Suarez y el Concierto Económico

Viernes 21 de marzo de 2014

Acabo de editar un libro titulado «Jarrones Chinos». En él cuento la relación que hemos tenido con los presidentes de la  democracia española salvo con Arias Navarro. Y del elenco de presidentes (Suarez, Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y Rodríguez Zapatero)  solo salvo a Suarez. Por una razón muy sencilla. Fue valiente y se enfrentó a la nomenclatura de la  que procedía. El franquismo puro y duro del que fue su Secretario General del Movimiento. Pero eso no le impidió abordar los problemas y tratar de resolverlos. El resto de presidentes que hemos tenido solo se han dedicado a surfear por encima de ellos. Suarez los enfrentó.

Estamos viviendo momentos de gran hipocresía ante la posible  desaparición de Adolfo Suarez. Loas, golpes de pecho, encendidos ditirambos hacia un Adolfo Suarez al que conocí íngrimo y solo en el Grupo Mixto con Rodríguez Sahagun  sin que ningún banco les prestara un duro para su campaña de alpargata. Y me indigna  esa foto mentirosa en la que aparece un Adolfo Suarez enfermo de espaldas al lado de un rey que le pasa  el brazo por el hombro. Pura pose de un  monarca que no toleró que Suarez, tras las elecciones del 15 de junio de 1977 se sintiera legitimado por las urnas y quisiera volar solo. El rey había sido puesto  en su Jefatura  por Franco. Suarez estaba ahí, al principio por el dedazo del monarca, pero después, por el voto popular. Eso le creó la gran enemistad del inquilino de la Zarzuela que se creía con  derecho al veto y a la ingerencia y fue él, y nadie más que él quien propició la caída de Suarez en enero de 1981. Y Suarez dimitió «para que la democracia no sea un paréntesis». Desgraciadamente  veremos en su funeral a todos aquellos que lo persiguieron, abandonaron, e insultaron, darse golpes de pecho en un funeral de estado que será una de las mayores contribuciones al teatro nacional de Valle Inclan.

Y como en Catalunya su financiación es uno de los principales caballos de batalla solo contar una vivencia con el ex presidente.

El año 1980 fue el año del comienzo de la autonomía vasca. Teníamos el coche de la autonomía a punto  pero nos faltaba la gasolina de su financiación. Gipuzkoa y Bizkaia habían sido condenadas en 1937 a la pérdida de su Concierto Económico  por haber sido «provincias traidoras al Movimiento Nacional». Alava y Navarra, mantuvieron su pacto foral, y nuestros mayores, al inicio de la transición nos pedían y recordaban las tres demandas que debíamos hacer: estatuto de Autonomía, Concierto Económico y el Capitán  General de la VI Región militar con sede en Bilbao en lugar de que estuviera en Burgos.

Y aquel año de 1980 fue un año duro. Puesta en marcha de la autonomía vasca con una ETA enloquecida que mató a más de cien personas y, nosotros reivindicando la devolución del Concierto Económico. Y al final Suarez, con García Añoveros, lo devolvió. La explicación nos la dio a Benegas y a mí el propio Suarez  en una cena en el Palacio Real: «Solo cuando estuve decidido a dimitir abordé la devolución del Concierto. Las resistencias eran inmensas. Pero lo hice por justicia histórica. Hoy sería imposible  lograrlo y hasta de plantearlo». Lo recuerdo vívidamente. Al poco la UCD desapareció y el 23 F Tejero y Armada daban su golpe militar cuartelero.

Suarez fue un hombre valiente, no un demagogo del tres al cuarto al que se le va la fuerza por la boca. Hoy los políticos quieren perdurar y mantenerse en el machito. Suarez duró poco, fundamentalmente porque se enfrentó a los poderes fácticos e hizo lo que creyó que  tenía que hacer. Hoy, haría falta un Suarez en La Moncloa y no un Rajoy con el discurso de la España Una, Grande y Libre.

He de decir que, sinceramente, me da asco esta política española que ensalza  a sus hombres solo cuando están moribundos  y ya no les crean problemas. Y  una sugerencia. Cuando le vean al rey en el futuro funeral, piensen que fue unos de los  grandes responsables de la caída de Suarez. Se dice que la hipocresía es el homenaje que el vicio concede a la virtud. Pues eso.

¿Alguien ha oído hablar en Granada de la Senda de los Gudaris?.

Jueves 20 de marzo de 2014

Hemos  tenido conocimiento de un hecho poco conocido. Se trata de  que hubo durante la guerra un centro de internamiento en la provincia de Granada, en Padul, en la que la mayoría de los presos debían ser vascos.

No está muy documentado  este hecho pero se ve que fueron forzados a construir una carretera, a la que los lugareños llaman «Senda de los Gudaris».

¿Conoce usted  algo de ésto o sabe de algún familiar de gudari que hubiera estado internado allí?. Las noticias que hay son muy pocas.

Todo ésto viene a cuenta de un trabajo sobre Memoria Histórica y Alzheimer que  están preparando, en forma de documental videográfico, unas documentalistas de Pamplona.

Si sabe algo, cuéntenoslo por favor.

La fascinación del pesebre

Martes 18 de marzo de 2014

Si uno se pasea por las librerías vascas verá que las estanterías están llenas de ediciones escritas por políticos españoles. En las estanterías vascas, algo de historia, pero poco más. Uno constata que el político vasco no escribe, es ágrafo. ¿No sabe hacerlo?. Creo que sí, pero nunca se ha puesto a ello. Piensa que escribir es adelantar la jubilación o contar chismes. Y sin embargo, le gusta leer lo que escriben otros. Me encontré con un diputado que iba a una librería a comprar el libro de Pedro Solbes sobre la política económica española de los últimos años de Rodríguez Zapatero y sus desencuentros con éste. Le interesaba.

Ni Arzalluz, ni Ardanza, ni Ibarretxe, ni Garaikoetxea han escrito sus experiencias. Y sin embargo saben escribir y además lo hacen bien. Los libros que hay son sobre ellos o escritos en clave de entrevista. Y es una pena que nos perdamos la intrahistoria de la historia pues ésta la hacen los seres humanos con sus defectos y virtudes, sus pasiones y obsesiones, Aguirre, Irujo, Leizaola, Landaburu, escribían y sobre todo muchas cartas. La historia de aquellos años podrá estudiarse solo con acudir a los archivos. De hecho empiezan a salir libros distintos sobre lo que vivieron fundamentalmente en el exilio.

Hace unos años, en plena ofensiva de Aznar contra el nacionalismo democrático, Erkoreka y yo constatamos cómo las librerías estaban llenas de libros de encargo contra el nacionalismo. Y nos preocupamos pues el libro queda y la historia se hará en base a los datos de esos libros, sin el contrapunto de otros. Bien es verdad que Benegas y Egiguren han escrito cosas, así como Otegi, pero no en clave de libro de experiencias sino de ensayos, como en su día lo hizo Ollora con su breviario sobre el derecho a decidir.

Un día, en el avión, en una de esas bolsas que ponen para los mareos, comenzamos Erkoreka y yo a garabatear sobre qué personajes interesantes vascos deberíamos escribir. Íbamos a crear una colección que se iba a titular “La Fascinación del Pesebre”. Nuestra tesis era que hay un tipo de vascos que cuando llegan a Madrid se quedan fascinados por el oropel y para ser admitidos en la Villa y Corte deben denigrar del vasco nacionalista. Eso siempre aporta un plus de veinte puntos en la escala valorativa de mundo tan competitivo. Juaristi, Patxo Unzueta, Savater, etc.

Y nos pusimos manos a la obra. Primero tuvimos una comida con Arzalluz que se repitió en un restaurant de batalla llamado “El pesebre” en San Ignacio. Magníficos profesionales, gentes que conocían el medio y de lo que hablaban. Y como estábamos en pleno bombardeo del cañón Berta de la Brunete Mediática, decidimos comenzar por los ya fallecidos no fuera a ser que nos dijeran que poníamos en el punto de mira al personal.

Erkoreka y yo quedamos en escribir sobre José María Areilza y Manuel Aznar dos personajes típicos de aquella fascinación del pesebre madrileño. Dos personas inteligentes pero duchos en el saltimbaquismo y el cambio de chaqueta. De Areilza se decía que era el hombre del pantalón gris porque éste sirve para cualquier chaqueta y de Lequerica se decía que era «carguista», de cargo, no carlista. Y escribimos el libro que editó Javier Ortiz con el título de «Dos Familias vascas». El libro fue reeditado tres veces y tuvo amplia repercusión no solo en Euzkadi sino en España. Tras él íbamos a abordar la biografía de Lequerica, Cruz de Hierro nazi, pero los compromisos y las volteretas políticas hicieron que teniendo una amplísima documentación, nos quedáramos sin rematar la faena. Una verdadera lástima. La historia, nuestra parte de la historia, la iban a contar otros.

Cuando negociamos con Aznar el sí a su investidura, Arzalluz me dijo que tomara notas para escribir como se lleva a cabo una negociación en Madrid. Es parte de lo que transcribo en el libro JARRONES CHINOS porque considero que esa historia no es mía, es de mi partido y de quiénes me han votado.

Y lamento que ni Diputados Generales, ni alcaldes, ni dirigentes de partido escriban más en esta Euzkadi a la que su historia se la van a contar otros y muy mal.