Mes de famosos obituarios

10-mano de Dios Diego Maradona

MES de poca luz y muchas sombras. Dicen de noviembre «dichoso mes que entra por todos los santos y sale por san Andrés», pero viendo los muchos obituarios de famosos que en él han sido, más parece que su día 2, de difuntos, sea el epítome de todos los días novembrinos. Con la muerte del 10-mano de Dios Diego Maradona el pasado 25N, casualmente el mismo día que muriera Sabino Arana, la lista se engruesa aún más si cabe. Aunque, al igual que hay vórtices terrestres de intensa atracción energética cósmica, parece que existieran días que coquetean más que otros con la parca, con galardón al 20N como día de némesis necrológica fatal por excelencia. Ya tuvimos suficiente matraca con el fundador de la falange, para continuar dándonosla con Franco y la duquesa de Alba, aunque en aquellos 20N se olvidaban de Buenaventura Durruti, León Tolstoi y sobre todo de Luis Cernuda, por citar. Y más cercanos, algunos nos querrían erradicar de la memoria también a Josu Muguruza y a Santi Brouard. O a Ernest Lluch, a quien asesinaron el 21N, quizá por calculado error numérico mensual. Y porque estuve en Orbaizeta en su caserío con su ama unos días después de su amañado ahogamiento, no puedo evitar ver en el día 26N la memoria de Mikel Zabalza.

Santi Brouard

La diferencia es que para unos hay gloria y recuerdo idolatrado, con un Maradona a quien quisieran subir a los altares y hasta participa en belenes napolitanos como figurita adoradora del Niño Jesús; quizás pateara muy bien el balón, pero no golpeaba con menos violencia a algunas mujeres y más fuerte aún a su propio cerebro embotado por drogas. A pesar de todo esto, ya proponen elevar su óbito novembrino a memoria colectiva como día mundial del fútbol. Me resulta difícil entender porqué a algunos se les castiga severamente por nimiedades y a otros se les perdona tanto por corretear en calzón corto.

Frente a esa gloria idolatrada, para otros queda a veces el melancólico olvido o incluso peor, un oprobioso silencio oficial, como en el caso de Mikel Zabalza, sobre quien treinta y cinco años más tarde ninguna voz oficial autorizada ha respondido aún de modo razonablemente creíble a cómo y por qué murió o, seguramente, lo mataron, dando qué pensar sobre las cloacas del Estado o si el propio Estado no es una cloaca.

Pero si en noviembre las esquelas de renombre son abundantes, y hasta haya quien crea que este mes solo murió su astro futbolero, el obituario por el covid-19 de ciudadanos/as de a pie sigue en cuarto creciente. En España el 20N sobremurieron por este virus 294 personas, que a final de mes sumarán cerca de 9.000 personas y desde marzo 45.000 muertes, 170 personas diarias, un avión estrellado cada día. Y no sé si aparte de para sus deudos, estas no sean más que meras cifras, sin caras y ojos, por la costumbre que vamos adquiriendo de escuchar a diario cuantos nos abandonan.

Noviembre con luz menguante y sombras crecientes produce lánguida tristeza como un teatral don Juan Tenorio mortecino en su cementerio crepuscular y más pasando las hojas del voluminoso dietario de quienes realmente se nos van. Quizá para superar la melancólica aflicción de esas pérdidas debamos «abrazar el dolor y quemarlo como gasolina para nuestro viaje» como aconseja el poeta japonés Kenji Miyazawa. Uno de los remedios para este dolor podría ser la vacuna eficaz, segura y esterilizante contra el covid-19. Confiemos que sea antes del próximo noviembre.

nlauzirika@deia.com@nekanelauzirika

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