La foto me la dieron en Paris. Es Agirre cruzando
el puente del Arenal que los sublevados bautizarían como el de la Victoria. Seguramente
es de su etapa de diputado. Y se la hice llegar al escritor Elías Amezaga que
comenzó a escribir una biografía sobre el primer Lehendakari. Una más. Presentamos
el primero de sus volúmenes en el hotel
Carlton junto al Lehendakari Ardanza.
Encuentro este trabajo suyo que enlaza
con el que escribí ayer en relación con su hermano Juan Mari. Si yo le hice
veinte preguntas, Elías le formuló setenta, y como dice están en su archivo y
no como yo, que me quedé con las ganas de saber su respuesta aunque Elías
nos da dos apuntes en este breve escrito
que merece la pena ser conocido.
Juan Mari Agirre vivió en Amberes donde
se asentó tras la pérdida de la guerra. Y le contó esto a Elías:
Un día de octubre bélico, en el «espacio
vital» de la Alemania nazi, interroga la Gestapo
– ¿Usted es Juan de
Aguirre?, ¿no es así? -Sí, señor.- ¿Usted no es José Antonio de Aguirre? -No, señor-. ¿Ya lo hemos podido comprobar?. ¿Dónde está su hermano? –No puedo decírselo porque no lo sé. -¿No tiene usted noticias de él, desde que salió de París y atravesó la frontera franco-belga?. -Estuve con él en la frontera pero a
fines de mayo se marchó y desconozco dónde pueda encontrarse ahora exactamente. -¿Es que lo sospecha usted?.
¿Dónde
cree que puede encontrarse?. -Probablemente en Inglaterra.
Le presentan el retrato de
un individuo en mangas de camisa con el pelo alborotado. No, no es ese. Saca de su cartera la verdadera imagen de José Antonio.
Y este comenta explicándolo: «Se trataba de
una foto que hice a nuestras tropas en el frente, durante la guerra. Vestía boina, botas altas, chaqueta
de cuero con correaje y arma corta. De aquella figura, a la del Dr. Álvarez (su
disfraz en la Alemania nazi) mediaba un abismo.
Juan María de Aguirre, murió el 28 de agosto de 1987. Fue
el tercero de los diez hermanos del lehendakari, los otros, Ignacio, María Teresa, Encarna, Tomás, Mari Cruz, Teodoro, un
segundo Ignacio y Ángel.
José Antonio es consciente,
que todos, absolutamente todos han pagado las consecuencias de su vínculo sanguíneo. No con el furor de la Edad
Media o de la Inquisición, manchando a los hijos de un padre culpable. En el caso de estos atentados
habría que
ver qué
historias nos contaría cada uno de ellos si le interrogáramos.
-¿Y por qué?.
Sin
una sola queja darían su apoyo moral y aún material al hermano a la hora del poder
responsable, deslizándose a su lado como sombras. Después perderían sus bienes, más, tomarían la ruta del destierro detrás suyo, alguno, Encarna, sucumbiría en un bombardeo. Los demás seguirían la suerte del gran
hombre en desgracia como encadenados a un destino que otros habían elegido en
su lugar.
Quizá al desterrado
le falten amigos o los rechace por no comprometer. Nada puede hacer con los de
su sangre. Mora en un lugar su cuerpo, su espíritu
en otro. Donde está se la
desconoce, en su lugar de origen empiezan a guardarle luto en vida En este caso
concreto, si le preguntan la razón de su
persecución, ¿qué
va a decir?. Que persiguen a otro a su través.
Es insufrible estar ausente de la patria, nos dice Séneca y con razón.
A
Juan Mari acudí para conocer noticias de J. A, y conservo en
mi archivo las respuestas al cuestionario. Fue uno de sus últimos escritos, lo que quiere decir, que la
sombra del hermano no se le apartó ni en sus
postreras horas. Pude haberle preguntado algo de su vida después del tránsito
de aquel. En absoluto. Son 70 preguntas sobre José Antonio. Colegial. Universitario. Político. Hombre de relaciones públicas. Profesional. En familia. Con
referencia a sus costumbres, amigos, gustos, inclinaciones, ¡qué sé
yo!, pero ni por asomo sobre su propia personalidad, condenándole de antemano al anonimato. Y cuántos habrán
acudido a él con idéntica
demanda. Mutismo para su vida particular. Si triunfó se pensaría
que de algún modo se lo debería a . . Y si le nombran (y esto es en general y sirve para otros muchos)
le nombran con este título: es el
hermano de . . ?. Y se llama?. Pues no
lo recuerdo.
En mi cuestionario evoca al hermano mayor, una
especie de padre al faltarle el verdadero. Cómo
la madre le abraza pidiendo que cuide de los otros ante el cadáver del padre. En el colegio: «A mi
entrada en Orduña con cuatro años menos que él
me di cuenta de que tanto profesores, inspectores, condiscípulos y demás
alumnos, todos le querían, a pesar de
que se le consideraba del grupo de alumnos nacionalistas”. En el deporte: José Antonio futbolista en olor de masas. El, Juan
Mari, sería su espectador. ?. Después?…
Donde
debió ser importante Juan María fue en su gestión como dirigente de la empresa familiar. Ya en
otro lugar transcribí los Estatutos
de esta empresa ejemplar. Chocolates Aguirre se fundó en la segunda mitad del siglo XIX, en Matico. Triunfó en el mercado. En 1920 se fusionó con Martina ZuricaldayLa Dulzura y Caracas con un capital inicial de
un millón. «Produjo el conocidísimo Chobil. Juan María seguiría
después su vida empresarial por Europa.
Pero esto es ya salirnos del objeto de mi artículo. Quede
constancia, pues, de que Juan María de Aguirre se fue anónimo, lejos de su
patria, en silencio, como diciéndonos que ese 28 de agosto de 1987 abrió la
liminar página del Libro de su Vida.
La foto familiar es entrañable. En ella se ve
a Dña. Bernardina Lecube con sus hijos José Antonio, María Teresa, Encarna, Juan
Mari e Ignacio frente a su casa de Bergara, y de esto voy a hablar hoy.
No conocí al Lehendakari pero si a su hermano Juan Mari. Había sido
amigo de mi aita, del que era contemporáneo y al que conoció en Juventud Vasca
de Bilbao. Juan Mari, cuatro años menor que José Antonio fue quien de verdad
llevó a cabo las reformas sociales en la empresa familiar siguiendo las
encíclicas de los Papas. Y de eso nos hablaba a su hijo Gorka y a mí cuando
íbamos a Bruselas a reuniones de la Unión Europea Demócrata Cristiana .Vivían
en Amberes y con su esposa se trasladaban a Bruselas para saludar a su hijo y
ahí me metía yo.
Le recuerdo como un hombre muy afable, admirador de su hermano, todo un
caballero y con sentido del humor. De ahí que en una de esas reuniones de
confianza y donde siempre acabábamos
hablando del lehendakari le propuse me contestara a una serie de preguntas
personales sobre su hermano. Siempre se hacía el remolón pero en uno de esos
viajes logré que me dijera que estaba de acuerdo en hacerlo.
Ni corto ni perezoso le preparé un cuestionario con veinte preguntas de
las que me contestó doce. Una pena. Tienen el valor de ser datos desconocidos, contados
por su hermano y de asuntos personales.
Estas son sus respuestas..
P.- ¿De dónde
es originaria su familia?.
Nuestros
padres son originarios de Gipuzkoa. El padre nació en Bergara y la madre en
Motriko.
P.- ¿Cuáles eran los nombres de sus padres y hermanos?
Nombre
de nuestro padre: Teodoro Aguirre Barrenechea-Arando, nació el 7 de mayo de
1873 y falleció el 12 de febrero de 1920.
Nombre de nuestra madre: Bernardina
Lecube Aramburu, nació en Motriko el 20 de mayo de 1877 y falleció el 19 de
septiembre de 1950.
Nombres de los hermanos: José Antonio
(1904-1960), Ignacio (1906-1912), Juan María (1908-1987), María Teresa (1909),
María Encarnación (1911-1940), Tomás (1912-1979), María Cruz (1914-1970),
Teodoro (1916-1974), Ignacio (1918-1966) y Ángel (1920-1980).
P.- ¿Fue su padre pasante del abogado de Sabino, don
Daniel de Irujo?
Nuestro padre fue pasante de don
Daniel de Irujo, colaborando con éste en el proceso a Sabino de Arana y Goiri.
Abandonó muy pronto su profesión de abogado, pues al fallecimiento de nuestro
abuelo José Antonio de Aguirre, fundador de la Fábrica «Chocolates de
Aguirre», debió ocuparse de la Fábrica y demás asuntos familiares, pues
sus hermanos Pablo y Eustoquia, solteros, así como nuestra abuela Petra
Barrenechea-Arando, dejaron en sus manos la administración de los bienes
familiares. Nuestro padre se ocupó, asimismo, en numerosos organismos dedicados
a Obras de Caridad y a su fallecimiento era Presidente de la Adoración
Nocturna en Bilbao.
Políticamente siguió la doctrina de
Sabino Arana, pero sin que tuviera cargo alguno de responsabilidad.
P.-¿Cuál fue la
trayectoria profesional de su padre?
Hasta el año 1915 la familia vivió en
Bilbao, último domicilio en la calle Sendeja, n° 6. Ese mismo año, se trasladó
a Algorta, en donde nuestro aita había hecho construir la casa que hoy existe
en la calle Miramar, n° 2, en la misma plaza de San Ignacio. En dicha casa
vivió la familia hasta el año 1937 que, con la entrada de los franquistas, fue
totalmente saqueada. Al casarse José Antonio, el año 1933, ocupó un piso de la
casa, que asimismo fue saqueado en 1937.
Nuestros
padres nos inculcaron una educación profundamente religiosa. José Antonio,
Tomás, Teodoro y yo, estudiamos Bachillerato en el Colegio de los Jesuitas, en
Orduña. Ignacio y Ángel, se iniciaron en dicho Colegio, pero no pudieron
continuar al ser disuelta la Compañía de Jesús durante la República. Y las tres
hermanas, María Teresa, Encarna y Mari Cruz, hicieron sus estudios en el
Colegio Sagrado Corazón, en Algorta.
P-¿Qué recuerdos tiene de su ama?.
A
nuestra ama la tuteábamos, pero no a nuestro aita, a quien tratábamos de Vd. El
respeto a ellos por parte de todos los hermanos era sagrado. Al fallecer
nuestro aita, el 12 de febrero de 1920, a la edad de 47 años, quedó nuestra
pobre amatxu en espera de su décimo hijo -Ángel, hijo póstumo- que nació el 29
de febrero de 1920. Esta tragedia fortaleció aún más, si cabe, el respeto de
sus hijos hacia ella.
Su extraordinario carácter, su gran
resignación a lo que el Señor le acordó y, afortunadamente, su salud, le
permitieron cumplir su cometido ante una familia tan numerosa. Pero a ello,
hay que ajustar la gran esperanza que mantenía al ver que su hijo mayor, José
Antonio, era ya un hombre entero a sus 16 años.
P.- El fallecimiento de su aita debió ser un golpe muy
impactante, ¿no?.
Recuerdo, como si fuera hoy, aquel
día 12 de febrero de 1920 que, estando José Antonio y yo en el Colegio de
Orduña, vino a buscarnos en coche, el administrador y hombre de confianza de
nuestro aita, para comunicarnos la triste noticia y conducirnos a casa. En
aquel momento comencé a darme cuenta de la entereza de mi hermano José Antonio.
Pero mucho más cuando, al llegar a casa y nos introdujeron en el cuarto en
donde se hallaba nuestra pobre amatxu, en la cama, sufriendo, en su estado tan
avanzado, su inmensa pena, vi a José Antonio, como demostrando gran serenidad,
le abrazó, le calmó con palabras que no pude entenderlas, pero que debieron
servir de gran alivio para ama, a quien oí bien decirle a José Antonio:
«Sí, tú serás ahora el aita de tus hermanitos. ¿Me lo prometes?». La
respuesta fue, naturalmente, afirmativa, pero lo que es más importante, que lo
fue en la realidad durante años.
P.- ¿Tenía buen carácter?.
Su carácter era de lo
más alegre, y nos hacía reír a todos en casa contándonos cosas que habían
sucedido en el Colegio y, más tarde, de la Universidad. Porque sabía decirlas
con mucha gracia, con una mímica muy salada.
P.- ¿Cuáles fueron sus estudios?
En el Colegio de Orduña
se portó siempre como un buen colegial, estudioso y deportista. Sus
calificaciones en el Colegio, así como en los exámenes oficiales en el
Instituto de Vitoria, eran de «sobresalientes» y
«notables»; tuvo «aprobado» únicamente en alguna de las
matemáticas. Su conducta le hizo merecedor de «distinciones» durante
los cursos de bachillerato y en su último año, fue nombrado
«Sub-Brigadier», que era la segunda «dignidad» en el
Colegio. Buen deportista, practicó principalmente el fútbol y la pelota a pala.
Su personalidad era muy destacada en el Colegio. Y esta personalidad la demostró
ya desde la edad de 12 años.
P.- ¿Seguían la política?.
Siempre recuerdo,
aunque en aquella época era yo un niño, con qué sensatez discutía los acontecimientos
de la primera Guerra Mundial. En dicha época teníamos, en verano, como
«preceptor-acompañante» a un seminarista a cuya familia ayudó mucho
nuestro aita. Este seminarista, Miguel Larrañaga, fue más tarde colaborador de
la Gaceta del Norte, bajo el seudónimo de «Aventino» -o algo
parecido- y, claro está, era en aquel tiempo germanófilo y muy monárquico. Con
él discutía mucho José Antonio, que lo hacía defendiendo al nacionalismo. Así
mismo, este sentimiento vasco, lo reforzó en el seno de la familia,
defendiéndolo muchas veces ante dos tíos carlistas, hermanos de nuestra ama,
que nos visitaban de vez en cuando en casa.
P.- ¿Y de allí a la Universidad?.
Si. En la Universidad de Deusto continuó, en forma
relevante, desarrollándose más su personalidad. Todos, profesores y alumnos o
condiscípulos, le querían mucho. Allí hizo sus cinco cursos de Derecho,
obteniendo buenas calificaciones en sus exámenes oficiales en Valladolid. Al
iniciar su vida universitaria, ingresó en el «Centro de los Luises»
establecido por los jesuitas y participó en la Acción Católica, llegando a ser
Presidente de la misma e iniciando sus conferencias en las que destacaban ya
sus ideales de una justicia social profunda que tanto le preocupaba, como lo
demostró durante toda su vida.
P.- ¿Y la militancia nacionalista?.
Lo simultaneaba porque
asimismo, asistía a las reuniones de la Juventud Vasca, en donde pronto se dio
a conocer, entablando numerosas relaciones amistosas con los dirigentes y
jóvenes patriotas vascos. Y era la época de la «clandestinidad»
durante la dictadura de Primo de Rivera.
Así practicó siempre
con entusiasmo su acción católica, juntamente con su acción patriótica y tuvo
tiempo para poder practicar también el deporte.
Abandonó el fútbol una vez terminada su carrera de Derecho. Durante
algunos meses estuvo de «pasante» en el bufete de Don Esteban Bilbao
y, después de esta práctica, abrió su propio bufete, en donde le tuvo al amigo
Julián Ruiz de Aguirre, quien mejor que yo podrá informar sobre el trabajo que
desarrollaron.
P.- ¿Le interesaba la música?.
Durante esa época, en Algorta, participó en el Orfeón que allí se organizó.
José Antonio tenía gran afición musical, conocía bien la música -no en balde
participó en la Banda de música del Colegio de Orduña, en donde tocaba el
fiscorno-, tocaba un poco el piano y dio lecciones de violín con un profesor
italiano melenudo que venía a casa y se llamaba Diño Dini…, con el que nos
reíamos mucho. En el Orfeón de Algorta cantó de barítono y fue solista.
También en Algorta, perteneció a la Adoración Nocturna, en donde fue
nombrado Presidente.
P.- ¿Nos puede hablar de la fábrica de chocolates y del papel de su
hermano?
La fábrica de chocolates, «Chocolates Bilbaínos, S.A.», fue
constituida, en 1920, por cuatro fabricantes de chocolate, cuyas marcas eran:
«Martina Zuricalday», «La Dulzura», «Caracas» y
«Chocolates de Aguirre», participando cada una de ellas en un 25%.
José Antonio fue nombrado Consejero a su mayoría de edad; y yo, cuatro años más
tarde. José Antonio, ya muy ocupado con su trabajo, especialmente en el orden
político, acudía de vez en cuando a las reuniones del Consejo de
Administración, aunque en todo momento se preocupaba de la marcha del negocio
y, más tarde, el año 1933, de la reforma técnica que se llevó a cabo en la
fábrica.
P.- Es ahí donde aplicaron su perfil social.
Si porque su preocupación principal se volcó especialmente al aspecto
social en la fábrica. Impulsados por sus grandes ideas sociales, llegamos a
establecer un Reglamento, de acuerdo con el comité de trabajadores formado en
la fábrica, que para aquel tiempo fue considerado como un gran avance social,
tanto que el mismo fue aprobado por unanimidad por el Consejo de Administración
de la fábrica, es decir, que no fue sólo José Antonio, como se ha publicado en
ocasiones, sino que merecen los mismos elogios aquellos otros Consejeros cuyos
nombres cito: don Ramón Bayo, don Juan Bayo, don Pedro Menchaca, don Policarpo
Ibáñez, don Dalmacio Angulo, don Pelayo Trabudúa, que representaban a las
marcas antes citadas. Hasta 1937, fue la segunda fábrica más importante en el
Estado español. Todo se desmoronó al intervenir los franquistas durante tanto tiempo.
P.- ¿Cuándo se produce su salto a la política activa?
La Alcaldía de Getxo fue su «trampolín» para lanzarse de
lleno en la política. Esto le ocupó de tal forma que los familiares debíamos
esperar a que algún domingo dejara de participar en algún mitin para poder
estar con él con tranquilidad en familia. Su ya personalidad pública nada
influyó en él para continuar siendo el mismo y, muy especialmente, con su
amatxu y hermanos. El pueblo de Getxo que ya le conocía, aunque desarrollaba
su vida en Bilbao, le quería mucho y, hasta sus enemigos políticos -porque
otros enemigos no los tenía- le respetaban mucho”.
Hasta aquí las preguntas que me contestó
y que como se ve fueron sustanciosas y aportaron datos. Lástima que D. Juan
Mari falleciera pues había quedado con él para seguirle preguntando muchas
cosas.
Le conocí
junto a su esposa Mercedes Iribarren en su casa de Caracas. Nos recomendó
fuéramos al funeral de alguien, cuya esquela había visto en la prensa y que
parecía vasco y al final nos presentáramos como miembros de la colectividad y le diéramos el pésame porque eso les
reconfortaría y les uniría más a lo vasco. El y su mujer habían dirigido el
refugio de niños vascos en la Citadelle (Donibane Garazi) en sus tiempos de
refugiado y había tenido que vivir las vicisitudes de un exilio que le castigó
pero le permitió dejar una obra de creación y traducción muy notable. Nos
comentaba risueñamente que el trámite civil de la boda de Agirre en Algorta le
había tocado a él y que el Lehendakari no se lo perdonaba. Fallecido en Caracas
en 1969 les acompañé junto a la colectividad al entierro en el Panteón Vasco
del Cementerio general del Sur en Caracas. Recuerdo perfectamente la
sensación de pérdida que vivimos.
D. Vicente Amezaga, intelectual vasco tiene un busto frente al Abra en Algorta colocado en tiempos del alcalde del PNV Javier Sarria y desde allí vigila la salida y entrada de los barcos por ese mar infinito que le llevó a en viaje increíble en el Quanza y Alsina a Argentina, Uruguay y Venezuela. La foto es de la cubierta del Alsina.
Vicente y
Mercedes tuvieron 5 hijos. La mayor Mirentxu (Marie Clark) nació en Paris y
vive en Washington donde fue presidenta del Centro Vasco y está casada con el
historiador y escritor Bob Clark. Tienen tres hijos, Ane Miren, Kathleen y
Robert. Begoña, también nacida en Paris y casada con José M. Martin y con cinco
hijos, Pedro, Begoña, Ignacio, Amaia y Javier viven en Donosti. Arantza, la
escritora y bibliotecónoma que nació en Buenos Aires y se casó con Pello Irujotuvo
cuatro hijos en Caracas, Xabier, Pello, Mikel, Enekoitz y vive en Alzuza
(Navarra) desde 1972, Bingen, nacido en Montevideo, médico, casado con Zuriñe
Zubillaga tiene tres hijos Zuriñe, Bingen
y Maite viven en Errenteria, aunque toda su vida la han hecho en
Venezuela y, Xabier, nacido en Montevideo
y casado con Marisa Larunbe dos hijos, Xabier Eneko y Gorka. En la
actualidad vive en Caracas y está casado con Izaskun Landa.
Cuento esto
porque es el reflejo de la típica familia vasca aventada por la guerra y con
unos padres comprometidos con una causa hasta el final y viviendo toda su
existencia pensando en Euzkadi. Escritor y traductor de lengua vasca Vicente
Amezaga,el patriarca familiar que no ha conido a sus nietos,nació en Algorta (Getxo)
en julio de 1901. Falleció en Caracas (Venezuela) el 4 febrero de 1969.
Realizó los
estudios de Técnica Mercantil en Bilbao para encargarse de los negocios
económicos de la familia pero la afición que sentía por las humanidades lo
empujó a estudiar Derecho en la Universidad de Valladolid en 1924. En 1931 fue
elegido concejal en el Ayuntamiento de Getxo, siendo alcalde José Antonio
Aguirre.
Vicente Amezaga cultiva entre 1920 y 1936 los ejes
por el que va a transcurrir su vida intelectual. El euskera lo aprendió por
aquellos años llegando a dominarlo de forma notable. En 1936 fue nombrado director
de Primera Enseñanza por el Consejero de Justicia y Cultura Jesús María de Leizaola en el Gobierno
Vasco. La primera responsabilidad de ese cargo fue defender a los niños
escolarizados del peligro de los bombardeos.
Nada más ser
nombrado director, el 4 de diciembre, Amezaga mandó abrir la primera ikastola
bajo la tutela del Estatuto de 1936; en concreto mando abrir la ikastola de
Plentzia. Esta primera Ikastola oficial quedó bajo la protección y cuidado del
Departamento de Justicia y Cultura del Gobierno vasco. Así empezó la creación
de un sistema vasco de Educación, el primer paso para el resurgir del euskera y
de la cultura vasca. Pero la guerra civil española del 36 truncó todos los
esfuerzos del Gobierno vasco y se vieron obligados a cerrar la ikastola San
José de Plentzia. Cuando llegó la guerra y Bilbao estaba a punto de caer en
manos del bando franquista, Amezaga tomó bajo su cargo la evacuación de los
niños vascos. El mismo Amezaga tuvo que exiliarse junto a su mujer Mercedes
Iribarren y se refugió en Iparralde, Inglaterra, Argentina, Uruguay y Caracas.
Vivió en la capital de Venezuela hasta que falleció en 1969. Fue Secretario del
Centro Vasco de Caracas.
Desde que
llegó a América se adentró en el ambiente de los vascos y se entregó a la
cultura vasca,sin dejar de trabajar por una causa en la que creía como fueron
los Servicios de Información del Gobierno Vasco en el exilio. En Buenos Aires
fue miembro del Instituto
Americano de Estudios Vascos y profesor en las universidades de
Caracas y Montevideo. De octubre a diciembre de 1943 escribió artículos en las revistas Euzko Deya y Tierra Vasca. También publicó
numerosos artículos en la revista La
Prensa de Buenos Aires y en El Plata de Uruguay. En julio de 1957 la Academia de la Lengua Vasca le nombró miembro
correspondiente por la labor realizada a favor del euskera y la cultura vasca.
Colaborador
de Euskal Esnalea,
en Euzko Gogoa y
en Egan con sus temas
preferidos como el cuento, la narración, el ensayo y la poesía. Pero donde más
se ha destacado ha sido en la traducción de autores de renombre universal como Oscar
Wilde; Reading Baitegikoleloa (1954);
William Shakespeare, Hamlet.
Danemark’eko Erregegaya (1952); Johann Wolfgang von Goethe, Lur-Miña (1960); Plinio, Plini gaztearen idazkiak (1951);
Esquilo, Prometeu burdinetan (1959);
Cicerón, Adiskidetasuna (1952);
Juan Ramón Jiménez, Platero ta biok (1953).
También ha traducido a Pío Baroja, Bolívar y Boccacio. En castellano publicó en colaboración con Edgar Pardo Stolk, Jesús Muñoz Tébar (Caracas, 1959), Hombres célebres de la Compañía Guipuzcoana (Caracas, 1966) y El Hombre Vasco (Buenos Aires, 1968).
Con motivo
del 400 aniversario de Caracas en 1966 publicó dos obras: Vicente Antonio de
Icuza, comandante de corsarios y El Elemento Vasco en el siglo XVIII
venezolano. Las dos obras fueros publicadas por la Comisión del
Cuatricentenario de Caracas.
Su hija
Arantza, casada con el sobrino de D. Manuel de Irujo Pello, y el hijo de ambos,
Xabier el historiador son personas muy conocidas y reconocidas pero no voy a
hablar de ellos, aunque lo merezcan y mucho, junto con los demás miembros de
una familia tan representativa de una
época viviendo hoy en dos continentes.
Se trata de
Mari Clark, conocida en familia como
Mirentxu. Vive en Washington y fue muy activa en la comunidad vasca siendo presidenta de su Centro Vasco en aquella complicada ciudad donde no son
muchos y las distancias largas. Hizo una meritoria labor y siempre ha estado
alentando y ayudando a su esposo, el profesor Robert Clark, que ha escrito
varios libros sobre los vascos, sobre ETA
así como artículos en medios varios, convirtiéndose
en los Estados Unidos en toda una referencia.
Mirentxu ha
tenido la amabilidad de seguir esta serie de escritos sobre el primer
Lehendakari que voy publicando y nos escribió
la semana pasada una muy interesante vivencia, para mi desconocida, que creo merece
ser destacada porque aporta no solo un dato sino la huella que la guerra dejó en una niña hasta el punto
de querer volver a ver y reconocer
aquello que había vivido y posteriormente leído.
Dice así:
Mis aitas junto a numerosos exiliados vascos,
entre ellos María Teresa Aguirre de Madariaga, hermana de José Antonio Aguirre,
llegaron al puerto de Hamilton, Bermuda a bordo del barco portugués Quanza un
10 de noviembre de 1941.
Esta isla jugó un papel importante en las operaciones de información de los servicios secretos de los poderes aliados. Había 1200 expertos británicos científicos y lingüistas trabajando bajo difíciles condiciones en el sótano del Hotel Princess interceptando y analizando correo y mensajes entre Las Américas y Europa antes de ser enviado a sus destinatarios. Mis aitas y la hermana del Lehendakari no sabían nada del paradero de José Antonio porque llevaban mucho tiempo de viaje. El control británico les detuvo por dos días, e invitaron a María Teresa, mis aitas y unos pocos vascos más al Hotel Princess donde fueron interrogados por el servicio de Inteligencia británico, llevando a cabo este interrogatorio en privado por orden del Gobierno inglés, y es allí donde le dijeron a María Teresa que su hermano estaba a salvo y que pronto sabría de él.
Con mi esposo, nuestra hija Anne Miren y su esposo Joel, en nuestro último viaje a Euskadi en marzo de 2016, hicimos escala en Hamilton, Bermuda. Nuestra meta era visitar al Hotel Princess. El hotel está a poca distancia del puerto y fuimos caminando.
En el hotel nos presentamos y expliqué lo que queríamos y muy amables nos concedieron una gira del salón donde todo esto se había llevado a cabo y el cual se conocía como «Salón 99».Toda una experiencia que os cuento.
El segundo testimonio es el de la hija de D. Vicente, Arantza, prolífica escritora, autora de la organización de la Biblioteca del Parlamento Vasco, casada con Pello Irujo y que no solamente ha escritos esa colección de estupendos libros que nos ha puesto a disposición en internet, sino de cientos de artículos de reflexión y divulgación. Ahondando en el exilio del lehendakari nos hizo llegar este testimonio.
“Conocí al
lehendakari Aguirre antes de nacer, en su primera visita a la Argentina. En la
foto que guardo como tesoro, un grupo del Laurak Bat de Buenos Aires rodea al
diplomático panameño Dr. Guardia Jaén y a su esposa, junto al lehendakari
Aguirre, al que flanquean mis aitas. Los hombres resguardados con pesados
abrigos y las mujeres adornadas con pamelas floridas y tapados cortos de lana,
miran sonrientes a la cámara en aquel octubre austral.
Después le
recibimos con flores en el aeródromo de Carrasco, Uruguay, con txistus en el
aeropuerto de Maiquetía, Venezuela, momentos de los que también guardo fotos.
Lo recuerdo siempre tocado con su sombrero y cubierto con su sobretodo,
clavando su mirada franca en cada uno y en todos nosotros, y despachando sus
convincentes discursos que nos trasladaban su optimista esperanza de retorno.
Sus visitas a las Eusko Etxeas de América tenían como propósito primordial
revigorizarnos el espíritu porque aseguraba que no habíamos perdido una guerra,
sino una batalla, y asegurar el mantenimiento del Gobierno vasco del exilio,
representante de nuestra protesta en los escenarios europeos y americanos. La
tarea recayó primero en los vascos argentinos, luego pasó a manos de los vascos
venezolanos.
Cuando murió, el mundo vasco sintió
una conmoción semejante a un terremoto. Una especie de orfandad. ¿Qué vamos a
hacer sin el lehendakari? preguntaron todos, tal como lo habían hecho cuando
hubo de abandonar Bilbao en 1937, cuando cruzó la frontera de Catalunya en
1939, cuando en mayo de 1940 desapareció en Dunkerque.
Nadie
hablaba del lehendakari por temor a cometer una indiscreción aún en nuestra
ignorancia de su paradero, repetía mi madre, pasajera del Alsina y del Quanza,
rumbo a América, junto a mi padre, Vicente/Bingen Amezaga, Tellagorri,
Telesforo Monzón, Francisco Basterretxea, Luis Bilbao, Lucio Aretxabaleta y sus
familias, y la hermana del lehendakari, María Teresa. Rezaban por su salvación
en las cubiertas de los barcos de su expatriación, mientras Manuel Irujo desde
Londres, para confortar el ánimo de la dispersa comunidad vasca, organizó un
Consejo Nacional Vasco, a la espera de su reaparición. Porque no se permitieron
la duda de su muerte.
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