Diputados Venezolanos en el Parlamento Vasco y Maduro en la Corte Penal Internacional

Jueves 4 de noviembre de 2021

Ayer miércoles no fue un buen día para un Maduro que se desvivió en el Palacio de Miraflores tratando de obsequiar al Fiscal Karim Khan de la Corte  Penal Internacional en visita oficial  enviado por la Corte. Maduro a pesar de sus arrumakos no logró su propósito de ablandar al Sr. Khan ya que el Fiscal decidió avanzar y abrió la fase de investigación por crímenes de lesa humanidad, con este nombre, cometidos por el régimen de Nicolás Maduro  diciéndole a la cara al dictador venezolano  ser “plenamente consciente de las fallas que atraviesas y existen en Venezuela” y aseguró que seguirá trabajando sin que su investigación sea politizada. Khan fue enfático al señalar que la Corte de la Haya tiene jurisdicción en Venezuela.

Maduro no esperaba este desenlace y se le vió muy incómodo ante el Fiscal. No es ninguna  broma que te lleven a la Corte Penal Internacional de la Haya y menos por crímenes de lesa humanidad. Por eso, este miércoles, la visita de  tres diputados venezolanos de la Asamblea Nacional  de Venezuela exiliados a Euzkadi tuvo relevancia, aunque poco análisis en ETB que si sacó una imagen al mediodía y no a la noche, de la reunión de Ramón López, Auristela Vásquez, Rommy Flores en el Parlamento Vasco donde todos los grupos, incluyendo Podemos y Bildu, les atendieron y escucharon sus razonamientos en relación con las elecciones regionales que tendrán lugar en Venezuela el 21 de noviembre.

Por la tarde estuvieron en la sede de Sabin Etxea agradeciendo al EBB el apoyo a unas elecciones democráticas en Venezuela teniendo en cuenta que en la delegación de observadores del Parlamento Europeo a esa cita estará la eurodiputada del EAJ-PNV, Izaskun Bilbao, un dato para ellos fundamental de cara a tener conocimiento directo de cómo van a trabajar esa jornada los eurodiputados teniendo en cuenta que ya está en aquel país una comisión técnica preparando dicha Observación.

Paralelamente en México debería haberse reunido la Comisión Negociadora que trata de desatascar la situación en Venezuela entre el gobierno y la oposición tras el berrinche de Maduro por el encarcelamiento en Estados Unidos de su testaferro Alex Saab y las confesiones que está haciendo en la Audiencia en Madrid, el llamado Pollo Carvajal, jefe de la contrainteligencia de Chávez que está cantando, no como un pollo sino como todo un gallo y dando una jugosa información sobre aquel régimen corrupto.

Uno de los diputados visitantes y presente en el “conversatorio” entre los diputados y los venezolanos en Euzkadi llegó a decir que a los diputados de la Asamblea Nacional democrática electa en diciembre de 2015 les habían tratado de sobornarles a cada uno con un millón de dólares. Veinte sucumbieron, pero el  resto se mantuvo en la defensa de la legalidad y, ante la persecución que desde entonces sufrieron ellos y sus familias, comentó con tristeza que  habían tenido que exiliarse.

Fue una charla a muy interesante  y fue una lástima que desde los servicios de internacional de ETB no haya un seguimiento menos equidistante y tan de mínimos ante una fecha tan crucial como la del próximo 21 de noviembre. Si Venezuela hubiera actuado así ante el exilio vasco tras la guerra civil, los que llegaron  en  aquellos años  de persecución salvaje hubieran sucumbido ante los rigores de la dictadura  franquista y la invasión nazi, pero esta generación adanista al parecer todo ésto le deja al pairo. Una lástima que se pierdan oportunidades de oro ante hechos tan relevantes que además serán testificados por una observadora vasca.

Desgraciadamente nos seguirán dando informaciones  continuas sobre Medio Oriente que en tema internacional nos pilla lejísimo y nada o casi nada sobre Venezuela cuando este jueves fue un acto importante el debate entre los tres diputados y todos los grupos de la Cámara Vasca y la relevancia de unas elecciones cruciales para lograr ir transitando una democratización del país o llegar a un indeseado enfrentamiento.

Decir además que estas elecciones son distintas pues desde Noruega a Rusia hay interés en ellas, que en el Consejo Nacional Electoral hay dos miembros relevantes de la oposición, que la Comunidad Internacional está actuando, que las sanciones golpean al régimen que cada vez está más ahogado, que la oposición sabe que no va a lograr las 22 gobernaciones pero que estas elecciones servirán para probar el sistema electoral de cara a las elecciones presidenciales, que lo ocurrido con la Corte Internacional presiona mucho a Maduro, que la oposición se presenta unida a pesar de personalidades que buscan su espacio fuera de ella, que el PNV está volcado en la democratización de Venezuela, que también estuvieron los diputados en la sede del PSE,  y que como dijo la diputada Vásquez “sin cambio, no hay cambio”.

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El Gobierno Vasco abrirá una nueva Delegación en París.

Miércoles 3 de noviembre de 2021

Este martes en  la comparecencia del  secretario de Presidencia, Chus Peña en el Parlamento Vasco para dar cuentas de las partidas de Lehendakaritza informó que el Gobierno Vasco impulsará la marca Basque Country con una Delegación en Paris. Las hay en Buenos Aires, Santiago de Chile, Bogotá, Bruselas, EEUU, y México y ahora en París. No olvidemos que en 1936 la abrió en plena guerra, fue cerrada por la Gestapo en 1940, abierta por los aliados  en 1944 y cerrada por el gobierno francés en 1951 en la A. Marceau para reabrirla en la Rue Singer que fue cerrada cuando el Lehendakari Leizaola volvió del exilio en Paris en diciembre de 1979.

Hace muy poco, el 24 de octubre, La Vanguardia editó un reportaje sobre el palacete de la Av Marceau a cuenta de la Ley de Memoria Histórica.

El trabajo de  Alex Tort decía lo siguiente:

“Hace años que el PNV remueve cielo y tierra para recuperar el palacete de París, en el número 11 de la Avenue Marceau, donde se instaló el gobierno vasco en el exilio de 1937 a 1940 y de 1944 a 1951. Desde entonces está en manos del Estado español y hoy es sede de la biblioteca Octavio Paz del Instituto Cervantes.

Ahora la tramitación en el Congreso de la ley de Memoria Democrática podría abrir la puerta a que los jeltzales recobren el inmueble, pero en esta ocasión no han hecho ruido.  No es extraño.  No necesitan aspavientos, pues si se aprueba la norma lo tienen casi hecho.

La clave está casi al final del texto propuesto y registrado por el Gobierno central, en una disposición adicional, la novena .  El articulado permite esquivar y dejar sin efectos todas las trabas y sentencias judiciales habidas hasta ahora para que el Congreso consiga la propiedad de iure. Fuentes parlamentarias aseguran que es un punto que el partido pactó incorporar a la ley con la Moncloa “con discreción”.  Un extremo que no confirman los jeltzales, pero si admite que son “plenamente conocedores” de la disposición adicional.

La historia de la propiedad del palacete es enrevesada. A grandes rasgos, la formación vasca explica que lo adquirieron en 1936 al matrimonio norteamericano Alfred Benhaim i Hélène Brown. En las escrituras de compraventa figuraba el empresario Marino de Gamboa, vinculado al partido, para que se estableciera primero la Delegación del Gobierno vasco en París, y a partir de 1939, la sede del propio Ejecutivo en el exilio.

Duró poco. La Gestapo entró en el inmueble en junio de 1940 y lo cedió al régimen de Franco, que estableció su base para tareas de espionaje e incautación de bienes mediante la Comisión de Recuperación, ideada para hacerse con todos aquellos bienes que fueron salvaguardados en el extranjero por los republicanos. Desde aquí, por ejemplo, se coordinaron agentes de la policía española, entre ellos el comisario Urraca Rendueles, para capturar al president Lluís Companys y perseguir al lehendakari José Antonio Agirre.

La embajada española obtuvo en 1941 y firmemente en 1943 el permiso judicial francés para embargar todos los bienes de la Avenue Marceau.  No funcionó la tapadera de adjudicar la propiedad a  Finances et Entreprises, sociedad anónima con la que los vascos intentaron eludir la confiscación antes de llegar los nazis a París.

El Gobierno vasco volvió al palacete en 1944, tras la huida de nazis y franquistas. A partir de 1948 y hasta 1951 se abrieron litigios para dejar sin efecto las anteriores resoluciones judiciales. Finalmente, ese último año, el 28 de julio, los representantes vascos fueron desalojados por el Tribunal Civil del Sena.

Desde entonces, el PNV ha exigido una y otra vez recuperar una de las sedes del Instituto Cervantes en Paris (tiene otro edificio cerca del que reclama el partido), situado en el centro de París, en el triángulo de oro, donde se concentra pate del lujo de la ciudad.

Negociaron con Aznar, en 1996, a cambio de su apoyo, también con Zapatero, presentaron proposiciones de ley en el Congreso, en el Senado, apelando a la ley 43/1998, de 15 de diciembre, de Restitución o Compensación a los Partidos Políticos de Bienes y Derechos Confiscados… Nada ha funcionado. El Tribunal Supremo cerró la cuestión en el 2003.

No obstante, si la Ley de Memoria Democrática sale adelante el PNV lo tendrá prácticamente hecho. Desde el Congreso apuntan que los artículos de la disposición adicional están hechos ad hoc para que la formación vasca se haga con el palacete –de hecho, podrían recuperar también dos propiedades más en Francia, en las localidades de Noyon y Compans-.

No consta, por ejemplo, que partidos históricos catalanes como ERC tengan o reclamen propiedades en el extranjero arrebatados por el franquismo. Pero la recuperación de esa sede podría dar pábulo a reclamaciones de otras formaciones y entidades civiles que aún tienen inmuebles en España en posesión del Estado desde el franquismo.

Los peneuvistas prefieren que el tema pase de puntillas, porque están seguros de que el PP y Vox harán un mar de una gota de agua. El edificio que albergó el Gobierno vasco en el exilio tiene un gran valor sentimental y simbólico. Y aunque el PNV no ha expresado nunca esta motivación, también tiene un valor económico: el informe Galtier de 1989 lo tasó en 1.000 millones de pesetas, unos 6 millones de euros. Solo considerando la inflación en Francia hasta el 2021 sería como muy poco unos diez millones actuales.”

35 Aniversario de cuando ETA secuestraba y mataba gudaris

Martes 2 de noviembre de 2021

Se cumplen 35 años de la muerte del jefe de la Ertzaintza Genaro García de Andoain durante la liberación de otro gudari, Lucio Aguinagalde, secuestrado en una cueva

La organización armada ETA siempre ha pretendido que sus militantes sean considerados como gudaris, en un intento por establecer una autojustificativa conexión emocional con los soldados vascos que combatieron al fascismo al mando del Gobierno de Euskadi en la guerra civil. Sin embargo, en su escalada terrorista, ETA ha llegado a atentar, secuestrar y asesinar a auténticos gudaris que no compartían sus principios y sus métodos.

Así ocurrió hace ahora 35 años, el 2 de noviembre de 1986, cuando varios disparos acabaron con la vida de Genaro García de Andoain, veterano combatiente antifranquista que sufrió persecución, cárcel y tortura y cuyo compromiso con Euskadi le llevó a formar parte del equipo que, ya en los 80, creó el embrión de la Ertzaintza heredera de la Policía vasca del 36. Su muerte tuvo lugar precisamente durante la operación de liberación del empresario Lucio Aguinagalde, otro gudari de la guerra, amigo personal de García de Andoain y a quien ETA tenía secuestrado en una cueva en las faldas del Gorbea.

La resistencia contra el franquismo había unido las vidas de ambos militantes, los dos sufrieron la represión y la cárcel, su compromiso con el país les llevó también a ambos a afiliarse al PNV y a mantener la lucha por sus ideales y, finalmente, ETA volvió a juntar sus destinos trágicamente convirtiéndolos en sus víctimas, al arrebatarle la vida a uno de ellos -Genaro García de Andoain, alto mando de la Ertzaintza- cuando intentaba salvar la del otro, Lucio Aguinagalde, uno de los primeros ‘ertzainas’ 55 años atrás y a quien un comando mantenía durante 18 días ya en un “lóbrego y húmedo” zulo.

Un resistente Genaro García de Andoain era lo que comúnmente se denomina “un hombre de acción”. Con solo 17 años se alistó en el batallón de gudaris Sabino de Arana. Finalizada la guerra, continuó con su activismo militante, fue asiduo de la cárcel y sufrió durísimas torturas que le afectaron gravemente a un riñón y al oído. Militante jeltzale, en 1944 había trabado una fuerte amistad en la resistencia con quien años después sería primer consejero de Interior del Gobierno vasco tras la muerte de Franco, Luis María Retolaza, quien le recuperó para la creación de la nueva etapa de la Ertzaintza, nombrándole primero jefe de Tráfico y después responsable de Asuntos para la Policía dentro del grupo denominado entonces Adjuntos a la Viceconsejería de Seguridad (AVCS), bajo cuyo mando se creó Berroci.

“Todo esto, incluida la actividad de García de Andoain, hay que entenderlo en su contexto, que eran los primeros años 80, con todo por hacer. Retolaza buscó gente para empezar a poner el embrión de la Ertzaintza, entre ellos a Genaro, que era un hombre muy activo, con una personalidad muy fuerte. Era muy entregado y hombre muy del país, algo que en aquella época era supernecesario”, afirma Sabino Arrieta, que entonces era viceconsejero de Administración de Interior en el Gobierno vasco presidido por José Antonio Ardanza. Arrieta destaca del veterano militante su “entrega absoluta, sin límite de horas” y su personalidad “muy fuerte, en algún sentido compleja, siempre dispuesto a la acción”. “Era país, país y país”, resume.

“Con todo este empuje, se puso al servicio de la Ertzaintza y empezó el germen de las actividades policiales con lo que hoy llamaríamos policía de investigación, lucha antiterrorista, etc. Había que aprender del hacer diario, de la intuición y del entusiasmo. Y Genaro era todo eso”, subraya el ex alto cargo.

Pero todo se truncó un domingo gris de noviembre, aunque el origen de la tragedia hay que situarlo días antes, el 15 de octubre de 1986. Aquella tarde, el pequeño empresario, ya jubilado, Lucio Aguinagalde se dirigía a su domicilio de Gasteiz tras haber disfrutado, como todas las semanas, de los partidos de pelota en el frontón Ogeta ya que era un gran aficionado. Su hermano José y su sobrino Joseba le llevaron en coche hasta las inmediaciones pero en el corto trayecto a pie fue abordado por tres individuos. “Yo les pregunté a ver si me querían secuestrar, y me dijeron que sí. Me fingí mareado y desvanecido, pero al final opté por levantarme y seguirles porque pensaba que podían matarme allí mismo. Luego anduvimos unos doscientos metros, me metieron en el coche, me pusieron unas gafas y me llevaron a la cueva”, contaba en exclusiva a DEIA el propio Lucio Aguinagalde la misma noche de su liberación.

Allí empezó para el industrial vasco una segunda condena de forzosa privación de libertad. Tras haber sido encarcelado por Franco -estuvo en las prisiones del convento del Carmen, Murgia y Donostia-, fue ETA quien lo encerró bajo la acusación de haberse negado de manera reiterada a pagar el chantaje del impuesto revolucionario.

Lucio Aguinagalde -que cumplió los 69 años en la oscura cueva- se había alistado como gudari con solo 18 años, formando parte de la brigada motorizada de la primera Ertzaiña. Veterano luchador, era el militante del PNV más antiguo de Araba, con el carné número 6. Pocos días antes de su secuestro había sido nombrado miembro del Tribunal municipal jeltzale de Gasteiz. Natural de Itziar (Gipuzkoa), era el mayor de nueve hermanos y tenía un pequeño taller en la capital alavesa. Murió el día de Nochebuena de 2005, diecinueve años después de su encierro.

“Era un gran abertzale y euskaltzale. Uno de los promotores de la primera ikastola de Gasteiz, Olabide. Una persona muy comprometida con sus creencias y convicciones. Lo dio todo por Euskal Herria, por Euskadi. En su momento, en los tiempos de la guerra civil, vio cómo arrestaban a su padre, fue voluntario al frente, estuvo en la cárcel, padeció por sus ideales y en un momento, los liberadores del pueblo vasco le secuestraron porque tenía una pequeña empresa de treinta trabajadores”, recuerda Joseba Aginagalde, sobrino del industrial.

Cuando Lucio Aguinagalde fue secuestrado, Juan Mari Ollora, otro veterano militante jeltzale, era el diputado general de Araba. Ollora, cercano al empresario, le define como “una persona de una pieza”. “Era oro puro, como sus hermanos”, resume tras destacar su compromiso militante.

LIBERACIÓN Y MUERTE.

El secuestro de Lucio Aguinagalde supuso, por su trayectoria vital, un fuerte shock para el PNV, que movilizó a sus bases y a la sociedad para exigir su liberación y respondió duramente a ETA. La evidencia de que la vida del empresario corría peligro era clara, ya que, entre otras cosas, no disponía de grandes recursos para pagar un rescate elevado. Además, el propio Aguinagalde confesó después de ser liberado: “Tras conocer el carácter de mis secuestradores, estaba seguro de que me hubieran matado si reciben una orden. Por eso considero un milagro haber vuelto sano y salvo a casa”.

Pero cuando Aguinagalde llevaba ya 17 días secuestrado, la suerte se alió con él. Una “pista caliente” lograda por un ertzaina que observó algo extraño en una cueva de Eguzkiola, en las estribaciones del Gorbea, llevó hasta allí a un grupo especial de la Policía vasca de paisano (AVCS), con su máximo responsable, Genaro García de Andoain, al frente, pese a que no era un agente, sino un civil. En el grupo estaba también Joseba Goikoetxea, el sargento mayor de la Ertzaintza que tomó el relevo de García de Andoain en la Policía vasca y que fue también asesinado por ETA en atentado directo siete años después, en 1993. En las inmediaciones, sorprendieron a uno de los miembros del comando, Francisco Cabello, pese a su intento de disimular afirmando que estaba “cogiendo perretxikos”. Con la confirmación de que Aguinagalde y dos de los secuestradores estaban dentro de la cueva, García de Andoain, tras comunicar la situación al consejero Retolaza -quien le planteó que esperase la llegada de refuerzos- decidió intervenir de inmediato ante el riesgo de que el comando advirtiese la ausencia de uno de sus miembros. Tras conminar a los secuestradores a salir de la cueva, el propio director de la Ertzaintza comenzó a quitar las piedras que taponaban la entrada, momento en el que los etarras Juan María Gabirondo Agote y Luis Enrique Gárate Galarza abrieron fuego con el objetivo de huir, alcanzando varios disparos de lleno a García de Andoain, a consecuencia de los que falleció casi en el acto. Gabirondo fue detenido tras resultar herido en la refriega, mientras Gárate logró huir monte abajo. No fue arrestado hasta 18 años después en Francia, juzgado en 2011, condenado y entregado a España en abril de este año, 2016. Aguinagalde estaba libre pero a un altísimo precio.

Hoy en día resultaría impensable que un alto cargo Interior, máxime si es civil, estuviera presente en una operación de alto riesgo como la liberación de un secuestrado. Sin embargo, el contexto -los primeros pasos de la Ertzaintza, aún no desplegada- y las circunstancias -la propia personalidad de Genaro García de Andoain, máxime teniendo en cuenta que Aguinagalde era su amigo- explican que estuviera in situ.

“Su propia forma de ser fue la que le llevó hasta allí. Era muy de acción, muy seguro de lo que hacía, hasta el punto de exponerse físicamente, tanto que podía excederse en algunas cosas. Quería ir siempre más allá”, afirma Sabino Arrieta, que lo conoció bien en Interior.

La muerte de García de Andoain fue un duro trago para la Ertzaintza, el Gobierno vasco, el PNV y el conjunto de Euskadi pese a la alegría por la liberación de Aguinagalde. “El precio ha sido muy caro”, afirmó el Ejecutivo. “El éxito de la operación de rescate de Aguinagalde nos ha costado mucho, la muerte de Genaro”, insistió el lehendakari Ardanza. El hecho de que fuera liberado precisamente por la Ertzaintza -que solo dos días antes había celebrado el 50 aniversario de su creación, de la que Aguinagalde fue uno de sus primeros miembros- era, sin embargo, muy significativo. El propio industrial confesó haber sentido “una emoción muy grande” por ello, al tiempo que expresó su “gran tristeza” por la muerte de su amigo y la familia Aguinagalde destacó la “enorme deuda” que tenía con él.

García de Andoain fue despedido tras su funeral en Begoña con el canto espontáneo del Eusko Gudariak, el mismo que una multitud había entonado una semana antes al final de la manifestación llevada a cabo en Gasteiz para pedir la liberación de Lucio Aguinagalde. Dos “auténticos gudaris”, a juicio de quienes les conocieron, unidos por una misma causa pero con destinos distintos.

UN REPORTAJE DE ENRIQUE SANTARÉN