ALBISTEAK

Julio Anguita: muere un líder (PCE-IU) honesto e histórico

Excelente artículo de José Manuel Alonso vía @kazetariak, la revista del Colegio y la Asociación de Periodistas del País Vasco

Hay una frase que puede resumir la vida y obra de una persona: ‘el efecto es el afecto’, frase que durante años ha sido aplicada con razón y sorprendentemente a un político de la izquierda más pura, secretario general del Partido Comunista de España (PCE) y coordinador general de Izquierda Unida (IU): Julio Anguita (1941-2020), fallecido el pasado sábado a los 78 años en el Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba. Anguita ingresó allí una semana antes tras sufrir un paro cardiaco en su domicilio.

Maestro de escuela, ‘califa rojo’, luchador por el bien común

Maestro de escuela y licenciado en Historia, el político nacido en Fuengirola (Málaga, 1941) volvió a su puesto en un instituto de Córdoba tras pasar el liderazgo de IU a manos de Francisco Frutos. Pero nunca dejó de hablar y sentir como político de un partido y defenderlo. Participó en conferencias, eventos públicos y entrevistas hasta el final. Este periodista, como reflejaré más adelante, coincidió con él en algunas de sus visitas y mítines electorales en Euskadi, reconociendo que se prestaba siempre a facilitar programas, ideas y opiniones para todos los medios informativos. 

Conocido como ‘califa rojo’, por ‘sus resultados electorales arrolladores en la ciudad cordobesa de la que fue alcalde de 1979 a 1986’, se le ha reconocido, no solo en su etapa de dirigente del partido comunista sino también como persona: hombre honesto y sin tapujos en sus palabras y mítines. Siempre dijo las cosas claras en favor de sus ideas y de su partido político, incluso cuando sus compañeros se desvariaban escapándose a otros partidos o ideas. El lehendakari Iñigo Urkullu, al lamentar la muerte de Anguita, lo calificó de ‘persona íntegra y comprometida’. Pero no solo comprometida, digo yo, con y por los suyos sino con el pueblo español y la política en general, produciéndose en ocasiones coincidencias con otros partidos, incluso de la derecha, siempre en aquello que entendía como el bien común. 

En 1996, elecciones generales, consiguió más del 10% de los votos

Desde luego, Julio Anguita será siempre un referente de la política con mayúscula, aunque llevaba retirado de la primera fila de la política desde 1999, cuando dejó la dirección de IU después de un segundo infarto. El corazón le había dado ya varios avisos. El primero en plena campaña electoral, cuando se presentaba como candidato a la presidencia del Gobierno en 1993 después de una carrera que lo consolidó como uno de los políticos más respetados a derecha e izquierda. Anguita, tenía un lema ‘programa, programa, programa’ y con ello IU alcanzó sus mayores éxitos electorales, superando ampliamente los dos millones de votos (2.639.774) en las generales de 1993 y 1996, alcanzando en este último año más de un 10 % de los votos y 21 diputados, año en el que José María Aznar ganó por primera vez las elecciones para el Partido Popular. Su periodo al frente de Izquierda Unida se distinguió por la exigencia de concretar acuerdos programáticos y el rechazo a la corrupción. Tras su marcha, IU inició una fase de declive que le llevó a conseguir tan solo dos diputados en las elecciones generales de 2008. 

Julio Anguita se mostraba en ocasiones como hombre liberal, ese liberalismo que consiste, entre otras cosas, en no descartar que el de enfrente pueda tener razón, y la prueba de ello son las últimas intervenciones que conocemos. La última fue hace unos días, en plena pandemia del coronavirus, cuando declaraba: ‘En estos momentos de crispación hace falta serenidad, reflexión y sopesar razones. De cómo salgamos de esta, hoy va a ser mañana’. 

Y para comprobar su grado de honestidad y amor hacia su pueblo siempre recordaremos una de sus últimas intervenciones en las que criticó duramente a la izquierda, acusándola también de que la política se estaba convirtiendo en un problema ético: ‘Lo que me manda mi mandamiento de hombre de izquierdas es no votar al ladrón, aunque tenga la hoz y el martillo (…) Yo miro y juzgo a las fuerzas políticas por lo que hacen, sean del partido que sean. Y yo no pido a mi pueblo otra cosa que juzgue a los políticos por eso que hacen, por el ejemplo que dan, incluso si esos políticos son de la extrema derecha’. 

‘El hombre que no perdió su sombra’

Gregorio Morán, colega que estuvo mostrando durante unos años en Euskadi su crítica a través de su buena pluma, escribió un artículo (21-XI-1991) en su sección ‘Sabatinas intempestivas’ de ‘La Vanguardia’ de Barcelona, donde trabajó durante años, dedicado a Julio Anguita que tituló: ‘El hombre que no perdió su sombra’ y al que presenta de esta forma: ‘Julio Anguita es electoralmente la parte más importante del menguado capital político de Izquierda Unida (…) Sin él IU no es nada, y con él puede aspirar a algo’, lo que se demostró poco después, en las elecciones del 93 y 96. 

Y el articulista señalaba del político algunas de sus frases más sorprendentes por su alejamiento de la cultura marxista, por ejemplo: ‘Nosotros somos como los jesuitas, tenemos toda la eternidad por delante’. Y añade: ‘Julio Anguita no quiere perder su sombra, es decir, el Partido Comunista, y al tiempo es consciente de que presentarse con esas siglas ante el electorado es una provocación. A sus cincuenta años recién cumplidos nadie puede decir de él que constituye el espécimen típico ni del comunista ni del político profesional (…) Su personalidad, sumada al invento de Izquierda Unida, interrumpió la caída hacia la nada’. Y añade: ‘De momento (final de 1991) Julio Anguita sigue su travesía y, a juzgar por la irritación que causa en sus adversarios, no lo debe hacer mal. Algún día habrá que explicarse que lo peor que le puede pasar a un dirigente político es que sus adversarios hablen bien de él’ (…).

Nunca olvidaré un artículo del periodista lírico Manuel Alcántara, al que leíamos todos los días en los diarios de Vocento, entre ellos ‘El Correo’ y el ‘Diario Vasco’, artículo del 28 de abril de 2006, en el que escribía: ‘El ex coordinador de IU, Julio Anguita, cree que después de reformar 17 estatutos de autonomía ‘España quedará como el monstruo de Frankenstein’, llena de parches, tornillos y cicatrices. Ahora sí que no la va a conocer ni la madre que la parió. Algo ha explotado por dentro. En fin: realidad nacional o muerte’.

Se le calificó de ‘nuevo apóstol comunista’

Personalmente tuve oportunidad de coincidir con Julio Anguita al que siempre lo vi como un soñador que hablaba en voz alta. En las entrevistas te contestaba más como amigo que como líder, ajeno a tus propias ideas. Te hablaba incluso de las crisis internas de su partido, se preguntaba él mismo: ¿qué está pasando en IU? Y enseguida, con el tiempo, uno se percataba de que sin él ha sido frecuente el trasvase del voto de IU al PSOE. 

Siempre ponía el ejemplo del diálogo sano, sobre todo con Felipe González. Nunca olvidaré su lucha en octubre de 1991 contra el consumo público de estupefacientes, proponiendo luchar contra el secreto bancario para hacerlo contra el narcotráfico. En el año 97, al tratar de unificar a la izquierda gallega, se le calificó de ‘nuevo apóstol comunista’. Y siempre fue partidario de que los partidos ‘asuman las responsabilidades derivadas de las actuaciones de sus dirigentes, incluso al margen de lo que dictara la ley. Llegó incluso a calificar de táctica propia de los nazis amenazar a los votantes con ‘¡ojo que nos viene la derecha!’. Criticó mucho los pactos postelectorales entre los nacionalistas catalanes con Felipe González y José María Aznar. Y en los debates preelectorales con compañeros de otros partidos acostumbraba a plantear preguntas para ser debatidas en el trascurso de los cara a cara. Todo eso recuerdo de Julio Anguita en mi época periodística activa, a lo que hay que añadir el momento probablemente más trágico (pese a sus infartos) en la vida de Julio Anguita: la muerte de su hijo… 

‘Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen’

Muerte en Irak del periodista Julio Anguita Parrado y el cámara José Couso.

En abril de 2003, este periodista dirigía ‘El Mundo del País Vasco’ y seguía puntualmente las crónicas que escribía su compañero Julio Anguita Parrado, enviado especial del periódico en la Guerra de Irak, como estuvo también tras los atentados terroristas suicidas del 11 de septiembre de 2001 cometidos por la red yihadista Al Qaeda. Y fue el 7 de abril de aquel 2003 cuando recibíamos la noticia de que el joven compañero fallecía al ser alcanzado por un proyectil iraquí lanzado contra la Segunda Brigada de la Tercera División de Infantería estadounidense y, un día después, la muerte de José Couso, cámara de informativos Telecinco por un tanque de EEUU cuando tomaba imágenes desde el hotel Palestina. 

El reportero Julio Anguita Parrado firmaba sus crónicas para ‘El Mundo’ y lo hacía junto a los soldados estadounidenses en primera línea. Aquella fatídica jornada los militares a los que acompañaba iban a tomar una posición enemiga en una misión arriesgada. Julio Anguita Parrado, aconsejado por los mandos de EEUU, se quedó en la base. Esa decisión resultó fatal, porque allí fue a caer un misil iraquí que mató al periodista, mientras que la avanzadilla regresó sin bajas aquel día. 

La muerte del cámara José Couso fue diferente, ya que su posición en el momento del ataque la conocía perfectamente el Ejército de EEUU. El hotel Palestina era el edificio elegido por el gobierno iraquí para alojar a la prensa internacional. El reportero gráfico, que grababa para Telecinco en aquellos momentos junto a nuestro conocido y premiado compañero Jon Sistiaga, se asomó al balcón de su habitación 03 del piso 14. Allí enfocó a un carro de combate M1 Abrams que avanzaba por uno de los puentes sobre el río Tigris. El tanque giró su torreta y abrió fuego. El proyectil impactó un piso más arriba, en el 15, matando en el acto al periodista ucraniano Taras Protsyuk, de la agencia Reuters, e hiriendo de gravedad a Couso, que fue trasladado al Hospital San Rafael de Bagdad, donde falleció mientras era operado de urgencia. 

El Pentágono reconoció la autoría del ataque alegando que los soldados que dispararon contra el hotel, al mando del sargento Thomas Gibson, estaban respondiendo a fuego enemigo, pero ningún periodista internacional fue testigo de ningún disparo hacia aquel tanque blindado. 

Julio Anguita padre, en aquellas fechas excoordinador general de Izquierda Unida, recibió la noticia de la muerte de su hijo cuando iba a intervenir en un acto organizado por la Unidad Cívica Republicana en el Teatro Federico García Lorca de Getafe. Subió al estrado y manifestó, visiblemente emocionado: ‘Mi hijo mayor, de 32 años, acaba de morir, cumpliendo sus obligaciones de corresponsal de guerra. Hace 20 días estuvo conmigo y me dijo que quería ir a la primera línea. Los que han leído sus crónicas en el diario ‘El Mundo’ saben que era un hombre muy abierto y buen periodista. Ha cumplido con su deber y yo por tanto voy a dirigir la palabra para cumplir con el mío …/… Ha sido un misil iraquí, pero es igual, lo único que puedo decir es que vendré en otra ocasión y seguiré combatiendo por la tercera república. Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen’.

‘La bomba es una bomba antes de ser noticia’

230 periodistas murieron en Irak, entre ellos el hijo de Julio Anguita.

Hace unos cuarenta días que se han cumplido los 17 años de aquel doble crimen de los periodistas Julio Anguita Parrado y José Couso. Y hace dos años Arturo Pérez-Reverte escribía un artículo que lo recordaba. ‘No conocía a Julio Anguita Parrado ni a José Couso. Eran jóvenes, y yo me jubilé después de los Balcanes; donde, por cierto, enterramos a cincuenta y seis colegas. No sé qué llevó a Julio y José hasta el misil o la granada que los mató, aunque puedo imaginarlo. En cuanto a por qué murieron, debo decir lo que creo: que murieron porque querían estar allí. Fueron voluntarios a un lugar peligroso, y el padre de Julio Anguita lo resumió con una entereza admirable: ‘Mi hijo murió cumpliendo con su deber’. Punto. Hacían un trabajo duro, y salió su número. En la lotería donde se combinan el azar y las leyes de la balística, les tocó a ellos. Suma y sigue. El resto es demagogia y literatura’. 

Hubo otras palabras entonces que se quedaron grabadas en el periodismo más duro, el de estar en el frente y frente a la bomba que es noticia. De la muerte de Julio Anguita Parrado y José Couso, como las de otros que recordamos, se escribió algo que apuntamos para no olvidarlo: ‘Ellos, estos, viven y trabajan en la situación límite del periodismo, cuando la bomba es una bomba antes de ser noticia. Nosotros la recibimos ya como noticia, o sea, desactivada (…) El día que falten estos reporteros que buscan la verdad, la justicia, el relato de la conmoción y la tragedia humanas, morirá el periodismo de verdad; el periodismo se convertirá en parte de la industria de la construcción o del mueble o del motor o del pirulí con sabor a fresa (famoseo de famosillos) o en marujeo de políticos, el pirulí con sabor a naranja y limón’ (…). 

Ahora, cuando el padre de Julio Anguita Parrado ha muerto empeñando su corazón siempre al borde del infarto para hacer de la política, en este caso la suya, la comunista del PCE e IU, un deber: el de ser honesto, claro y solidario con la realidad y su gobierno, y por eso sentimos que una persona humana cercana e importante, pese a sus ideas no coincidentes con las nuestras, se nos va, nos duele profundamente. Y nos queda desearle ¡ese descanso en la paz de los más sacrificados, realidad y símbolo toda su vida, la del político Julio Anguita!…

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