Viernes 15 de marzo de 2019

Hubo en tiempos de la República un diputado y secretario del EBB, Manu Egileor, que cuando recibía una carta injusta, palabra que no es pronunciable por Sortu, contestaba de la siguiente manera.
“Estoy en la habitación más pequeña de mi casa y tengo delante su atenta carta que muy pronto voy a tener detrás”.
Me he acordado de Egileor cuando uno de los muchos periodistas demócratas y con principios que pueblan EITB me ha dicho que el Consejo de Redacción del medio me critica por mis comentarios sobre las informaciones en relación con Venezuela de Jon Artano. Curiosamente este Consejo nunca dice nada cuando Otegi critica al medio como lo hizo el martes o sus representantes ponen pringando a EITB tildándolo del Batzoki de las Ondas. Al parecer están de caza menor y me ha tocado ya que es la segunda vez que se reúnen para decirme de todo menos bonito y el listo del grupo me pone en su diana dedicándome de forma sospechosamente corporativa sus mejores deseos para el fin de semana y la que viene. Les recuerdo que ya fui detenido bajo el franquismo y que la Asociación de Víctimas del Valle de los Caídos y de Víctimas del Terrorismo se querelló en su día contra mí habiendo sido sobreseído en el Supremo. Con esto quiero decirles que me importa muy poco lo que me digan. En todo caso me entristece que Sortu tenga tanta fuerza en un medio público de todos y que arremetan contra un ciudadano así como que el Consejo defienda a un periodista que está informando tan parcialmente sobre Venezuela.
Tengo que decir que este tipo de escritos en Venezuela son temibles y que si estuviera en Caracas habría entrado ya en la clandestinidad y salido en patera por Machurucuto pero afortunadamente en Euzkadi solo sirven para retratar y evidenciar cómo funciona la ley del embudo en un Ente Público del cual fui el primer presidente del Consejo así como de la Comisión Parlamentaria que alumbró un Ente plural, democrático, con valores y con la idea clara de que una cosa es la información y otra la opinión. Fui además durante seis años responsable de la emisora clandestina Radio Euskadi cuando estas cosas se hacían por amor al arte y que, cuando estudié Comunicación Social, me dijeron que los periodistas, si son buenos, deben saber aguantar más que los políticos de no ser que se atrincheren en el Corporativismo, se metan en su burbuja, estiren su fina piel y saquen el rifle de disparar contra quien ose tocarles con el pétalo de una rosa. Guerra perdida.
En definitiva que me importa muy poco lo que digan gentes que desconocen la situación de Venezuela y no tienen la menor curiosidad periodística para contrastar pareceres e introducir la mínima duda sobre si mis críticas a Jon Artano Iceta tienen alguna razón o credibilidad o si yo respondo más a Donald Trump que al PNV. Me descalifican y punto.
Jon Artano, y lo repito, es un periodista parcial en una situación límite como la que se vive en Venezuela. Sus informaciones están siempre escoradas hacia la defensa de un régimen de dictadura no llegando ni a aceptar que el Sr. Juan Gauidó está reconocido por la Unión Europea, los países democráticos de América y hasta por el Parlamento Vasco por lo que decir de él que es “el autoproclamado” presidente tiene ya sobre él una carga de descalificación inaceptable. Y no digamos ese intento de equiparar lo que hace Guaidó con los bramidos de Maduro y su corte de matones. No son comparables a no ser que el siguiente paso sea defender la dictadura militar de Franco porque estuvo apoyada por unos militares traidores.
Este mismo viernes su reportaje sobre la situación de Venezuela nos retrotraía a los tiempos del Che Gevara y la lucha contra el Imperialismo yanqui. Le ha entrevistado Artano, muy solícito él, a un profesor de su cuerda y totalmente insolvente cuya argumentación, toda ella, era para demostrar que la situación de Venezuela es culpa de los Estados Unidos que lo único que les interesa son las riquezas naturales y el petróleo venezolano. En su análisis, digno de un chiringuito de la Sierra Maestra, no entraba a analizar el cierre de medios, la persecución a los periodistas, la hambruna desatada, la emigración masiva por millones, los apagones por falta de mantenimiento, o el cierre violento de la posibilidad de llegar con ayuda humanitaria a un país donde falta absolutamente todo. Para este profesor de todo a cien, dice en la entrevista que el horror en el que vive el país más rico de América es culpa de los yanquis que consiguientemente se tienen que ir a casa. ”Yanki Go Home”. Y hasta ha aparecido este simpático e histórico grito de guerra en una pancartita casera.
Podía haber dicho que los Estados Unidos le compran a buen precio el petróleo a Venezuela, un petróleo y gas que ellos tienen, y que aquí al único país que le interesa el hidrocarburo madurista es a la Isla de Cuba a la que Venezuela suministra sin pagar un dólar por ello, porque lo único que tiene es una dictadura que solo produce miseria, olla arrocera y agua salada. Pero claro, es mucho mejor la revolución cubana con su” limpia democracia, sus elecciones libres, su modélico régimen de sesenta años en el que un hermano le pasa el poder al otro y tira porque me toca”.
Mi aita llegó hace 80 años a Venezuela con un grupo de jóvenes del PNV que allí pudieron rehacer su vida y yo siento hondamente aquel país y me aterra la insensibilidad del Consejo de Redacción de gentes con sus estómagos bien satisfechos reuniéndose para decir de mi falsedades y callarse insensiblemente sobre la destrucción de una República cosa que a los firmantes del Consejo de Redacción, al parecer, les importa un pito. Mejor harían preocupándose por esos venezolanos que malviven en Euskadi, que duermen en cajeros automáticos o en los parques, que no pueden empadronarse, que alguno se ha suicidado porque no aguanta más, que no tienen ni para comer mientras ellos se suben a Rocinante y por segunda vez defienden a un periodista parcial y sectario que está haciendo un daño inconmensurable a la democracia al informar de manera tan engañosa sobre una situación que va a estallar dentro de muy poco, si ya no ha estallado ya.
¿Por qué no preguntan a los vascos venezolanos y a los emigrantes venezolanos que viven aquí para que les digan la verdad?.
Doctos Señores y señoras del Consejo de Redacción. Tengo su carta delante y dentro de poco la tendré detrás.
Solo les deseo a todos ustedes una semanita en Caracas, pero no protegidos por el régimen de Maduro y Diosdado Cabello y el general Padrino (buen apellido) como vive el Sr. Artano, sino como cualquier descendiente de aquellos vascos exiliados que llegaron hace 80 años a una Venezuela democrática y no tienen ni agua, ni electricidad, ni comida, ni medicamentos para vivir, como dicen ustedes, por culpa de los malvados yanquis.
Atentamente
Iñaki Anasagasti

