AQUEL SUPERVISOR DE NUBES ACOSTADO EN UNA HAMACA

Domingo 21 de junio de 2026

Conocemos a Rodríguez Zapatero desde 1986. Y le combatimos desde  que nombró a Raúl Morodo embajador en Caracas, embajador que fue juzgado, condenado a cárcel y multa junto a su hijo por corrupto, y  sobre todo porque se dedicó a blanquear la dictadura de Maduro..

Tras su elección, Rodríguez Zapatero trabajó en las comisiones parlamentarias a las que había sido adscrito. Era un diputado educado, tranquilo, que cuando subía al bar trasero del hemiciclo se detenía a hablar con nosotros para comentar alguna cuestión o sobre ETA, o sobre la dureza de Aznar, o sobre el tren de La Robla, que unía León con Bilbao, o sobre temas de actualidad. La relación siempre fue buena. Cuando fue elegido secretario general del PSOE y hubo de firmar la Ley de Partidos y asumir muchas de las impresentables políticas de Aznar, siempre se justificaba diciéndonos que entonces le tocaba cerrar puertas para luego abrirlas cuando fuera presidente del Gobierno. Tenía muy asumido que lo sería.

SIN COLUMNA VERTEBRAL

Sin completar su segunda legislatura, el viernes 3 de febrero de 2012 José Luis Rodríguez Zapatero se despidió ante los suyos como secretario general del PSOE, Yo me despedí de él, parlamentariamente hablando, con una pregunta sobre aquella ocurrencia que nos presentó como la panacea para la resolución de la paz en Oriente Próximo y con el mundo árabe: el encuentro o diálogo de civilizaciones. Un encuentro que no se enteró de la primavera árabe y que en la práctica solo sirvió para darle cierta cobertura a Turquía y un trabajo al expresidente portugués Sampaio.

Xabier Arzalluz tenía una expresión para calificar a personas como Zapatero: “Gentes sin columna vertebral”. Un día dicen una cosa, la semana siguiente otra, andan con un sombrero de moda  y cada cierto tiempo sacan un conejo de esa chistera, sonríen mucho, hacen las grandes faenas a los cercanos, se encaprichan con la gente, tienen buena voluntad pero ningún proyecto coherente sobre casi nada… y tira millas. Bien es verdad que eso suele funcionar parcialmente, pero solo en tiempos de bonanza.

Es verdad que también ganó dos elecciones y que tuvo al PSOE en un puño, tras cargarse la generación anterior a la suya, por lo que no le tenían  la menor simpatía… Ni González ni Solana ni Almunia ni Serra, ni Solchaga ni Benegas ni nadie que él creyera que le podía hacer sombra quedó vivo para contarlo, salvo Pérez Rubalcaba, que hizo lo mejor que sabía hacer: rubalcabismo.

Ante esta descripción  se nos puede preguntar a nosotros, ¿por qué ustedes le apoyaron al final de su mandato aprobando los presupuestos?. Zapatero se había quedado sin el apoyo de CiU y ERC, por el incumplimiento y “cepillado” de su estatuto, y lo hicimos por dos razones. Porque no queríamos una intervención del estado español como había ocurrido en Grecia o Portugal y porque vimos que era la única manera de desbloquear el Estatuto de Gernika, algo que se consiguió de forma raquítica.

Anunciada su despedida nos dijo lo que iba a hacer: “El mejor destino es el de supervisor de nubes acostado en una hamaca”. Pero no lo hizo, desgraciadamente. Se dedicó a enriquecerse en Venezuela con la pátina de mediador y la de atender a los presos del chavismo. Todo un montaje mentiroso, que denunciamos reiteradamente.

ESPAÑA ES UN CONCEPTO DISCUTIDO Y DISCUTIBLE

El problema de Zapatero como jefe del Gobierno fue que no tuvo nunca una idea acabada sobre casi nada y podía decir una cosa un día y la contraria al siguiente sin inmutarse y a conveniencia. Una de ellas era su idea de España y del Estado autonómico. Las dos piedras en el zapato que le tocó lidiar las abordó con simpleza, sin modelo, en función de la coyuntura, unas veces tratando de agradar a unos y otra a otros. Y así le fue. Y así nos fue. Si para él, como dijo en el Senado en noviembre de 2004, ”la nación española es un concepto discutido y discutible”, debería haber llevado esa reflexión a sus últimas consecuencias, pero no fue así, porque unas veces se envolvía en la ikurriña, otras en la senyera y las más en la bandera rojigualda. Nunca supo a qué atenerse. La prueba está en que el 20 de octubre de 2011, un mes antes de las elecciones generales que ganó Rajoy, ETA anunciaba su cese definitivo de la lucha armada.

Zapatero no recogió ni un solo voto, vía PSOE, de aquella histórica decisión esperada durante cincuenta años y cuya medalla quería ponerse, como dijo Eguiguren. Con el camino trazado por Aznar en la Ley de Partidos, siguiendo y estrechando la cooperación internacional, con continuos éxitos policiales gracias a una constante infiltración, con las seguidas caídas de los pocos comandos que quedaban, controlando la kale borroka y dejándole hacer a un mesiánico Jesús Eguiguren, que se consideraba uno de los apóstoles de la integración del mundo de Herri Batasuna en la vida política institucional, las conversaciones de Loiola terminaron por quedar bloqueadas en 2010 porque el sector duro de ETA se impuso al no haber una hoja de ruta clara y porque Zapatero llegó a asustarse de los acuerdos previos alcanzados en Loiola. Pregúntenle a Josu Jon Imaz y a  Iñigo Urkullu.

En un pleno me llamó a un aparte y me preguntó cómo lo veía: “Mal le  contesté—. Están muy chulos y van a romper. Son como Arafat, incapaces de llegar a acuerdos porque han interiorizado en su dogmatismo que negociar es que les des toda la razón y actúan como adolescentes sanguinarios”. ”Te  equivocas -me contestó-. Esto va bien. Lo verás en breve”. ¡Vaya que si lo vimos!

El 29 de diciembre de 2006, en su mensaje de fin de año, Zapatero dijo que  “hoy estamos mejor que hace unos años. Pero dentro de un año estaremos aún mejor.” El presidente, y los servicios de inteligencia, demostraron una supina ignorancia y dieron la imagen de estar en las nubes, pues al día siguiente, el 30 de diciembre de ese año 2006, un sábado, ETA ponía una furgoneta bomba en la terminal T-4 de Barajas y mataba a dos ecuatorianos y hería a veinte personas, destrozaba parte del estacionamiento e interrumpía la vida normal del aeropuerto. Su consecuencia, además de la pérdida de las vidas humanas y del elenco de heridos, fue dinamitar el proceso de paz entre el gobierno y ETA, que había declarado un alto al fuego permanente. La cara de Zapatero tragándose sus palabras de la víspera fue todo un poema. No se había enterado de nada.

NI CON IBARRETXE NI CON CATALUNYA

En lo político tuvo que hacer frente a lo que se denominó el “Plan Ibarretxe”.  Esta iniciativa era una reforma en profundidad del Estatuto de Gernika que Ibarretxe había logrado aprobar en el Parlamento vasco y que había promovido ante el bloqueo de aquella ley orgánica vasca, refrendada en 1979, que era el Estatuto de Gernika y que seguía clavada en competencias importantes. La apuesta de Ibarretxe enviaba un mensaje a la izquierda abertzale para que luchara políticamente y dejara de apoyar un grupo armado (ETA) que hablando en nombre del pueblo vasco mataba a quien se le oponía y lo llevaba haciendo desde los remotos tiempos del franquismo.

Pero Zapatero pactó con Mariano Rajoy, y el 2 de febrero de 2005, con una expectación como no ha habido otra igual en el Congreso, Ibarretxe desgranó en la tribuna del Congreso las bases de su iniciativa, siendo contestado por Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y los portavoces de todos los grupos parlamentarios. El proyecto fue rechazado con los votos del PSOE, PP, Izquierda Unida, Coalición Canaria y Chunta  Aragonesista. Votaron a favor de su tramitación parlamentaria los diputados de PNV, CiU, ERC, Eusko Alkartasuna, Nafarroa Bai y el BNG, mientras que los dos representantes de Iniciativa per Catalunya (IC) se abstuvieron. La votación se produjo tras un intenso debate que comenzó a las cuatro de la tarde y terminó casi ocho horas más tarde, a las doce menos cuarto, pisando el día siguiente.

Ibarretxe, en su primera intervención, destacó que existía un camino, una solución y un punto de encuentro que era  el derecho a decidir y la obligación de pactar, y aseguró que la iniciativa que defendía era legal, legítima y democrática y una propuesta para convivir, no para romper.

Con mucha claridad, el lehendakari, haciendo uso del turno de réplica concedido por la cámara, acusó a Zapatero y Rajoy de pactar en La Moncloa el resultado de la votación de la sesión de aquel martes. Ese día Zapatero cometió la torpeza política de no admitir a trámite una iniciativa que habría podido, después, enmendar en comisión. Prefirió pactar con el PP.  A Ibarretxe no le dio ni agua.

Tampoco demostró mucho juego de muñeca en relación a la reforma del estatuto catalán. José Luis Rodríguez Zapatero prometió solemnemente en noviembre de 2003 apoyar la reforma del estatuto que aprobara el Parlamento catalán. Lo hizo en el Palau Sant Jordi de Barcelona ante cerca de veinte mil personas que asistieron al mitin central de aquella campaña. Zapatero dijo aquel día que solo Pasqual Maragall aseguraba el cambio, y asumió las principales reivindicaciones del PSC.

Rodríguez Zapatero, que recitó un verso en catalán de Miquel Marti i Pol, fue tajante:” Apoyaré la reforma del estatuto que apruebe el Parlamento catalán”, afirmó, solemne, entre aplausos. Adoptó como propias otras tres demandas de Maragall: el impulso del Eje Pirenaico de infraestructuras, la reforma del Senado para que fuera una auténtica cámara de representación territorial, y que los organismos del Estado tuvieran presencia en todo el territorio estatal, incluida Catalunya.

No cumplió absolutamente nada de lo prometido y el cabreo catalán fue monumental. Esta situación de enfado con CiU y ERC hizo que los votos del PNV fueran los necesarios y suficientes para sacar adelante los presupuestos que había presentado Zapatero, que ya no contaba con ninguna fuerza catalana de apoyo, junto al ataque continuo de un PP que ya se veía en La Moncloa. Gracias a esta coyuntura el PNV logró desatascar el Estatuto de Gernika clavado como estaba y tan fijo y seco como la momia de Tutankamon.

En resumen, Zapatero fue  un contumaz maestro del golpe de improvisación, de apoyos coyunturales y de interpretar el baile de la yenka. Conviene recordarlo. Un político sin columna vertebral.

EL FRANQUISMO Y LOS NOMBRES EN EUSKERA O DE SIGNIFICACIÓN NACIONALISTA DE LOS BARCOS DE BERMEO

Sábado 20 de junio de 2026

Josu Erkoreka Gervasio

Las huestes de Franco se ensañaron de manera especial con el mural pintado por José María Uzelai en el batzoki de Bermeo. No era una simple obra de arte; era todo un símbolo de la intensa pasión con la que el pueblo de Bermeo vivía la pulsión patriótica vasca. Le descerrajaron varios tiros y, con la ayuda de una brocha, ocultaron, tras una grotesca capa de pintura, los nombres en euskera, o de significación nacionalista vasca.

Uzelai tuvo la delicadeza de situar en un lugar central, los vapores ‘Izaro’ y ‘Osasuna’, que el 27 de agosto de 1933 habían chocado en alta mar.

El mural pintado por José María Uzelai para el batzoki de Bermeo es una de las joyas artísticas más reseñables del batzoki de Bermeo –aparte, por supuesto, del propio edificio, una construcción de estilo racionalista proyectada por el arquitecto Pedro Ispizua–. El magnífico mural que el artista bermeano pintó para ser exhibido en su salón principal es una pieza pictórica de 34 metros cuadrados en la que el que su autor quiso plasmar un ambicioso retrato colectivo del municipio, representándolo como una comunidad pujante en el ámbito pesquero y fuertemente comprometida con la causa nacional vasca.

Dentro del intenso ambiente marinero que invade todo el conjunto –el óleo representa el puerto y reproduce con detalle útiles, aparejos, pertrechos y otros elementos de la vida laboral de los arrantzales de la época– una gran parte de las personas que figuran en la estampa resultan perfectamente identificables por reunir la doble condición de gentes vinculadas a la comunidad marinera local y militantes nacionalistas adscritos al batzoki del municipio. El artista quiso ser tan fiel a la realidad, que hasta las embarcaciones atracadas en la dársena reproducen vapores reales de la época, que pertenecían a conocidos armadores bermeanos de ideología jeltzale. Todo está estudiado al detalle para representar con la máxima fidelidad la épica cotidiana de un pueblo trabajador y sacrificado, que vive apasionadamente la energía del patriotismo vasco.

La obra fue fruto de un trabajo intenso y concienzudo. Para su realización, Uzelai invitó a pasar por su estudio a las personas que le sirvieron de modelo e inspiración para perfilar las figuras que ocupan una posición destacada en la tabla. Unos días antes de su presentación pública, el cronista local del diario Euzkadi, Julen Urkidi, empleado de la cofradía y militante de Juventud Vasca, daba cuenta del trabajo que el artista estaba desarrollando para ultimar el mural de cara a la inauguración oficial del batzoki, y se hacía eco de la expectación que ello estaba generando entre los militantes de la villa: “Batzokiko laurkak dirala-ta euzko-margolari ospatsu au batera eta bestera dabil. Ia azkenian zer urtetan daben”.

Descripción: Día de la inauguración del batzoki de Bermeo.Cuando se inauguró el batzoki, en junio de 1934, uno de los atractivos que se utilizaron como reclamo para los visitantes fue, precisamente, la espectacular obra de Uzelai. La víspera del gran día, el diario Euzkadi observaba que “el prestigioso artista” había regalado al batzoki de Bermeo “un cuadro que, como suyo, es verdaderamente hermoso”. Y, en fin, la crónica de los actos inaugurales, señalaba que “Los visitantes tuvieron ocasión de admirar la obra maestra del pintor don José María de Uzelai, una vista del puerto de Bermeo […] Muchos y muy merecidos elogios se hicieron de estas pinturas”.

Día de la inauguración del batzoki de Bermeo.

Cuando las tropas franquistas ocuparon el municipio, en mayo de 1937, no tardaron en ocupar el batzoki y ponerlo a su servicio. Era un edificio amplio y nuevo, que resultaba muy útil para la labor propagandística que deseaban emprender. En un principio fue utilizado como centro de detención de desafectos a la causa rebelde, pero pronto pasaría a manos de la Falange. Al término de la guerra civil, quedó adscrito al Frente de Juventudes y en los años sesenta fue asignado a la Organización Juvenil Española. Los de mi generación recordamos que, en aquella época, sobre la barandilla de la terraza principal y de cara al puerto, unas letras de gran tamaño formaban la palabra FRANCO.

Durante la larga noche franquista, ninguna de las instalaciones –excepto el salón de cine, obviamente– recibió un trato que pueda ser considerado cuidadoso. Y privado, como estaba, de un mínimo mantenimiento, el edifico fue deteriorándose progresivamente, frente a la impotente mirada de los militantes abertzales que habían contribuido a su construcción. El mural de Uzelai no corrió mejor suerte. Las huestes de Franco se ensañaron con él de manera especial. No era una simple obra de arte; era todo un símbolo de la intensa pasión con la que el pueblo de Bermeo vivía la pulsión patriótica vasca. Le descerrajaron varios tiros y, con la ayuda de una brocha, ocultaron, tras una grotesca capa de pintura, los nombres en euskera, o de significación nacionalista vasca, que las embarcaciones representadas en la imagen llevaban consignados en la proa. Su propósito era claro: erradicar la lengua vasca y las expresiones del nacionalismo vasco hasta de las manifestaciones artísticas.

Huelga señalar que, como se puede comprobar en las fotografías que ilustran este artículo, el resultado de la intervención que llevaron a cabo en el cuadro con objeto de tapar los nombres de los barcos, fue bastante chapucero. Pero no contentos con esta agresión inicial, los más diligentes seguidores del Movimiento acabaron desmontando el mural y trasladándolo a un almacén, donde permaneció plegado y acumulando polvo, durante varios lustros.

Tras la muerte del dictador, la organización municipal del PNV recuperó el batzoki y rescató el mural, restituyéndolo al lugar para el que fue concebido. Hoy se exhibe en el museo del pescador, cuidadosamente restaurado. Pero en la imagen adjunta, obtenida hace más de quince años, se pueden apreciar los toscos brochazos con los que algún meritorio falangista local emborronó los nombres de las embarcaciones representadas en la obra. Tan sólo respetaron uno: el del vapor Jesús del monte que había sido construido en 1924 por el nacionalista Mariano Azeretxo.

El paso del tiempo fue difuminando los brochazos de los falangistas y hoy, tras la esmerada restauración practicada por la Diputación, se puede leer una gran parte los nombres originales con bastante claridad. Ello permite constatar que, en este punto, al igual que en otros aspectos de la obra, Uzelai fue rigurosamente fiel a la realidad. De manera que los barcos que llevó al mural –todos, como ya he dicho, pertenecientes a conocidos militantes nacionalistas de la localidad– están representados en la tabla tal y como eran: con el mismo color, el mismo nombre y el mismo folio. Incluso tuvo la delicadeza de situar en un lugar central, los vapores Izaro y Osasuna, que el 27 de agosto de 1933 habían chocado en alta mar, provocando la muerte de 11 pescadores, casi todos militantes jeltzales. Una tragedia que fue muy sentida en la comunidad pesquera.

LOS NOMBRES DE LOS BARCOS MATRICULADOS EN BERMEO

Tradicionalmente, los nombres de las embarcaciones vascas evocaban mayoritariamente figuras destacadas del santoral católico u otros motivos de carácter religioso, expresados en castellano: San Antonio y ánimas; San Andrés; Virgen del Carmen; Cruz de la esperanza, etc. En ocasiones, también se les bautizaba con un topónimo –Chacharramendi, Sollube Mendi o Ederra Mendi– o con un nombre propio; con frecuencia, el de la esposa, la madre o la hija del propietario.

Un detalle de los daños provocados en la obra como consecuencia del maltrato al que fue sometida por los franquistas y del estilo chapucero con el que estos borraron los nombres en euskera o de significación nacionalista vasca que los barcos llevaban consignados en la proa. Las embarcaciones que se ven en la imagen son (en realidad, eran) las siguientes: en la primera fila, ‘Alkartasuna’ (1660), ‘Sabin Echea’ (1545) y ‘Ludiko Atsegiña’ (1655). La primera y la tercera están, además, agujereadas, probablemente por el impacto de una bala. En la segunda fila se encuentran ‘Arantzazuko Ama’ (1537), ‘Arguiñena’ (1584) y ‘Almikako Ama’ (1546).

Hacia finales el siglo XIX, este rígido esquema inicial dio paso a un proceso de paulatina flexibilización. Por una parte, empezaron a multiplicarse los nombres en euskera. Y así surgieron, entre otros, los vapores Ama Almikakoa (1910), Aita Kurtziokoa (1911), Jesusen Biotza (1917), Ignazio geurie (1917), Sendi Deuna (1921) y Angeru jagolia (1921).

Por otro lado, el nomenclátor naval bermeano empezó a incorporar nombres de carácter político y, especialmente, aunque no sólo, de sesgo nacionalista vasco. Algunos de los más antiguos fueron la lancha Bizkaitarra, que naufragó en 1902 y el vapor Arana Goiri Sabin que fue construido en 1911. Ese mismo año, el conocido jeltzale Tomas Arana mandó construir el vapor Sabino Arana-ena. Con lo que el fundador del nacionalismo vasco era recordado por doble vía.

Durante la II República –y especialmente a partir de 1933– crece ostensiblemente el listado de barcos a los que se imponen nombres de significación abertzale. La moda adquiere tal intensidad que, en algunos casos, se cambia el nombre de embarcaciones construidas tiempo atrás, sustituyéndose la denominación inicial por una nueva de inequívoca impronta nacionalista. Valgan tres ejemplos para dar cuenta de este proceso. El vapor Maiteder se rebautizó andando el tiempo como Euzko Gaztidixa. A Mar Atlántico (1928), de Delfin Hernani, se le nominó Jagi-Jagi. Y al vapor Niño de la Palma, de Elías Altonaga, se le cambió el nombre por Sabin Echea. No hace falta ser muy sagaz para adivinar la adscripción política de los armadores que promovieron estos cambios de nombre.

El cronista bermeano Julen Urkidi elogiaba esta moda en el diario Euzkadi, presentándola como una muestra ejemplar de compromiso político con el ideario abertzale: Motrikuko ontzitegijan eginda, nasa onetara ekarri dabe lurruntzitxu barri bat Jauregitzat´tar Pirmin Abertzale zintzuak eta bere lau gaste lagunak. Itxontzi oneri geure Aberri maitiaren ixena ezarri dautse: EUZKADI. Zorijonak ontzi onen jaubiari. Eta beste batzuk jarraitu dagitzubela euzkel-ixen politakaz, Aberrija, arlo askotara egiten da-ta”.

Huelga decir que la irrupción del franquismo, no sólo cortó en seco esta tendencia, sino que obligó a rebautizar todas estas embarcaciones con el fin de erradicar del paisaje portuario todo atisbo de expresión nacionalista.

LA SONRISA DE LEHENDAKARITZA

Viernes 19 de junio de 2026

El PNV en 1976 solo tenía una oficina en la calle Iparragirre 39. Era el despacho tapadera de dos abogados, Estrade y Zamalloa. Pero allí se celebraban las reuniones del BBB y del EBB. Y allí fui con tres policías cuando nos detuvieron hace cincuenta años, el 1 de abril de 1976 con Bingen Zubiri y el asesinado con posterioridad, Joseba Goikoetxea.

Cuando se pudo iniciar una actividad política, alquilamos n enorme piso en la calle Marqués del Puerto N 4. Mitxel Unzueta tenía su despacho en el piso de arriba. Y tras la elección del primer Bizkai Buru Batzar, en marzo de 1977, allí me trasladé como burukide  junto a JuanJo Pujana. Nos dividimos la superficie en dos. La derecha para Pujana y su centro de formación. Eran años donde la formación se consideraba  algo prioritario, aunque el Instituto Ereintza apenas pudo trabajar y el lado izquierdo me tocó a mí con la Organización, el Euzkadi y la Acción Exterior del Partido. Al poco destinamos pequeño espacio para Begoña Ezpeleta que nos ayudaba en las relaciones públicas. Poníamos esquelas, felicitábamos los cumpleaños, atendíamos a la gente, y sobre todo escuchábamos. ¿Quién escucha ahora?..

Un día se me presentó un afiliado de Getxo con su hijo. Era el aita de José Manuel Lekuona. ”A ver que hacéis con éste que no quiere trabajar en el caserío”. Y allí quedó fijo y haciéndonos mil recados. Se tomaba la vida con parsimonia y le llamábamos cariñosamente “Flecha Veloz”. Amaia Agirre vino de la mano de su aita Paul Agirre.

Otro día vino Rosa Araneta de parte de Mitxel Unzueta. La contratamos y ella con su hija Anabel nos hacían los dossiers de prensa que repartíamos a los cargos públicos. Quedaron contratadas. Y otro día, una chica, afiliada en Zeanuri, del barrio de Ipiñaburu, con una gran sonrisa llamada Izaskun Arrizabalaga. Y le dije: ”Tu aquí en el centro del piso y tras éste mostrador  ,dirigiendo la circulación, atendiendo llamadas y echando  una mano”. Y lo hacía con entrega, sin horas y muy bien.

Un día Begoña Ezpeleta, que había trabajado en la campaña de Carlos Garaikoetxea, me pidió autorización para llevarse a Izaskun a trabajar con ella en Ajuria Enea. Y allí se fue, con harto pesar nuestro. Y allí ha estado cincuenta años. Pero empezó en Marqués del Puerto. Que quede claro.

Yo siempre que iba a Lehendakaritza allí le veía con su sonrisa y sus ganas de ayudar a la gente.

Esta semana me he enterado que se ha jubilado. Nadie te cuenta estas cosas. Afortunadamente Iker Rioja le ha hecho un buen reportaje de despedida en Diario Norte. Lástima que  cuando uno cumple un ciclo de vida y se despide ya no quedan Begoñas Ezpeletas que estén al tanto para notificar algo en lo que has tenido parte o son personas de tu paisaje vital. Lo de ahora no es precisamente la empatía, pero el reportaje queda y vale la  pena leerlo y cuento lo de su origen en la calle Marqués del Puerto pues fue así y fue Begoña Ezpeleta quien le llevó a Ajuria Enea..

Esto es lo escrito por Iker Rioja:

“La Presidencia vasca pierde a Izaskun Agirrezabala, la única mujer que ha colaborado con todos los lehendakaris

Se jubila la auténtica gobernanta del palacio de Ajuria Enea y con ella se marcha casi medio siglo de historia viva de la Euskadi moderna

Aunque desconocida para el gran público, la Presidencia vasca va a perder en los próximos días una pieza fundamental de su engranaje. Se jubila Izaskun Agirrezabala, única colaboradora de todos y cada uno de los lehendakaris desde la aprobación del Estatuto en 1979 y memoria viva de la historia vasca contemporánea. Hasta tres lehendakaris, el actual inquilino de Ajuria Enea, Imanol Pradales, y sus predecesores Patxi López e Iñigo Urkullu, han querido compartir palabras de despedida para ella por su lealtad. “Se lo merece”, aseguran también quienes han ido y venido de Lehendakaritza en estas trece legislaturas, casi medio siglo.

Siempre detrás de los focos, también ahora, cuando se niega a dar entrevistas, Agirrezabala era la genuina gobernanta de Ajuria Enea cuando se celebraba una recepción o incluso la visita de un jefe de Estado. Nada escapaba de su control. Pegada siempre a un papel con el protocolo, controlaba que las banderas estuviesen bien colocadas, que los invitados siempre dispusiesen de agua para mojar la garganta antes de responder a preguntas comprometidas o incluso que el gato que juguetea en los jardines del palacio de los lehendakaris no arruinase una rueda de prensa. Hasta la Casa Real, cuando organiza actos en Vitoria, acata sus dictados por el respeto acumulado en lustros.

Llegó con Carlos Garaikoetxea a la Presidencia vasca, vio levantarse el edificio autonómico y, con el paso de los años, ha acompañado al Dalai Lama abrazándose a un árbol en los jardines de Ajuria Enea y ha llorado con los fallecimientos de dos de sus jefes, José Antonio Ardanza en 2024 y el propio Garaikoetxea ahora, en 2026. En mayo, en la capilla ardiente por el fallecido primer inquilino de Ajuria Enea, los lehendakaris Urkullu, López y también Juan José Ibarretxe tuvieron largas charlas con ella. Antes, el propio Garaikoetxea tuvo ese mismo encuentro con ella en 2025, cuando fue homenajeado el Gobierno de la primera legislatura.

“El día del homenaje al lehendakari Garaikoetxea en Ajuria Enea [en 2025] volví a corroborar algo que ya había vivido en otras ocasiones: la complicidad y el afecto personal del lehendakari, su familia y sus equipos de trabajo con Izaskun. Ha sido una constante en los actos públicos en los que he participado. Todos los lehendakaris, consejeras o consejeros de los diferentes Gobiernos o miembros de sus equipos, encontraban siempre un momento para acercarse a saludar a Izaskun. El patrón no variaba: una mirada traviesa, unas palabras cómplices y una sonrisa prolongada”, señala Pradales, su último jefe.

Y sigue: “Lo que aquel día de homenaje a Garaikoetxea descubrí fue que el vínculo de Izaskun con los lehendakaris era, incluso, anterior a Ajuria Enea. Aquel día supe que una tarde de 1979, trabajando en el edificio Granada en Bilbao, Izaskun acudió a abrir la puerta de acceso y se encontró ante ella con una persona elegantemente vestida, con su sombrero y la gabardina en las manos. Era el lehendakari Leizaola. Imagino la emoción del momento y la escena posterior: la mirada traviesa, las palabras cómplices y la sonrisa que perdura hasta hoy”.

Pradales bromea que “Izaskun decía que le llamaron de Ajuria Enea para echar una mano” y que ha terminado trabajando casi 50 años. “Me consta que, desde el primero hasta el último, todos los días de su vida, hemos tenido siempre y en todo momento sus dos manos a nuestra disposición. Echaremos de menos a una persona única que es historia viva de Lehendakaritza”, señala el lehendakari.

“Es una persona encantadora. Además de ser una gran profesional y muy resolutiva, me quedo sobre todo con su cercanía, su amabilidad, su eterna sonrisa y su saber estar siempre. Su empatía consigue que todo sea fácil, tanto los momentos complicados como los más emotivos y delicados. Ha trabajado con todos los lehendakaris, y estoy seguro de que su trabajo nos quedará en la retina, de que todos lo recordaremos y, sobre todo, de que sabremos valorar la oportunidad de haberla conocido”, agrega López, en el cargo entre 2009 y 2012.

El mensaje de Urkullu, traducido del euskera vizcaíno, apunta a que no solamente ha estado “al servicio de los lehendakaris de esta época política”, incluido él durante doce años, sino “algo más importante, trabajando siempre a favor de Euskadi desde Lehendakaritza”. “Siempre sonriente […] y siempre dispuesta a ayudar a todo el mundo”. “Tengo la seguridad de que tendrás el reconocimiento de todos los compañeros y altos cargos”, agrega Urkullu, lehendakari desde 2012 a 2024 y que envía el agradecimiento en su nombre y en el de su familia.

Entre las muchas personas que han ido pasando por los distintos equipos de los lehendakaris está Silvia Colmenero, ahora en el equipo del consejero Javier Hurtado pero en Presidencia con López. 2009 fue un momento singular en la política vasca. El único en que el PNV perdió Ajuria Enea a pesar de ganar las elecciones. El PSE-EE se apoyó en el PP para lograr el poder. “Cuando entré en Lehendakaritza por primera vez la sensación fue bastante abrumadora, por la gran responsabilidad que conllevaba formar parte del Gobierno socialista del lehendakari Patxi López. Debo decir que quienes trabajaban allí nos acogieron con recelo. A Izaskun ese recelo le duró muy poco, porque siempre ha sido una gran profesional. Y una persona leal”, explica Colmenero.

Y añade: “Me acogió y fue mi guía durante esos años. Ella me enseñó, me aconsejó, como una hermana mayor y una auténtica compañera. Su despacho al lado del mío, siempre juntas, siempre presente para lo que hiciera falta. Sin ella estoy segura de que todo habría sido más difícil y, desde luego, mucho más aburrido porque su humor, un poco ácido a veces, siempre conseguía alegrarme el día”. Ya nadie regañará a los periodistas por no acordarse en sus crónicas de que algún lehendakari en alguna legislatura se reunió con algún papa en el Vaticano… y toda esa historia se diluirá.”