legitimidad democrática, pero evitó cuestionar el papel de la Administración Trump como contraparte del acuerdo. Esa cautela es comprensible. También es un error: denunciar solo a uno de sus firmantes equivale a aceptar al otro.

Por eso, Machado corre el riesgo de quedar atrapada dentro de la lógica del pacto fáustico. Si el chavismo ha intercambiado soberanía por permanencia en el poder, ella no puede limitarse a esperar que Washington corrija el problema el día que le venga en gana, puesto que a Trump solo le interesa la estabilidad de una arquitectura de poder que le permite avanzar sus intereses.

Conviene que Machado comprenda que de una relación con Trump solo se puede salir ileso de dos maneras: mediante la sumisión absoluta o teniendo tanto poder como él –y la primera atrae favores pero no ofrece garantías. Machado ya intentó la diplomacia de la pleitesía al entregarle a Trump su diploma del Nobel de la Paz tras el desplante del tres de enero, cuando el líder MAGA la humilló al calificarla de débil y carente de respeto. No funcionó porque Trump no la quiere. Y porque no la quiere, no la ve como la protagonista de su proyecto venezolano.

Hay una tercera opción para lidiar con Trump: darse su lugar. El mejor ejemplo reciente es el de Mark Carney, primer ministro canadiense, quien respondió a los aranceles de Trump, aun sabiendo que el costo económico para Canadá sería elevado. Los canadienses entendieron que ciertas concesiones tienen un precio demasiado alto y han premiado a Carney con su respaldo.

Machado no dispone del poder necesario para medirse con Trump en ningún campo. Pero conserva algo que nadie más tiene: el respaldo mayoritario de los venezolanos. Por eso debe desobedecerlo, regresar al país de inmediato, reagrupar a una oposición fragmentada, energizar la política y movilizar a la población para exigir la renovación del CNE y elecciones presidenciales libres. Tiene que desafiar simultáneamente al Rodrigato y a la tutela que lo sostiene.

Pero primero, debe entender su papel en lo que está en juego y darse cuenta de que puede ser su última oportunidad. Solo así Venezuela conservará viva la esperanza de conquistar su libertad y renegociar el acuerdo petrolero del siglo, sin quedar para la historia como una colonia de facto que ni siquiera llegue a ser el estado 51 de la Unión. Y solo así seguirá siendo digna de la responsabilidad que los venezolanos le confiaron al elegirla como líder opositora con el 93% de los votos. La tarea que tiene por delante no es simplemente derrotar al chavismo: es impedir que el pacto fáustico se convierta en el destino permanente de Venezuela.