EITB no invita a quienes hace cuarenta años la pusieron en marcha

Lunes 16 de mayo de 2022

ETB cumple cuarenta años. Radio Euskadi no. Radio Euskadi nació en 1937, se reinició en 1946 en Bayona y posteriormente en 1963 en Venezuela. La actual Radio Euskadi es la cuarta si somos mínimamente rigurosos, que no lo somos. Si tenemos respeto por la historia, que no la tenemos. Si admiramos en algo el trabajo de la gente que hacía estas cosas sin cobrar sueldo y aun a riesgo de su tranquilidad. Si se tuviera una mínima sensibilidad. Me da que la BBC en algo así no actuaría con tanta brutalidad.

Ayer falleció en Donosti Miren Jone Azurza. Monja. Misionera. Periodista con carrera. Directora de Zeruko Argia. Secretaria del Obispo Setién. Euskaltzain de honor. Se busca mujeres para los callejeros y para destacar su obra pero  al parecer no con las monjas. Y Miren Jone fue toda una personalidad de la cultura vasca  de mucha entidad y la traigo a colación pues fue hermana de José Joaquin Azurza, más conocido como Jota Jota. ¿Y quién fue Jota Jota Azurza? Pues quien puso en marcha la radio Euskadi en Venezuela y el que puso en marcha EITB en 1982. Que no es moco de pavo.

El actual ente EITB no se entiende sin Ramón Labayen, José Joaquin Azurza, Iñigo Agirre y Josu Zubiaur. De todo esto escribió un libro magnífico Iñaki Agirregomezkorta, profesor universitario que creo los archivos de EITB y sin cuyo trabajo hoy no se verían las imágenes de aquellos años. Todavía espera le reciban para lograr se edite esa joya de libro en euskera, libro que los organizadores del cuarenta aniversario ni habrán leído, siendo Agirregomezkorta quien más sabe sobre el actual ente público. El que más pues lo ha estudiado desde muchísimo antes de sus inicios.

Le he preguntado a Iñigo Agirre, ex diputado del PNV si le había invitado a los actos del aniversario. ”Jamás me han invitado a ningún acto en EITB”. Invito a leer el libro de Agirregomezkorta para que se sepa cuál fue el papel tan clave  de los mencionados, que no son solo los mencionados sino que abarca  todos los intentos de poner en marcha tan importante instrumento. Se ignora y a esta supina ignorancia nunca nadie le pasa factura.

Inmaculada Boneta era ese año 1982 Vicepresidenta del Parlamento Vasco. Me ha escrito lo siguiente: ”Veo los “festejos” que va a organizar EITB para celebrar su 40 cumpleaños. Choca que no se acuerden de aquel gobierno, del Consejero de Cultura ya fallecido, al menos nombrar a Labayen, y del Grupo y Comisión que llevaron adelante la ley de creación del Ente Público. A mí, de verdad, me da igual, pero siempre me ha sorprendido el desapego hacia los pioneros/as que pusimos en pie, cada cual en su ámbito, los pilares de lo que es hoy la Euzkadi institucionalizada. No es nada personal es simplemente preocupación por un legado y porque hasta me parece un error de marketing de País”.

Pues si Inmaculada. Y no solo eso. Irrespeto al Parlamento Vasco pues nació en el Parlamento Vasco cuando HB denostaba aquel parlamentutxu y resulta que Maddalen Iriarte y Jasone Agirre, presentadoras de ETB hoy son parlamentarias de BIldu, ¡curioso!, no? y quienes recibían los denuestos y las risas de aquella gente tan progre y quienes trabajaron para que aprobara la ley son invisibilizados e irrespetados absolutamente.

Quizás por eso no han invitado a nadie de la Comisión que aprobó la ley en 1982 que viven todos, ni al primer Consejo de Administración del que por cierto fui el primer presidente, así  como de la Comisión. No existimos, no somos parte del país.

Los organizadores de estos actos no tienen la menor visión de país, de su cohesión, de su sentido histórico y lo peor es que este peligroso adanismo no va a menos, sino va a más.

Nos quedamos con la anécdota, el chascarrillo, lo superficial sin poner en perspectiva lo que fue aquel hito con el poder mediático español en contra y con Herri Batasuna y ETA más en contra todavía.

¡Pobre Euzkadi!. Y luego hablamos de identidad.

No te equivoques, Putin no bebe.

Domingo 15 de mayo de 2022

El 26 de diciembre de 1991 colapsó la Unión Soviética. Felipe González y el PSOE habían apostado fuertemente por la Perestroika de Gorbachov y ante el golpe de estado encubierto, una delegación del Congreso de los Diputados viajó a Moscú presidida por J.M Benegas. Formé parte de ella. Nos recibieron Gorbachov en el crítico momento en lo que todo iba a estallar así como un jovial Boris Yeltsin  en el Kremlin. Fue la última reunión de ese tipo en aquel palacio. A la semana se arriaba la bandera roja con la hoz y el martillo y se izaba la bandera rusa. Putin dijo posteriormente que fue la mayor tragedia vivida por su país. Pero el hecho le vino de cine.

Al regresar de Moscú me tocó en el avión el asiento contiguo a Javier Rupérez. Me hizo una confesión. Él y Fernando Álvarez Miranda habían sido enviados a Alemania, Bélgica, Venezuela y Estados Unidos en 1979. Suárez no estaba dispuesto a admitir la Disposición Adicional del Estatuto de Gernika y consideraban la posibilidad de enfrentarse frontalmente al PNV y debían explicarlo a estos países donde se suponía teníamos amigos y entrada. La Disposición es la que dice que “la aceptación del régimen de autonomía que se establece en el presente estatuto  no implica renuncia  del Pueblo Vasco a los derechos que como tal le hubieran podido corresponder en virtud de su historia….” No era admisible. Sin embargo tras quince días viajando por el mundo, al llegar a Barajas compraron en la terminal El País que decía con grandes letras en su portada que Suárez había aprobado el proyecto de ley estatutario con Disposición incorporada. Casi les da algo. Un dato para la historia. Como lo que me dijo Suárez delante de Benegas. ”Solo cuando estuve dispuesto a dimitir abordé la devolución del Concierto para Gipuzkoa y Bizkaia. Hoy no sería posible”. Otro dato.

Pasado el tiempo conocí personalmente a Vladimir Putin y lamento  hoy haber dado la mano a este gran  criminal de guerra. No hay jabón Lagarto para limpiar este hecho. Curiosamente este ex espía de la KG8, el tipo aparentemente más hermético que pueda presidir nada, en sus  dos  visitas, una en el Congreso y otra en el Senado, quiso someterse, sin restricción alguna, a las preguntas de los diputados y senadores, como Rabin y como Thatcher. Viví las dos pero constatamos un  cambio de actitud. Muy dialogante la primera, junio de 2000, más despótico  en la segunda.

En la sala de Ministros, tuvimos una reunión con él, flanqueado por el ministro Ivanov y el jefe de la oposición, Primakov. Nos habló por encima de la situación rusa. Ese día era noticia la detención de Gusinki, presidente de un importante grupo mediático. Cuando tocó hablar a los portavoces, todo fue obsequiosidad. Luis de Grandes, PP, le felicitó por preservar la unidad política de Rusia, Martínez Noval, PSOE, le agradeció su presencia, Trías, CIU, le ilustró sobre los seis millones de catalanes, el de IU no dijo nada. Cuando me tocó el turno le saqué la palabra maldita en aquel momento: Chechenia. Un temblor sacudió la sala. Me miró fijamente con sus penetrantes ojos azules y me soltó todo un tratado diciendo que él no quería vencer a los chechenos, pero que se había producido un vacío de poder llenado por islamistas y extremistas, que habían propiciado la intervención armada rusa porque los chechenos querían llevar sus propuestas a otros estados limítrofes. Hizo hincapié en que había nombrado a un rnufti, antiguo colaborador de Dudadiev, etc. El hombre se empleó a fondo en la respuesta. Y terminó de forma curiosa. Me dijo: “Ayer estuve hablando con Aznar de los vascos. Y usted debe saber que no tengo nada contra los vascos. Todo lo contrario. Yo nací en San Petersburgo. Viví y estudié en San Petersburgo y voy siempre que puedo. Y allí, siempre, he vivido en una calle que se llama “de los Vascos”. Le pregunté a Aznar si sabía por qué. ¿Lo sabe usted?”. “Pues no-le contesté-, pero si usted no lo sabe habiendo sido jefe del KGB, entienda que yo no lo sepa”. Se rio.

En la despedida le dije que trataría de averiguar y si alguien conocía algo de esto, se lo haríamos llegar. A la salida el ministro de Exteriores, antiguo embajador durante doce años, a quien había conocido durante el colapso de la URSS, me dio recuerdos para gentes del PNV. Luego, en otra oportunidad y no siendo embajador, contactó conmigo ya que su mujer representaba asuntos culturales y artísticos varios. Le puse en contacto con el alcalde de Bilbao.

De todas formas, aquel viaje evidenció que había sido una auténtica vergüenza el doble rasero internacional del gobierno Aznar ante los hechos  ocurridos en Chechenia. En ese momento y a pesar de las barbaridades que estaba cometiendo Putin en Chechenia  le consideraban un moderado  comprendiendo los argumentos de Moscú al hablar de la existencia “de terrorismo y de movimientos separatistas” por lo que el gobierno Aznar apoyaba su derecho a “combatir a los terroristas en defensa de la integridad territorial de Rusia”. La famosa “unidad de destino en lo universal” de Primo de Rivera. A eso se le unía el deplorable servicio diplomático español que había sido un desastre con la Perestroika. Cuando fuimos a Moscú en la primera delegación los diplomáticos españoles se habían rebelado contra el embajador José Cuenca por su absoluta incompetencia y falta de realismo al informar que a pesar de las tensiones no pasaba nada. Al  muy poco cayó todo el tinglado. En el segundo viaje de Putin el servicio diplomático español asimismo se lució. Había que confiar en Putin porque “a diferencia de Yeltsin, me dijeron, Putin no bebe” y Aznar minimizó cualquier reproche sobre los derechos humanos cuando en Chechenia se estaba produciendo todo un genocidio.

En ese viaje oficial y en el Senado tuvimos otra reunión con él. Me lo recordaba recientemente el entonces presidente Javier Rojo, tras los graves sucesos de Ucrania con un Putin invadiendo el país en febrero, me llamó para recordarme la pregunta que le volví a hacer sobre Chechenia y lo mal que me contestó. Ya no era aquel Putin simpaticón y escuchador sino un chuleta autoritario, nada que ver con la primera vez. No acabamos a mandobles de milagro, lógicamente con la buena paliza que seguramente estuvo tentado de darme, él, cinturón no sé qué color de sus artes marciales.

Era evidente que el tipo era todo menos un demócrata pero occidente le seguía dorando la píldora. Ante aquello le hice la prueba del algodón hacia esas moderaciones que nos anunciaban los diplomáticos españoles y le hice la clásica pregunta para sacarle de quicio y conocer de verdad si era de verdad  ese demócrata pasivo que nos decían. Por eso volví a recordarle la situación de Chechenia y su devastación, algo que no tenía nada que ver con lo que me había dicho en la reunión en el Congreso hacía seis años.

Terminada la traducción, no se puso de pie de milagro y me contestó enfurecido de  muy mala manera, diciendo que el gobierno español hacía bien en aplastar el terrorismo vasco y poco menos que no sabía qué hacía yo allí y que él lo tenía muy claro. Siempre actuaría contra cualquiera que pusiera en peligro la unidad de Rusia. Ante aquello Rojo trató de calmarle y no me dio la palabra para replicarle porque veía que de allí no salíamos por nuestro pie. Y eso que como me dijo el diplomático español, Putin era un moderado y no bebía.

Javier Rojo al comentar todas estas vivencias  con Putin recordaba que le tocó representar al gobierno español en los actos conmemorativos del 60 aniversario  del cierre  del campo de exterminio de Auschwitz con presencia del presidente Reagan y de Putin y también del líder ucraniano Viktor  Yushchenko, que fue envenenado con dioxina y se le quedó la cara hinchada y marcada por grandes cicatrices en un atentado donde seguramente la larga mano de Putin dio la orden. Recordaba Rojo la tensión que había en aquella cena oficial donde bajo el mismo techo, con el motivo de un genocidio, se vieron de lejos víctima y verdugo.

Occidente, y en particular Europa, por un análisis equivocado de la figura de Putin y su régimen de oprobio han dado alas a este criminal de guerra  y no me refiero solo a Alemania comprándole el gas y enfeudando su compra de energía a un país con semejante dictador sino la ejemplar España que  ha  sido asimismo culpable  viendo en la inmensa Rusia un gran mercado al que vender de todo. En mi caso y ante aquellas dos experiencias y viendo como el entonces Rey Juan Carlos se entrevistaba continuamente con Putin y éste le invitaba a cacerías y a saraos varios me hinché a preguntar al gobierno sobre este tipo de relación y de que hablaban. Siempre me contestaban que el Rey era inviolable y por tanto no objeto de control parlamentario. Ante aquello preguntaba por sus acompañantes, ministros, embajadores, escoltas, secretarios que si son objeto de control parlamentario pero me contestaban lo mismo y ante la incomodidad de las preguntas, me silenciaban.

De ahí que cuando decimos que España tiene una democracia de baja calidad nos referimos también a esto, sin meter ahora en el saco la cloaca del Cesid y del CNI, que se las trae y que Margarita Robles perpetuará.

La unidad de Rusia y de España ante todo. Pero Putin, no bebe.

Con Arzalluz en el CESID (3)

Sábado 14 de mayo de 2022

La molestia de Mayor Oreja

Para comprobar el grado de activismo contrario a este tipo de cosas que ejercía el ministro del Interior Jaime Mayor Oreja, a los cuatro días, en La Razón aparecían en portada tres fotografías. La de Serra, la de Arzalluz y la de Mayor Oreja. El título era expresivo: «Mayor Oreja, inquieto por la presencia de Arzalluz en el Cesid.» Y como subtítulo: «La invitación al presidente del PNV, con el visto bueno de Eduardo Serra, para que diera una conferencia a los espías españoles en las instalaciones del Centro, provoca discrepancias entre los Ministerios de Interior y Defensa.»

El editorial no tenía desperdicio y explicaba muy bien que aquella iniciativa del Cesid rompía la estrategia de cerco al nacionalismo que ahormaba el ministro del Interior, Mayor Oreja, en connivencia con poderes mediáticos muy beligerantes. A tal efecto el editorial de La Razón del viernes 16 de julio era esclarecedor:

La invitación al presidente del PNV, Javier Arzalluz, para pronunciar una conferencia ante los servicios secretos españoles, ha enfrentado innecesariamente al ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, con su colega de Defensa, Eduardo Serra, responsable del Cesid. El acto, realizado sin duda con democrática generosidad por el centro que dirige el general Calderón, demuestra que es capaz de escuchar amablemente a uno de sus detractores más cualificados, pero resulta de escaso beneficio ante los inconvenientes generados.

La figura del dirigente nacionalista no parece ser la más indicada para convertirse en el invitado del Cesid, no sólo por el malestar creado por la presencia de quien ha criticado ferozmente su trabajo y se ha servido de sus acciones como arma electoral: de quien mantiene pactos con los proetarras y se ha mostrado defensor de la autodeterminación de una parte de España, sino por lo que supone de ofensa gratuita al ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, que ha sufrido con la serenidad que le caracteriza las mayores agresiones verbales del director espiritual del nacionalismo, ofensas que sobrepasan con mucho los límites de la crítica política. No merecía la bofetada que supone que otro ministerio, que un compañero de gabinete, agasaje a quien le vilipendia.

El hecho pone, además, en evidencia la falta de coordinación entre el Cesid e Interior. No cabe duda de que el incidente nunca se habría producido de haber sido informado previamente el ministro del Interior.

Posteriormente en este periódico se insistía en que Mayor Oreja se había enterado por la prensa de la presencia de Arzalluz en el Cesid. «A partir de ahora -decían-, cuando Mayor Oreja formule una crítica a Javier Arzalluz, el líder nacionalista podrá decir que el ministro del Interior no expresa la opinión del gobierno porque él ha estado invitado, para pronunciar una conferencia en el mismísimo centro del espionaje español», comentaron. Según estas fuentes, Calderón contó con la autorización del ministro de Defensa, Eduardo Serra, para invitar a Arzalluz al Cesid. La visita consistió en una conferencia a la que asistieron unos trescientos agentes, más otras dos salas con circuito cerrado «entre los que se habían distribuido las preguntas, todas ellas light por supuesto, que debían hacer al líder del PNV», aseguraba La Razón.

Aquel acto de civilidad como lo denominó Arzalluz les supo a cuerno quemado a Mayor Oreja y a Anson, que no pudieron soportar que en una nota posterior a la conferencia, el Centro dijera que el presidente del EBB se había manifestado con <<la franqueza que le caracteriza» resaltando, nada menos, que <<su sentido del humor».

«Un asistente a la conferencia -decía José V. Merino en EL Correo Español de Bilbao- relató que Arzalluz no se había referido al Cesid, con el que el PNV mantiene un contencioso histórico, ni tampoco fue preguntado sobre esta cuestión por los participantes en el coloquio. Sabemos que no es precisamente un amigo del Centro, pero en todo momento estuvo muy cordial y relajado y su tono fue distendido.»

Cruce de cartas entre Calderón y Arzalluz

Esta polémica, que ya nos indica lo que opinaba el gobierno de la tregua y el trabajo de zapa de Mayor Oreja en las relaciones PNV­ gobierno, pareció no influir demasiado en el general Calderón, que el 15 de julio envió a Arzalluz una carta con el sello confidencial en el que le decía:

Estimado presidente y amigo Xabier,

La conferencia que pronunciaste en este Centro el pasado día 13, como ya te comenté, fue de gran interés y nos va a ser de mucha utilidad. Como te indiqué, tu intervención la grabamos en video con objeto de poder sacar el máximo partido de su contenido, haciéndolo extensivo a las personas del Centro que no tuvieron oportunidad de escucharte en directo.

Te envío una copia de la grabación de la conferencia, ya que he pensado que puede ser de interés para ti, y como recuerdo de tu grata presencia entre nosotros. Un afectuoso saludo. Javier Calderón.

P.D. Deia, al día siguiente, afirmaba que te metiste en «la boca del lobo». Creo que no te conocen lo suficiente porque, a lo largo de tu vida, has demostrado que puedes ser cualquier cosa menos «caperucita roja».

Xabier Arzalluz, por su parte, que no suele ser muy prolífico en su correspondencia, en esta oportunidad el 27 de julio le contestó lo siguiente:

Estimado señor director,

No hay nada que agradecer. Pienso que desde nuestras respectivas posiciones hemos realizado un acto de civilidad.

Lo de «la boca del lobo» tiene su explicación: tu agencia tiene su morbo para los periodistas en general y para algunos de Deia en particular.

Respecto a lo de Caperucita, tú como hombre bien informado sabes muy bien que hoy en día, para bien o para mal, no es el lobo el que se come a las caperucitas, como en nuestro tiempo. Hoy son las caperucitas las que se zampan tranquilamente a los lobos.

Eskerrik asko y hasta otro día.

XABIER ARZALLUZ

Menos mal que este cruce de correspondencia no llegó a manos de Anson. De haber sido así hubiera acusado a Calderón de abertzale camuflado en el Cesid. De hecho, y por la otra parte, la conferencia había sido objeto principal de conversaciones y comentarios en la fiesta conmemorativa que el cuerpo de la Armada española había celebrado en Bilbao el día del Carmen, 16 de julio, donde mandos de la Brigada de Información de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, cuerpos inveteradamente enfrentados con el Cesid, hicieron objeto de bromas al jefe de antena del servicio secreto militar en Bizkaia, el oficial del Cuerpo de infantería Carlos Ignacio Ollaga, alias El Diplo.

El responsable local del Cesid había sido marginado de todo el proceso de concertación de la conferencia de Arzalluz en el Cesid y había vivido una situación de incomodidad por las bromas de que fue objeto.

Y es que Carlos Ignacio Ollaga era amigo personal del jefe de gabinete del ministro Mayor Oreja, Gustavo Aristegui, ya que estuvo destinado en servicio en una embajada española en Oriente Medio por lo que era conocido con el sobrenombre de El Diplo, cosa que él mismo favorecía con sus constantes referencias a su pasaporte diplomático y a sus alardes de protagonismo personal.

Con motivo de una visita electoral de Aznar a Bilbao en la campaña autonómica de octubre de 1998, apareció fotografiado junto al presidente por las calles de la ciudad. Todo un discreto espía.

Conferencia de Ibarretxe

Aquella semana de julio fue muy intensa. Al día siguiente, el lehendakari Ibarretxe acudió invitado a una cena en el hotel Ritz por el periódico catalán La Vanguardia para explicar de dónde veníamos y adónde queríamos ir. No había sido el Grupo Correo sino un diario catalán. Y es que el asunto de la tregua interesaba.

El caso es que Ibarretxe impresionó a quienes no le conocían. Dio confianza, habló con gran facilidad siguiendo un esquema fácil de seguir, y fue valiente y respetuoso, reconoció errores; en definitiva, se metió con valentía a la audiencia en el bolsillo. Salvo el PP, que cometió la incorrección de no enviar a nadie, allí estaba la política, el periodismo, la economía y la sociedad. Eguiagaray, Tusell, Lluch, Solchaga, Rojo, Cándido Méndez, Aguirre González, Margarita Robles, Herrero de Miñón, Iñigo Oriol, Emilio Ibarra, Urdangarín y un muy largo etcétera. El Ritz se vistió de gala y el lehendakari no defraudó. Todo lo contrario. Encantó.

El jueves, Margarita Uria hablaba en Ávila sobre el modelo de Estado, Zabalia lograba la reunión del cupo y nosotros, por estos saraos, no podíamos asistir a Ronda, ni a los actos oficiales organizados por el viaje del presidente a Bulgaria. Ese jueves, el periodista Miguel Ángel Aguilar llevaba al director del periódico polaco Gazeta Wyborcka a Sabin Etxea. Adam Michnik le ganó al presidente del EBB una apuesta a cuenta del autor de un libro. Arzalluz le dio, dedicada, lo que más quería el polaco: una botella de Cardenal Mendoza. El polaco no era católico pero le gustaba el Cardenal. Amigo personal del presidente de Polonia, relató las visitas del papa y su contexto y nos anunció un reportaje muy amplio sobre Euskadi. Miguel Ángel Aguilar prometió no ser tan rotundo en sus juicios. Esa tarde, en rueda de prensa, anunciábamos que Ortuondo no se adscribiría al grupo parlamentario del PPE en el Parlamento Europeo. Seguíamos en la Democracia Cristiana Internacional, pero no en su grupo parlamentario que era una amalgama conservadora donde el PP español, recién llegado, aplastaba a las minorías y no quería junto a sí a nadie que le recordara que éramos fundadores de un proyecto que nació para hacer una Europa Federal y no una Europa de las multinacionales.