| Viernes 7 de agosto de 2015
A Coruña, Fundación Luis Seoane
Yo no sabía, en virtud de mi poca edad, que era todo eso, aunque algo había intuido en la travesía ya que un mal día por la tarde, pasadas las Azores, y habiéndose acabado las películas para los niños, mi madre ofreció las que teníamos del Pájaro Loco, el Gordo y el Flaco, Abott y Costello, Tom y Jerry. No había en aquellos años, videos familiares y mi padre, aficionado al cine tenia y sacaba películas familiares, con tan buena o mala suerte, que entre las películas para niños mencionadas se coló una en la que aparecía la inauguración del Centro Vasco de Puerto la Cruz, en el oriente venezolano, con la presencia del Lehendakari José Antonio Aguirre, que presidía su gobierno en el exilio y dónde apareció una inmensa ikurriña qua soliviantó al Conde de Vallellano, ministro de Obras Publicas de Franco que viajaba en visita oficial. El antiguo alcalde de Madrid que sabía lo que significaba aquella enseña, se puso en pie y de manera fuerte y furiosa se puso, a gritar: ¡fuera, fuera! interrumpiéndose la proyección. Me di cuenta, pues, que algo pasaba con aquella bandera para que aquel señor aparentemente apacible se pusiera de esa manera a protestar. Mucho más cuando al llegar a Santurce, la policía subió al barco y detuvo a mi madre por propaganda ilegal. Esa fue mi primera experiencia con la dura realidad de una situación de dictadura. Pero antes de llegar a Santurce, el primer puerto peninsular que tocamos fue el de esta bella ciudad en marzo de 1955. Recuerdo que al bajar a la ciudad mi madre me compró una gabardina con unos grandes botones y solapas a la que le llamaban trinchera, no sé por qué, lo de trinchera. La segunda vez que vengo a esta ciudad es hoy por gentil invitación de esta Fundación Luis Seoane para hablar durante cuarenta minutos, no más, de las relaciones entre el exilio gallego y el vasco. Como la obra es inabarcable permítanme que me centre en aquel primer exilio político y en las relaciones personales que tuvieron políticos vascos y políticos gallegos. LOS TRES ESTATUTOS No es el momento de hacer una pormenorizada explicación de cómo fueron tramitados los tres estatutos de las llamadas Comunidades Históricas, Galicia, Euzkadi y Catalunya, aunque no se comprende el exilio sin este dato. Tanto políticos catalanes corno políticos gallegos estuvieron en 1930 en el llamado Pacto de San Sebastián que trajo al poco la República. No así el PNV que no estuvo en dicho pacto pues nos encontrábamos divididos en dos ramas. Don Manuel de Irujo, diputado del PNV siempre decía que la ausencia do aquel pacto nos impidió conseguir como los catalanes el estatuto en 1932. Nosotros logramos aprobarlo en 1936, en plena guerr El estatuto que ya estaba plebiscitado y solo le quedaba el trámite del pleno fue la condición indispensable que puso el PNV para designar un ministro en el gobierno del líder socialista Francisco Largo Caballero. Manuel de Irujo fue ministro de justicia y José Antonio de Aguirre, una vez aprobado el estatuto fue el primer Lehendakari presidiendo durante nueve meses en tierra vasca un gobierno de concentración de nacionalistas, republicanos, socialistas y un comunista. Al caer Bilbao en junio de 1937 pasó a Barcelona y de allí a París y tras la entrada de los alemanes tuvo que fugarse con personalidad falsa a través de Berlín para llegar a Brasil y a Nueva York dónde se asentó en 1941 El estatuto gallego, la otra autonomía histórica a pesar de lo que ahora diga Manuel Jiménez de Parga, en el sentido de que no hay nacionalidades históricas, fue entregado al presidente Azaña poco antes de la sublevación militar. El estatuto vasco, como el gallego, tuvo que pasar durante la República cinco años de dilaciones y cuando parecía que se iba a lograr, llega el bienio negro con Lerroux y todo se paraliza. EL ESTATUTO GALLEGO En febrero de 1936 se celebraron en España las últimas elecciones de Diputados a Cortes. El pacto del Frente Popular en Galicia —en el que los «galleguistas» entraron como aliados de Izquierda Republicana— contenía el compromiso de ir inmediatamente a la celebración del plebiscito, y una vez ganadas las elecciones, pudo realizarse, gracias a disponer de un decreto olvidado hasta por su propio redactor. Como bien se sabe el plebiscito se llevó a cabo el día 28 de Junio del mismo año, y el resultado sobrepasó en todas y cada una de las provincias gallegas, el porcentaje que la Ley exigía. El triunfo estaba descontado, por el compromiso de todos los partidos integrantes en el Frente Popular y por la falta de oposición de los sectores de la derecha. Galicia, pues cumplió de manera insuperable los trámites establecidos por la Constitución y pudo presentar su Estatuto a las Cortes de la República el día 15 de Julio de 1936, tres días antes de estallar la Guerra Civil. Años más tarde, se creó el Gobierno extraterritorial de la República española, presidido por Giral; y en la declaración que fijó ante las Cortes reunidas en México el día 7 de Noviembre de 1945, se acordaron del derecho gallego con las siguientes palabras: «…Por último, Galicia dejó expresada su voluntad de autonomía en el texto del Estatuto plebiscitado y aprobado por el pueblo gallego, que en su día tomó estado parlamentario y quedó pendiente del examen y aprobación de las Cortes». En la tercera junta de Cortes en México (día 9 del mismo mes y año), se propuso el nombramiento de la Comisión de Estatutos, dando lugar a un largo debate, que consumió la jornada entera. Hablaron muchos Diputados, y no todos con buena fe; pero ninguno de ellos —ni el mismo Prieto— se atrevió a discutir el derecho ganado por Galicia. Al final quedó constituida la «Comisión del Estatuto Gallego» gracias a la fuerte solidaridad de los parlamentarios gallegos que impusieron un respeto general y ganaron la simpatía del ambiente. LA SITUACIÓN DE LOS LÍDERES Tenemos pues igualados a los tres pueblos que habían obtenido un estatuto en la República, estaban igualados en la derrota. La última, la catalana, la primera la gallega, la segunda la vasca. Gallegos, vascos y catalanes refugiados tratan de mantener la institucionalidad republicana hasta que llega de nuevo los cuatro jinetes del apocalipsis a Europa y comienza la segunda guerra mundial Luis Companys es detenido, maniatado, llevado a Barcelona vía Hendaya y fusilado en los fosos del castillo de Montjuich. José Antonio de Aguirre, el Lehendakari, organiza el gobierno vasco en el exilio en París y allí funciona en su despacho hasta que tiene que refugiarse en Bélgica, de allí a Alemania y de allí con personalidad falsa de un panameño sale de Goteborg vía Brasil. Casares Quiroga, el dirigente de Orga, ex presidente del gobierno, es perseguido junto a Castelao que durante los años de la república había realizado el mismo tipo de acción política que el diputado Aguirre. Sus intervenciones parlamentarias, artículos constitucionales correspondientes a la autonomía, bilingüismo y enseñanza; reforma agraria; no embargabilidad de la pequeña propiedad campesina; ferrocarriles, pesca… lo dieron a conocer como un buen parlamentario y siempre en aquel avispero que fueron las Constituyentes, sus discursos se escucharon con respeto. Uno de los diputados con el que hizo mejores migas fue D. Miguel de Unamuno. Mantenía con él largas conversaciones, aunque el vasco no era amigo de las autonomías. En los tres años que duraron las Constituyentes —lo mismo que los otros diputados galleguistas— Otero Pedrayo, Suárez Picallo, Villar Ponte— viajó casi todas las semanas a Galicia para intervenir en los mítines que, por docenas se celebraban sábados y domingos para hacer propaganda de la autonomía. Ya en el Parlamento, con la colaboración fiel de algunos otros diputados —Alonso Ríos, Tafall, Villaverde, Pórtela, Cornide, Somoza…— se lanzaron a luchar otra vez para conseguir la tramitación final del Estatuto. BALANCE DE LA SEGUNDA REPÚBLICA Aquel año de 1939, año de derrota y de exilio, el Gobierno Vasco abrió una crisis interna con sus coaligados del partido socialista solicitándoles un debate en el que dijeran que su obediencia no podría responder a las instrucciones que les venían de la capital de España sino que les solicitaban obediencia vasca. El Gobierno Vasco había visto el desbarajuste que se había producido en el gobierno republicano y reclamaba un tipo de política propia que no estuviera incurso en el forcejeo continuo de dos líderes socialistas como Indalecio Prieto y Juan Negrín que disentían en casi todo. CASTELAO SE MUEVE Manuel de Irujo, amigo de Castelao, participó activamente en la vida oficial de la República tanto como ministro de Justicia primeramente y sin cartera después así como diputado a Cortes. Asiste en 1938 a la sesión en la que Castelao había obtenido el 2 de febrero en Monserrat que el Estatuto gallego, tomara estado parlamentario. Castelao en mayo de 1938 visita Rusia cumpliendo una misión cultural del Gobierno de la República española. En Moscú hace una exposición de dibujos, obteniendo un gran éxito. En julio embarca hacia los Estados Unidos de Norteamérica desde Francia. Sale hacia Nueva York en el vapor «Ile de France». En los EE.UU. toma parte como orador en 66 actos a favor de la causa republicana. Pronunció asimismo tres conferencias en gallego y hace una exposición de sus dibujos en Nueva York durante el mes de noviembre. Durante ese tiempo A. Castelao trabajó de manera especial con los gallegos aunque toma parte en actos de la colonia española. Los gallegos constituían en Nueva York la agrupación más numerosa: unos 20.000. Poseían unos locales verdaderamente formidables por su situación y capacidad. Por aquel entonces existía en Nueva York una Delegación del Gobierno vasco que informaba periódicamente a éste que se encontraba exiliado en París. Dicha Delegación estaba formada por Manu Sota y su sobrino Ramón, Antón Irala y Aramburu. En noviembre de aquel año 1938 estos vascos juntamente con el presidente de la Agrupación catalana, J. Fontalans se reunieron con Castelao para cambiar puntos de vista y organizar iniciativas conjuntamente. Castelao habló con franqueza. Dijo que el viaje lo hacía por cuenta propia, que no estaba «enchufado», que si tomaba parte en actos por la República, en mítines organizados por sociedades españolas varias, lo hacía de paso y para mejor realizar la misión que se había propuesto que era la de reorganizar a los gallegos con vistas a una acción conjunta en favor de Galicia. No hay que olvidar el contexto, ya que la guerra civil estaba en sus últimos meses. Castelao les comentó a sus interlocutores vascos y catalán que en Nueva York por hablar a los gallegos en términos nacionalistas había levantado recelos en ciertos sectores que consiguió desvanecer. Pero el problema principal era el económico. Todo lo que se recaudaba iba a parar a las «Sociedades Hispanas Confederadas». Castelao debía aguzar el ingenio ya que la situación legal de Galicia no era la de Euzkadi y Cataluña al no haberse aprobado el Estatuto de autonomía y no tener por tanto situación «legal” en la República. Por todo ello Castelao había hecho una organización en favor de Galicia aunque aparentemente todo seguía como antes y en las manifestaciones públicas se colaboraba lealmente en favor de la República. La organización de Castelao tenía además de la finalidad económica, otras misiones de diverso orden, según las circunstancias lo exigiesen. Al día siguiente de aquel almuerzo salió Castelao para Cuba, mientras preparaba el siguiente viaje a la República argentina donde pasaría una larga temporada. Los comensales vascos y el representante catalán le indicaron la conveniencia de que todo ese trabajo de organización se llevara en conocimiento y coordinación de las autoridades catalanas y del presiden-te vasco, José Antonio de Aguirre. Los vascos estaban haciendo lo mismo y le comentaron que si todas las autoridades representativas se ponían de acuerdo y cada una de ellas estaba bien informada de la situación de vascos, catalanes y gallegos en toda América, en el momento en el que hubiera que hablar en la península y también de actuar en favor de las reivindicaciones de los distintos pueblos, tendrían en sus manos el medio de ahogar en América toda manifestación franquista en sentido absorbente así como una fuerza de presión formidable. Castelao se mostró completamente de acuerdo con lo expuesto por-que él como gallego conocía perfectamente el espíritu centralista absurdo de la mayoría de los republicanos aun estando en el exilio. Comentó a sus contertulios el desagrado que le produjo cuando estando en Valencia llegó la noticia de la caída de Bilbao y «allí en los organismos del Estado había en el fondo regocijo», por ver en la pérdida de Bilbao un fracaso de los Estatutos y del Gobierno vasco. El dirigente galleguista prometió ponerles en contacto con todos los organismos que fuera creando durante su paso por los diferentes países. En Nueva York ya lo había hecho. Todos consideraban que los gallegos por su gran número podían tener gran influencia en América. Castelao, por otra parte crecía en ascendiente sobre ellos. Con el tiempo llegaría a ser el hombre de más influjo entre éstos. NECESIDAD DE COORDINARSE Una coordinación de gallegos, catalanes y vascos prometía ser una plataforma muy interesante para dirigir una acción de conjunto en el momento oportuno. Aquella comida en Nueva York se continuó en horas de la noche pues en el Centro Gallego tuvo lugar un acto de despedida a Castelao. Previa invitación asistió e hizo uso de la palabra brevemente el delegado del Gobierno vasco, Irala. Le acompañaron Aramburu y Ramón Sota. Castelao salió en avión hacia La Habana invitado por las colectividades gallegas de Cuba para dar conferencias y exponer sus dibujos. El año 1939 iba a ser el de la victoria militar de Franco ayudado por las potencias del Eje. En septiembre comenzaría la segunda guerra mundial. Mientras ¿quién se acordaba de gallegos, vascos, catalanes, republica-nos y demás exiliados? Acababa una tragedia y Europa se preparaba a vivir otra. Castelao continuaba su incansable trabajo de divulgación de sus ideas y de coordinación de colectividades. En enero de 1939 vuelve a Nueva York, pronuncia conferencias, dicta cátedras y dibuja estampas de negros que adquieren extraordinario éxito. En abril de 1939 se reúne con Manu Sota, de la Delegación del Gobierno vasco. Llevaba éste una intensa actividad en los medios católicos americanos así como en cualquier círculo de la capital neoyorquina que pudiera contrarrestar la labor del franquismo. Ambos tenían sus diferencias con un tal Dalty porque éste había dejado al vasco sin la película «Gernika» y a Castelao sin una película gallega que le prestó. En aquellos momentos tenían los vascos una buena organización en el exilio y Castelao deseaba contar para Galicia con la misma estructura política que tenía el Gobierno vasco, en el exilio. En esos difíciles momentos el dirigente gallego le manifestó a Manu Sota su deseo de poner a los refugiados gallegos en contacto con los vascos. Desgraciadamente Galicia no había tenido en guerra un Estatuto en ejercicio y carecía de una estructura política sólida. Mientras, el Gobierno vasco mantenía una red de Delegaciones por todo el mundo. En Francia, además de refugios y de la Delegación de París que era ya la sede del Gobierno vasco en el exilio, poseía una poderosa delegación económica en Marsella. COMIENZA LA POLÍTICA EN EL EXILIO Hay que recordar que el general Franco fue apoyado por Hitler y Mussolini y que se las veían muy felices hasta 1943 cuando creía en la victoria nazi sobre Europa y el mundo. Pero ese año las cosas empiezan a ir de mal en peor para los totalitarios mientras todos los arrojados fuera de su patria, empiezan a verle fecha de caducidad al régimen fascista español y comienzan a tratar de montar plataformas de rechazo al sistema y de preparación para la próxima, vuelta. El 19 de abril de 1.943, en Montevideo se produce una reunión de personalidades republicanas, de gallegos, vascos y catalanes convocada por Diego Martínez Barrios, presidente de las Cortes ultimas que estaba en el exilio donde dicen que hay que hacer algo. Martínez Barrios hizo ante los reunidos un examen de la situación internacional en lo que afectaba a España y también del cuadro que, ofrecía la emigración española afincada en América para deducir las posibilidades de una acción tendiente a que los emigrados de los territorios ibéricos fueran tenidos en cuenta por medio de un organismo que fuera expresión de los deseos y aspiraciones de todos sus sectores y grupos. Aguirre mientras llega a Nueva York y le sugiere a Castelao que prepare una plataforma política gallega representativa, parecida a la que tenían los catalanes presididos por el presidente del parlamento catalán Josep Irla y parecida al gobierno vasco que comenzaba a recibir los embates de Indalecio Prieto en su pugna con Negrín. Prieto quería liquidar todas las instituciones republicanas para hacer algo totalmente distinto a una plataforma que tuviera como base fundamental las gentes representativas de lo que el consideraba un fracaso. Era muy importante para Galicia hablar con una sola voz y disponer de un organismo que articulara sus intereses. Los catalanes tenían sus instituciones, los vascos su Gobierno y delegaciones y los gallegos necesitaban esa plataforma. Y la crearon. Se trata del Consejo Nacional de Galicia que nació en Montevideo el 15 de noviembre de 1944. Lo constituyeron los diputados a Cortes, Alfonso R. Castelao, Elpidio Villaverde, Ramón Suárez Picallo, y Antonio Alonso Ríos siendo elegido presidente Castelao. A su fallecimiento el Consejo decidió no elegir presidente. EL CONSEJO DE GALICIA El día 8 de diciembre de aquel año de 1944 se celebró en Buenos Aires y en casa de Manuel Puente la constitución del Consejo de Galicia. Asistieron tres de los integrantes de dicho Consejo ya que Suárez Picallo residía en Santiago de Chile. Por Catalunya asistió Manuel Serra Moret, vicepresidente del Parlamento catalán. Ramón M. de Aldasoro y José M. Lasarte asistieron en representación de los vascos. LA REUNIÓN DEL GOBIERNO VASCO En 1945 la guerra mundial tocaba a su fin. Mussolini había sido colgado por los pies en Milán y Hitler suicidado en su bunker berlinés. Las potencias ganadoras organizaban el juicio de Nuremberg y los republicanos se las veían muy felices. En este contexto, José Antonio de Aguirre reúne el Gobierno Vasco en Nueva York, están presentes consejeros socialistas, nacionalistas y republicanos. Acuerdan seguir manteniendo la institución, mientras ratificaban el programa conjunto aprobado en Gernika el siete de octubre de 1936. Otro de los acuerdos adoptados en Consejo de Ministros por el Gobierno de Euzkadi fue el de ratificar su apoyo a la causa democrática española para obtener la restauración de la República y resolvió seguir apartado de las disputas «que estérilmente dividen a los republicanos españoles y causan daño a la causa democrática». En sus últimas sesiones el Consejo de Gobierno Vasco se dedicó al estudio de los problemas del momento y discutió un programa de labor inmediata de gobierno. Se ocupó en lugar preferente de los problemas prácticos, que requerían solución en la última etapa del exilio. También se acordó trasladar la sede del Gobierno de Nueva York a Francia. El lendakari dio cuenta de un proyecto de organización provisional de Euzkadi para aplicarlo al recobrar el ejercicio del poder basado en procedimientos puramente democráticos a través de ayuntamientos y de diputaciones populares, y un órgano asesor consultivo que vigile la función del Gobierno hasta que el país pudiera elegir libremente sus instituciones definitivas. El Gobierno vasco —terminaba el comunicado publicado—, unido a su pueblo por una comunidad de sacrificios y esperanzas, confía en sus compatriotas y dirige un llamamiento a los representantes de la causa republicana española —y a quienes tienen la misión de guiar a Cataluña y a Galicia— para que el año actual sea el de la coordinación de nuestros esfuerzos y el que marque el fin de la tiranía del régimen de Franco, implantado por la violencia y por el auxilio extranjero. EL CONSEJO DE GALICIA APOYA AL GOBIERNO VASCO Conocidos los acuerdos del Gobierno vasco se reunió, en Montevideo, el Consejo de Galicia y adoptó la siguiente resolución: «Reunido el Consejo de Galicia en la ciudad de Montevideo el día 19 de abril, después de pasar revista a la situación reinante en España y, de un modo especial, en Galicia; así como de las circunstancias porque atraviesan las relaciones de los políticos exiliados, acordó dar a publicidad el siguiente comunicado: En esta hora decisiva, el Consejo de Galicia proclama su estrecha compenetración con el Gobierno vasco y las Fuerzas Organizadas de Cataluña, respondiendo a la creciente solidaridad de los tres pueblos, en alianza interior y exterior, que ya está consagrada bajo el conocido nombre de «Galeuzca». Las fuerzas democráticas organizadas en la península reclaman con insistencia nuestra unión, tan estrecha como la que allí se ha formado considerando suicidas y antipatrióticas las desavenencias que reinan entre los desterrados. Las bases para la unión, fijadas por las fuerzas de interior, son las siguientes: 1.- Recuperación del orden republicano, y simultáneamente establecimiento de las autonomías de Euzkadi, Cataluña y Galicia; 2.- Compromiso formal para la implantación de una República Federal; El Consejo de Galicia, investido de la auténtica representación de todas las fuerzas que constituyen la «Junta Gallega de Alianza Democrática» (partidos políticos y uniones sindicales), ruega de manera muy especial, en nombre de todos los elementos democráticos de Galicia, a los respectivos afiliados en el exilio que propicien con todas sus energías la unión y concordia de los republicanos españoles, en consonancia con las bases fijadas. El Consejo de Galicia, ante la dictadura de Franco y la Falange y ante las pretensiones monárquicas que ahora se agitan, reafirma una vez más su inquebrantable fe republicana y democrática. Montevideo, 10 de abril de 1945. (Firmado): Alfonso R. Castelao, presidente.- A. Alonso Ríos, secretario». Eran momentos de compenetración y esperanza y Galeuzca tenía fe en el futuro. La división en el campo republicano iba a marchitar estas buenas intenciones. Por su parte José María Lasarte, diputado del PNV, residente en Buenos Aires impactado por los acuerdos del Gobierno vasco en Nueva York escribió en el diario EUZKADI de Santiago de Chile en marzo de 1945 un artículo en el que exponía la importancia de la coordinación de las tres nacionalidades. Decía: LA HORA DE «GALEUZCA» La declaración que el Gobierno vasco acaba de formular después de las reuniones celebradas en Nueva York, recaba en nombre de todos los partidos políticos vascos la libertad nacional de Galicia, Cataluña y Euzkadi, como garantía para la implantación y supervivencia de la República en España. El Consejo Nacional de Cataluña, también en documento reciente, dirigiéndose a los antifascistas españoles, dice; «El pueblo castellano se verá condenado a vivir constantemente bajo una dictadura si se quiere mantener el unitarismo, pues sólo por la fuerza podrán ser dominadas las nacionalidades periféricas. La causa de la democracia en España va inseparablemente unida a la de las libertades nacionales». El Acta de constitución del Consejo de Galicia y toda la propaganda gallega, siguiendo la línea del magnífico libro de Castelao «Siempre en Galiza», verdadero código del anticentralismo, repiten que únicamente la libre unión de las naciones ibéricas pueden ser la estructura de una República pacífica y estable. La constitución en Londres de una comisión «Pro-Comunidad de Naciones Ibéricas» a iniciativa y con intervención del representante portugués, Dr. Armando Cortesao, prueban que sólo el programa de Galeuzca podía atraer a Portugal al seno de una Confederación Ibérica. Gallegos, catalanes y vascos en estrecha compenetración de puntos de vista doctrinales y tácticos, iban perfeccionando en la acción su alianza política. Para valorar su situación ante el futuro, bueno es que nos preguntemos, cuál es la actitud de los republicanos españoles ante las reivindicaciones de Galeuzca Si bien no ha faltado quien queriendo confundir las cosas ha pretendido presentar a Galeuzca como «una división más» y ha querido paralizar nuestro movimiento con sofismas jurídicos e intemperancias de tipo imperialista Por si alguien pretende que este silenciamiento es una contribución a la unidad antifranquista al impedir que se oigan voces distintas o contradictorias, digámosle en seguida que nuestra mentalidad democrática no se amolda a esta simplificación. ¡Bonita manera de obtener la armonía democrática la de oír y dejar oír, únicamente la propia opinión! No; es indispensable y urgente que por parte de los dirigentes republicanos españoles se encare desde ahora el problema de las nacionalidades ibéricas y se fijen posiciones ante el mismo. «No vale decir que la solución será la que el pueblo quiera». Esto» sería una perogrullada, sino fuera una habilidad. ¿El pueblo, o los pueblos? No es inocente la pregunta. Porque en el distingo está que con apariencias democráticas traten de imponernos su ley a vascos, gallegos y catalanes. Hecha de otra forma la pregunta: ¿los republicanos españoles están dispuestos a reconocer y respetar la voluntad de Galicia, Cataluña y Euzkadi? Los dirigentes republicanos deben definirse en este punto. Invocar para eximirse de hacerlo, la sumisión a lo que «el pueblo quiera», no parece una postura sincera, pues el político se presenta ante la ciudadanía para expresar ideas y no, si obra en conciencia, para declararse servidor de opiniones ajenas no compartidas. Esta invitación al diálogo no es un llamamiento a la discusión estéril y peligrosa, sino al examen sereno y constructivo que realizado con franqueza será una positiva contribución a la unidad antifranquista. Pues lo que no puede hacerse ante la fuerza real de Galeuzca, es desconocerla, siguiendo la desprestigiada táctica del avestruz, de meter la cabeza debajo del ala para ignorar la realidad. La serena posición de Galeuzca en el campo de las divisiones españolas y su constructivo eclecticismo derivado de la equidistancia de posiciones apasionadas y extremas pide a los republicanos españoles un examen bien intencionado de las reivindicaciones que, con toda cordialidad y sincera voluntad de llegar a un arreglo definitivo, formula Galeuzca. LA PUBLICACIÓN GALEUZKA Un factor interesante a tener en cuenta de estos años fue el que no solo gallegos, vascos y catalanes cada uno en su mundo de relaciones propias buscaba un salida a aquella situación sino que había asimismo gallegos, vascos y catalanes que querían coordinar esfuerzos y trabajar con premisas comunes Es de recordar como de la Triple Alianza de 1923, diez años después se hace un viaje triangular a Galicia, Euzkadi y Catalunya y en julio de 1933 en Santiago de Compostela con la firma del llamado Pacto de Santiago nace Galeuzka un movimiento solidario con bandera propia cuyo anagrama integraba las siglas abreviadas de las tres nacionalidades. Aquella semilla que se había plantado en tiempos de la Republica para coordinar políticas, se resucita, en aquellos años alrededor de una revista que se editaba en Buenos Aires. Se imprimieron doce números, donde colaboraban los primeros espadas de las tres nacionalidades. Dejó de publicarse en julio de 1946. La argumentación que se dio fue que sus principales redactores se iban a trasladar a Francia aunque la argumentación de fondo era que la República no lograba ser tenida en cuenta como opción de futuro. Se dijo que Galeuzka iba a volver a ser editaba en Santiago, Bilbao y Barcelona, aunque esto no fue así. Fue una lástima pues no solo se publicaron trabajos de gallegos, catalanes y vascos sino también de portugueses al calor de las iniciativas de Cortesao. LA BATALLA DE LAS NACIONES UNIDAS Finalizada la guerra mundial, los refugiados políticos dan la batalla en 1945 en dos frentes. Uno en Naciones Unidas que surgía de nuevo en la ciudad de San Francisco tras el fracaso anterior de la Sociedad de Naciones en Ginebra. Y otro, tratando de lograr armar un frente de política institucional que fuera reconocido internacionalmente para tranquilizar a quienes decían que no había una alternativa seria democrática al régimen de Franco que, finalizada la guerra, no ofrecía el menor peligro a los aliados. Por esta razón se hacían múltiples llamamientos a la unión ya que el panorama que al finalizar la guerra mundial ofrecía la emigración política hispana, no podía ser más catastrófico en cuanto a su desunión. De una parte actuaba la Junta Española de Liberación. De otra el Gobierno de Negrín representando a una reducida porción de fuerzas políticas pero con el valor de su actuación en Londres y de su condición de Gobierno legítimo. De otra, el partido comunista que reiterando su apoyo al Gobierno Negrín, levantó el tinglado de la Junta Suprema de Unión Nacional. Por otra parte el movimiento político vasco dirigido por el presidente del Gobierno de Euzkadi, José Antonio de Agirre que no formaba parte de la Junta de Liberación y sostenía, en relación con una parte de la representación de Cataluña que dirigía Pi y Suñer y con el Consejo Nacional Gallego que dirigía Alfonso R. Castelao, una política en demanda de autodeterminación de los pueblos gallego, catalán y vasco, teniendo como instrumento a Galeuzca y marcando estas etapas: Primero, unión de catalanes, vascos y gallegos. Segundo, pacto con las fuerzas democráticas de España. Tercero, creación del instrumento de unión y de acción política más conveniente. La desunión entre las fuerzas políticas antifranquistas al final de la guerra mundial no pudo ser más evidente. Desde personalidades autorizadas del Gobierno británico, norteamericano y francés llegaban requerimientos continuos de que se unieran las fuerzas democráticas, única manera de avanzar algo en la lucha contra Franco. Es en esta situación cuando el lendakari Agirre después de hablar con Castelao e Irla adopta una iniciativa que va a dar como resultado la constitución del Gobierno de la República española y el levantamiento de las instituciones republicanas. Como hemos reseñado, durante el mes de febrero se había reunido el Gobierno vasco en Nueva York. En la declaración política emitida recogiendo los resúmenes de los acuerdos adoptados, dirigía «un emocionado llamamiento a los representantes de la causa republicana española y a quienes tienen la misión de guiar a Cataluña y Galicia, para que el año 1945 sea el de la coronación de nuestros esfuerzos y el que marque el fin de la tiranía del régimen de Franco, implantado por la violencia y por el auxilio extranjero». Era evidente que la convocatoria de la Conferencia de San Francisco y el fin de la guerra, que se preveía inmediato, habían de tener consecuencias decisivas en la situación política de España. El más elemental sentido de la responsabilidad obligaba a dimitir las diferencias que pudieran separar a los grupos republicanos, y que resultaban subalternas en relación con los acontecimientos que podían precipitarse. Además, Agirre recibió informaciones autorizadas acerca del propósito de los Gobiernos de Inglaterra y de Norteamérica, de presionar en España para que desapareciese el régimen totalitario implantado en la península con la asistencia militar de Italia y de Alemania. Ante contingencias de tanto volumen y tanta trascendencia para las aspiraciones democráticas de cuantos fueron vencidos en la guerra civil española, Aguirre se puso en comunicación con los catalanes y gallegos de Francia, Inglaterra y Amé-rica, y con todos los grupos españoles exiliados. A todos los invitó a un acuerdo sobre principios sencillos que excluyeran las lamentables divergencias mantenidas, y, si fuera posible, hasta cualquier discusión. Para llegar a un acuerdo proponía que, en último término, se limitara éste a pedir que compareciera una sola representación autorizada de todos los republicanos españoles en la Conferencia de San Francisco, con el fin de solicitar con la máxima autoridad que al ser vencido el nazismo y el fascismo en Europa, fuera barrido también el falangismo, hijo predilecto del consorcio totalitario. Por iniciativa de los presidentes Aguirre, Irla y Castelao y a pesar de la enemistad creciente entre Prieto y Negrín en agosto de 1945, se han cumplido cincuenta años sin que nadie haya dicho nada, se elige en México a Diego Martínez Barrios, presidente de las Cortes, como presidente de la Republica en sustitución de Manuel Azaña. Lo eligen en el salón de cabildos de la ciudad de México los diputados de febrero de 1936 que se presentan en este acto. El nuevo presidente, le encarga a José Giral que había sido ministro de asuntos exteriores y asimismo presidente de gobierno que formara un nuevo gobierno, Este lo hace y llama a gallegos, vascos y catalanes. Y de esta forma vuelven a ser ministro Manuel de Irujo y Castelao, formando parte de un gobierno que tenía por misión dar la batalla en Naciones Unidas para que los países aliados retiraran sus embajadores y el cerco al régimen lograra cambiar la situación del país. Es de recordar que en aquellas cortes en el exilio se aprobó definitivamente el estatuto gallego mientras los dirigentes republicanos sobre todo en 1946 volvían a Francia corno fue el caso del lehendakari Aguirre y del propio Castelao en aquel año de bloqueo institucional al régimen de Franco que no paso de ahí. Con la ley de sucesión sacada adelante por vía de un referéndum amañado, el régimen parecía tomar una cierta iniciativa. Al propio tiempo desencadenaba la última ofensiva contra maquis residuales. Este fue el signo de 1947 así como el de la gran amargura de Castelao. De aquí a su muerte en 1950 el talante es de tristeza y desesperanza viendo a los gobiernos republicanos en el exilio luchando estérilmente mientras las distintas fuerzas no se ponían de acuerdo. Una preocupación de los dirigentes vascos fue que los gallegos no estuvieran ausentes de los sucesivos gobiernos, En 1947 vuelve Castelao a Buenos Aires muy desanimado, porque los aliados preferían la seguridad que les daba un dictador inofensivo para sus intereses frente al telón de acero que había caído en Europa y que era su real preocupación. Se sellaba así la existencia de una dictadura por espacio de cuarenta años. ACABA ESA RELACIÓN CON EL FALLECIMIENTO DE CASTELAO Manuel de Irujo en septiembre de 1949 le escribe una carta a Castelao. Le dice: “Tengo noticias tuyas por mis hermanos. Me dicen que estás enfermo. Mira chico. Agárrate a la pata de la cama. Es preciso vivir. No te importen los gestos oratorios de importantes mandiles. Esto marcha. Creo que vamos a poder ver luz pronto. Lo creo sinceramente. No te diré por qué. Sería muy largo. No importa demasiado. Eso de la lógica y de los cálculos falla casi siempre. Pero hay que vivir, no solamente, para ver, sino de manera principal para actuar. Sé que te editan el libro de las cruces en gallego y en inglés. Muy bien. Sé que preparáis una historia de Galicia, que marcará surco profundo y ancho. Eso está muy bien también. Adelante con eso, que es bueno, santo, y necesario.” Estos años son de desánimo. El régimen se consolida, el gobierno republicano al no presentarse unido no es referencia da nada, surgen las plataformas ideológicas en Europa buscando la unidad de ésta, la represión continua, Don Juan de Borbón envía a su hijo Juan Carlos a Madrid para que el régimen eduque a su hijo. Los ingleses y norteamericanos van apagando las esperanzas de los exiliados, la jerarquía eclesiástica negocia con Franco un concordato, los embajadores vuelven a Madrid, y, lo peor de todo, Castelao fallece en Buenos Aires en 1950. El hombre clave de la relación entre el galleguismo político y el lehendakari Aguirre y Manuel de Irujo deja huérfano a todo un movimiento que recibe su segundo golpe con el fallecimiento de Aguirre en 1960 y el nacimiento de ETA ese año. Pero eso puede ser objeto, o de preguntas, o de otro trabajo a futuro. Para finalizar solo traer a esta sala lo que se decía hace setenta años. La discusión de hoy no es nueva. Es tan vieja como Euzkadi, Galicia y Catalunya enfrentadas con una Castilla que actúa como Prusia. Ahora cambiaríamos Castilla por Madrid, el llamado rompeolas de España que acoge embajadas, ministerios, alto funcionariado, instituciones de todo tipo, centrales bancarias, grandes empresas, aeropuertos y visión radial, desde la Puerta del Sol de lo que a su juicio debe ser para ellos España. Cuando Castelao llego al Congreso una de sus primeras iniciativas fue solicitar que del frontispicio del hemiciclo de la cámara de diputados se quitaran las dos estatuas de los reyes católicos, personificación en piedra de nuestras desgracias. |
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Abogados del Foro Penal Venezolano nominados a Premio Nobel de La Paz
Lunes 3 de agosto de 2015
…hoy los Venezolanos/as piden que al recibir este mensaje, nos ayudes a difundirlo a todos tus contactos, para que dé la vuelta al mundo.
Para los que desconocen la labor de estos abogados Venezolanos, ellos fueron los luchadores que durante más de un año se han enfrentado al viciado sistema de justicia del Gobierno de Maduro. Ellos lograron poner en libertad a más de 500 estudiantes detenidos o presos, por las protestas del 2014 en Venezuela. Estos abogados hoy reciben amenazas de muerte contra ellos, sus hijos y familiares. Su defensa hacia los jóvenes, fue GRATUITA…nunca cobraron honorarios a pesar de trabajar día y noche para ayudar a liberar jóvenes que no conocían.
Hoy los Venezolanos/as piden que este mensaje sea difundido a todas las naciones, para que estos abogados del Foro Penal Venezolano, puedan recibir si así se decide, ese honorable premio. Buen merecido lo tienen y sería la única manera, de que el Gobierno bajará sus amenazas contra ellos y su familia. Ellos fueron a la puerta de la cárcel a buscar y abrazar a cada uno de los jóvenes que iban liberando. Su labor no tiene precio y su humanidad es grandiosa. Difúndelo por favor.
Gracias
AQUEL DEBATE EN EL SENADO «ACHICORIA PARA TODOS»
Domingo 2 de agosto de 2015
– A Zapatero le iba el rollo
– Dos buenos argumentos contra la demagogia del PP
– No se hará la reforma del Senado.
– El brindis por Atutxa
– Miguel Sanz odia el euskera
– Las Habaneras de Jordi Casas
El lunes siete de noviembre de 2005 se iniciaba el Debate sobre el Estado de las Autonomías en la Comisión General de las Comunidades Autónomas en el viejo hemiciclo del Senado. El Estamento de Próceres.
La víspera, en la Puerta del Sol, el Foro de Ermua convocaba una manifestación en favor de la Unidad de España que al parecer debe estar en peligro. Mucha gente del PP, Ana Botella, Esperanza Aguirre y Gallardón incluidos, alguna ikurriña para dar al asunto una nota de color sabiniana, y muchos ataques al nacionalismo en una plaza llena. El españolismo emergente empieza a enseñar la patita. Como dijo ese filósofo de pacotilla, Gustavo Bueno: “La nación catalana es una entelequia y la nación vasca es producto de unos dementes. ¿Vamos a permitir que las ideas de unos dementes y de unos cursis nos invadan?”.
Ese día a Javier Rojo le habían elegido presidente del PSE de Álava teniendo él que ceder los trastos de la secretaría general a Charlie Prieto, un ex comunista de CC.OO. que ha debido formar una candidatura de integración. Están en un momento dulce, aunque aún seguía la resaca de la sesión del Congreso sobre la admisión a trámite de la reforma del Estatut catalán de la semana anterior aunque la verdadera noticia estaba en Francia con la quema de vehículos y de empresas por parte de una emigración no integrada en la satisfecha Europa.
Se conmemoraba, sin pena ni gloria, la vergonzosa estampida del ejército español del Sahara hacía treinta años, con un Franco moribundo y un Príncipe Juan Carlos que hizo lo contrario de lo que dijo, terminando marchándose de allí, ignominiosamente y con el rabo entre las piernas. Era asimismo noticia el fallecimiento de quien fuera presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder, Carlos Federico Sainz de Robles, el hombre que se embarcó con Roca en la Operación Reformista en 1986 y a quien Roca dejó en la estacada de muy mala manera. Ese era el ambiente previo al Debate en un Senado que parecía una olla presto por fuera y una bombonera por dentro, como la Clínica Ruber con la presentación ese día de una niña con los ojos cerrados que se llamará Leonor y cuyo nacimiento interrumpió la jornada de caza de su abuelo en Andalucía. ¡Olé por esta familia tan maja que pagamos entre todos!
LOS CABALLOS DE BATALLA
Felipe González, en sus catorce años de gobierno, se sometió una sola vez al Debate Autonómico en el Senado. José María Aznar en 1997, al año de acceder al poder, hizo lo propio y luego se olvidó. Zapatero, al año de su victoria electoral ha hecho durante tres días lo que habían hecho sus antecesores. Duró el lunes 7, martes 8 y miércoles 9 con un formato de amplitud en los tiempos utilizados y la intervención de 16 presidentes autonómicos, PP (siete más dos) y PSOE, y el pintoresco caso del presidente cántabro, lo más parecido a un cantante de boleros, más que a un presidente serio, que fueron quienes durante esos tres días apoyaron o criticaron a Zapatero, mostraron su preocupación o no por la reforma del Estatut, y secundaron o no la reforma del Senado, con grandes apelaciones a la unidad de la patria.
Si en el Congreso cada año durante dos días se celebra el llamado Debate sobre el Estado de la Nación, criterio actual del gobierno y del PSOE va a ser consolidar éste debate de forma anual al carecer las Comunidades Autónomas de foros adecuados para exponer de forma general sus planteamientos. En el caso vasco no es que se rechazan estos foros multilaterales, de hecho vamos a todas las Conferencias Sectoriales, sino que habida cuenta de la singularidad vasca, somos partidarios de la relación bilateral. Y he escrito singularidad vasca, una de las bichas críticas recurrentes de los presidentes autonómicos del PP en el debate. No se admite la singularidad. Pero ese argumento fue pulverizado por el propio Zapatero al esgrimir el artículo 2 de la propia Constitución que “reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre ellas”.
Ese artículo 2 consagra las diferencias que el PP no admite. “Nacionalidades y Regiones”. El PP argumentó que ellos no quieren autonomías de primera y de segunda o como dijo el presidente de Baleares, “un estado menguante frente a un estado emergente”. En 1978, Fraga votó contra el Título VIII de la Constitución el que trata de la Organización Territorial del Estado y ahora, sus epígonos, quieren a todo el mundo uniformado con lo que están en contra del artículo 2 de la propia Constitución. De su sacrosanta Constitución.
Otro de los argumentos recurrentes fue que son las personas y no los territorios los sujetos de derechos. Pues bien. Ese artículo 2 habla a las claras del “derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones”. Segundo argumento pulverizado ya que no solo las personas tienen deberes y derechos sino también los territorios.
Estos fueron los dos ejes en los que basó el PP su argumentación política, junto a una crítica a tumba abierta a Zapatero sobre la desmembración de España.
Sin embargo he de decir que siguiendo el debate, civilizado en las formas y con buenas intervenciones por ambas partes, se constataba que hay una incendiaria y dramatizada puesta en escena por parte de la derecha en sus medios de comunicación pero cuando hablan los verdaderos protagonistas, las cosas no son para tanto. Una vez más existe la distinción entre la opinión pública y la publicada.
El tercer eje de debate fue la reforma del Senado. Ahí Zapatero estuvo débil ya que no presentó borrador alguno sino la remitió a un informe del Consejo de Estado, una reunión de sesudos señores entre los que están desde Aznar, hasta Herrero de Miñón, pasando por Landelino Lavilla que son al parecer los que tienen que remitir un informe para que en base a él se haga la reforma. El PP, con razón, argumentó que aquello no era serio. “Traiga usted un proyecto, páselo por el Consejo de Estado después y luego hablamos”. Y no les faltaba razón. El problema está en que el PP no quiere reforma alguna y sin el PP, no hay reforma posible, ya que no dan los votos. Se lo dijeron. Si el presidente del gobierno no pacta el Estatuto de Cataluña con el PP, no habrá reformas constitucionales, porque Rajoy las bloqueará. Y como José Luis Rodríguez Zapatero prepara ya un acuerdo con los partidos catalanes habrá Estatut, ya que basta mayoría absoluta. Pero no se aprobará la reforma del Senado y quedarán en el aire los otros tres cambios de la Constitución porque se necesita el voto de los dos grandes partidos españoles. Tras más de 40 horas de debate parlamentario en una semana, la ruptura entre PSOE y PP ya no sólo afecta al Estatut, sino que pone en peligro de muerte las proyectadas reformas constitucionales.
En el Debate, Zapatero avanzó algunas ideas sobre la reforma del Senado. Desea que todo lo que afecte a las Comunidades Autónomas tenga inicio y final en el Senado. Lo general, derechos y libertades, en el Congreso. Pero no lo concretó. El problema de fondo es la distinta concepción del propio estado. La propuesta del Parlamento Vasco es en el fondo una propuesta confederal, cuestión ésta no admitida ni por el PSOE, ni por el PP y si no se admite, como Suarez lo admitió, esto no tiene solución. En 1978 había en el estado español dos demandas claras de autogobierno: la vasca y la catalana. Se amplió a la gallega al haber plebiscitado su estatuto el 28 de junio de 1936. Son las llamadas nacionalidades históricas. Las demás eran regiones. Ese era el invento. En el fondo una confederación encubierta. Pero, ¿qué ocurrió?. El partidismo del PSOE nacionalizó Andalucía, luego vino Valencia y Canarias y ahora son nacionalidades históricas todas. Es decir. Nada de café para todos sino achicoria para todos. Y ahí no entra la solución del tema vasco. Esa es la madre del cordero.
ANDANADAS
Si uno quiere recibir en Madrid un curso avanzado de abertzalismo en vena no tiene más que ir a una de estas sesiones, que no digo que no sean buenas para el concepto del estado autonómico español ni para el propio Senado, sino que son nefastas para un encaje de lo vasco en esa relación amable de la que habla el Lehendakari. Porque amabilidad hacia lo vasco no existió por parte de nadie. Más bien acritud.
Mencioné al presidente de Cantabria, un auténtico cantamañanas que dijo que le habíamos robado a Santander su puerto y que Primo de Rivera y Franco habían hecho mucho por su región. Ahí estuvo también el presidente de la Rioja disparando con bala contra las llamadas vacaciones fiscales. Ahí estuvo asimismo el vicepresidente del gobierno extremeño leyendo las notas de un Rodríguez Ibarra encamado por su infarto, poniéndonos a escurrir. Ahí estuvo Miguel Sanz que no utilizó ni una sola vez el euskera, representando a un territorio cuya “lingua navarrorum” es la vieja lengua de los vascos. Para colmo lo único notable que aportó fue la de pedir se reforme la Constitución y se quite de la misma la transitoria cuarta que abre la posibilidad de una integración de la CAV en Navarra o viceversa. Y ahí estuvo Zapatero que ni nos mencionó cuando habló de las reformas de los estatutos y cuando aludió a la acción parlamentario entre 1977 y 1979.
Rojo me decía que a Zapatero le gusta el mundo parlamentario. Cuando fue a prometer el cargo en 2004 a la Zarzuela y le comentó a Aznar que echaría en falta el trabajo parlamentario, Aznar extrañado le dijo que nada como el Parlamento cuando se gobierna y se hace lo que uno quiere. Al parecer, a ZP le va el rollo parlamentario, es decir, intervenir, puntualizar, reflexionar en voz alta, usar la palabra en un bla, bla, bla interminable. Se ha visto en este exhaustivo debate de tres días a tope entre cuatro paredes. Al Zapa le va el rollo. Otro dato.
Otro es que hay que modificar este formato de 17 presidentes, o los que sean, contando cuitas. Tiene que haber más debates sectoriales y debates más cortos. Tres días en el Senado dándole vueltas a la manivela, es un horror.
Pero lo llamativo también fueron dos cosas.
El debate no se televisó. Sí se hizo con el del Estatut catalán. No con el de los presidentes autonómicos discutiendo con el presidente del gobierno central. Algún cerebro en Moncloa ha fallado. Ese debate le favorecía al PSOE para quitar crispación. Y no se ha hecho. Y sin embargo, creo que ha habido puntos de interés o viveza en las intervenciones como lo ocurrido en el cuerpo a cuerpo entre Esperanza Aguirre y Zapatero con un Rajoy rendido a sus pies y presente en el hemiciclo.
Y la segunda es la que nosotros siempre hemos mantenido. El catalán, el gallego y el esukera deben hablarse en Galicia, Catalunya y Euzkadi, no haciendo el paripé con unos traductores que nadie utilizó, y una indiferencia general. Por ejemplo. Por lo único que yo tenía curiosidad en este debate si hubiera acudido el Lehendakari hubiera sido por ver si Rodríguez Ibarra se ponía o no los auriculares cuando intervenía el Lehendakari. Nada más. Creo que no lo hubiera hecho.
También es cierto que hoy por hoy no podemos dejar de constatar que si solicitamos reconocimiento a nuestra vieja lengua en Europa ésta se puede quejar de que si no se utiliza en Madrid, para qué diablos ha de solicitarse su reconocimiento en Bruselas como se nos ha dicho. Argumento un poco cogido por los pelos que no deja de tener su carga efectista. Pues bueno. Que se utilice el euskera como lo hizo nuestra senadora Inmaculada Loroño, por primera vez en esa Comisión General presidida por el ex presidente Juan José Laborda que allí estuvo, a pesar de las limitaciones impuestas por un grave acontecimiento de salud.
LA CARTA DEL LEHENDAKARI
El lunes, previo al debate, tuvimos reunión de la Mesa del Senado. Allí se nos repartió una fotocopia de la carta enviada por el Lehendakari al presidente del Senado. Decía así:
Estimado Javier:
Deseo agradecerte sinceramente la invitación que me has remitido para participar en la comisión general de las Comunidades Autónomas del senado para realizar “un balance de situación del Estado de las Autonomías”.
Como tuve ocasión de adelantarte personalmente el pasado día 10 de septiembre en Madrid, quiero excusar mi asistencia por coherencia política, dado que, en mi opinión, el verdadero debate pendiente en esa Cámara es precisamente la propia naturaleza, función y composición del Senado como Cámara que reflejara fielmente la plurinacionalidad del Estado español, que es exactamente lo que hoy no hace.
Como sabes, esta posición es la misma que he venido manifestando en ocasiones anteriores y similar a la que han mantenido los Lehendakaris que me han precedido en el cargo.
Por otro lado, no escapa a tu consideración que la verdadera resolución del contencioso político de relación entre Euskadi y España no pasa por un debate multilateral de estas características, sino por un proceso de negociación bilateral que afronte, con decisión y valentía, la búsqueda de un Acuerdo de Normalización Política y de Convivencia, sobre la base de la aceptación de la voluntad mayoritaria de la sociedad vasca.
Este es, precisamente, la vía política e institucional que propuso el Parlamento Vasco, de conformidad con el artículo 46 del Estatuto de Gernika al aprobar la Propuesta de un Nuevo Estatuto Político para Euskadi.
Una Propuesta de Estatuto Político aprobado por mayoría absoluta del Parlamento Vasco y rechazado sin más por el Congreso de los Diputados. ¿Es democrático un Estado español que no acepta, sin negociar, la voluntad democrática expresada por la mayoría absoluta del Parlamento Vasco?. ¿Piensa alguien que es esta una cuestión política resuelta?.
Este contraste de legitimidades es la muestra más palpable de la existencia de un conflicto político pendiente de resolver entre Euskadi y España. Este debe ser nuestro objetivo prioritario y para ello, estoy convencido que convendrás conmigo, que la Comisión General de Comunidades Autónomas del Senado no es el foro adecuado.
Reiterándote el agradecimiento por tu invitación y mi aprecio personal, recibe un cordial saludo.
Atentamente,
Juan José Ibarretxe Markuartu
El miércoles 9, cuando le tocó el turno a la senadora Inmaculada Loroño, se quejó, sobre todo, de lo que consideró un “trato desigual” por parte del Parlamento español a la reforma del Estatuto de Autonomía de Euzkadi frente a los de la Comunidad Valenciana y Cataluña.
El hecho de que el Congreso haya decidido no tramitar esa propuesta de reforma, por considerarla inconstitucional, supone “un desprecio” hacia la ciudadanía vasca denunció Loroño a Zapatero.
Después de contestar Zapatero, recordó que ese plan fue aprobado en el Parlamento vasco por una mayoría de apenas un 51% y no con el amplio consenso que se necesita para estas reformas. Nuestra portavoz en esta Comisión dijo, en euskera, que todavía no se ha cumplido el Estatuto de Gernika, a pesar de haber transcurrido más de 26 años. “¿Cómo se nos puede pedir después que cumplamos las reglas del juego si el propio gobierno no las cumple”, le preguntó a Zapatero en el hemiciclo.
Zapatero no estuvo nada simpático. Más bien agrio y desabrido, picado por la inasistencia del Lehendakari porque el argumento del 51% no hay por donde cogerlo, por qué ¿no fue también válido para analizar y justificar la baja participación electoral en el referéndum sobre la Constitución Europea con una abstención de casi el 70%?
LA ABSOLUCIÓN DE ATUTXA
En aquellos días de encierro, comidas incluidas, se producen hechos humanos de cierto interés.
Hubo dos comidas oficiales. El lunes con los presidentes autonómicos con regalo de gemelos de plata y la segunda con los presidentes de los parlamentos, con gemelos y prendedor. Para ellos.
En la primera comida me tocó entre el presidente de Andalucía, Manuel Chaves y el de Murcia, Valcarce. Uno del PSOE y el otro del PP. Chaves me contó su estancia en Bilbao como profesor de la Universidad de Sarriko los años 75 al 77, donde fue profesor de un joven que prometía, Juan José Ibarretxe. Me dijo que habían sido para él años fantásticos, vivía en Algorta en una casa de piedra y sus compañeros del PSE lo querían incluir en las listas del Congreso de relleno como gancho para los andaluces que vivían en Bizkaia. Guardaba un gran recuerdo de aquellos años. “Es que también era más joven”, le dije. “Pues también”. A nuestro lado un eufórico Rojo que la víspera había sido abuelo en Gasteiz, de un chaval al que su hija va a llamar Aitor. El abuelo quería llamarle Javier pero lógicamente se impuso la madre.
Comentarios estos aderezados con noticias sobre la salud de Rodríguez Ibarra y las bromas hacia el senador de Unió, Jordi Casas allí presente y es que la cena que los diputados y senadores del PP habían tenido en Barcelona el pasado viernes deparó muchas sorpresas. La primera fue la irrupción del senador de Unió Jordi Casas para cantar con los populares. Casas, que forma parte de un cuarteto de música habanera que ha grabado cuatro discos, se apostó con senadores del PP su presencia a los postres. Su objetivo también era dejar en evidencia a ERC tras la amenaza de los independentistas de boicotear la cumbre de los populares, algo que al final no pasó.
Jordi Casas cantó varias habaneras, entre ellas “La bella Lola”, y finalizó con el tema “El meu avi va anar a Cuba” (Mi abuelo se fue a Cuba). En ese momento llegó la segunda sorpresa: Piqué y Rajoy, junto a otros dirigentes catalanes del PP, se arrancaron para acompañar al senador de CiU. Esa habanera, que todos ellos cantaron en catalán, termina con una “Visca Catalunya”. ¿Se imagina a un senador del PNV haciendo lo mismo?
El martes el almuerzo oficial fue con los presidentes de los Parlamentos autonómicos. Me tocó entre el presidente de Aragón y la presidenta de Asturias. Esta me contó que la víspera, con su hija, había tratado de hacer un trabajo del colegio en el que entresacaban buenas noticias y no encontraron ni una. Tuvieron que poner la de un premio de la Once. Eso nos dio pie a comentar que desgraciadamente en este país solo es noticia, la mala noticia. Y no era mala noticia que todos los presidentes hablaran bien de Juan María Atutxa, de las reuniones mantenidas por este lobby de presidentes, de cómo se llevan, de cómo hubo un boicot en su día a la reunión promovida con Atutxa en Euzkadi a la que solo acudieron los presidentes de Catalunya, Aragón y Baleares. “La explicación estuvo en que había elecciones al poco tiempo”, comentó la presidenta asturiana.
Y como todo el mundo hablaba bien de aquel Foro y de lo bien que se llevaban con Atutxa, salvo el presidente valenciano, le dije a Rojo que por qué no anunciaba la absolución y el sobreseimiento del caso Atutxa. Me miró, se rió, no dijo nada y a los cinco minutos, lo dijo. Parece mentira que una buena noticia personal y en el fondo parlamentaria no la festejáramos con el Freixenet que teníamos delante. Y es que lo vasco sigue quemando. Al salir tropecé con Mariano Rajoy. Había comido en la sala contigua con los suyos. Hablamos. Le encontré eufórico. El estatut catalán le ha dado gasolina a su renqueante motor. Se les ve con moral y conectando con la España profunda, la de los atavismos inmovilistas. Inquietante, pero es así.
En resumen. Fue un debate con un Zapatero rebajando las aspiraciones catalanas ante un Maragall que asentía. Esperanza Aguirre llegó a decir: “Maragall ha venido al Senado de españolista y hasta yo le he aplaudido”. Nada que ver con lo que había dicho Maragall: “tres naciones seguras y alguna probable”. Fue un debate donde se pronunció eso del “gobierno de la nación” un millón de veces. Fue un debate que se cargó la cacareada reforma del Senado. Fue un debate donde se lapidaron los “inexistentes” derechos históricos. No existen. ¿Qué no tiene Baleares o Aragón que tenga el País Vasco?. Se interpelaban continuamente. Para ellos, la singularidad no existe. Sólo la española. “La singularidad solo esconde concesiones que no se van a otorgar a los demás y por ahí no pasamos”, se repetía machaconamente con lo que la llamada solución del tema vasco está más “claro” que nunca. Se ha creado un Frankestein que ahora se lo come todo.
Al salir de aquel recinto pensé que la sesión había sido del más alto interés político por esclarecedora, pero nosotros en Euzkadi debemos estar en otra galaxia. Mucho de lo discutido no tenía nada que ver con la realidad que vivimos aunque todo estaba más ajustado a lo que se dice en la calle que en la COPE, el Mundo, La Razón o el ABC.
Definitivamente hay dos mundos. Y no veo, en un plazo breve de tiempo, la posibilidad de acercarlos.
Decía Castelao que una Confederación era un casamiento y que la constitución que ellos vivieron había sido un arbolito florecido al que le pusieron unas estacas para que no se torciera y ocurrió que el arbolito se secó y prendieron las estacas. Pues eso.
