Dolorosa pobreza

Pese al covid, los multimillonarios siguen in crescendo, y la pobreza se ceba en las mujeres

ME sorprendió escuchar que, no siendo Castilla y León de las zonas ricas del Estado, el número de quienes allí declaran rentas superiores a 600.000 euros se haya multiplicado por cuatro entre 2013 y 2020. En línea con que quienes en España declaran un patrimonio neto superior a 30 millones sean ahora el doble que en 2011. Multimillonarios in crescendo pese a los años de crisis económica y de covid.

Llamativo que el mismo 17 de octubre se recuerde el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza y el Día Mundial contra el Dolor. Como si fueran concomitantes hasta en el recuerdo que provocan. Quizá no sea extraño si vemos cómo se van agrandando las diferencias entre los que lo tienen todo y los que carecen de casi todo, y el hambre de tantos sí produce dolor. El futuro de las personas es el futuro del planeta, pero no sé si el planeta querrá tener una expectativa tan negra como algunos de sus habitantes. Porque la pobreza es una auténtica epidemia en nuestro planeta: 1.400 millones la padecen en forma extrema y 900 millones pasan hambre, no tienen acceso al agua potable ni a servicios básicos de salud y educación. Una de cada 10 personas, 800 millones, sobreviven con menos de 1,90 dólares/día, aquí poco más que para un café. Con covid-19 podría aumentar en 500 millones, volviendo a cifras de hace 30 años. Es un escándalo porque ocurre en un mundo con suficientes recursos económicos, tecnológicos y financieros. Las causas son múltiples: modelo comercial extractivo, corrupción, cambio climático, enfermedades y epidemias, crecimiento poblacional, guerras, discriminación de género, despilfarro de alimentos (1.300 millones de toneladas al año), todo ello adobado en el desinterés de los países desarrollados. En resumen, una lacra humana al parecer insuperable.

Pero sin dejar de abogar para que todos esos necesitados tengan comida y agua cada día, no quisiera ser quien se conmueva hasta la lágrima por los sufrimientos de una multitud indefinida en pueblos lejanos y mantenga mi corazón seco hacia los conciudadanos cercanos con nombres y apellidos. Frente a 23.000 millonarios que entre el 18 marzo y el 5 junio en el Estado han aumentado su riqueza en 19.200 millones de euros, los analistas menos pesimistas estiman que la crisis del covid-19 podría añadir 700.000 personas adicionales a la pobreza, que pierdan ocho veces más renta que los ricos y eleve hasta más allá de 10,8 millones el número de ciudadanos pobres. Además, muchos serán trabajadores-pobres absorbidos en trabajos precarios, familias monoparentales, viudas, migrantes con un 145% más de probabilidad de paro, uno de cada tres en el umbral de la pobreza y solo uno de cada cuatro registrado en la Seguridad Social.

Incluso en esta Euskadi nuestra que busca la paz social con la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), la Prestación Complementaria de Vivienda (PCV) y las Ayudas de Emergencia Social (AES), más de 70.000 ciudadanos no consiguen salir de la pobreza y una población de gran riesgo de otras 60.000 que no accede a las ayudas. Y en declive por la crisis covid-19, que reducirá en más de un 12% el PIB y aumentará el paro, la precariedad, el subempleo y generará aún mayor desigualdad.

Que algunos engorden su bolsa mientas la mayoría empobrece provoca una pobreza mucho más dolorosa, por evitable. Exijamos justicia distributiva. La caridad y el dolor no pueden ser los únicos ungüentos que alivien la desgarradora desigualdad pobreza-riqueza.

nlauzirika@deia.eus / @nekanelauzirika

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