Jueves 5 de julio de 2012
Es normal que gentes anti sistema democrático critiquen, a raíz del caso Sarkozy, la financiación de los partidos políticos. Se olvidan que no hay nada más corrupto que la autocracia, el populismo, o la dictadura. La democracia, con todos sus defectos y con todo su poder mediático, tiene la justicia que como en el caso del presidente francés le persiguen por la financiación ilegal de su campaña. Anteriormente lo hicieron con el presidente Chirac. Aquí el rey es intocable y los presidentes de gobierno también. ¿Qué pasó con aquella compra de una medalla para que el Congreso de los Estados Unidos condecorara a Aznar?.
Y es que los partidos políticos tienen sus talones de Aquiles en su financiación. Ahí está, el caso Gurtel, el Malesa, Filesa, Times Export y otros varios. Algo normal al no existir una financiación transparente que ahora se quiere hacer ley en el proyecto que actualmente se tramita.
Los partidos tienen unos gastos corrientes de estructura como los tiene cualquier empresa y sus liberados no suelen ser los más pagados. Pero una estructura se tiene que mantener profesionalmente y eso cuesta dinero. Y con el dinero de las cuotas no llega.
Existen además otros gastos que lo dislocan todo como son los gastos de campaña. Para las elecciones europeas, para las legislativas generales, para las autonómicas, para las municipales, para otras más corporativas. La democracia es elección y de ahí que al tecnificarse las campañas los gastos se hayan disparado. Medios de comunicación, viajes, toldos, carpas, escenarios, atrezzos, efectos especiales, iluminación, sonido, promoción, anuncios… Todo ésto es carísimo y cada vez lo es más. Y eso no se paga solo con las cuotas de los afiliados que han de hacer frente además al mantenimiento de sus células locales y al mantenimiento de sus dependencias. Estos gastos extraordinarios son los que originan los problemas.
Recuerdo corno en 1977 recibimos de los democristianos europeos una ayuda de 25.000 pesetas que hubo que devolver y una fotocopiadora que creo nos la quedamos. Eso fue todo. El resto se hizo en base a militancia, entusiasmo, medios muy rudimentarios, altavoces que casi no funcionaban, micrófonos que emitían pitidos, carteles que se caían… pero ganamos las elecciones. Quiere esto decir que unas elecciones, si hubiera un serio acuerdo de reducción de gastos, se podían realizar con la mitad del presupuesto actual. No hace falta toda esa escenografía tan brutalmente cara.
Pero eso debería tener un complemento. La equilibrada utilización de los medios de comunicación social públicos como instrumentos de divulgación de ideologías y acciones de partido. Pero ésto no ocurre así. Lo acabamos de sufrir. Que la llegada de unos futbolistas ocupe seis horas encadenadas de realización de RTVE mientras el debate de una ley importante que afecta a todos no tenga ni un minuto de programación, es lo que al final encarece las campañas ya que en quince días se quiere vender lo hecho y lo por hacer. Pero para eso deberían estar los medios públicos. Lo otro es un disloque.
Resumo. Unas campañas más modestas y sin tantos confetis y fuegos artificiales y unos medios públicos al servicio de la transmisión diaria de lo que piensa cada partido, junto a una fiscalización rigurosa y transparente, y nada de esto sucedería.
Y todo sin olvidar que son los partidos quienes vertebran la democracia y a los que hay que fortalecer y no debilitar con esta insana y continua crítica disolvente que no lleva a ninguna parte. La crítica debe centrarse en lo que no funciona, en el corrupto y en el abuso. No en el sistema democrático que lógicamente hay que mejorar en su funcionamiento.

