Fútbol, copa, rey y España

No sabría muy bien si el orden en el que dispongo las piezas del título es el más apropiado para dar con precisión en la diana de la primacía real de estos cuatro fenómenos; porque si ya por separado cada término da para una colección completa de dislates, la amalgama de la tétrada en variaciones con repetición podría llevarnos al paradigma de las contradicciones. Pónganlos ustedes en el orden que prefieran.

No, yo no vi el Madrí-Osasuna ni en Sevilla ni en la tele, pero me coincidió el partido de fútbol de la final de copa del rey de España en la capital del Reyno, es decir, en mi querida Pamplona/Iruña, y he de decir que no había un rincón de la ciudad que no recordara que para los pamplonicas/navarrostodos era un gran acontecimiento; es la lógica alegría de la cenicienta al verse reconocida en palacio. No me imagino, ni por asomo, tamaña ilusión en los prepotentes capitalinos del reino, en esta ocasión de España. Por cierto, ya nos gustaría ver celebrar otras actividades y eventos multitudinarios como lo ha hecho la afición futbolera de Osasuna: hinchas con sentimiento, orden, entrega, respeto, orgullo, alegría, fiesta, pasión … todo en perfecta armonía para el disfrute colectivo. ¡Chapeau! Hasta con pelín de sana envidia bilbaína, aunque solo sea hasta el año que viene.

Leo que le pitaron al rey y como republicana de corazón, condición y hechos me congratula saber de esa pitada al monarca de una corona no refrendada y heredera directa del franquismo. Incluso con la música-tapadera a todo trapo y el micro de la tv apagado por orden gubernativa, espero que se escuchara la pitada desde Irún hasta Algeciras.

Ya no la llaman copa de España, sino del rey. Me imagino que sería incongruente tildar “de España” a una competición donde sólo una minoría de los futbolistas participantes son súbditos españoles. Porque más allá de que a mí el fútbol me guste entre cero y nada, la mayoría de esos futbolistas son profesionales al servicio de una empresa que les paga y punto. Es decir, que el borbón y la borbona fueron a presidir un encuentro de empresas representadas mayoritariamente por extranjeros escandalosamente remunerados, nada de España ni patria ni bandera rojigualda ni mandacarajos por el estilo, digámoslo en prosa. En apoyo a mis palabras me soplan que mientras Osasuna tiene 3 extranjeros, el Real Madrid, máximo representante del fútbol patrio-patriotero, tiene 18 no españoles y que el 7 de enero en un partido no sé contra quién, no había ningún españolito en su equipo. Serán cosas de la globalización y de la pasta gansa que mueve el espectáculo.

Comprenderán que no haya ido a Sevilla ni visto el partido. No tengo la dicha existencial de ser pamplonica; ni he practicado ni me ha gustado nunca el fútbol como deporte y menos aún como espectáculo empresarial; no soy monárquica; mi españolidad y españolismo dejan mucho que desear y no comprendo porque me recriminan cuando juega ese equipo de Madrid y yo no le apoyo siendo tan español. En fin, que la tarde en Pamplona fue preciosa contemplando como todos los comercios lucían en rojo su apoyo al equipo de la salud. Y leído en un comercio de Iruña: “el caer no resta mérito alguno a la gloria de haber subido», buena reflexión de Calderón de la Barca que dedico a Osasuna.

No se conturben, no escribo esto por inquina bilbaína tras ser eliminados, porque al fin y al cabo el curso futbolero del año que viene llevará al Athletic a su enésima final y no tendré que hacer ex novo este comentario, sino que podré reproducir casi ad pedem litterae esta misma columna.

@nekanelauzirika

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *