Domingo 7 de julio de 2013
Sin que sirva de precedente, porque sus métodos son a veces muy parecidos, estoy
totalmente de acuerdo con la denuncia hecha por Evo Morales ante la vergüenza europea de plegarse a intereses norteamericanos. ¡Vaya Europa más débil ante el fuerte! ¡Vaya Europa más patética en su política exterior!. ¡Vaya Europa más insensible ante las demandas de alguien que denuncia una conculcación fundamental de derechos humanos como es la escucha de conversaciones privadas!.
Hace tiempo escribí que Obama es un fraude político y que como el Tío Tom lo único que busca es no desentonar de los peores blancos. Una vergüenza.
La retención fue considerada con razón una afrenta intolerable y Evo Morales recibió la solidaridad de varios países latinoamericanos, desde Argentina, Ecuador, Venezuela y Nicaragua hasta Chile y Uruguay, entre otros. Aunque el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, exageró al afirmar que Evo se encontraba «secuestrado» en Europa y que se había puesto en peligro su vida, lo cierto es que el trato no tiene precedentes y contraviene los tratados y las reglas de la diplomacia internacional, que dota de inmunidad a las naves en las que viajan los jefes de Estado.
El hecho es que la búsqueda de una persona reclamada por la justicia estadounidense ha arrollado esas reglas y tratados. Y detrás de este hecho se encuentran las enormes presiones que ejerce EE UU sobre sus socios europeos para detener a Snowden, y la vergonzosa facilidad con la que algunos de ellos se pliegan a esas presiones, en contraste con la cautela y timidez mostradas a la hora de defender a sus ciudadanos ante las injerencias de los servicios secretos norteamericanos en las comunicaciones tanto de particulares como de organismos públicos y medios de comunicación.
Sin negar el derecho del Gobierno de Obama a castigar a quienes hayan infringido sus leyes, que no es el caso, la persecución del delito debe hacerse siempre con escrupuloso respeto a la legalidad nacional e internacional y sin recurrir a presiones para forzar conductas en absoluto justificables. El presidente Obama corre el grave riesgo de que la persecución de Snowden acabe aumentando aún más el descrédito que ya le ha causado el grave episodio del espionaje. En definitiva, que hizo mal Obama y peor sus acólitos europeos.