1-O, aniversario

Un año del 1 de octubre. Yo estuve allí. Mi avión aterrizó en Barcelona poco después de las ocho y media. Camino del centro, el taxista, que tenía puesta RAC 1 a todo trapo, me daba el primer parte de la situación: “Puede estar tranquilo. Verá muchos grupos aquí o allá, y también policía, pero no va a pasar nada, no se preocupe”. Tres minutos antes de la nueve, según tengo registrado en mi historial de Whatsaap, mi compañera Eider Hurtado, que estaba desde el viernes en Catalunya, me enviaba su reporte: “Benvingut. Yo, en el colegio. Todo en orden”. Debajo, dos fotos de unas decenas de personas —no era una multitud— en las inmediaciones del colegio Infant Jesús del barrio de Gracia, que había elegido porque es en el que se esperaba a Artur Mas.

Justo entonces, la radio empezó a hablar de varios incidentes. En una de las conexiones, se escuchó claramente una carga. El siguiente corresponsal daba cuenta de otra. Y luego, una más. Al ir a mirar qué se contaba en Twitter, me encontré una foto que acababa de publicar la propia Eider: una mujer mayor con una herida en la cabeza que sangraba abundantemente. Esa imagen fue una de las primeras de la jornada en hacerse viral. Después vendrían miles (cierto que también alguna falsa) que, en esencia, mostraban lo mismo: personas de toda edad y condición golpeadas por policías que se empleaban con saña. Al bajar del taxi, yo mismo me encontré con esas escenas, y hasta me llevé dos empellones gratuitos de uniformados a los que se notaba especialmente excitados. Para mi sorpresa, los ciudadanos solo respondían con un grito: “Volem votar!”. Y lo hicieron, aunque luego…

Pasado imperfecto

Qué profunda emoción, recordar el ayer, cuando todo en Las Ramblas me hablaba de amor… a la república que duró un suspiro. Venga, va, pongamos que fueron tres horas. Las que pasaron entre el descorche deslavazado de media docena de botellas de cava y el anuncio en labios marianos de la aplicación del 155 y la consiguiente convocatoria de elecciones. ¡Ay, aquel primer tuit de Rufián diciendo que antes pasaría un camello por el ojo de una aguja que una papeleta soberanista por el aro de los comicios impuestos! La CUP vio la apuesta y la subió a una quedada para comer butifarra el día de las urnas inaceptables. Total, para que al llegar la fecha de autos, ya con políticos encarcelados y expatriados, estuvieran todas las listas a la orden.

Y, miren por dónde, la cosa es que, contra el pronóstico de los convocantes y para su enorme pasmo, volvieron a sumar mayoría de escaños las formaciones que quieren darse el piro de la pérfida España. Lo irrenunciable entonces fue que el president designado fuera Carles Puigdemont. No había marcha atrás. Pero la hubo, y en ese lance, sí o sí, la vara de mando sería para Jordi Sánchez. Pero también hubo que apearse de esas trece, de modo que le llegó el turno a Jordi Turull, igualmente en condición de no negociable. De hecho, ni siquiera fue preciso negociar. El justiciero Llarena volvió a encerrar al tercer candidato, incluso a pesar de su discurso light a ver si colaba. Tras un nuevo intento fallido con Puigdemont, le tocó a Quim Torra, que por fin pudo acceder al cargo, pero puso en su alineación unos nombres vetados. ¿Cómo piensan que puede acabar el episodio?

Catalunya, sobre la bocina

Si no hay Llarenazo que lo impida —no descartable, ojo—, todo apunta a que mañana habrá un president investido en Catalunya, e inmediatamente después, un govern. Todo, a apenas una semana para que la carroza se volviera calabaza, es decir, para la convocatoria automática de otras elecciones. La primera pregunta es si para este viaje han sido necesarias semejantes alforjas como las que llevamos coleccionadas en los últimos seis meses. Ocurre, me temo, que la respuesta no va a salir de la reflexión, sino del corazón, o sea, de las tripas, que son desde hace mucho los motores del soberanismo y del antisoberanismo.

Empezando por los segundos, a ellos plín, pues duermen en el cómodo Pikolín que supone dejar a los otros cocerse en su propio jugo, cárceles, expatriaciones y procesos judiciales incluidos, mientras crecen el encabronamiento y/o la apatía de la sociedad. Qué más quieren las huestes de Naranjito que seguir medrando en la encuestas a costa de aparentar que son el freno y el látigo del separatismo. En cuanto a Rajoy, si algo le incomoda, es lo mencionado: que el pastel se lo está comiendo otro. Más allá de esa faena, el catalán no es su problema.

Y en cuanto a quienes van a investir al president número 131, es de probable que argumenten que la culpa de esperar al último minuto ha sido de los villanos del otro lado. Puede que no sea incierto, pero el solo hecho de señalarlo implica reconocer quién llevaba la manija… y quién la va a seguir llevando. Por lo demás, desde el 21 de diciembre, ha habido unas cuantas oportunidades de encontrar una solución como la que ha acabado cayendo por su propio peso.

Los tabarñoles

Asisto, más divertido que indignado, al crecimiento de esa bola de nieve rojigualda llamada Tabarnia. Manda pelotas cómo una aparente tontuna de cuatro gañanes con mucho tiempo libre puede llegar a convertirse, amén de otras muchas cosas, en encabronadera de procesistas de salón que muerden el cebo como panchitos y se lanzan en pijama a cagarse en lo más barrido a través de Twitter. ¿No se dan cuenta de que los otros dirán que si ladran es señal de que cabalgan?

Más que eso. Se diría que los tabarnarios, tabarneses o (me cuadra más) tabarñoles galopan a lomos de su exitosa ocurrencia. Poca broma, cuando en los bazares chinos o los badaluques te ofrecen a euro el metro la bandera de la entelequia recién parida. La historia es pródiga en chorradas del quince devenidas en religión, régimen, movimiento social, corriente política dominante o, ya que nos ponemos, realidad nacional. Barrunta servidor que esto no llegará a tanto, pero tampoco me apostaría más de un café con sacarina.

Sigo, como les cuento, con resabiada atención la evolución de lo que ya nadie puede negar que es un fenómeno. ¿Multiplicado por las terminales mediáticas del antiindependentismo? Pero también (o sobre todo) por el infantil sulfuro que provoca justamente donde es su intención provocarlo. Por lo demás, y ya tirando de escama de galápago, tiene hasta su puntito de cabriola intelectualoide mirarse en el espejo deformado frente al que pretenden colocarnos los creadores del engendro. En todo caso, no hay gran cosa que temer, porque esta panda de diletantes no se van a arriesgar ni a la cárcel ni al exilio por conseguir sus objetivos.

El discurso del rey*

Españoles: Permitidme que, como decía el que designó a mi viejo sucesor a título de rey, por unos cortos minutos penetre en la intimidad de vuestros hogares para deciros a los hombres y mujeres de bien que no tenéis de qué preocuparos. Aunque los pertinaces separaristas catalanes, tan duros de mollera como la última rodaja de espetec, han vuelto a demostrar que no saben ejercer la democracia y se empecinan en la absurda idea de que las urnas se ponen para que cada uno vote lo que le salga de ya me entendéis dónde, el Estado de Deshecho, digo de Derecho, tiene armas más que de sobra para restaurar la normalidad, ejem, en la tierra levantisca.

Como no habéis nacido ayer, sabéis perfectamente a qué armas se está refiriendo mi preparada majestad. Jarabe de palo se llama en el más bello de los castellanos, que es el castizo. Ya en los últimos meses les hemos dado oportunidad de comprobar que a malas somos muy malos, pero ahora verán que a peores, somos aun peores. Lo de los encarcelados, fugados y decenas de emplumados judiciales les va a parecer un chiste al lado de lo que se les viene encima. Cueros más duros ha convertido en delicada seda la fusta de mis antepasados capetos. Si la mula es terca, más terco debe ser el mulero. ¿Que no les ha ablandado el 155? Pues veremos con la versión Premium, que es la que toca ahora. Al caganer de Bruselas se le va a congelar en la jeta la sonrisa con la que el otro día escupió que había derrotado a la Monarquía. A ver si tiene lo que hay que tener para reclamar su premio de la lotería.

(*)Discurso de Nochebuena de Felipe VI, al que ha tenido acceso el columnista.

¿Todo sigue igual?

Tirando del clásico manido, la ciudadanía catalana ha hablado. Otra cosa es que vayamos a ponernos de acuerdo sobre lo que ha dicho. Por lo que voy viendo en los apenas minutos que han pasado desde que el escrutinio ha quedado visto para sentencia, casi todos pueden cantar su trocito de victoria. El que más, claro, Carles Puigdemont, a quien ya nadie podrá discutirle que es el líder del independentismo. Será difícil toserle, aunque tampoco está muy claro cuál es su futuro. ¿La cárcel? Con el batacazo que se ha pegado el PP, Rajoy le tendrá más ganas que antes.

En cuanto a Esquerra, para declararse ganador, deberá contarse en bloque. Es verdad que los soberanistas vuelven a ser mayoría absoluta. Pero con menos votos, y de nuevo dependiendo de una capitidisminuida CUP, que va a hacer valer sus cuatro escaños como si fueran oro.

Al otro lado, el constitucionalismo encabezado sin la menor duda por Inés Arrimadas dará por cautivo y desarmado al Procés. Lo que no podrá será hacer efectiva su victoria numérica. El éxito no le dará para ser presidenta. De los Comunes y el PSC, poco que decir. Poco pintaban y menos parece que van a pintar. No están los tiempos para los grises. O para las medias tintas, no sé bien.

¿Estamos donde estábamos el 27 de septiembre de 2015? La tentación es pensar que sí, pero luego uno se consuela pensando que no nos bañamos dos veces en el mismo río y que la experiencia es un grado. Muy pronto vamos a saber si se ha aprendido algo por el camino o si estamos condenados al día de la marmota en un bucle infinito. ¿Reservo hotel para dentro de seis meses? Más de uno me lo recomienda.

Encuestas y caprichos

Si siempre es entretenido mirar encuestas, echar un vistazo a las que se han publicado de cara a las elecciones impuestas del 21-D en Catalunya procura una diversión superlativa. Por lo menos, para los frikis de la cosa político-demoscópica (o viceversa), como este que suscribe, que ha disfrutado con cada barómetro de parte como hacía tiempo que no recordaba.

¿De cada parte? Bueno, empecemos aclarando eso, que también tiene su miga. Una de las dos presuntas partes, la soberanista, se ha cuidado mucho de airear sondeos. Me dirán que eso es porque la potencia mediática y económica está al otro lado, pero no es cierto del todo. De hecho, es uno de los mitos falsos que, como tantos otros, nos tragamos sin pestañear. En el bando que apuesta por el adeu a España hay unos cuantos medios de comunicación con una enorme potencia de fuego. Sin ellos, y por mucha que sea la fuerza de la base social, habría sido imposible llegar a donde se ha llegado. Algún significado debe de tener que estas cabeceras no hayan dado el do de pecho en pronósticos. Quizá sea solo que el 155 ha menguado el chorro de pasta, pero eso ya es significativo.

En el flanco unionista, a cambio, sí ha habido profusión de vaticinios. Ni siquiera diría que con cocina. A la vista de los resultados y, sobre todo, de cómo se han ido suministrando las sucesivas dosis de buena ventura, parece claro que lo de menos han sido los muestreos. Los titulares han salido, como diría Butano, del forro de los caprichos de los tituladores. Y ese capricho, haciendo la media de lo que sacan unos y otros, es que Arrimadas se va a salir de la tabla. Pues vale.