Y AJURIAGUERRA ATERRIZÓ EN LAREDO

Sábado 19 de agosto de 2017

Comienzo a escribir estas líneas y me avisan del fallecimiento del gudari Manuel Sagastibeltza, del Abellaneda y Muñatones, batallones encartados. Lo que no pudo Mola, lo puede el tiempo, que nos ha diezmado aquel ejército de voluntarios generosos y patriotas. El fallecimiento de un gudari, debería tener características de duelo nacional. No quedan muchos y son testigos directos de aquella tragedia ocurrida hace ochenta años. Pero no hay sensibilidad suficiente para ello.

Estuve en el Museo de las Encartaciones viendo una exposición dedicada al final de la guerra en aquella zona. Organizada por las Juntas Generales de Bizkaia y la Fundación Sabino Arana le invito a verla en estos días de vacaciones. La última trinchera nos habla de los bombardeos, Santoña, la falta de armamento y de algo que sucedió en la Casa de Juntas de Abellaneda, subiendo tan solo unas pocas escaleras, en la parte superior de la loma.

Ante la desorientación que había tras la caída de Bilbao y sobre el número de unidades de las que disponían, el lunes 21 de junio de 1937, recibieron una orden de Ajuriaguerra oficiales y comisarios políticos pertenecientes a Euzko Gudarostea para reunirse allí el martes 22, y así lo hicieron. Ese día, cuarenta y cinco mandos militares y políticos, se reunieron en aquel salón de deliberaciones. Asistieron asimismo burukides del EBB y BBB. Imagínense la escena. Todavía resuena en esta sala la pregunta del presidente del BBB sobre el ánimo para seguir la guerra, realizada a aquellos soldados con barba de dos días y habiendo vivido en un año tragedias de todo tipo.

Se levantó un acta. Están en ella los nombres de los 45 y en la parte de arriba, se escribió: ”Acordaron seguir adelante”. Era junio de 1937. Quedaba julio y en aquel mes el Lehendakari Aguirre quiso pasar el ejército vasco por Francia hacia Catalunya. A tal efecto voló a Valencia donde se entrevistó con el presidente de la República Manuel Azaña, con el presidente del gobierno Juan Negrín, con el ministro de Marina y Aviación Indalecio Prieto para pasar luego a Barcelona y pedirle al president Companys que les acogiera en Catalunya. Con su respuesta afirmativa se fue a Paris a hablar con el gobierno del Frente Popular presidido por León Blum y, estando en ello, Prieto le notificó que, reunida de urgencia la Comisión Nacional de Defensa de la República desechaban la iniciativa. Y con las mismas, Aguirre volvió a Santander donde comenzó a gestarse por parte del PNV el conocido como Pacto de Santoña cuya génesis y desarrollo lo hemos contado Koldo San Sebastián y quien esto escribe en el libro “El Otro Pacto de Santoña”. Digo ésto porque deseo centrarme en lo ocurrido en la playa de Laredo hechos que el burukide Luis Arredondo nos narró.

Los italianos habían traicionado el pacto. El general Fidel Dávila había hecho desembarcar a los oficiales y gudaris del Bobie y del Seven Seas Spray.   Aquello se ponía feo. Nuestra gente se veía ya en manos del ejército invasor que sometía a sangre y fuego todo lo que conquistaba. Tenía ayuda suficiente de la Alemania nazi y de la Italia fascista. Y estaban embolsados.

El 23 de agosto, a la orilla de la playa, en Laredo, flaqueado de pequeñas dunas había un pequeño chalet en construcción, cuyo dueño, un amable republicano riojano había puesto a disposición del PNV. Estaba anocheciendo y los dirigentes jelkides estaban en el aterpe de la casa charlando con algunos de los chóferes y gudaris que componían aquel cuartel general. De pronto, el ruido ronco del biplano del Gobierno Vasco, un Curtis adquirido al emperador de Abisinia y al que se le conocía como El Negus, pilotado por el leal Lebaud, se fue acercando como un puntito que acabó agrandándose y aterrizando en la playa, posándose cerca de los ocho burukides y consejeros presentes. Del pequeño avión, saltó Juan de Ajuraguerra. Sus compañeros le preguntaron   airados por qué había vuelto, si ya no había nada que hacer.

“Siempre hay algo que hacer. Vamos a celebrar un Batzar esta noche. Que vengan todos” ordenó aquel pequeño hombre que se hacía respetar con una mirada. Efectivamente, aquella noche se reunieron en una pequeña hondonada cubierta de juncos. Unas velas mortecinas iluminaban una escena de película. Tomó la palabra D. Juan y en previsión de que el pacto fallara totalmente propuso que se echara a suertes qué burukides se iban a quedar corriendo la suerte de los gudaris y los que iban a salir a Iparralde. Se aceptó la propuesta y en cuando Luzear, burukide gipuzkoano, se puso a escribir los nombres en pequeños papeles de sorteo, Ajuriaguerra le dijo: ”No pongas el mío. Yo he venido a quedarme. Tampoco pongas el del presidente del EBB (Doroteo Ziaurritz)”. Este protestó con vehemencia llegando a insistir con lágrimas que él había impulsado el enrolamiento de toda aquella juventud, lo que le obligaba, en su juicio, más que a los demás. D. Juan impuso su criterio.

Ajuriaguerra sabía que iba a morir, pero aquel gesto, le define bien a él y a su partido. Cuando a mi me preguntan el por qué el PNV tiene 122 años siempre me acuerdo de aquella decisión una noche terrible en la playa de Laredo.

El alcalde Jon Castañares le quitó en 1979 a Espartero su calle y le puso el nombre de Ajuriaguerra. Espartero fue el traidor de Bergara. Ajuriaguerra un hombre y un político decente. En todas las prisiones que luego tuvo que sufrir fue el centro de la resistencia moral contra la desesperanza y un foco de dignidad y firmeza.

Pasó el tiempo y un buen día de 1973, una serie de veteranos se dirigieron al bar Ontegui en la Gran Vía bilbaína. Allí solía pasar Ajuriaguerra casi todos los días a tomarse un blanquito y donde en la medida de lo posible y bajo vigilancia conspiraba todo lo que podía.

Por iniciativa suya este grupo se dirigió a la Casa de Juntas. Previamente habían hablado con Jaime Villanueva, comandante del batallón Abellaneda. Vivía en Sopuerta y les dijo como proceder. Querían recuperar el acta de aquella reunión de comandantes y comisarios. Y tuvieron que hacer varios viajes. Entre otros fueron Juan Beistegui con Antxon Zarrabetia, en otra Sabin Apraiz con Ramón Olazabal y Jaime Villanueva. En estas visitas siempre les recibía Ángel Palacio, funcionario del ministerio de Cultura español que era el responsable de la Casa de Juntas. Este no dejaba ver el libro del que habían sabido de su existencia por la maestra del pueblo.

Ante aquello Sabin Apraiz y Ramón Olazabal le pidieron al abogado Txomin Saratxaga, que tenía relación con el tal Palacio, conocido de su padre, les redactase una carta de presentación, cosa que hizo.

 

“Amigo Ángel. Te presento por medio de ésta a dos amigos Sabin Apraiz y José Ramón Olazabal, antiguos comandantes del ejército de Euzkadi y supervivientes de una histórica reunión de comandantes que tuvo lugar en esa Casa de Juntas ….para uso de temas históricos desean conocer copia del acta que entonces se levantó de la referida reunión y que obra en el libro de visitas de esa Casa de Juntas. Como quiera que recuerdo que en una ocasión tú mismo me enseñaste el Libro y el Acta de referencia, creo que podrás satisfacer el deseo de estos amigos”.

Tras aquello, Palacio les enseñó el acta y ahí comenzaron las exclamaciones de los visitantes. Estuvo Palacio seco y se negó en redondo a que fotografiaran el acta. Posteriormente siendo Sabin Apraiz presidente de la asociación de gudaris se presentaron en la sede del Bizkai Buru Batzar para que les hiciera la gestión de dirigirme a José María Makua, que acababa de ser elegido presidente de aquella Diputación y Juntas Generales en 1979. Makua dio la orden y un buen día le entregué el negativo de la fotografía a Asensio Uria y Ramón Olazabal se encargó de sacar cientos de fotocopias de aquel momento histórico donde aparecen los nombres de todos los presentes. Luis Ruiz de Aguirre en su libro sobre la guerra tiene una versión muy completa de dicha reunión.

Son historias humanas, emotivas, preciosas, de gentes de bien que amaban Euzkadi sin buscar su destrucción. Dignas de hacer buenas películas o audiovisuales para unos nietos y unas nuevas generaciones que no tienen ni idea de esta historia gloriosa de sus antecesores.

Todos los años por estas fechas aparece en Deia una esquela de la Junta Municipal de Deusto convocando en San Felicísimo la misa anual en recuerdo de Juan de Ajuriaguerra fallecido en Aiegi el 25 de agosto de 1978, por cierto el año que viene cuarenta años. Y cada vez viene menos gente. Me imagino que a D. Juan le gustaría fueran recordados aquellos gudaris que con él, dieron lo mejor de su vida por la libertad de este pueblo. Como nuestro gudari fallecido Sagastibeltza, muerto este verano sin que en su fallecimiento le hayamos guardado un minuto de silencio.

 

 

 

 

 

 

 

 

HAY TRABAJO, PERO NO TODOS QUIEREN HACERLO.

Jueves 17 de agosto de 2017

Salió Diez Usabiaga de prisión. Me alegro. Ojalá su capacidad negociadora se note en Bildu. Y que acaben los homenajes. En este caso estaba justificado. Pero se ve que el mundo de la Izquierda Abertzale añora ésta agitación de manifas, recibimientos, trifulcas.

Y sale del Dueso. Los medios no han recordado que hace exactamente ochenta años, parte del ejército vasco ingresó en aquella prisión. Hasta doce gudaris por celda, cuatro garbanzos, la espera de una condena, y el fusilamiento. Algunos se salvaron como Manu Sagastibeltza que falleció hace tres días y que ningún medio ha reseñado. La muerte de un gudari, quedando tan pocos, debería ser noticia. No lo es porque tenemos un periodismo muy superficial y a veces, como en estas fechas, de becarios. Y así nos va. Parecería que construir un país pasa por decir la ocurrencia más sonora, hablar de Euskal Herria a todas horas, cuando toda aquella generación murió gritando ¡Gora Euzkadi Askatuta!, y manifestarse por manifestarse. Solo el ciudadano tiene derechos. Ningún deber.

El miércoles estuve en Motriko y Aizarnazabal. En Motriko, no Mutriku, nació mi ama. Su madre quiso que naciera allí ya que en aquellos tiempos en los que se nacía en casa, una madre al lado siempre era garantía. Cuando mi ama cumplió ochenta años, toda la familia nos reunimos alrededor de ella en esta localidad. Un recuerdo entrañable.

Vimos el puerto inacabado, el proyecto de energía de las olas, y una dársena con dos yatecitos y decenas de barcos a remos y motoras. Un pequeño pesquero, parecía desentonar, de una flota que llegó a los 25. Ya no queda nada.

En la Cofradía, muy bien acondicionada, los primos de mi ama nos ofrecieron ventresca y txakoli de Motriko. No sabía que hubiera. Su hospitalidad fue de diez. El marido de la prima de mi ama, Joseba, al preguntarle por la ausencia de pesqueros si la gente sigue comiendo pescado, me dijo que la sociedad había cambiado y que los jóvenes decían que el trabajo en el mar era vida dura. ”Yo fui maquinista. Estuve 55 años trabajando. No cambiaría de vida. He hecho lo que me gustaba y hemos vivido bien, pero la gente joven te dice que no quiere trabajar en la mar. Y luego te dicen que no hay trabajo. Trabajo lo hay, pero no lo quieren hacer y eso que tienen mil comodidades ahora, que nosotros no teníamos”.

En Ondarroa los marineros son senegaleses. Han salvado la papeleta. De momento. Sus hijos, nacidos aquí estudiarán y seguramente no querrán ir a la mar. ”Que no me digan que no hay trabajo. Lo que pasa es que no quieren hacerlo y prima más el fin de semana sin hacer nada que tener hijos y sacar una familia”. Una pena.

De allí fuimos a Aizarnazabal, pequeño pueblo cerca de Iraeta y Cestona. Allí estuvimos mi hermana y yo dos veranos tratando de aprender euskera. El caserío Ondalde era un hervidero de trabajo. Once hermanos, los padres, la abuela y un tío soltero llevaban las cosechas, sacaban los bueyes, recogían nueces y manzanas, se ocupaban de las gallinas….Hoy solo uno de aquellos hermanos va los fines de semana y cuida una buena y vistosa huerta con unos tomates de campeonato. Pero se queja, como el primo maquinista de que los hijos de todos los hermanos, nadie quiere ocuparse del caserío. ”Es una vida dura, pero el trabajo existe y para mi es una satisfacción. Si pudiera y tendría menos edad le compraba a mis hermanos su parte. No sé en que acabará este caserío. Solo arreglar el techo cuesta una millonada y pintar por fuera, no digamos”.

Me gustó visitar Motriko y Aizarnazabal pero me quedó el sabor de los comentarios de un arrantzale y un nekazari. Hay trabajo, es duro, pero los jóvenes son ahora de invernadero. No les gusta la sujeción, y se pirran por tener su fin de semana intocable. Es un derecho y una conquista, pero me quedé con la copla de un mundo que se va y que nos dice: ”Trabajo hay, lo que pasa es que los jóvenes de hoy no lo quieren hacer y eso que tienen las ventajas del siglo XXI con televisión, Internet y ayudas de todo tipo”.

Pues sí. Pero ya no tiene remedio. El egoísmo y lo inmediato se ha apoderado de Euzkadi mientras cantamos al caserío y nos pirramos por una buena merluza.

OTEGI COMPARA LAS PROTESTAS COMO SI FUERAN «EL BOMBARDEO DE PEARL HARBOR»

Miércoles 16 de agosto de 2017

El portavoz de EH Bildu, Arnaldo Otegi, cree que hay «una especie de caza de brujas» contra la izquierda abertzale por sus discrepancias con el modelo turístico y ha destacado que «lo que daña» al turismo es «inflar» las protestas, que ha calificado de «incidentes», como si fueran «el bombardeo de Pearl Harbor». Además, ha trasladado a los empresarios de Hostelería guipuzcoanos que hay que «vender identidad nacional y cultural», y les ha pedido que propicien «unas condiciones laborales dignas».

¿A dónde vas?. Manzanas traigo.

-Oiga usted, Sr. Otegi, la violencia tiene grados y se empieza subiendo el primer escalón, no se le da importancia, y acaba usted organizando Pearl Harbor. Y usted lo sabe.

El problema no es de graduación, sino de sensibilidad humana y democrática. Y, al parecer, Otegi, que no controla a unos jóvenes nacidos, criados, crecidos y alimentados con el discurso de la violencia, éstas cosas, de cara al público, le parecen paparruchas. Pero no lo son. Evidencia dos cosas:

1.- Que Otegi no controla a su gente. En su invento de Bildu, Ernai es una fuerza y, la más violenta, porque Sortu es incapaz de embridarla y Ekaitz Rodríguez, al que se le va la fuerza por la boca, es un espantajo que no le ayuda en nada a Otegi a liderar Bildu.

2.- Que el mundo abertzale  que ha creído en la violencia para «liberar» Euzkadi sigue ahí, sigue  siendo violento, sigue sin aprender nada y sin olvidar nada. Y esto es un problema para todos.

¿Cómo se resuelve esto?.

Con pedagogía democrática y con un puñetazo en la mesa diciendo  que por ese camino no se va. ¿Que ese grupo se desgaja?. Pues que se desgaje. Euzkadi necesita una Izquierda Abertzale democrática, como España una derecha antifranquista. Querer mantener en el seno de estos partidos la radicalidad, no arregla nada. Una sociedad sana debe conocer quién es quién y el por qué de su lucha y si ésta es democrática o no.

Que salga ahora Otegi comparando la protesta democrática de la mayoría vasca  con una exageración, está fuera de lugar y nos ilustra de la debilidad de Otegi para encabezar una acción política nueva. La de Otegi es la vieja política que ya conocimos en el pasado. Tan vieja como  hablar hoy de Pearl Harbor.