LAS MELODÍAS DE GURS

Sábado 3 de mayo de 2025

Mi aita, con una serie de activistas del EAJ-PNV tomaron la decisión de irse a Venezuela en diciembre de 1939 ante la amenaza de ser recluidos en el Campo de concentración de Gurs.  Había estallado la II Guerra Mundial  con la invasión de Alemania a Polonia, Franco había sido reconocido como Jefe del estado español, no podían volver a casa, y decidieron aquel exilio.

Por esta realidad, tan contada en casa, cuando Koldo me dijo que en la sala BBK, su Fundación, organizaba una sesión con “Las Melodías de Gurs” decidimos acudir a este acto protagonizado fundamentalmente por Gorka Robles, hijo del alcalde José Luis Robles.

Y, ahora, una vivencia de su aita. Estábamos reunidos en la oficina que el BBB tenía en la calle Iparraguirre en reunión presidida por Juan de Ajuriaguerra. Tocan la puerta y atiende uno de los burukides que al poco vuelve y nos dice que a la persona que esperaba en la salita le habían ofrecido la dirección general de la Marina Mercante española y él como afiliado que era preguntaba  lo que tenía que hacer. Fue unísono: ”decir que si”. Y así fue José Luis Robles Director General en un momento en el que el PNV no tenía nada. Posteriormente fue Consejero con el Lehendakari Garaikoetxea y alcalde de Bilbao. Una persona buena trabajadora y eficaz. En la sala estaba su viuda.

El caso es que su hijo Gorka salió al escenario y con un dominio de la escena nos fue relatando las vivencias de aquel campo, las historias de los músicos  y compositores  recluidos en Gurs y él cantando, tocando el txistu, escuchando a una pianista, una acordeonista y un txistulari llegando incluso a emocionarse cuando habló de la obligada separación de los niños de sus padres: ”No recordar es morir dos veces”

En  el telón de fondo en el  escenario se proyectaron fotografías, cartas y dibujos alusivos a Gurs, que fue un Campo asimismo terrible donde no solo estuvieron encerrados abertzales y burukides, gudaris, ”indeseables”, sino judíos, brigadistas y republicanos.

El espectáculo se llamaba “Músicas en la memoria: de la Guerra Civil al Holocausto .Decir que fue un evento que nace del compromiso con la memoria histórica y la resistencia a través del arte. Este proyecto internacional pone en valor la música y otras expresiones artísticas creadas en el campo de internamiento de Gurs, donde miles de personas, encontraron en el arte una forma de preservar su dignidad y humanidad frente a las atrocidades vividas. A través de la  conferencia-concierto a cargo del tenor Gorka Robles Alegria y la pianista Mélina Burlaud, revivimos las melodías compuestas tras las alambradas rindiéndose homenaje a quienes, incluso en condiciones extremas, se aferraron a la belleza como acto de resistencia.

Gorka lo hizo todo muy bien, cantar, narrar, animar y dirigir un coro de 19 chavales que desde Euzkadi a Alemania llevarán el mensaje musical de Gurs para que aquella tragedia no se olvide.

Para mí fue una sorpresa, la riqueza y variedad de las canciones e interpretaciones musicales, ya que no sabía nada de esta iniciativa musical, y me da que a la mayoría de los que llenábamos el gran salón del antiguo cine Gran Vía de Bilbao, tampoco..

Zorionak a Gorka y a los promotores de esta iniciativa.

JOSÉ AGERRE: MEMORIA Y DIGNIDAD SILENCIADAS

Viernes 2 de mayo de 2025

Por Mikel Aramburu Zudaire

En un reciente artículo de opinión sobre cambios en el callejero de Pamplona/Iruña, el alcalde Asiron rememoraba con acierto la personalidad del pamplonés José Agerre Santesteban (1889-1962): escritor, periodista, poeta, académico de Euskaltzaindia (el segundo navarro tras Arturo Campión, su maestro y de quien escribió una biografía), miembro notable en Navarra de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos y político comprometido con los valores democráticos y la cultura de su tiempo.

Perteneciente desde joven a EAJ-PNV, Agerre presidía el Napar Buru Batzar (NBB) o Consejo Regional del partido en Navarra en 1936, cuando se produjo el fatídico golpe de Estado. Por ello sufrió represión, malos tratos, cárcel y, más tarde, el ostracismo durante la dictadura franquista. Se salvó del fusilamiento y sobrevivió dando clases particulares de idiomas, sin abandonar nunca su compromiso –ya clandestino– con su ideario político, la cultura del país y la lengua vasca y con la democracia. Fue promotor de iniciativas culturales fundamentales como la fundación en 1960 de la Sociedad de Amigos del País y del reinicio del movimiento de las ikastolas en Navarra.

José Agerre forma parte de esa que se podría calificar generación perdida que vivió la posguerra en un silencio impuesto, sin apenas dejar testimonio oral ni escrito del sufrimiento padecido. Una generación que, sin alzar la voz, supo mantener vivos sus principios: humanismo (cristiano y social en su caso), integridad, respeto, compromiso con el pueblo y con una idea de justicia que no pasó por el odio ni la revancha. Es también la historia de unos cuantos navarros y navarras, la mayoría anónimos, que, como mis propios abuelos paternos o el tío-abuelo Joaquín –miembro, junto a Agerre, de aquel NBB de 1936–, vivieron una ciudadanía callada pero con convicciones enraizadas, testigos de un ideal democrático y patriótico en tiempos oscuros, que nos supieron transmitir a sus descendientes.

En el momento presente en que EAJ-PNV está renovando su impulso político con la presidencia de Aitor Esteban y en Navarra se apresta a celebrar el próximo junio el 115 aniversario de su implantación (es el partido político navarro en activo más antiguo con las mismas siglas), vale la pena recordar aquí que la memoria histórica no es patrimonio exclusivo de nadie. Figuras como José Agerre encarnan valores que trascienden etiquetas partidistas y no deben ser utilizadas para intereses ajenos a su vida, ideales y trayectoria.

Frente a la polarización actual, el ejemplo de Agerre invita a mirar al pasado con profundidad y a reconocer, sin sectarismos, a quienes defendieron la cultura, la lengua perseguida y la libertad desde una ética profundamente democrática. En palabras del propio Agerre, pronunciadas en una conferencia de 1932 en el Centro Vasco de Pamplona/Iruña: “Mucho se ha escrito para decir que la democracia ha pasado a la historia, a los golpes de las dictaduras (…), pero nosotros lo que sabemos es que la democracia vasca no ha prescrito ni prescribirá, mientras no prescriba el pueblo vasco”. También desde su labor periodística, como director del diario La Voz de Navarra, dejó claro su posicionamiento ante el ascenso del fascismo en Europa. En 1935 una editorial del medio nacionalista lo expresaba así: “Nada se olvida. Todo se paga (…) Somos los hijos del pueblo: dóciles en la paz y en el gobierno de nuestros derechos; ardientes y fanáticos ante el atropello de nuestras puras y esmaltadas esencias de libertad y democracia”.

Para terminar, el escritor, historiador y político jelkide Carlos Clavería, que estuvo próximo a Agerre, nos brinda una breve semblanza con afecto indisimulado: “Murió queriendo a sus amigos y a los que no lo eran (…) murió sembrando ideales. No conoció la doblez, ni las posturas ambiguas (…) en una trayectoria ejemplar”. También Manuel Irujo lo definió como “un humanista vasco de primera línea y un hombre de exquisita bondad”.

Hoy queremos reivindicar desde el partido su figura no solo como parte del pasado sino, sobre todo, como ejemplo y propuesta para el presente y el futuro de un proyecto político abierto a todas las gentes de la comunidad foral. José Agerre no representa la confrontación, sino el recordatorio silencioso y firme de una memoria no violenta y de respeto a quien piensa diferente y por eso merece ser compartida. Porque su historia no es patrimonio del nacionalismo vasco, sino de todos aquellos navarros y navarras que defendieron y siguen defendiendo, desde el humanismo y la palabra, una democracia que aún tenemos que construir y cuidar entre todas y todos.

El autor es presidente de la Junta Municipal de Pamplona de EAJ-PNV / EAJ-PNVko Iruña Buru Batzarreko presidentea

ELOY UNZALU Y LA VISITA DE JUAN PABLO II A LOIOLA EN 1982

Jueves 1 de mayo de 202

Apunté en el artículo del domingo en Deia sobre como la visita a Loiola, más bien una parada técnica, fue organizada por Eloy Unzalu. Previamente el Lehendakari Garaikoetxea me pidió lo hiciera pero en ese momento era parlamentario, no tenía los resortes del ejecutivo, y llevaba dos leyes. El caso es que le encargó el trabajo de coordinación a Eloy Unzalu, Delegado Territorial de Medio Ambiente del Gobierno Vasco.

Hizo todo ese trabajo de orfebrería que comprendían las relaciones con el Obispado con el gobierno central a través del gobernador civil, Pedro Aristegi que posteriormente murió en un atentado siendo embajador en Beirut, con los jesuitas de Loiola, y dentro de Eusko Jaurlaritza principalmente con el Departamento de Interior. Todo eso lo coordinó Eloy sin más ayuda que una secretaria zarauztarra, Epelde, un conductor magnífico, Felipe, un despacho en Donostia, un Seat con bastantes años que en una ocasión les dejó en la autopista  a la altura de Ermua, buena voluntad y tira millas. Hoy eso requeriría una plataforma millonaria.

Fue una tarea descomunal que la hizo con toda su característica entrega, por lo que le suponía personalmente para aquella Euzkadi naciente en aquel momento, histórico.

Luego, como suele suceder Interior editó una memoria de la visita atribuyéndose  todo el éxito, con tanta cortesía que ni le mencionaron, por eso lo hago yo ahora.

El Papa Juan Pablo II visitó Loiola el 6 de noviembre de 1982. Curiosamente no era jesuita y visitó Loiola y Francisco, siéndolo, no la ha visitado, aunque de cura lo hizo. Aquel era el primer viaje del papa polaco al estado español tras su proclamación. Le recibieron 280 ertzainas vestidos de rojo y con txapela (a ver si Zupiria retoma esa prenda) y que tuvieron en la visita una de sus primeras misiones. Pocos meses después asumieron las competencias de Tráfico y otras funciones.

No era fácil pues ETA estaba en plena orgía terrorista. Dos días antes había asesinado al general Víctor Lago de la División Acorazada Brunete. Así las cosas, los responsables consideraron suspender el viaje, aunque al final se decidió mantenerla, pero se cambió el lugar del aterrizaje del helicóptero a 200 metros del lugar señalado. Las autoridades y el Lehendakari Garaikoetxea tuvieron que llegar precipitadamente al lugar señalado, con el inevitable desconcierto. Pero no ocurrió nada.

En la explanada posterior a la Basílica el Papa celebró una misa ante unas 200.000 personas bajo los sones de la marcha de San Ignacio. De Loiola viajó a Javier.