Acuerdo catalán gracias al PNV. Y es un buen acuerdo.

Miércoles 5 de marzo de 2025

En 1978, Miquel Roca logró introducir en la Constitución el concepto y la diferencia entre “nacionalidades y regiones”, algo que nunca se ha explicitado, pero ahí está. Y muy bien logrado. Y con Aznar, Pujol, logró la desaparición de los gobernadores civiles. Estupendo. Y más cosas.

El PNV consiguió la devolución del Concierto Económico para Gipuzkoa y Bizkaia e introdujo el importante artículo 150-2, hoy de moda. Y también, la disposición adicional.

¿Qué dice este artículo?.

Artículo 150-2. El estado podrá transferir o delegar en las Comunidades Autónomas, mediante ley orgánica, facultades correspondientes a materia de titularidad estatal que por su propia naturaleza sean susceptibles de transferencia o delegación. La ley preverá en cada  caso la correspondiente transferencia de medios financieros así como las formas de control que se reserve el estado.

Bueno, pues ésta fue una enmienda del Grupo Vasco (PNV) al texto constitucional en 1978. Y se aprobó. Gracias a esto, Catalunya logró el traspaso posteriormente de la policía de tráfico de los Mossos  que no habían negociado y ayer se hizo público el acuerdo entre Junts y el PSOE sobre la gestión de la inmigración, con gran escándalo del PP y Vox.

Quiero  destacar la paternidad del artículo que lo ha permitido.  Me pareció que la portavoz del Gobierno Vasco, María Ubarretxena, hablaba del acuerdo catalán. Si, es verdad, pero sin ese artículo, nada hubiera sido posible, pues es verdad que JUNTS y el PSOE han acordado esa posibilidad pero nada se hubiera logrado sin  aquella enmienda  del  PNV en 1978. En todo caso hoy es  noticia el acuerdo JUNTS-PSOE, pero la percha, la puso en 1978 el PNV.

Ojalá puedan lograr ahormar toda una política  de extranjería, pero repito eso lo pueden poner en marcha gracias a que hoy, los olvidados diputados del PNV, vieron lejos y lograron se aprobara el 150-2.

MUY BUENA ESTA OPINIÓN PUBLICADA EN EL NEW YORK TIMES

Martes 4 de marzo de 2025

Bret Stephens (Columnista de opinión)

En agosto de 1941, unos cuatro meses antes del ataque japonés a Pearl Harbor, Franklin Roosevelt se reunió con Winston Churchill a bordo de buques de guerra en la bahía de Placentia, en Terranova, y acordaron la Carta del Atlántico, una declaración conjunta de las principales potencias democráticas del mundo sobre “principios comunes” para un mundo de posguerra.

Entre sus puntos clave: “ninguna expansión territorial o de otro tipo”; “derechos soberanos y autogobierno restaurados a quienes han sido privados de ellos por la fuerza”; “libertad del temor y la miseria”; libertad de los mares; “acceso, en igualdad de condiciones, al comercio y a las materias primas del mundo que son necesarias para su prosperidad económica”.

La Carta Magna, y la alianza que de ella surgió, es un punto culminante de la habilidad política estadounidense. El viernes, en la Oficina Oval, el mundo fue testigo de lo contrario. Volodymyr Zelensky, el atribulado líder democrático de Ucrania, llegó a Washington dispuesto a renunciar a todo lo que pudiera ofrecerle al presidente Trump, excepto la libertad, la seguridad y el sentido común de su nación. Por eso, fue recompensado con un sermón sobre modales del anfitrión más mentiroso, vulgar y descortés que haya habitado jamás la Casa Blanca.

Si Roosevelt le hubiera dicho a Churchill que pidiera la paz con Adolf Hitler en cualquier condición y que entregara las reservas de carbón de Gran Bretaña a Estados Unidos a cambio de que no le diera garantías de seguridad estadounidenses, podría haber sido algo parecido a lo que Trump le hizo a Zelenski. Digan lo que digan sobre la mala jugada de Zelenski (ya sea por no comportarse con el grado de adulación que exige Trump o por no mantener la compostura frente a las provocaciones hipócritas de J. D. Vance), este fue un día de infamia estadounidense.

¿Hacia dónde vamos desde aquí?

Si hay un aspecto positivo de este fiasco, es que Zelensky no firmó el acuerdo sobre los minerales ucranianos que le impuso este mes Scott Bessent, el secretario del Tesoro que es el personaje de Tom Hagen en esta administración de extorsión. Estados Unidos tiene derecho a algún tipo de recompensa por ayudar a Ucrania a defenderse, y la destrucción por parte de Ucrania de gran parte del poderío militar de Rusia debería encabezar la lista, seguida por la innovación que Ucrania demostró al ser pionera en formas revolucionarias de guerra con drones de bajo costo, que el Pentágono estará ansioso por emular.

Pero si lo que busca la administración Trump es una compensación financiera, la mejor manera de conseguirla es confiscar, en colaboración con nuestros socios europeos, los activos congelados de Rusia y depositarlos en una cuenta con la que Ucrania pueda pagar las armas fabricadas en Estados Unidos. Si Estados Unidos no lo hace, los europeos deberían: dejar que los ucranianos dependan de Dassault, Saab, Rheinmetall, BAE Systems y otros contratistas de defensa europeos para obtener sus armas y ver qué tal les va a los partidarios del «Estados Unidos primero». Con suerte, eso podría servir como otro acicate para que los europeos inviertan, tan rápido y en gran medida como puedan, en sus menguados ejércitos, no sólo para fortalecer a la OTAN sino también para protegerse de su fin.

Hay una segunda oportunidad: si bien los insultos de Trump a Zelensky pueden deleitar a los partidarios del MAGA, es poco probable que sean bien recibidos por la mayoría de los votantes, incluido el casi 30 por ciento de los republicanos que, incluso ahora, creen que nos conviene apoyar a Ucrania. Y si bien la mayoría de los estadounidenses pueden querer que termine la guerra en Ucrania, es casi seguro que no quieren que termine en los términos de Vladimir Putin.

Tampoco debería hacerlo la administración Trump. Una victoria rusa en Ucrania, incluido un cese del fuego que permita a Moscú consolidar sus avances y recuperar su fuerza antes del próximo ataque, tendrá exactamente el mismo efecto que la victoria de los talibanes en Afganistán: envalentonar a los enemigos estadounidenses para que se comporten de manera más agresiva. Obsérvese que, mientras Trump ha aumentado la presión sobre Ucrania en las últimas semanas, Taiwán informó de un aumento de los ejercicios militares chinos en torno a la isla, mientras que buques de guerra chinos realizaron ejercicios con fuego real frente a la costa de Vietnam y se acercaron a 150 millas náuticas de Sídney.

Estos son puntos que los conservadores honorables deberían enfatizar: ¿pueden el senador Mitch McConnell de Kentucky y el representante Don Bacon de Nebraska —dos republicanos que no han vendido su alma a Ucrania— liderar una delegación de conservadores con ideas afines a Kiev?

Más aún, esta debería ser una oportunidad para los demócratas. Joe Biden tenía razón cuando dijo que esta era una “década decisiva” para el futuro del mundo libre; sólo resultó que fue un mensajero demasiado débil y cauteloso.

Pero hay demócratas de mente dura con experiencia en el ámbito militar y de seguridad (el representante Jason Crow de Colorado, el representante Seth Moulton de Massachusetts y la senadora Elissa Slotkin de Michigan me vienen a la mente) que pueden devolver el espíritu de Harry Truman y John F. Kennedy al Partido Demócrata. Es un mensaje de dureza y libertad que también podrían vender al menos a algunos votantes de Trump, que emitieron sus votos en noviembre por el bien de una América mejor, no de una Rusia más grande.

Aun así, no hay forma de obviar el hecho de que el viernes fue un día terrible, terrible para Ucrania, para el mundo libre, para el legado de unos Estados Unidos que una vez defendieron los principios de la Carta del Atlántico.

Roosevelt y Reagan deben estar revolviéndose en sus tumbas, al igual que Churchill y Thatcher. Nos corresponde al resto de nosotros recuperar el honor de Estados Unidos de manos de los gánsteres que lo mancillaron en la Casa Blanca.

Xabier Arzalluz, seis años.

Lunes 3 de marzo de 2025

Xabier Arzalluz falleció el 28 de febrero de 2019, el viernes pasado, ha hecho seis años. Hoy lo recuerdo.

Angelo Bernasola era el típico senador democristiano italiano de aquellos años ochenta. Simpático, componedor, abrazador y organizador de todo lo organizable. Siempre que nos veía me decía que había logrado en una reunión clandestina en Montserrat que Juan de Ajuriaguerra y Gil Robles se reconciliaran en un gran abrazo y que una semana antes de su secuestro le había dicho Aldo Moro que aquella semana pensaba viajar al “Pais Baschi” a visitarnos. En ese momento formábamos parte del Equipo Demócrata Cristiano del estado Español donde se unían dos intereses. El de los europeos, tener homólogos españoles para el futuro (a vascos y catalanes no nos consideraban ni numerosos ni hispanos) y por parte nuestra preparar un futuro parlamentario con “amigos” en el Congreso. Nuestros mayores siempre nos decían que la consecución del primer estatuto de autonomía en 1936 se hubiera logrado antes de haber tenido interlocutores en el Parlamento republicano, cosa que nunca tuvimos porque anduvimos saltando de la Minoría Vasco-Navarra a la interlocución con un Frente Popular que nos veía demasiado sacristanes. El caso es que tras haber sido el PNV el fundador de los Nuevos Equipos Internacionales en 1947, nos tocó crear ese Equipo Equipo en Taormina en 1962 con todos los demócratas cristianos europeos que habían estado en contra del nazismo y habían sido perseguidos y que además apostaban en serio por la creación de una Europa federal, cuando ni socialistas ni la derecha tenían ese horizonte en su programa.

La historia posterior es conocida. Unió y el PNV estuvimos en la Unión Europea Demócrata Cristiana hasta que los intereses europeos lograron que ingresara un partido que se declaraba liberal, no democristiano, como el PP de Aznar. Negándonos nosotros en redondo a ello se celebró en Dublín el 16 de noviembre de 1990 el VIII Congreso del Partido Popular Europeo. Como observadores estaban invitados Aznar, Tocino, Rato y varios más que se hacían valer mientras nosotros con catalanes y bávaros presentábamos nuestras enmiendas al borrador de Constitución europea que se iba a aprobar en aquel Congreso. Ellos eran los numerosos españoles y nosotros los Pulgarcitos  casi intocables por eso de ser fundadores de aquel Club. Pero ya sabíamos que el PPE quería muchos eurodiputados y nosotros solo podíamos aportar dos.

UN DISCURSO SOCIAL CRISTIANO

Cuando le tocó hablar al presidente del EBB, Xabier Arzalluz, le sugerimos lo hiciera en alemán, para que suizos, belgas y alemanes se enteraran y vieran la diferencia al oír las cosas sin traducción simultánea y si de paso, cabreábamos a Aznar, miel sobre hojuelas. Sonrió y nos hizo caso y en alemán lo articuló  en una intervención memorable, describiendo la construcción europea y la ideología democristiana.

“Los partidos con una vocación territorial tan definida como el nuestro -dijo Arzalluz sonoramente en alemán ante los gestos de Aznar, Rato y Tocino- no han nacido del capricho de un grupo que quiere simplemente tener su pequeña cocina. Detrás de ellos hay toda una historia, en nuestro caso, por ejemplo, de un pueblo perfectamente definido y asentado en la historia y en un territorio miles de años. Entiendo el devenir de Europa como las figuras cambiantes de un caleidoscopio en cada vuelta. Pero todas las nuevas figuras tienen los mismos cristalitos que la componen. Desde el imperio carolingio hasta hoy el caleidoscopio ha dado varias vueltas pero los catalanes, los escoceses, los bávaros, los vascos o los sicilianos seguimos vivos. Lo estuvimos en tiempos de Carlomagno, antes de la aparición del estado-nación, y lo estaremos después de que éstos desaparezcan como tales. ¿Qué figura va a aparecer en la actual vuelta del caleidoscopio?. ¿Cómo va a ser Europa?. ¿Se va a hacer prescindiendo de los cristales que la componen?. ¿Prescindiendo de la Europa profunda?”.

Tras poner el balón en el punto de penalty y explicar su concepto de una Europa unida abordó la ideología democristiana. ”Esta nación -dijo- en un mundo roto, como una Weltanschauung diferente a la del origen marxista y a la liberal. Nuestras preguntas básicas, desde una concepción trascendente de la vida, han tenido como eje al hombre, a la sociedad, a la libertad, a la justicia. La cuestión es si hoy tenemos respuestas válidas a estas preguntas. Si, por tanto, tenemos verdadera razón de ser. Y si, tal vez, la praxis política nos ha llevado a los ojos del pueblo, y especialmente a los de la juventud, a ser contemplados como movimientos conservadores”.

Helmundt Khol, Jacques Santer, Wilfried Martens, Ruud Lubbers, Egon Klephs, allí presentes ni carraspeaban. ”Entiendo que, precisamente por la crisis del socialismo, adquiere especial dimensión el planteamiento de la Justicia. Porque del seno del movimiento democristiano surgieron históricamente organizaciones sindicales. Esto lo saben muy bien nuestros amigos belgas, holandeses, italianos o franceses. Tampoco los alemanes pueden olvidar a hombres como Stegerwald o el sentido social del viejo Zentrum o del Bayernpartei. Aún hoy, en nuestro ámbito vasco, el sindicato más fuerte, con diferencia, salió del seno de nuestro partido. Entiendo también, que los democristianos no somos partidos “de centro”. Este es un concepto geométrico que nos definiría sólo en relación a otros y no a nosotros mismos. Nuestro padre no es Marx ni es Rousseau. Ni Manchester, ni Chicago son nuestras referencias familiares. Nuestra casa no se define por estar entre la de Marx y la de Rousseau”.

Todos le aplaudieron sonoramente menos los del PP. Al terminar, Carlos Robles Piquer que había sido ministro de educación, me dijo. ”Eso no se hace. Un español en una reunión internacional, tiene que hablar en español”. ”Tiene usted razón D. Carlos -le dije- pero es que Arzalluz no es español”.

Y a raíz de aquello no pararon hasta expulsarnos de una casa que habíamos construido. Pero esa es otra historia.

EL PERRO DEL CASERÍO

Xabier Arzalluz marcó un hito y una época en la política vasca dejando honda huella en los que le conocieron. No entenderíamos la Euzkadi de hoy sin la mirada, el trabajo, la oratoria, el liderazgo, la capacidad para divulgar ideas y las mil historias de un político culto que hizo posible que la nave democrática vasca saliera de la clandestinidad tras la dictadura, negociara con sólidos argumentos jurídicos, políticos e históricos todo lo negociable y obtuviera logros en la discusión constitucional y estatutaria mientras hacía frente a ETA y a la gran Administración del estado, siempre renuente a compartir poder y mucho menos a transferirlo. Todo esto lo hizo entusiasmando y provocando a las audiencias con una oratoria singular y a veces flamígera, mezcla de pedagogía, látigo, ironía, mordiente, expresividad, pausas medidas, humor y datos. Era único. La gente se rendía ante sus imágenes y su fuerza expositiva e iba muchas veces a los mítines, solo porque hablaba él.

Le gustaba decir que no era más que “el perro del caserío”, ese can que ladra y muerde en las viejas casonas y baserris vascos perdidos en los montes cuando algún intruso desea robar la propiedad o acercarse sospechosamente.

Pero no solo lo hacía con sus discursos parlamentarios, intervenciones en mítines casi cada fin de semana, inauguraciones de batzokis, reuniones de todo tipo, asambleas, actos de presencia en reuniones internacionales en las que incluso, como hemos contado, hablaba en alemán para irritación de la intolerante derecha hispana, sino que escribía y lo hacía muy bien. La descripción que hizo  el Lehendakari Leizaola,  sobre cómo veía la escritura de Arzalluz, no requiere una palabra más. Es redonda y muy descriptiva. Y es que sus artículos en la revista Alderdi y en el diario DEIA, publicaciones donde solo escribió, eran esperados semanalmente como esa agua de mayo que ilustra, reconforta y guía.

Algunos para zaherirle y minusvalorar su acción hablaban de sus “homilías dominicales” recordándole su paso por la Cía. de Jesús. ”Pues sí -les decía- y estoy muy orgulloso de ello. Me permitió una buena formación. Prefiero eso a haber pasado por la cárcel tras haber atentado contra personas de uno y otro signo”. Dotado de una gran cultura producto de una rigurosa formación y de sus experiencias europea, que siempre marcaba su encuadre de los problemas, le hizo adquirir el hábito de seguir la política alemana y europea semanalmente a través de la revista Der Spiegel, tras haber traducido, en sus primeros años de asistente de la cátedra del profesor Ollero. Lo hacía como traductor de  libros muy exclusivos del alemán al castellano y sabiendo lograr lo imposible como es hacer comprensible el pensamiento abstracto al vulgarizarlo como idea política a seguir.

Sus trabajos, una vez fallecido, no se pueden ni deben perder. Las nuevas generaciones han de saber lo que ocurrió en esos casi cuarenta años de tan singular experiencia de la mano y pluma del referente intelectual por excelencia, leyendo sus trabajos en DEIA, muestra de lo mucho que escribió y reflexionó. Y como él hablaba de forma tajante y diáfana, como un artillero de la palabra, se podría titular su publicación, “Así de claro”. Tres palabras que nos describen su personalidad. En  cierta ocasión Arzalluz, junto a su amigo Luis M. Retolaza se encontraban en Sara, precioso pueblo de Iparralde, tierra de contrabandistas y de aquel singular alcalde Paul Dutournier, que además de pasar aviadores en la guerra mundial por los Pirineos, promovió la cría del caballo “Pottoka”. Fueron a la Iglesia, contigua al cementerio y en ella vieron un libro de visitas que Retolaza hojeó leyendo testimonios de la gente en sus escritos. Uno de ellos, decía.

“¿Cuándo cerrareis la boca a Arzalluz?”.

El entonces presidente del EBB lo leyó y puso debajo.

“No me callarán, ni me cerrarán la boca, mientras no consiga la paz en Euzkadi y la libertad para mi pueblo. Así de claro”.

Si la política es diferenciación al huir del totum revolutum que siempre perjudica el mensaje claro del EAJ-PNV, se echa en falta en el debate político esa claridad en estos tiempos de amnesia, desideologización y falta de interés por casi todo. De ahí el que no olvidemos su legado. Así de claro.